domingo, 3 de diciembre de 2017

La mujer en el cine de Luis Buñuel ( II )

Continuando con el tema iniciado en el último post, amos a ver ahora algunas de las protagonistas más características del cine de Buñuel:

Mujeres devoradores de hombres/mujeres fatales:
*Susana (Susana): acaba siendo ese oscuro objeto del deseo que todos quieren poseer a toda costa. La hembra que conturba todo cuanto le rodea. La naturaleza salvaje hecha mujer. Es como si la irreprimible naturaleza, los instintos primarios, el viejo deseo de La edad de oro, derribara el orden artificioso y elaborado que representa la institución familiar.[12]
Susana: Susana
*Paloma (El Bruto) es el personaje femenino típico de la etapa mexicana de Buñuel: por medio del juego de su sexualidad controla el medio que la rodea. Aunque don Andrés, su amante, no satisface sus necesidades sexuales, sí satisface las de alimentación, vestido y alojamiento. En cambio, su relación con el Bruto, a quien considera de su propiedad, resulta puramente sexual. Cuando ve el peligro de perderlo, llega a determinar tanto el futuro de éste como el de don Andrés.
Por la forma como juega con su sexualidad, Paloma se relaciona […] la protagonista de Susana y con Raquel, de Subida al cielo. Con esta última se asimila también porque son lo opuesto al amor puro, limpio y convencional.[13]

domingo, 19 de noviembre de 2017

La mujer en el cine de Luis Buñuel ( I )

Este es uno de los temas más controvertidos en relación con Luis Buñuel y donde  se muestra, una vez más, las contradicciones que rodeaban la vida del realizador. Para tener una visión más completa del tema, considero necesario haber leído mi post Luis Buñuel visto por… su esposa,
Buñuel nació en 1900 y se educó en una familia muy tradicional, como lo indica el siguiente comentario de su amigo Pepín Bello, buen conocedor del realizador: “Me contaba, en plan de costumbres familiares y de admiración hacia su padre, que en la mesa, su padre se sentaba en la cabecera, en la otra María, su madre, a la derecha él y sus dos hermanos, Leonardo y Alfonso, y a la izquierda, sus cuatros hijas. Durante la comida, no hablaba más que don Leonardo, el padre, que dirigía la palabra nada más que a los varones. A la mujer y a las hijas ni les preguntaba, no hablaban nunca en la mesa [...]
De obligada lectura para
entender los celos de Buñuel
Él estaba orgulloso. Se reía, pero lo admiraba. Y lo practicaba, por supuesto. Era un machista horroroso como yo no he conocido otro...Para él, eso de que ella [su mujer] tuviera sus escarceos intelectuales y tocase el piano era demasiado, no lo podía digerir...[1]
En la época de Filmófono vivía con su mujer y su hijo en Madrid...A su mujer nunca la llevaba de excursión [...] Es más las veces en que yo he estado en su casa, ella jamás ha comido en la mesa.[2]
Cuando para el homenaje que se le iba a dar en España en 1980 se invitó también a las esposas de los cineastas, Buñuel dijo: Nada, nada, las mujeres se quedan en casa, como debe ser.[3]
La mujer debía permanecer en casa, dedicada exclusivamente a él y a sus hijos. La casa era su guarida: a sus amigos (los de Luis) les estaban abiertas las puertas; a los de su mujer e hijos, cerradas.[4]
Al mismo tiempo: “Buñuel con las mujeres tenía un respeto tremendo, procuraba no decir tacos ni nada. Y como los dijeran los demás se enfadaba muchísimo. Era de una educación espartana...Era la educación que había tenido...”[5]
Que quede claro: A nivel personal Buñuel era un machista y un celoso tremendo, vamos, para no deseárselo a ninguna mujer.

¿Pero, y sus películas?
Aquí no está nada claro. La mujer es la protagonista más o menos directamente, del título de varias películas de Buñuel: Susana, Viridiana, Tristana, pero también: La hija del engaño, Una mujer sin amor, La joven, Diario de una camarera, Belle de jour y Ese oscuro objeto del deseo.
Lo primero que nos llama la atención es, que teniendo como tiene Buñuel una de las más amplias bibliografías en la historia del cine, haya recibido tan poca atención por la crítica feminista, siendo como es que tiene en su filmografía, suficiente material para ello.
Las mujeres en Buñuel, con independencia de que muestren o no una gran iniciativa, son fundamentalmente el objeto de deseo de los hombres. En esto Buñuel no sólo refleja honestamente la situación social a la que se enfrenta, sino que aplicando la misma cualidad de la honestidad cuenta como hombre las historias desde el punto de vista masculino... [6]
Con frecuencia, el amor, el deseo o la necesidad convierten a los hombres en títeres de esas mujeres inadecuadas con las que se relacionan. Hombres jóvenes, de mediana edad o maduros, todos sus personajes terminan sufriendo por causa de esos “oscuros” objetos de deseo. Estas mujeres irresistibles que destruyen la vida y humillan a los hombres buñuelescos merecen una atención y un estudio propio.[7]
Conchita: Ese oscuro objeto del deseo
Fernando Cesarman, el psicóanalista, ha di­cho que soy un misógino, que en mis películas la mujer queda siempre por los suelos. No sé. Yo no creo ser misógino. Quizá entiendo poco a las mujeres. También es verdad que me en­cuentro mejor entre hombres que entre muje­res. […]
Pero rara vez tomo el punto de vista de la mujer. Reconozco que el mundo de mis pelícu­las tiene el tema del deseo, y como no soy homosexual, el deseo toma naturalmente la forma de la mujer.[8]
A pesar de que las mujeres constituyen el principal centro de interés narrativo en varias de sus películas, Buñuel suele dar prioridad a la masculinidad y a las orientaciones del deseo masculino. Desde las primeras hasta la última, las películas de Buñuel ponen en escena los altibajos de la sumisión masculina al deseo…
A la mayoría de los hombres de Buñuel les resulta difícil resistirse al encanto de mujeres que están fuera de su alcance; su sinceridad y firmeza masculina no suponen barrera alguna para la mujer devoradora de películas como El bruto, Los ambiciosos o Susana.[9]
Una cuestión, que es bastante aceptada, es que “Las mujeres de Buñuel suelen caer en dos categorías: por un lado, hay una construcción diabólica e irracional cuyo objetivo es llevar al hombre a un destino fatalista, lo cual queda en la línea de un surrealismo que intenta alejarse de la supremacía de la razón pudiendo parecer una prerrogativa. Por otro lado, encontramos mujeres sumisas, dóciles, bajo el dominio masculino, siempre dispuestas a acatar la voluntad del hombre que tienen a su lado.”[10]

A veces incluso se pasa de un extremo a otro en la misma película, como es el caso de Tristana.
Si detallamos un poco más el catálogo de personajes femeninos en la obra del aragonés, encontramos: mujeres virginales y las mujeres fatales (a veces prostitutas), pero también la niña que representa la pureza, las madres y criadas.
Evvie: La joven
La mujer virginal expresa cualidades positivas, representa la pureza, el ansia del ser humano por regresar al origen, a un pasado inmaculado e idílico, antes de que la religión institucional mutilara el deseo, contaminando la sexualidad con la noción de pecado. Virginales son: Viridiana […] Tristana […] Leticia de El ángel exterminador […] El tema de la virginidad es recurrente en Buñuel […]
Otra figura femenina que abunda en la cinematografía buñueliana es la mujer devoradora de hombres […] Los hombres caen presa de los encantos femeninos y están dispuestos a dejarlo todo por conseguir el objeto de su deseo. El ejemplo más turbador se da en SusanaEl bruto […]
A menudo desfilan por sus películas personajes femeninos de tierna edad que se convierten en víctimas de los deseos brutales masculinos. Encarnan a la figura de la niña-mujer, muy potenciada en el surrealismo, y son un reflejo de la inocencia no contaminada por las convenciones sociales. Estos seres desvalidos e indefensos se someten a los impulsos depredadores de unos hombres en ocasiones maduros […] Así sucede con las relaciones entre don Lope y Tristana en la primera parte de la película, […] La joven, cuyo personaje principal es una adolescente, Evvie, deseada por el adulto Miller, quien, tras abusar de ella, acabará enamorándose, y a través de ese amor por la adolescente se ve obligado a reconsiderar sus prejuicios raciales y su visión de la realidad. [11]
En el próximo post veremos la diferente tipología de mujeres que aparecen en el cine de Luis Buñuel.



[1] Pepín Bello : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, pág. 98
[2] Pepín Bello : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, pág. 102
[3] Manuel Aldecoa : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, pág. 40
[4] Marisol Martín del Campo en el prólogo del libro: Jeanne Rucar de Buñuel: Memorias de una mujer sin piano, Alianza, 1990, pág. 11
[5] Nieves Arrazola : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, pág. 63
[6] Xavier Bermúdez : Buñuel: espejo y sueño, Ediciones de la Mirada, 2000, pág. 83
[7] Sara Muñoz: La construcción femenina en el discurso cinematográfico de Buñuel: la femme fatale, Hispanet Journal 2,  December 2009, pág. 2
[8] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina. Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, págs. 146-7
[9] Peter William Evans: Las películas de Luis Buñuel. Paidós, 1998, pág. 91
[10] Sara Muñoz: La construcción femenina en el discurso cinematográfico de Buñuel: la femme fatale, Hispanet Journal 2,  December 2009, pág. 1
[11] Gonzalo Montón Muñoz: Las mujeres de Buñuel. En: Los olvidados: un homenaje a Buñuel, Ayuntamiento de Teruel, 2000, pág. 38

domingo, 5 de noviembre de 2017

Foto-fija y algunas películas de Buñuel

foto-fija
El foto-fija o fotofija es un profesional que toma fotografías durante el rodaje de una película, generalmente con carácter publicitario. Las fotografías suelen tomarse después de rodada la escena y buscan hacer explícito lo que se pretende en esa escena, pero que no se ajusta a la tensión emocional del fotograma original. Estas fotografías también reciben el nombre de foto-fija.
En el post de hoy vamos a ver una serie de estas foto-fijas, comparadas con los fotogramas reales de las películas, cuando sea posible, porque en algunos casos no guardan ninguna relación. Solo hemos escogido algunos ejemplos, entre los muchos que hay.
La primera fotografía es de Viridiana, pero nunca se rodó esta escena. Los mendigos nunca están todos juntos en la plaza. Cuando son recogidos en la plaza, lo son en dos lugares diferentes, como se ve en los siguientes fotogramas y otros dos que llegan directamente a la finca, cuando los demás están allí.

domingo, 22 de octubre de 2017

Las relaciones entre Luis Buñuel y la guardia civil

Cuando Alberto Isaac, director de la película En este pueblo no hay ladrones, 1965, le propuso a Buñuel ir de actor, le contestó: Sí, voy de actor, pero siempre que me des un papel de guardia civil o de cura.[1] De hecho en otra ocasión declararía: Me hubiera gusta­do también interpretar a un guardia civil y a un oficial nazi.[2]
Estas declaraciones, están relacionadas indicutiblemnte con su sentido del humor. Su relación con la guardia civil empezó de joven y está salpicada de diferentes anécdotas. Al realizador siempre le ha gustado gastar “bromas”: «Una de estas consistió en vestirse de cura una noche.[…] Por aquellos días se había escapado de Alcañiz un cura loco. Quizá lo sabía Luis, quizá no. De todas maneras, al pasar delante de una mujer que llevaba un niño de pecho en brazos se lo arrebató y se fue con el mismo. La reacción de la madre fue histérica. Al darse cuenta de la enormidad de lo que hacía, el disfrazado le devolvió el crío, disculpándose: «¡María, María, que soy yo, Luis; que solo era una broma!».
José Repollés relataba que, a raíz de aquella travesura, el joven Buñuel tuvo problemas con la Guardia Civil.[3]

domingo, 8 de octubre de 2017

La policía en la obra de Luis Buñuel

El ejército, la policía y la Iglesia se han encontrado siempre en el punto de mira de Buñuel, y cada vez que puede, dirige sus dardos contra ellos, pues considera, con razón, que son instituciones cuyo objetivo fundamental es servir a los poderosos y reaccionarios y mantenerlos en el poder.
Hacía lo que me encargaban, pero siempre den­tro de una moral, de mi moral. No hice películas alaban­do a la Policía, ni a la Patria, ni al Ejército.[1]
Así es la aurora
A Buñuel le gustaba su película Así es la aurora porque: Por fin he podido hacer algo contra la policía. Que es, en el fondo, lo que verdaderamente quiero hacer en la vida.[2]
Cuando hablamos del clero, ya vimos cómo aparecía de forma simbólica en unión del policía y el militar en algunas de sus películas.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Los lugares donde Buñuel escribía sus guiones

El ritual que Luis Buñuel seguía en la confección de sus guiones es un tema que ya hemos tratado detalladamente en dos artículos: 1 y 2. Aquí, como indica el título, hablaremos un poco de los lugares en los que trabajó, de los dos más importantes.
Buñuel y Carrière en San José Purúa
Buñuel era hombre de costumbres fijas. Igual que le gustaba trabajar con el mismo equipo técnico, cuando podía claro, y repetir actores, también repetía en los mismos sitios a la hora de ponerse a redactar sus guiones con sus colaboradores, ya que como es bien sabido, Buñuel no los escribía en solitario.
Como dice uno de esos colaboradores, Jean-Claude Carrière: “Siempre le gustaba trabajar con sus raíces, sea en España o en México, y siempre en lugares aislados, lejos de todo. El monasterio de El Pau­lar, en España, el balneario de San José Purúa, en México... Creo que Buñuel escribió allí como veinte películas.[1]

domingo, 10 de septiembre de 2017

El clero y el anticlericalismo en el cine de Luis Buñuel

Buñuel tuvo desde su infancia un contacto estrecho con el clero. Tanto, que pasó a formar parte de sus juegos: Yo tenía un tío sacerdote que era una bellísima persona... En verano me enseñaba latín y francés, y yo le ayudaba a decir misa...
La religión era omnipresente, se manifestaba en todos los detalles de la vida. Por ejemplo yo jugaba a decir misa en el granero, con mis hermanas de feligresas. Tenía varios ornamentos litúrgicos de plomo, un alba y una casulla[1].
Como todos los hijos de las buenas familias provincianas aprendió a ayudar a misa, y cantaba en el coro con muy buena voz y se le quedó grabada la angustia que sentía en las misas de difuntos, con el cadáver presente y la recitación del Liberame Domine y del Dies Irae.[2]
Buñuel actuando como cura en
 En este pueblo no hay ladrones
Estudió con los jesuitas y eso repercutió en una abundante representación del clero en su filmografía: “El clima represivo del colegio religioso afectó hondamente a su desbordante y vital personalidad, como probarán las numerosísimas referencias a la represión religiosa y clerical en su obra posterior.”[3]
Los años de la Residencia no hicieron nada más que aumentar su anticlericalismo:
“De estudiante, creo que con Federico García Lorca o con al­guien de la Residencia, le gustaba vestirse de cura y subir al tran­vía. Allí, con el compañero, también disfrazado de sacerdote, metían mano a la mujer que estuviera cerca para que se escan­dalizara y gritara. Se bajaban corriendo del tranvía. Decían que de esa manera hacían política anticlerical.”[4]

domingo, 27 de agosto de 2017

¿Hay contradicción religiosa en Buñuel?

En los últimos artículos hemos visto algunos temas relacionados con las creencias de Buñuel y que muestran, una vez más, sus contradicciones. Pasa por ser ateo, sin embargo, como él mismo reconoce: ¿creen ustedes que no tengo todavía en mi forma de pensar muchos elementos de mi formación cristiana? [1] Ejemplos:
·       El milagro de Calanda: Es un milagro magnífico, al lado del cual los de la Virgen de Lourdes me parecen casi mediocres.[2]
·       Tambores de Calanda: Es una ceremonia colectiva impresionante, cargada de una extraña emoción…[3]
·       La Virgen: Una ceremonia en honor de la Virgen, con las novicias en sus hábitos blancos y su aspecto de pureza, puede conmoverme profundamente.[4]
Y que podemos resumir en esta frase de Buñuel: Ha quedado un trasfondo cristiano, católico. Yo no soy de la "grey", pero ¿cómo puedo negar que estoy marcado culturalmente, espiritualmente, por la religión católica?[5]
Ese trasfondo cristiano está mezclado con los recuerdos, añoranzas de su infancia que le han dejado un poso común: Culturalmente, soy cristiano […] Comprendo la emoción religiosa y hay ciertas sensaciones de mi infancia que me gustaría volver a tener: la liturgia en mayo, las acacias floridas, la imagen de la Virgen rodeada de luces. Son experiencias inolvidables, profundas[6].

domingo, 13 de agosto de 2017

Cristo en el cine de Luis Buñuel

Cristo no me merece ninguna simpatía[1]. Cristo era un mal bicho. Pero el Cristo barbudo y rubio al que estamos acostumbrados: no el mal afeitado y cejijunto de Pasolini. A aquel lo odio[2].
Nazarín
A Cristo lo crucificaron después de condenarlo... ¿No considera usted eso un fracaso?... si Cristo regresara lo volverían a crucificar... Se puede ser relativamente cristiano, pero el ser absolutamente puro, el inocente, está condenado al fracaso. Está derrotado de antemano. Estoy seguro de que si Cristo volviera lo condenarían los grandes sacerdotes, la Iglesia... yo estoy convencido de que el "cristiano", en su sentido puro, ABSOLUTO, no tiene qué hacer sobre la tierra... porque no tiene otro camino más que la REBELIÓN en este mundo tan mal hecho[3]...
Muchas veces imaginé un filme sobre la vida de Cristo, que partía del principio de fidelidad para con el Evangelio, sin cambiar una coma y sin otorgar concesiones de ninguna especie. Esta película nos daría una representación explosiva y violenta de la persona de Cristo[4].

domingo, 30 de julio de 2017

La Virgen en Buñuel y su cine

Dejé de ser religioso desde la adolescencia. Pero ¿creen ustedes que no tengo todavía en mi forma de pensar muchos elementos de mi formación cristiana? Entre otras muchas cosas, una ceremonia en honor de la Virgen, con las novicias en sus hábitos blancos y su aspecto de pureza, puede conmoverme profundamente.[1]
Capilla del colegio de Buñuel
Culturalmente, soy cristiano. Habré rezado dos mil rosarios y no sé cuántas veces habré comulgado. Eso ha marcado mi vida. Comprendo la emoción religiosa y hay ciertas sensaciones de mi infancia que me gustaría volver a tener: la liturgia en mayo, las acacias floridas, la imagen de la Virgen rodeada de luces. Son experiencias inolvidables, profundas.[2].
Ya sabes que Cristo no me merece ninguna simpatía y que, en cambio, tengo toda clase de respetos hacia la Virgen María.[3]

domingo, 16 de julio de 2017

Los Tambores de Calanda en la obra de Luis Buñuel

Calanda siempre ha estado presente en la obra de Buñuel. Si ya vimos la repercusión del milagro de Miguel Pellicer en la obra del realizador, los tambores de Calanda no le van a la zaga. Para entender lo que significaron para su persona, nada mejor que leer la descripción que de ellos hace en sus memorias: “Existe en varios pueblos de Aragón una costumbre que tal vez sea única en el mundo, la de los tambores del Viernes Santo. Se tocan tambores en Alcañiz y en Híjar. Pero en ningún sitio, con una fuerza tan misteriosa e irresistible como en Calanda.
Esta costumbre, que se remonta a finales del siglo XVIII, se había perdido hacia 1900. Un cura de Calanda, mosén Vicente Allanegui, la resucitó.
Los tambores de Calanda redoblan sin interrupción, o poco menos, desde el mediodía del Viernes Santo hasta la misma hora del sábado, en conmemoración de las tinieblas que se extendieron sobre la tierra en el instante de la muerte de Cristo, de los terremotos, de las rocas desmoronadas y del velo del templo rasgado de arriba abajo. Es una ceremonia colectiva impresionante, cargada de una extraña emoción, que yo escuché por primera vez desde la cuna, a los dos meses de edad. Después, participé en ella en varias ocasiones, hasta hace pocos años, dando a conocer estos tambores a numerosos amigos que quedaron tan impresionados como yo. En 1980, durante mi último viaje a España, se reunió a varios invitados en un castillo medieval cercano a Madrid y se les ofreció la sorpresa de una alborada de tambores venidos especialmente de Calanda. Entre los invitados figuraban excelentes amigos como Julio Alejandro, Fernando Rey y José Luis Barros. Todos dijeron haberse sentido conmovidos sin saber por qué. Cinco confesaron que incluso habían llorado.

domingo, 2 de julio de 2017

El sentido de la amistad en Luis Buñuel

Los amigos de Buñuel coinciden en el profundo sentido de la amistad que tenía el realizador. Veamos unos ejemplos de los muchos que se podrían poner:
·       Su honestidad, lealtad y sentido de la amistad estaban por encima de cualquier cosa.[1]
·       Yo destacaría [de Buñuel] su cordialidad, su sincera amistad y su verdadero cariño. Yo lo quería entrañablemente.[2]
·       “Buñuel, para mí, es hombre fiel a la amistad...Es verdaderamente un sentido de la amistad totalmente español...sobre todo en este sentido fraternal que es en él un sentimiento de generosidad. Lo que no le impide ser  entero e intransigente en sus opiniones, porque existe también el lado aragonés en el interior del español, el lado testarudo[3]...”

domingo, 18 de junio de 2017

Buñuel y sus amigos

El mundo lo consideró un hombre fiel a los amigos. Un defensor de los mismos. Era amigo de sus amigos, cuando más viejos mejor. A Buñuel no le gustaba hacer nuevos amigos, pero era muy fiel a sus más viejos amigos.[1] La diversión de Buñuel es charlar con los amigos, tomarse unas copas “y reírse, comentar, ser agradable.[2] Lo anterior no quita que hasta sus mejores amigos tuvieran que avisar antes de visitarlo.
Soy misántropo pero dejo de serlo apenas están con­migo un par de amigos y tomamos una copa de vino. Es un misántropo que cree en la amistad y la celebra con la sencillez y la efi­cacia de uno de los ritos más viejos y más nobles: el de tomar una copa de vino.[3]
Según Julio Alejandro “los contertulios que Luis ama más, siempre y cuando estén un poco aparte de su círculo de amigos, muy reducido, son los sacerdotes inteligentes...Tienen que ser cultos, porque, si no, meten la pata con él y los corrige.”[4]
Aunque siga siendo pesimista respecto al porvenir de la humanidad, no soy un hombre triste ni un hombre amargado, todo lo contrario. Vivo integrado en la muchedumbre humana, contento. Vivo, por eso soy feliz. Pero me aíslo de lo que me ofrece la sociedad. Lo que me gusta es tomar una copa con mis amigos, hablar, bromear con ellos.[5]

domingo, 4 de junio de 2017

El exilio de Luis Buñuel

Aunque en los dos post anteriores hemos tratado también de ello vamos a profundizar en el tema del exilio. Buñuel empezó su largo exilio en Estados Unidos y luego en México. Ambas etapas se parecen en los siguientes puntos:
·       Dificultados económicas para sobrevivir. En algunos momentos estas dificultades fueron graves. Lo superó con la ayuda económica de su familia, cuando pudo ser, y de los amigos.
·       Escasa vida social, reducida a las reuniones con algunos intelectuales y amigos.
Buñuel en el MoMA
·       Añoranza de Europa: Francia y España.  Aunque fuera de su país “es incontestable que la inspiración española ha alimentado la obra de Buñuel, tanto más fuerte a veces cuanto que el exilio intensificaba en él el sentimiento de vacío de falta y de ausencia.”[1] 
    Él había intentado organizar varios grupos de trabajo con exiliados, particularmente en Nueva York y en Hollywood, con gente como José Rubia Barcia, Gustavo Pittaluga o Eduardo Ugarte...
Tras una serie de pequeños trabajos se trasladó en 1944 a Los Angeles para ocuparse de las versiones españolas de la Warner Brothers. Y aprovechó para llevarse consigo a cuanto compañero de exilio le fue posible...[2] Durante esta época su vida privada estuvo confinada a la vida familiar y al núcleo de sus amigos.

domingo, 21 de mayo de 2017

Buñuel entre México y España (II)

II- Se encuentra muy cómodo en España, pero escoge la seguridad de México para vivir

Con Silvia Pinal y Paco
Rabal: Rodaje Viridiana
Llevaba muchos años intentando visitar su patria. Por fin en 1960 se le presenta la oportunidad de venir a España. He aquí un par de comentarios sobre al impresión que le causó ese primer contacto:
* “Cuando vino a España en 1960, durante un viaje en coche por el campo se baja, contempla el paisaje con las ovejas a lo lejos y dijo: Qué pena que no escucho las esquilas de las ovejas, estaba llorando...Realmente era el encuentro del hombre con la tierra...Había una parte de Buñuel sentimental que le costaba mucho trabajo mostrar y que solamente en algunos momentos lo hacía...Era un hombre muy sentimental.”[1]
Y en esa primera visita hicimos un recorrido por Zaragoza. La emoción de él, del retorno a su ciu­dad natal, fue muy grande. Se emocionaba con todo. Subimos al Cabezo, allí donde nos llevaban a jugar. Estuvimos en el co­legio. El, con estas cosas, como es un afectivo, los recuerdos del colegio tenían para él siempre un arranque sentimental y de emo­ción. Conocía y recordaba los nombres de todos los padres je­suitas que habíamos tenido de profesores en las clases y los que estaban de vigilancia en las aulas de estudio. El me los recorda­ba a mí. Era yo el que le preguntaba: «Y aquél, ¿cómo se lla­maba? ¿Y aquel otro?» El los recordaba a todos. Le salían las lágrimas al volver a visitar Zaragoza. Tenía recuerdos preciosos de la Zaragoza antigua, y le contrariaba que Zaragoza no hubie­ra permanecido siendo como él la vio hacía veinte años. Y le mo­lestaba que Zaragoza acabara pareciéndose a todas las ciudades del mundo de su tamaño. Cuando se citaba conmigo, ya había hecho antes muchos recorridos por toda la Zaragoza antigua. Y cuando nos encontrábamos, veía yo cómo se rebelaba contra las transformaciones modernizadoras que habían hecho. Yo le de­cía que era cosa irremediable, y me contestaba: «Pero, para mí, como aquello no hay.» [1a]

domingo, 7 de mayo de 2017

Buñuel entre México y España (I)

I-Vive en México, pero añora España


Luis Buñuel pasó casi la mitad de su vida en México, de 1946 hasta 1983 en que falleció. Muchos más que en España, de la que salió en 1925 para trasladarse a París. Volvió a residir en España durante unos de años, de 1934 a 1936. Se marchó por la Guerra Civil a París y en 1938 a Estados Unidos. En este país fracasó en sus variados intentos de hacer cine. También fracasó en su pretensión de reemprender con Ricardo Urgoiti su colaboración para hacer cine en Argentina. Entonces le surgió la salida de México: Tras suspenderse la producción fílmica en español pasé ocho meses en Hollywood y se me acabó todo el dinero ahorrado. Había pedi­do los second papers e iba a convertirme en ciudadano estadounidense. En una cena en casa de René Clair, Denise Tual, la viuda de Pierre Batcheff, que comenzaba a producir pe­lículas, me dijo que tenía los derechos para filmar La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Recién terminada la guerra, la obra se había representado con gran éxito en París. Denise quería filmarla en Francia y que la dirigiera yo. Hicimos un corto viaje a Méxi­co de paso para Francia, porque Denise tenía que arreglar aquí unos asuntos, hablar con Os­car Dancigers, etc. En el hotel Montejo llamé por teléfono a Paquito García Lorca, que esta­ba en Nueva York con sus padres y hermanas. Paquito nos dijo que en Londres le daban mu­cho más dinero por los derechos de Federico, y la familia no estaba en buenas condiciones económicas. Le dije que, en ese caso, vendiera la obra a quien le diera más. Informé a Denise: «La obra está vendida. No haremos la pelícu­la.» Denise se volvió a París. En una cena en casa del arquitecto español Mariano Benlliure, el escritor mexicano Fernando Benítez, que además era secretario del Ministro de Goberna­ción, me dijo que si quería quedarme en Mé­xico él me podía ayudar en los trámites. Fui al día siguiente a Gobernación y Benítez me presentó al Ministro, Héctor Pérez Martínez, un hombre amabilísimo, también escritor y fa­vorable a los españoles. «Vuélvase usted a los Estados Unidos y daremos orden al Consulado para que pueda usted venir a radicar en el país.»

Me fui a Hollywood, vendí los muebles que tenía allí y cuando llegaron los papeles vine a México, ahora con Jeanne y los chicos. Tenía ya un encargo de Dancigers para hacer una película, que resultó ser Gran Casino.[1]

domingo, 23 de abril de 2017

Buñuel y el milagro de Calanda

“La cuestión religiosa, obsesión más bien, nace en su infan­cia, creo. Las misas infantiles, los milagros, la liturgia, los san­tos... Todo eso le atrae de una manera muy fuerte y lo ha estu­diado enormemente. Un ejemplo clásico: el milagro de la pierna, el hombre de Calanda que pierde la pierna y se la entierran, y, ya enterrada, va el hombre todos los días ante el altar y se unta aceite en los dedos para pasarlo por el muñón, hasta que los án­geles le traen de nuevo la pierna. En fin, este milagro él lo cuen­ta con un orgullo muy curioso y muy especial, como diciendo que es el milagro más impresionante que hay en la historia ca­tólica. Me ha hablado de este milagro yo creo que como cincuenta o sesenta veces. Le atrae enormemente esa historia de mi­lagrería, y cuando, no hace mucho tiempo, hubo un centenario o, en fin, una de estas fechas religiosas, su hermana le mandó una serie de artículos de El Heraldo de Aragón que hablaban del milagro y de las ceremonias que se habían celebrado, y él los recibió con un gusto enorme, y los archivó y los guardó, porque todo eso le interesa con una fuerza enorme.[1]
Nuestra fe era realmente ciega —por lo menos, hasta los catorce años— y todos creíamos en la autenticidad del célebre milagro de Calanda, obrado en el año de gracia de 1640. El milagro se atribuye a la Virgen del Pilar…
Ocurrió que, en 1640, la rueda de una carreta le aplastó una pierna a un tal Miguel Juan Pellicer, vecino de Calanda, y hubo que amputársela. Ahora bien, era éste un hombre muy piadoso que todos los días iba a la iglesia, metía el dedo en el aceite de la lamparilla de la Virgen y se frotaba el muñón. Una noche, bajó del cielo la Virgen con sus ángeles y éstos le pusieron una pierna nueva.
Al igual que todos los milagros —que, de lo contrario, no serían milagros— éste fue certificado por numerosas autoridades eclesiásticas y médicas de la época y dio origen a una abundante iconografía y a numerosos libros. Es un milagro magnífico, al lado del cual los de la Virgen de Lourdes me parecen casi mediocres. ¡Un hombre, «con la pierna muerta y enterrada» que recupera la pierna intacta! … [2]

domingo, 9 de abril de 2017

El carnuzo y lo putrefacto en la obra de Luis Buñuel

En el último post analizamos el significado y origen de los 
La edad de oro
vocablos putrefacto y carnuzo. Aquí vamos a ver su amplia presencia en la obra de Buñuel, tanto literaria como cinematográfica. Sirva como introducción este texto de Sánchez Vidal: “Ahí están las carroñas de los obispos en La edad de oro, procedentes de Valdés Leal, de quien tomó también el título de El ángel exterminador; o el sepulcro del Cardenal Tavera, que aparece en Tristana y Un proyecto  de cuento; por no hablar de las estatuas animadas o los espectros de aparecidos, como el del Tenorio que se refleja en el "Mitrídates, cadáver recalcitrante" de Hamlet y El discreto encanto de la burguesía o la estatua vengadora de la leyenda El beso de Bécquer, utilizada en El fantasma de la libertad. Es el tema del carnuzo, tratado específicamente en La agradable consigna de Santa Huesca, que narra las incontables aventuras de un trozo de carne viva que despliega una asombrosa actividad en varios frentes. Y, en relación con él, los putrefactos, desde los burros impasiblemente aposentados en los pianos de Un perro andaluz hasta –en la jerga de la Residencia– todo lo que oliera a caduco en actitud vital o estética[1]...

domingo, 26 de marzo de 2017

El putrefacto y el carnuzo

Fue hacia mediados de los años veinte cuando en nuestros medios artísticos y literarios hizo furor la palabra putrefacto, la más generalizada de cuyas acepciones fue la referida a todas aquellas  personas o cosas que, en un momento dado, se tenían por inactuales o trasnochadas. Putrefacto equivalía, así, a grado extremo de consunción por inmovilismo, e implicaba, como vituperio, el emparejamiento con el mal olor que trasciende todo cadáver insepulto.[1]
La Orden de Toledo: Pepín Bello, José Moreno Villa, María
Luisa González, Buñuel, Dalí y José Mª Hinojosa, 1924. Tole
Entre los miembros de la Residencia se utilizó como adjetivo descalificador. Se aplicaba a “todo lo que oliera a caduco, anacrónico, decadente, tradicional o antivanguardista. A putrefacto se oponía como elogio antiartístico, sinónimo de vanguardia o antidecadente.”[2] Era pues un vocablo utilizado entre la nueva y la vieja generación y también para calificar a las falsas vanguardias.

domingo, 12 de marzo de 2017

Luis Buñuel y su visión de la Ciencia y la Tecnología

En este breve post voy a tratar un curioso tema: el poco aprecio que Buñuel sentía por la ciencia y la tecnología: La verdad es que odio la ciencia, le tengo horror a la tecnología. Lo que me llevará tal vez, algún día, a creer en el absurdo de Dios. Fíjate que digo absurdo.[1]
El realizador en sus diferentes declaraciones al respecto solía mezclar la creencia en Dios con la ciencia: El creer en Dios es absurdo, pero todavía lo es más la técnica y la ciencia. Empieza a molestarme la palabra ateo... Yo no niego que lo soy. Y, ahora, más ateo que nunca, pero me molesta la palabra[2].
En sus “memorias” nos da la clave de la cuestión: Junto al azar, su hermano el misterio. El ateísmo —por lo menos el mío— conduce necesariamente a aceptar lo inexplicable. Todo nuestro Universo es misterio.