domingo, 18 de junio de 2017

Buñuel y sus amigos

El mundo lo consideró un hombre fiel a los amigos. Un defensor de los mismos. Era amigo de sus amigos, cuando más viejos mejor. A Buñuel no le gustaba hacer nuevos amigos, pero era muy fiel a sus más viejos amigos.[1] La diversión de Buñuel es charlar con los amigos, tomarse unas copas “y reírse, comentar, ser agradable.[2] Lo anterior no quita que hasta sus mejores amigos tuvieran que avisar antes de visitarlo.
Soy misántropo pero dejo de serlo apenas están con­migo un par de amigos y tomamos una copa de vino. Es un misántropo que cree en la amistad y la celebra con la sencillez y la efi­cacia de uno de los ritos más viejos y más nobles: el de tomar una copa de vino.[3]
Según Julio Alejandro “los contertulios que Luis ama más, siempre y cuando estén un poco aparte de su círculo de amigos, muy reducido, son los sacerdotes inteligentes...Tienen que ser cultos, porque, si no, meten la pata con él y los corrige.”[4]
Aunque siga siendo pesimista respecto al porvenir de la humanidad, no soy un hombre triste ni un hombre amargado, todo lo contrario. Vivo integrado en la muchedumbre humana, contento. Vivo, por eso soy feliz. Pero me aíslo de lo que me ofrece la sociedad. Lo que me gusta es tomar una copa con mis amigos, hablar, bromear con ellos.[5]

domingo, 4 de junio de 2017

El exilio de Luis Buñuel

Aunque en los dos post anteriores hemos tratado también de ello vamos a profundizar en el tema del exilio. Buñuel empezó su largo exilio en Estados Unidos y luego en México. Ambas etapas se parecen en los siguientes puntos:
·       Dificultados económicas para sobrevivir. En algunos momentos estas dificultades fueron graves. Lo superó con la ayuda económica de su familia, cuando pudo ser, y de los amigos.
·       Escasa vida social, reducida a las reuniones con algunos intelectuales y amigos.
Buñuel en el MoMA
·       Añoranza de Europa: Francia y España.  Aunque fuera de su país “es incontestable que la inspiración española ha alimentado la obra de Buñuel, tanto más fuerte a veces cuanto que el exilio intensificaba en él el sentimiento de vacío de falta y de ausencia.”[1] 
    Él había intentado organizar varios grupos de trabajo con exiliados, particularmente en Nueva York y en Hollywood, con gente como José Rubia Barcia, Gustavo Pittaluga o Eduardo Ugarte...
Tras una serie de pequeños trabajos se trasladó en 1944 a Los Angeles para ocuparse de las versiones españolas de la Warner Brothers. Y aprovechó para llevarse consigo a cuanto compañero de exilio le fue posible...[2] Durante esta época su vida privada estuvo confinada a la vida familiar y al núcleo de sus amigos.