jueves, 31 de julio de 2014

Las dos Conchitas de Ese oscuro objeto del deseo (1977)

Luis Buñuel hizo que el personaje de Conchita, en la película Ese oscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir, 1977) fuese interpretado por dos actrices, Ángela Molina y Carole Bouquet, algo totalmente inusual. ¿Cuál fue la causa?
Esta foto de las dos Conchitas, parece estar hecha
para confundir al espectador
Buñuel dijo que fue por necesidad. Yo había pensado que María Schneider estaría bien en el papel. No es una belleza deslum­brante y eso convenía, porque haría más mis­terioso el atractivo que Fernando Rey debía sentir por ella. Creo que la muchacha está bien en otras películas, pero en la mía no nos enten­díamos. Teníamos que repetir una toma tras otra, a veces tratándose de las escenas más fáciles, más simples. Finalmente tuve que de­cirle a Silberman: «Me he equivocado con esta chica. No me sirve para el papel.» Silberman estaba desolado y no encontrábamos la solu­ción. Era grave, porque la filmación había cos­tado ya mucho dinero. Entonces se me ocurrió decir: «Podríamos emplear a dos actrices...» Inmediatamente después de haberlo dicho, me pareció una tontería. Pero a Silberman le pare­ció magnífico. «No, Silberman, lo he dicho sin pensar.» «Pero me parece muy bien, lo acepto.» Así es que ya ven ustedes cómo eso que parece tan misterioso tiene explicación.[1]

Pero las cosas no fueron tan sencillas como las dibujó Buñuel. Además, el proceso que condujo a esta toma de decisión no está nada claro, y después de leer los testimonios de algunos de los protagonistas, seguirá habiendo alguna zona oscura.
Para intentar aclarar un poco el tema, o liarlo más según se mire, nos vamos a basar en los testimonios de Luis Buñuel (director y guionista de la película), Jean-Claude Carrière (guionista), Serge Silberman (productor), Pierre Lary (ayudante de dirección) y Ángela Molina (una de las dos intérpretes del papel de Conchita)

Para ello dividimos el tema en varios apartados:

1-La elección de María Schneider.

Pierre Lary:
Foto de rodaje
Cuando él estaba preparando la película, quería tener a toda costa a Maria Schneider, pero nadie estaba muy encanta­do con la idea. Yo había hecho un casting en el que había visto a sesenta o setenta chicas y había seleccionado a algunas y se las había presentado. Él decía: "Sí, no está mal". Pero prefería a Maria Schneider. Juan Luis Buñuel había estado en España, donde había buscado una actriz italiana que, además, actuaba bastante bien, pero a la que su padre no había querido, por­que seguía queriendo a Maria Schneider. [2]

Serge Silberman:
Si para el papel principal masculino elegimos rápidamente a Fer­nando Rey, nuestro común amigo, no ocu­rre otro tanto con la «mujer». ¿Quién se­rá?, ¿una "estrella" o una desconocida? Todo el mundo quiere rodar con Buñuel y para este papel, casi mítico, las postulan­tes son todavía más numerosas. Pensa­mos los dos en una joven actriz francesa, pero ésta había adquirido un comporta­miento de "estrella". Ya sabe usted que no me gustan las "estrellas" y temía que no hiciese la película con Luis, sino con­tra él. Por fin, a primeros de enero de 1977, contratamos a María Schneider. Aprende los rudimentos del baile flamen­co y en febrero salimos para Madrid. [3]

2-La decepción con Maria Schneider.

Luis Buñuel:
Yo había pensado que María Schneider estaría bien en el papel...pero... teníamos que repetir una toma tras otra... Finalmente tuve que decirle a Silberman: "Me he equivocado con esa chica... [4]

Serge Silberman:
Foto de rodaje
Na­da más empezar el rodaje, debemos ren­dirnos ante la evidencia. Nos hemos equi­vocado. María Schneider no será ese os­curo objeto del deseo. Al igual que vein­te años antes con Brigitte Bardot, hay, según la fórmula consagrada, incompati­bilidad entre el personaje de la película y la actriz. En Madrid el rodaje se de­tiene.» [5]

Jean-Claude Carrière:
Trató por todos los medios de filmarla con Maria Schneider. No pudo porque Don Luis necesita trabajar con actores profesiona­les en un trabajo serio. Con Maria Schneider no pudo hacer nada y renunció. Le dijo a Silberman: "Te voy a enseñar lo que hizo, pero a mí me parece muy mala". Era la escena de la reja, cuando Don Mateo está afuera y no puede entrar en la casa donde está ella. [6]

Pierre Lary:
Empezamos a rodar en Madrid, pero al cabo de tres días resultó que Schneider no estaba en condiciones de actuar o no se correspondía con lo que él estaba buscando, lo que era una verdadera catástrofe. Durante tres días no se consiguió rodar ni una escena. Él esta­ba totalmente desesperado diciendo que era demasiado viejo, que estaba acabado, que quería volver a México. [7]

3-A la búsqueda de una solución.

Después de lo ocurrido con Maria Schneider, parece que Buñuel no quería una actriz francesa.
Pierre Lary:
La Conchita francesa: Carole Bouquet
A Juan Luis [Buñuel] y a mí nos había contratado como ayudantes... Él no salía de la ha­bitación del hotel, le mandábamos pequeñas notas por debajo de la puerta. Era absolutamente triste y dramático. Insistí, al igual que Juan Luis, diciéndole que de todas formas era una idiotez, teníamos el equipo, los decorados, todo estaba listo, habíamos visto a montones de chicas estupendas, ¿por qué no ensayar? No costaba nada, después ya se vería. Dijo: "Sí, pero no quiero verlas, vosotros las hacéis venir, las hacéis ensayar, cuando estén preparadas, me lo decís, vengo, miro y o me gusta o no me gusta. Después mi decisión será irrevocable, volveré a México y no querré volver a oír hablar de todo esto". De todas las chicas que yo había visto, había una que me había impresionado mucho, Carole Bouquet. Y a Juan Luis le pasaba lo mismo con Angela Molina. Sabíamos lo que quería Buñuel porque hacía tres días que estábamos en la misma es­cena. Hicimos venir a las dos. Yo hice ensayar a Carole Bou­quet y Juan Luis a Angela Molina. Fuimos a buscar a don Luis a la Torre de Madrid, donde estaba viviendo, y lo trajimos. A las chicas les habíamos explicado el problema. Él miró y les dijo: "Empezad". Para las chicas era, desde luego, muy angus­tioso, estábamos en el decorado y creo que Fernando Rey había venido para dar la réplica. Era una escena que ocurría en el patio, en la que ella no quiere abrirle la puerta. Ellas actua­ron, don Luis no comentó nada y después nos dijo: "No sé a quien elegir, son formidables las dos". Al final, añadió: "Voy a pensar en ello y mañana os diré a quién cojo". Al día siguiente por la mañana, estábamos en el bar del estudio esperando, lle­gó y dijo: "Me quedo con las dos"…Enseguida dijo: "Ojo, no es que una ac­túe en las escenas en las que es fría y la otra actúe en las esce­nas en las que es apasionada", porque había una indiferente y otra apasionada, eso era evidente... Es decir, que las escenas no dependí­an del temperamento de las actrices, sino del aspecto arbitra­rio que daba ritmo a la cosa.
La Conchita española: Ángela Molina
Pasó toda una tarde viendo la película con una y con otra, tuvo la convicción de que eran buenas actrices, de que cada una podía soportar el peso de la película, pero cada una en su registro, y, de repente, debió de tener esa iluminación genial de decirse: "Si me quedo con las dos, tendré los dos aspectos de la película, tendré todo". La verdad es que es una idea que uno se alegra de haber tenido.[8]

Ángela Molina.:
Fui en metro, al hotel Plaza, donde había quedado con Buñuel. Yo llevaba una especie de traje extraño, con una capucha. Cuando aparecí, me abrió la puerta él, me quitó la capucha y se me quedó mi­rando. Luego me dijo que pasase. Estuvimos charlando como una hora, estábamos solos. Hablamos de todo: de jamones, de pájaros, que de dónde venía, a dónde iba, si sabía hablar fran­cés... Como un padre. Y me fui absolutamente encandi­lada y feliz de esa cita, sin saber nada más.
Después recibí noticias de que querían hacer una prueba en París, en los Estudios Epinay, para ver qué tal francés hablaba y cómo era co­mo actriz y tal, y me fui a París. En esa prueba, él definitiva­mente decidió no dirigir, simplemente observar, y yo hice la escena como Dios me dio a entender. Era la que luego sería la famosa secuencia de la verja, con Fernando Rey.
Creo que estaba sola. Me acordaría si hubiese estado Fernando. Creo que estaba sola, con una coach que era maravillosa, y ayudante de dirección también de don Luis. Se pare­cía mucho a Ava Gardner, genial, Suzanne creo que se llama­ba. Hice la prueba y contemplé a Buñuel casi como un fantas­ma, desde lejos. En ese día no me relacioné con él. Después hubo un encuentro, que se supone que era un requisito que teníamos que tener: estando en vestuario hizo salir a todo el mundo porque quería ver cómo estaba, cómo era yo desnuda. Yo creo que no me había puesto desnuda delante de ningún director de esa manera.... Yo simplemente tenía una bata y él, con gafas,
como si fuera un doctor, que en aquel momento lo era, me dijo: "¿Puede usted, por favor, señora Molina, abrirse la bata?". A mí aquello ya me parecía alucinante y me abrí la bata con cara de niña, me imagino que inocente, se puso las gafas, me miró como quien contempla una estatua, y me dijo: "Muy bien, muchísimas gracias". Y hasta ahí fue todo perfec­to, aunque en ese momento yo no había empezado a disfrutar de esa relación que luego mantuvimos en el trabajo.
Pocos días después me dijeron que el papel era mío. Me contaron todos los avatares y la historia de que eran dos per­sonajes en uno. Al poco tiempo se inició el rodaje y ahí fue cuando empecé realmente a sentirme en mi mundo, en mi trabajo…[9]

(Por sus anteriores declaraciones parece deducirse que Buñuel ya conocía a Ángela Molina antes de hacer la prueba.)

Jean-Claude Carrière:
Creo que cuando escribíamos el guión, habíamos valorado la posibilidad —un poco en broma, no en serio—, de darle el papel de la jovencita a dos mujeres muy diferentes: una fría, una caliente; una elegante, otra popu­lar; una francesa, otra española; claramente distintas. Pero lo había­mos olvidado, nos parecía una broma por su facilidad, pero después del resultado fatal con Maria Schneider otra vez Don Luis pensó en esa posibilidad, y se lo dijo a Serge Silberman, con quien se puso de acuerdo inmediatamente. [10]

 4- El acuerdo con Silberman.

Ángela Molina:
Silberman quería que fuera una francesa, le encantaba Carole y quería que fuera ella. A mí me contaron que fue una especie de duelo y que dijo: "Bueno, pues entonces hay que hacer algo". Me lo han contado de muchas maneras, pero a mí -conociendo a Buñuel, que no se hacía problemas, por­que para él no lo eran-, la versión que me parece más fiable es la que me contó Juan Luis y es que Buñuel dijo: "Vosotros queréis esto, yo quiero esto, y tampoco me parece mal lo vues­tro, así que a medias". Y en esa grandeza, de repente, Silber­man, que tenía una visión impresionante del arte de Buñuel, lo aceptó sin dudar. Ellos mismos se emocionaron con la pro­puesta, porque además cambiaba la historia para mejor. Eso me lo contó Silberman en San Sebastián la última vez que nos vimos. [11]

Luis Buñuel:
En 1978, en Madrid, cuando desesperaba de poder continuar el rodaje de Ese oscuro objeto del deseo, a consecuencia de un mal entendido con una actriz, y Serge Silberman, el productor, estaba decidido a suspender la película, lo cual suponía una pérdida considerable, estábamos una noche los dos en un bar, bastante alicaídos, cuando, de repente —aunque, eso sí, después del segundo dry-martini— se me ocurrió la idea de hacer interpretar un mismo papel por dos actrices, algo que nunca se había hecho. Serge recibió con entusiasmo la idea, que yo le propuse como una broma, y la película se salvó, gracias a un bar.[12]
(Leído todo lo que antecede, parece lógico pensar que cuando Buñuel le plantea a Silberman, el productor, el tema de las dos actrices para un mismo papel, ya las conoce.)

 5- Después de tomada la decisión ¿Se retocó el guión?

Serge Silberman, opina que sí:
Para ello [ser interpretada por dos actrices] hay que reformar el guión, se recluye en Zaragoza y, en quince días, ya está dispuesto nue­vamente para iniciar el rodaje en París y posteriormente finalizar la película con escenarios naturales en Sevilla.[13]

Pero según el siguiente testimonio de Ángela Molina, yo diría que no:
Las escenas no te creas que nos las re­partieron antes de empezar...Él hilvanaba la historia como para no darte cuenta de que éra­mos dos personas, porque Carole y yo no nos parecemos en nada, pero es que las escenas nos las daba a lo mejor dos días antes. O sea, que yo creo que él no tenía pensado qué escena iba a hacer cada una. Iba sobre la marcha, pero me han pare­cido perfectamente elegidas. Siempre que veo la película digo: "¡Qué genial es!". Ninguna de las escenas que hace Carole po­día haberlas hecho yo mejor, y viceversa. ¡Cómo buscó ese complemento en nuestra personalidad, en nuestra manera de ser, y cómo lo supo transmitir! [14]


[1] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 173
[2] Pierre Lary en: En torno a Luis Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, 2000, págs. 304-5
[3] Santiago de Benito: Serge Silberman, productor de las últimas películas de Buñuel, Cinema 2002, nº 37, marzo 1978, pág. 88
[4] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.:173
[5] Santiago de Benito: Serge Silberman, productor de las últimas películas de Buñuel, Cinema 2002, nº 37, marzo 1978, pág. 88
[6] Luciano Carrillo y Javier Espada: Conversaciones con Jean-Claude Carrière, Ayuntamiento de Zaragoza, 2004, pág. 60-1
[7] Pierre Lary en: En torno a Luis Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, 2000, págs. 304-5
[8] Pierre Lary en: En torno a Luis Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, 2000, págs. 304-5
[9] Ángela Molina : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, 2000, págs, 354-61
[10] Luciano Carrillo y Javier Espada: Conversaciones con Jean-Claude Carrière, Ayuntamiento de Zaragoza, 2004, pág. 60-1
[11] Ángela Molina : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, 2000, págs, 354-61
[12] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 50
[13] Santiago de Benito: Serge Silberman, productor de las últimas películas de Buñuel, Cinema 2002, nº 37, marzo 1978, pág. 88
[14] Ángela Molina : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, 2000, págs, 354-61

1 comentario:

  1. Muy interesante su artículo sobre las dos conchitas de ese oscuro objeto del deseo. Soy maestro en la fac. de medicina veracruz de la Unoversidad Veracruzana y organizo un pequeño cine-club. Hoy disfrutaremos de las dos conchitas.
    Gracias.
    Atte
    Agustín Guzmán

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