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Mostrando entradas de enero, 2018

Buñuel y las arañas

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Son numerosos los testimonios de Buñuel sobre su miedo a las arañas: Tengo miedo a las arañas. Toda mi familia lo tiene. Esos bichos me horrorizan, pero también me atraen mucho. Conozco bastante sus costumbres[1]. A Max Aub le confesó: —¿Y esto de: «Luis abandona la taberna del Segoviano, donde cenaba con Sánchez Ventura una tortilla de patatas»? «¡Va a salir una araña, una araña! Te espero en Platerías.» ¿Qué es todo esto? —Fue así. Vi una tejemanería rústica en un boto y me fui porque había una araña. Ya sabes que no las soporto […] La vi con sus patas enormes y salí corriendo. A las arañas las admiro, pero me repugnan. No sé por qué, todos los Buñuel somos así. Sólo de noche. De día, no. Las miro. Filmando no sé qué película, aquí, tomé con la mano una araña grande como la propia mano.[2] Me gustan y no me gustan las arañas. Se trata de una manía que comparto con mis hermanos y mis hermanas. Atracción y repulsión a la vez. En el transcurso de las reuniones familiares, podemos estarnos…

Buñuel y la elipsis

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La elipsis es una figura del lenguaje cinematográfico mediante la que se suprimen determinadas partes de una escena, pero que no impiden la perfecta comprensión de la misma por parte del espectador. Todos los realizadores la utilizan para eliminar las partes de la escena que no tienen ningún interés. Normalmente, en el cine una elipsis tiene una función narrativa (condensar la acción), o metafórica.

Pero en Buñuel, a veces, la elipsis tiene un carácter al mismo tiempo metafórico y narrativo: “En Él, tras la seducción de Gloria, prometida de su amigo, por Francisco, saltamos a una explosión en una montaña. Esa explosión nos avisa sobre lo que tras el beso de Francisco y Gloria espera agazapado, y nos relanza a una nueva situación: el antiguo prometido de Gloria trabaja en el grupo y, bastantes meses después, debe volver a la misma ciudad en la que un amigo le arrebató a su amor.”[1]

Buñuel y el gag.

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En el post anterior decíamos que Lubitsch y Buñuel eran los reyes del flash-back invisible. También están relacionados en el tema que hoy nos ocupa: el gag. “La brevedad y la sorpresa eran cualidades esenciales del “toque Lubitsch”, con lo que éste se internaba decididamente en los dominios del gag, ya que se trataba de concretar súbitamente la quintaesencia de un tema mediante un comentario socarrón que lo decía todo. Un comentario visual, naturalmente. Hasta aquí estamos en los dominios de la analogía. Sin embargo, a Buñuel le gustaba trabajar en terrenos más resbaladizos y fructíferos. En sus más personales momentos, Buñuel fue capaz de hacer colisionar imágenes sin nexo aparente, que –sin que nosotros sepamos por qué- nos obligan a penetrar en una dimensión mucho más honda de la realidad. Son imágenes irracionales, a primera vista opacas y difícilmente descodificables. Debido a su potencia, no se dejan neutralizar, ya que es imposible reducirlas a un significado unívoco o a un “sim…