domingo, 20 de abril de 2014

La influencia de Fabre en Luis Buñuel

Jean-Henri Fabre
Continuando con la serie de personajes que más han influido en la obra de Luis Buñuel, hoy hablaremos Fabre.
Jean-Henri Fabre (1823-1915) fue, entre otras cosas, un famoso entomólogo francés. Durante la estancia de Buñuel en la Residencia leyó los cinco tomos, que sobre la vida de los insectos escribió y publicó en 1920 la editorial Espasa Calpe. Hasta tal punto le fascinaron que abandonó su carrera de Ingeniero Agrónomo por la de Ciencias Naturales, carrera que por cierto tampoco acabaría.
He adorado los "Recuerdos entomológicos" de Fabre. Por la pasión de la observación, por el amor sin límites al ser vivo, este libro me parece inigualable, infinitamente superior a la Biblia. Durante mucho tiempo, dije que solamente me llevaría ese libro a una isla desierta. Hoy he cambiado de opinión: no me llevaría ningún libro[1].

Buñuel hace una lectura muy personal de la obra de Fabre. No se deja influenciar por la tendencia espiritualista de Fabre que nunca había aceptado la teoría transformacionista y que, según el biólogo Jean Rostand, nunca había estudiado en serio El origen de las especies de Darwin. Fabre tendía a sugerir que detrás de todos los misterios que él observaba, detrás de las maravillas de la Naturaleza, debía de haber una sabiduría divina. Buñuel sólo parece haberse fijado en la riqueza de las observaciones y podemos suponer que uno de los textos que más le marcaría debió de ser el estudio sobre el alacrán del Langedoc, cuya descripción recuerda la primera secuencia de La edad de oro...
También debió encontrar en este artículo el estudiante de entomología la confirmación de la misteriosa unión entre instinto sexual y la muerte que le había llamado la atención desde la adolescencia. En los Recuerdos entomológicos, Fabre evoca, desde una perspectiva antropomórfica muy marcada, los trágicos apareamientos de los alacranes que terminan con “la muerte del macho, algo devorado por la alacrana”.[2]
... Lo que más me ha gustado, me sigue gustando y me continúa pareciendo un misterio extraordinario son los insectos. Puedo ver una mosca durante no sé cuanto tiempo. Y lo que es un escarabajo, me pasaría horas mirándole... Para mí es el misterio de la vida. Lo incomprensible. Lo que está más allá[3].
...Empecé leyendo los maravillosos libros de Fabre . Me apasiona la vida de los insectos. Allí está todo Shakespeare y Sade[4].
“La capacidad de observación de Fabre es...asombrosa. Sus libros son todo un programa de educación de la mirada, a partir del cual el ojo puede explorar la realidad de forma mucho más desprejuiciada y libre. Cuando se encuentra ante sus amados insectos, establece una suspensión temporal de cualquier juicio o jerarquía, para conocerlo todo minuciosamente...y tras ello sobreviene el juicio moral, que muy a menudo contradice de manera frontal la moral convencional. Difícilmente podría tener un cineasta mejor educación del ojo. No es extraño que Buñuel dijera que había estudiado al protagonista de Él como a un insecto, como si de un mosquito anofeles se tratara: si se ha leído a Fabre se entienden muy bien sus palabras...[5]
Jean-Claude Carrière ha explicado muy bien cómo trabajaba Buñuel sus personajes, que observaba desde el exterior como si se tratase de insectos, sin nunca abandonarse a la psicología que detestaba, porque era de una curiosidad objetiva. Pero, al mismo tiempo, no vacilaba en lanzarse a la búsqueda de imágenes emblemáticas y complejas, que no tenían en apariencia ninguna relación con la realidad inmediata, pero que, justamente por su lado inesperado, nos obligaban a penetrar en una realidad más secreta, opaca y profunda.[…] se pasa del caparazón entomológico externo a las a las profundidades a las cloacas internas (estas de Fabre y de Sade) sin etapa psicológica intermedia.[6]
Final de Un perro andaluz
Buñuel logra de esta manera eliminar el segmento psicologista y consciente, que aborrecía. Su ideal era pasar de la observación objetiva y externa a las pulsiones más profundas, exactamente como lo hace un entomólogo. Ejemplos: el final de Un perro andaluz: de Goya y Millet a la mantis religiosa de Fabre; o el comienzo de La edad de oro: de los escorpiones a los bandidos y los impulsos de los protagonistas...[7]
Los escorpiones que abren La edad de oro continúan la imagen que cierra Un perro andaluz, ya que según el entomólogo Fabre, inspirador de ambos pasajes, no es raro que la hembra del escorpión devore al macho tras la cópula, al igual que la mantis religiosa.
El documental sobre los escorpiones de La edad de oro, se titula Le scorpion Languedocien, y los textos intercalados fueron escritos por Buñuel a partir de los escritos entomológicos de Fabre.
Quizá sea ese aspecto de entomólogo que tiene Buñuel, el que hace que se valga de la cámara cinematográfica a modo de lupa o microscopio, para estudiar el comportamiento de sus personajes. Esta cualidad, al suponer una gran meticulosidad en el desarrollo de sus trabajos, constituye el primer  estadio. También Buñuel, aparte de entomólogo, quizá incluso como derivación de ello, es extremadamente ordenado. Por esto los estudios que realiza sobre el comportamiento de sus personajes están perfectamente estructurados con arreglo a una, más o menos, compleja lógica interna del desarrollo de los hechos. Esta cualidad, al suponer una estructura que emplea para la realización de los complejos estudios que son sus películas, constituye un segundo estadio. Pero Buñuel posee, no como una característica más ni tampoco como primera cualidad aisladamente, sino en relación con las otras tres, una personalidad muy compleja y marcada. Por esto los personajes que elige para sus estudios entomológicos estructurales tienen unas características muy peculiares que les hacen muy distintos del resto de los personajes cinematográficos.[8]
Inicio de La edad de oro
Cuando en 1953 Truffaut le preguntaba: “¿Tiene usted algún proyecto imposible de rodar?”, Buñuel le contesta: Le respondo que no, pero podría hablarle de una película con la que sueño, puesto que no la rodaré jamás. Inspirándome en obras de Fabre, inventaría personajes tan realistas como los de mis películas normales, pero poseyendo las características de algunos insectos. La protagonista, por ejemplo, se comportaría como una abeja, el galán joven como un escarabajo, etc. ¿Entiende por qué es un proyecto sin esperanza?
Son innumerables los rasgos de sus personajes que se inspiran en esa especie de vasta “Comedia humana” de la Naturaleza que es la obra del entomólogo francés...[9]
Buñuel ha soñado siempre en describir al hombre con la fría objetividad del entomólogo inclinado sobre el insecto. Para él se trata, en todo momento, de comprender mejor a sus personajes a fin de juzgarlos mejor, de exaltar mejor aquello que él cree son sus cualidades y de condenar mejor aquello que considera como sus defectos, sus flaquezas y sus errores. Así pues, Buñuel es un moralista por necesidad, aunque, en su opinión, la ética sólo adquiera una verdadera realidad por obra de la praxis.
Francisco (Él), uno de los personajes que
estudió como si fuera un insecto
Robinson, ese noble inglés anclado en una isla desierta, proporciona a Buñuel una excelente materia de estudio. Nos encontramos ante un ser desprovisto de todas las convenciones, privado de situación social, sometido a una especie de pureza ontológica. Lo único que sobrevive en él es una vaga angustia metafísica, que se irá diluyendo hasta llegar a desvanecerse por completo en la conmovedora secuencia durante la cual Robinson llama a Dios y no recibe otra respuesta que el eco de su propia voz; luego enloquece, grita en demanda de socorro y acaba por dejar caer al mar su antorcha con tristeza al anochecer. A partir de esto comprende que ha ganado, que por fin ha nacido de sí mismo, que ha entregado su existencia a todos los riesgos de la libertad liberada de códigos y de ritos mentalmente debilitadores.[10]
Buñuel juega, con visión de entomólogo a aislar a sus personajes del yugo de la civilización, desentrañando así los frágiles hilos sobre los que ésta se sustenta. Así, Robinson Crusoe es un hombre que prisionero en una isla se ve obligado, por supervivencia adaptarse a la Naturaleza que le rodea.  Al aparecer el indígena Viernes, surgirán en él los innatos prejuicios sociales: de dominado por el entorno pasa a dominador del indígena, es decir, la eterna figura del amo y el sirviente. O en La muerte en este jardín en la que la endeble solidaridad establecida se rompe cuando un grupo de personas, abandonado en medio de la jungla, se encuentran con los restos de un avión, signo de civilización.[11]
Robinson Crusoe
Incluso Las Hurdes, podemos verla como un estudio riguroso y científico sobre sus habitantes, similar al que lleva a cabo el entomólogo con los insectos.


[1] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Espasa & Calpe, 1982,  Pág.210
[2] Emmanuel Larraz: Buñuel el afrancesado. En: Turia, nº 28-29. Pág. 155
[3] Luis Buñuel: Obra literaria, Heraldo de Aragón, 1982, Pág. 50
[4] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.16
[5] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág. 104
[6] Agustín Sánchez Vidal: L´âge d´or. Correspondance Luis Buñuel- Charles de Noailles, Centre Georges Pompidou, 1993, pág. 17
[7] Agustín Sánchez Vidal: Imaginación sin hilos. En: Turia, nº 28-29. Pág. 119
[8] Paulo Antonio Paranaguá: Luis Buñuel. Él, Paidós, 2001, Pág. 88
[9] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág. 99
[10] Freddy Buache: Luis Buñuel, Guadarrama, 1976, Pág. 84
[11] Carlos Tejada: De anhelos, delirios, visiones y naufragios: los seres maltratados de Luis Buñuel. En: Nickelodeon, nº 13, Invierno, 1998, Pág. 47

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