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Mostrando entradas de 2021

Buñuel visto por (11) ... José Ángel Valente

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De todas las entradas sobre como veían a Buñuel otros artistas o colaboradores, quiero proponer quizás la más bella de todas, y no solo por ser la más lírica. Es el poema que el versista gallego José Ángel Valente le dedicó, pues Buñuel fue una de las fuentes en las que desarrolló su magnífica obra poética. Forma parte del poemario El inocente , compuesto entre 1967 y 1970.                       El escorpión amigo de la sombra…   Homenaje a Luis Buñuel El escorpión amigo de la sombra suele horadar las entrañas de la tierra, mientras tú provisto de una lupa feroz y sobria analizas los tristes fundamentos, piedra capitular y mierda melancólica, de la ciudad de Roma y de su imperio. Están los mallorquines impolutos, implacables, arteros, deponiendo sonoridad intestinal que el viento solemne de la Historia consolida. Ay cuánta muerte baja de un solo golpe de cadena por todos los retretes del mundo. Ay cuánta muerte, ya muerta, putrefacta y reseca o semisólida, h

Adiós a Jean-Claude Carrière

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  Con motivo de la triste desaparición de Jean-Claude Carrière, me gustaría hacer algunas breves reflexiones sobre la aportación del francés al trabajo del calandino. Carrière fue un personaje importante, quizás el más importante después de Serge Silberman, productor sin el que ni uno ni otro hubieran sido lo que llegaron a ser, en una época muy concreta e importante para ambos: etapa final para Buñuel, iniciática (más que inicial) para Carrière. Precisemos antes que nada que Buñuel estuvo casi siempre rodeado de importantes guionistas para ayudarle a elaborar los diálogos de sus películas. El caso de Julio Alejandro y, en menor medida, Luis Alcoriza son buenos ejemplos. Pero Carrière apareció en el momento oportuno para iniciar un viaje cinematográfico — interruptus , por cierto— y narrativo —se encargó de poner negro sobre blanco las memorias del director—. Esto no quiere decir que Buñuel no participase en los diálogos; al contrario, participaba y mucho, hasta el punto de que en los

La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas (La obra literaria de Luis Buñuel: avatares II)

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  Las dos ediciones oficiales (por decirlo de algún modo) de la obra literaria de Buñuel, la de Joaquín Aranda para El Heraldo de Aragón y la de Manuel López Villegas, omitieron el cuento que incluyo hoy en este post y que Agustín Sánchez Vidal rescató en su ensayo sobre Buñuel, Lorca y Dalí [1] . Se trata, pues, de la menos conocida de las producciones literarias de Luis Buñuel. Continuación coherente de «La agradable consigna de Santa Huesca» , es un cuento compuesto en octubre de 1933 con la más que probable colaboración de Pepín Bello (quien se lo mostró a Sánchez Vidal), pero, como en el cuento anterior, la huella de este es más inspirativa que otra cosa. Además de condensar los motivos característicos de su producción escrita, así como sus motivos , su bestiario y sus actos escatológicos, es una clara manifestación del espíritu provocador que en aquel momento no podía canalizar a través de su cine. Desde este punto de vista, es seguramente su obra más radical y subversiva, la