domingo, 2 de agosto de 2015

Ese oscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir, 1977)

Buñuel ya intentó rodar la adaptación de la novela de Pierre Louÿs La mujer y el pelele en Francia, en 1957, pero al productor no le gustó el proyecto presentado por Buñuel:“Yo le había pedido una adaptación de la novela de Pierre Louÿs, y él me trajo algo que era Buñuel de pies a cabeza”. Tampoco coincidían en los protagonistas: Buñuel había pensado en Vittorio de Sica y quizá Jeanne Moreau, pero el productor estaba empeñado en que fuesen Cary Grant y Brigitte Bardot.
Las intenciones del realizador en aquellos momentos quedan reflejadas en sus declaraciones: No me atrae en absoluto el erotismo de superficie contenido en la obra de Pierre Louÿs, tan de moda en el cine actual: besos, desnudamientos,... Lo que yo expresaría es otro tipo de sensualidad más profunda más devoradora, más terrible. Quisiera hacer el retrato de la perversidad femenina...Sin embargo, mi film podría ser visto, incluso por los niños. No será directamente escandaloso.[1]
Buñuel, tras El fantasma de la libertad, no tenía intención de rodar más, pero ante la insistencia del productor Serge Silberman, el realizador y Carrière se pusieron en 1976 a trabajar y desempolvaron el viejo proyecto de La femme et le pantin: Retorné a un antiguo proyecto, la adaptación de "La mujer y el pelele", de Pierre Louÿs... Me parece que el guion estaba bien construido, teniendo cada escena un comienzo, un desarrollo y un final. Bastante fiel al libro, la película presenta sin embargo, cierto número de interpolaciones que cambian por completo su tono. La última escena –en que una mano de mujer zurce cuidadosamente un desgarrón en un encaje ensangrentado (es el último plano que he rodado)– me conmueve sin que pueda decir por qué, pues permanece para siempre misteriosa, antes de la explosión final[2]...
Le interesaba... la idea de un hombre que quiere acostarse con una mujer y no lo logra. En el libro, por cierto, el hombre termina acostándose con ella... Pero a mí me interesaba más la historia de una obsesión que nunca puede hacerse realidad... (como les pasa a muchos de los personajes de Buñuel)...Soy hombre de ideas fijas. Quizá sólo me interesa un tipo de personajes, unas cuantas situaciones.[3]
Algunas veces, no recuerdo cuántas, ya habíamos hablado de la posibilidad de adaptar "La mujer y el pelele" de Pierre Louÿs. Un día, no sé cómo, hablando con el productor Serge Silber­man, buscando una idea para otra película, quizás finalmente porque Don Luis se sentía muy cerca del personaje del hombre, y también por la posibilidad de trabajar otra vez con Fernando Rey, que le gus­taba mucho como actor y con quien se podía identificar realmente… porque existen escenas en Ese oscuro objeto del deseo en las cuales me parece que Don Luis habla. Es como en Tristana. En algunas, no siempre, no en todas las escenas, pero en algunas de ellas, habla Don Luis. Son los dos personajes más cerca de Don Luis: Don Mateo y el Don Lope de Tristana.[4]
Hay declaraciones contradictorias de Carrière en relación con el guion que redactó Buñuel en los años cincuenta. En una entrevista realizada en 1987 manifestó: No lo he leído. Nunca me lo mostró. Creo que todo es diferente, con excepción de las escenas que vienen directamente de la novela, pero nunca lo vi –creo que se le había perdido-.[5] Sin embargo, en otras declaraciones efectuadas entre 2004 y 2005 dijo: He leído el primer guion y estaba mucho más próximo al libro. A continuación hemos trabajado sin consultarlo nunca.[6] En cualquier caso parece claro que no partieron de la versión anterior.
El rodaje comenzó el 7 de febrero de 1977 en los Studios Eclair, Épinay, y con exteriores en Madrid, Sevilla y Lausanne. En junio terminó el rodaje. El estreno en París fue el 17 de agosto de ese año.
Los personajes a los que Mateo les
cuenta su historia
Al poco de empezar el rodaje surge el gran problema: Buñuel no está satisfecho con la actuación de la actriz elegida, María Schneider, detiene el rodaje y expone el problema al productor Serge Silberman. El azar, algo tan querido por Buñuel, hizo que al final la película fuera interpretada por dos actrices, Ángela Molina y Carole Bouquet: Fue por necesidad. Yo había pensado que María Schneider estaría bien en el papel...pero... teníamos que repetir una toma tras otra... Finalmente tuve que decirle a Silberman: "Me he equivocado con esa chica..."No encontrábamos la solución... Entonces se me ocurrió decir: "Podríamos emplear a dos actrices..." A Silberman le pareció magnífico...
Es curioso que el público haya aceptado los constantes cambios de actriz... Para que vean ustedes que el cine es como una especie de hipnotismo... Me tenía sin cuidado qué escena correspondía a una y qué escena a otra, pero sólo procuraba que tuvieran el mismo número de escenas... [7]
Para obtener una más amplia información sobre el tema, lea el post: Las dos Conchitas de Ese oscuro objeto del deseo. Hay que puntualizar que en la versión original francesa de la película las dos actrices fueron dobladas por la misma persona, aunque con tono diferente.
Hubo muchos cambios durante el rodaje en relación con el guion previsto. Quizá el más llamativo sea el final, pero hay otros como los planos relacionados con el saco que alguien lleva a cuestas, el del bebé/cerdito o el atentado del inicio de la película, en la que Buñuel hace saltar por los aires al productor de la película Serge Silberman. El sentido del humor del realizador.
Igual que ocurriera con su película anterior, El fantasma de la libertad, su último filme fue recibido con disparidad de criterios. Mientras algunos como Sánchez Vidal opinaba que "en realidad, no hay nada nuevo en la película de Buñuel, que nos muestra el sempiterno deseo atrapado por la cola, incapaz de alcanzar su objeto, el viejo y la joven, la típica cadena de actos fallidos. No está muy clara la oportunidad de este filme que rompe la perfecta trilogía precedente, con el remate de El fantasma de la libertad que Buñuel se debía a sí mismo. [8]
Primera aparición de Conchita en
la narración de Mateo
Otros la veían como una obra rigurosa. Lo cierto es que Buñuel retoma en la última película de su carrera, muchos de los elementos que marcaron de alguna manera sus inquietudes y obsesiones lo largo de su vida. Son el deseo, el erotismo, la sexualidad, el pecado, la religión, la familia, la jerarquización social, etc.[9] Incluso aparece de nuevo la frase que suele citar Buñuel para rechazar los viajes: ¿Qué voy a hacer en… (Singapur en esta película) a las 3 de la tarde? También retoma el tema de las relaciones entre el hombre maduro y la joven que ya había tratado en películas como Viridiana o Tristana, que tienen también a Fernando Rey como protagonista.
La imposibilidad de satisfacer el deseo es una constante en la cinematografía buñueliana. Solo la insatisfacción sostiene y aumenta el deseo. "Mateo, el protagonista de Ese oscuro objeto del deseo, se ve obligado una y otra vez a demorar su deseo de posesión sexual, ajustándose así el personaje a una de esas máximas a las que se ven abocados los pobladores del universo buñueliano: el “no poder (hacer)”; en este caso, “no poder poseer” a la mujer – del mismo modo que, por ejemplo, en El ángel exterminador es el “no poder salir (de la mansión)”; o el “no poder asesinar”, en Ensayo de un crimen; o el “no poder cenar”, en El discreto encanto de la burguesía. Y, como también es frecuente en Buñuel, el film trabaja ese motivo con una buena dosis de humor, extraída en este caso del juego narrativo desplegado, pues como sus textos de referencia, La mujer y el pelele y, por ende, Carmen[10], Ese oscuro objeto del deseo también pone en escena a un personaje masculino contando el relato de su relación con la mujer (objeto de su deseo y de su ruina), bien que actualizándolo en aras de una poética específica propia."[11]
A resaltar las numerosas veces que en la película se hace referencia al terrorismo, bien sea a través de atentados, como de conversaciones, la prensa, el altavoz, etc. Era un tema que por esas fechas preocupaban mucho a Buñuel y le hacía tener una visión pesimista del futuro. El último guion que elaboró, Agón, trataba directamente de este tema, pero no llegó a realizarlo por problemas de salud.
Mateo y su desesperación por no
poder poseer el objeto de su deseo
Tampoco debemos pasar por alto un par de frases que el realizador pone en boca de su mayordomo y que dan una visión de la mujer poco halagüeña: "Si vas con mujeres no olvides el palo" y "todas son un saco de excremento". ¿Tiene algo que ver este comentario con ese saco que se pasea por la película de un lado para otro?
"A pesar de las apariencias de un relato lineal… la articulación narrativa de la película es de las más complejas… El espectador no se da cuenta en seguida de la interpretación del mismo personaje por dos actrices, y Mateo no se da cuenta nunca. El espectador, manipulado por el realizador, está atrapado por su propia participación en el fenómeno de proyección/identificación, mientras que Mateo narrador, se enreda con sus representaciones sin prestar atención  a esa cuestión. Es la prueba de que es el director el verdadero narrador, como único dueño del juego y que lo maneja a su gusto."[12]
En Ese oscuro objeto del deseo, Ángela Molina y Carole Bouquet interpretan a Conchita mediante el procedimiento de alternar escenas. El artificio podría haberle impedido a los espectadores entrar en la ficción, sin embargo, según Buñuel, algunos ni se dieron cuenta… Buñuel no buscaba dos visiones distintas de Conchita. El cineasta logra unificar la representación sin borrar la dualidad del carácter del personaje…
La personalidad de la heroína interpretada por Carole Bouquet y Ángela Molina tiene un sutil contraste - debido a los artificios empleados - que pueden efectivamente engañar al espectador. Sin embargo, cuando uno mira con más atención, se puede ver un cierto juego de apariencias en la representación del personaje: Carole Bouquet encarna la Conchita virginal mientras que la interpretada Ángela Molina se muestra impúdica…
El saco que sale en varias ocasiones
es un "detalle" de Buñuel
Conchita - Ángela Molina - tiene un lado bohemio que es muy diferente del lado moderado y refinado representado por Carole Bouquet. Esta última siempre aparece vestida con ropa elegante de color sobrio, bien peinada, mientras Ángela Molina encarna el espíritu bohemio español caracterizado por prendas más coloridas, es la única que aparece como bailarina de flamenco. Su peinado es más rebelde y siempre lleva grandes pendientes.
Cuando la película llega a su fin, el sistema de alternancia se acelera y acentúa la indecisión del espectador. En el montaje de dos planos durante la última escena, la actriz cambia pero conserva la misma ropa y la misma expresión en su rostro…[13]
Buñuel dice que repartió las escenas entre las dos actrices Al azar... Me tenía sin cuidado qué escena correspondía a una y qué escena a otra, pero sólo procuraba que tuvieran el mismo número de escenas. Efectivamente cada una aparece en 12 "escenas", en algunas de las cuales coinciden las dos, como cuando entra una al baño y luego sale la otra, pero lo que no es cierto es que estuvieran repartidas al azar. En algunas podrían haberse intercambiado, pero en otras no.


"Seis [siete] flash-backs permiten al protagonista, Mateo (Fernando Rey)  contar las desventuras que padece con su novia Conchita… de tal forma que la obra se vuelve más ágil, en medio de un desarrollo ordenado, lineal, trasportando el imaginario de Louÿs en distintos cuadros que trasmiten el erotismo y la perversión de forma singular. Durante el transcurso de la película se observa una cámara en movimiento y con planos largos donde los actores desarrollan su personaje. Los flash-backs narrativos permiten matizar el equilibradomontaje del filme."[14] 
La "última burla" de Conchita a Mateo
La mayor parte de la película está contada a través del protagonista masculino y que, por tanto, se trata de un relato dentro del relato. La mayor parte de los episodios que nos son mostrados en la pantalla no pueden ser tomados al pie de la letra, sino en el interior de la ficción. Expresan un punto de vista subjetivo, incluso imaginado. No es posible saber si Mateo cuenta la verdad o “su verdad”.[15]
Ninguna de las varias adaptaciones que ha tenido la novela refleja el contenido sadomasoquista de la novela. "Entiendo que ésta es, básicamente, el retrato de una muchacha masoquista, aunque esta perver­sión no aparezca hasta las páginas finales.
La inexplicable actitud siempre enloquecedora de Conchita, que se ofrece y se niega una y otra vez al atónito y doliente Don Mateo, esa actitud aparente­mente sádica, tiene una explicación que Don Mateo, ajeno por completo a esa perversión, no consigue comprender. Lo que la muchacha busca con su sadismo «emocional» lo descubre Don Mateo sólo cuando fuera de sus casi­llas, incapaz de contenerse por más tiempo en su manera de ser pacífica y en las normas de conducta caballerosas que un hombre ha de observar con una mujer, la emprende a golpes con ella. Lo que Conchita pretende con su sadis­mo «espiritual» es que Don Mateo satisfaga su masoquismo corporal. Él sólo «acierta» con ella cuando ella le ha «toreado» hasta sacarlo fuera de sí, hasta hacer otro de él…
En Louÿs… es necesario que Conchita se entregue tras la paliza, al ser la clave de la obra su masoquismo, ahora satisfecho. En Buñuel, por contra, interesaría que el espectador siguiera pensando tras la paliza… que Conchita sigue intacta…
Mateo pierde los nervios y golpea
a Conchita
Si para Buñuel era tan importante que se entendiera que no se han acostado y que no se van a acostar, es porque, para él, el tema de la obra es muy otro que para Louÿs. Para nada, o casi, en Buñuel es el masoquismo de una muchacha, sino la imposibilidad de una relación. Es la decepción, la frustración, motivo fundamental en la obra de Buñuel.[16]
El realizador reconoció la temática sado-masoquista de la película:
José de la Colina: ¿Qué es lo que mueve a Conchita a portarse así con el personaje de Fer­nando Rey?
Buñuel: Un sentimiento sádico. Ella se aprovecha de él, sabe que le conviene tenerlo contento, pero al mismo tiempo lo odia a muerte, le gusta atormentarlo.
Tomás Pérez Turrent: Y en él habría una tendencia masoquista.
Buñuel: Sí, en eso se corresponden uno con la otra.
Tomás Pérez. Turrent: Y se crea un lazo muy fuerte.
Buñuel: Fortísimo, y a fin de cuentas el único que existe entre ellos.[17]
Recordemos por otro lado que Buñuel ya hizo un excelente retrato de una mujer masoquista en Belle de jour.
La película está atravesada por composiciones surrealistas entre las que se suceden un saco, un ratón, una mosca, una gitana que lleva por niño un cochinillo, el bastidor de la bordadora al final, que recuerda al cuadro de Vermeer “La encajera”; así como el desdoblamiento de las actrices, material primordial para constituir a la obra como pieza clave del surrealismo. Ángela Molina representa a una mujer carnal, ardiente y provocativa, muy parecida al personaje que Pierre Louÿs detalla en la novela, mientras que Carole Bouquet, tiene una belleza fría…"[18]
La zurcidora del final, era la esposa de
Carrière y cierra el desgarro inicial de
su carrera en Un perro andaluz
Durante el rodaje de Ese oscuro objeto del deseo, al final de una escena y movido por una súbita inspiración, pedí bruscamente a Fernando Rey que cogiera un voluminoso saco de tramoyista que estaba sobre un banco y marchara con él a la espalda. Al mismo tiempo, percibía todo lo que de irracional había en este acto y lo temía un poco. Rodé, pues, dos versiones de la escena, con y sin el saco. Al día siguiente, durante la proyección, todo el equipo estaba de acuerdo —y yo también— en que la escena quedaba mejor con el saco. ¿Por qué? Imposible decirlo, so pena de caer en los estereotipos del psicoanálisis o de cualquier otra explicación.[19]
La mayor apuesta del film… en esta tarea propiamente deconstructora es la figurativización de la mujer objeto del deseo masculino como relevo de dos rostros diferentes, como antes señalábamos. Y es que, al margen de la cadena de metamorfosis sufridas por Conchita, uno de cuyos inevitables eslabones es la Conchita-bailadora, que refiere la novela de Louÿs, el texto buñueliano da un paso más para, contradiciendo con violencia los cánones del relato cinematográfico convencional, mostrar una Conchita encarnada, en lo que es un caso ejemplar de “extrañamiento” (dépaysement) surrealista, por dos actrices diferentes.[20]
Buñuel había ido más lejos en esta disociación entre actor y personaje (en sentido inverso) en su Hamlet al hacer coincidir en el mismo Hamlet al final de la obra a los dos protagonistas femenino y masculino.
Distinto procedimiento era el reparto del mismo rol social entre dos actores diferentes (los dos jefes de Policía, Julien Bertheau y Michel Piccoli) en El fantasma de la libertad. De todas maneras el tema del doble es una constante de Buñuel desde antes de su puesta en escena más evidente en Un perro andaluz, y no debe sorprender ese rebrote tardío…
El final no le gustaba a Buñuel, porque
no le parecía lo suficientemente claro
que Mateo no consigue a Conchita
Con la última escena, su filmografía se cierra sobre sí misma circularmente. La mujer zurcidora[21] recuerda el cuadro de Vermeer La encajera, cuya reproducción presenta la cámara en Un perro andaluz al arrojar la protagonista el libro que está leyendo. Pero, sobre todo, esta secuencia final de su última película remite a la escena inicial de su primer filme, suturando aquel programático seccionamiento del ojo con el que se abría una trayectoria presidida por el deseo y sus penumbras.[22]
Por cierto, esa última escena no estaba prevista en el guion[23]. La película terminaba con Mateo y Conchita paseando por un jardín de París.
Esta última escena debía tener algún significado especial para el realizador: “ Tan significativo como que Buñuel utilice el pasaje Jouffroy –allí está situado el Hotel Ronceray donde sus padres pasaron su viaje de novios y por lo tanto se supone que allí fue concebido-...resulta el sorprendente hecho –viniendo de un realizador tan austero y económico como fue Buñuel a lo largo de toda su carrera-, de que volviera a rodar toda la secuencia, dos semanas después de haber concluido definitivamente el rodaje, porque no había quedado satisfecho con el resultado.[24]
En efecto, Buñuel rodó de nuevo la última escena. Quizá la causa estuviera en que no quedaba lo suficientemente claro que Mateo no conseguía su objeto de deseo: No me gusta el final porque lo vemos entrando con ella en un pasaje, miran­do escaparates como marido y mujer. Allí debía contar que la situación sigue igual, que él no ha logrado acostarse con ella... eso está mal realizado, no está claro. [25]
El Mateo de la novela y de la película parecen coincidir en que si malo es vivir con Conchita, peor es vivir sin ella, ya que ninguno se decide a abandonarla.


Explosión final. El terrorismo le
preocupaba mucho a Buñuel en esos años
[1] A Les Lettres Françaises, (11/10/56). Tomado de: Ado Kyrou: Bunuel. Seghers, 1966, Pág. 107
[2] Luis Buñuel: Mi último suspiro,  Plaza & Janés, 1982, Pág. 243
[3] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág. 174
[4] Conversaciones con Jean-Claude Carrière, Ayuntamiento de Zaragoza, 2004, pág. 60
[5] Conversaciones con Jean-Claude Carrière, Ayuntamiento de Zaragoza, 2004, pág. 59
[6] Arnaud Duprat: Les derniers films de Luis Buñuel: l'aboutissement d'une pensée cinematographique, Thèse de doctorat, diciembre 2007, pág. 492 (Consultada en Internet)
[7] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág. 173
[8] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel, Ed. J.C., 1984, Pág. 376
[9] Luisa F. Assunção: L'image de la femme dans le roman La femme et le pantin de Pierre Louÿs et dans le film Cet obscur objet du desir de Luis Buñuel: une etude comparée, Revista Eletrônica Literatura e Autoritarismo, nº 17 – Janeiro-Junho de 2011, pág. 54
[10] Se refiere a la obra Carmen de Prosper Mérimée
[11] Pedro Poyato: El sistema estético de Luis Buñuel, Universidad del País Vasco, 211, pág. 197
[12] Marcel Oms: Don Luis Buñuel, Les Éditions du Cerf, 1985, Pág. 183
[13] Luisa F. Assunção: L'image de la femme dans le roman La femme et le pantin de Pierre Louÿs et dans le film Cet obscur objet du desir de Luis Buñuel: une etude comparée, Revista Eletrônica Literatura e Autoritarismo, nº 17 – Janeiro-Junho de 2011, pág. 67-70
[14] Estella Maris Poggian: El tema del doble en el cine, como manifestación del imaginario audiovisual en el sujeto moderno, tesis doctoral Barcelona, 2002, pág. 337, (consultable en Internet)
[15] Maurice Drouzy: Luis Bunuel architecte du rêve, Lherminier, 1978, Pág. 261
[16] Paulino Viota: Pierre Louÿs-Von Sternber-Dos Passos-Buñuel, Trama y fondo, nº 2, abril 1997, págs. 38-41
[17] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág. 175
[18] Estella Maris Poggian: El tema del doble en el cine, como manifestación del imaginario audiovisual en el sujeto moderno, tesis doctoral Barcelona, 2002, pág. 340, (consultable en Internet)
[19] Luis Buñuel: Mi último suspiro,  Plaza & Janés, Pág. 172
[20] Pedro Poyato: El sistema estético de Luis Buñuel, Universidad del País Vasco, 211, pág. 199
[21] La mujer zurcidora en la esposa del coguionista: Auguste Carrière.
[22] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel, (Ed. J.C.) Pág. 376
[23] Luis Buñuel: Quell'oscuro oggetto del desiederio, Einaudi, 1981
[24] Antonio Castro: Evolución y permanencia de las obsesiones en Buñuel En: Obsesión es Buñuel. Ed. Antonio Castro, 2001, Pág. 322
[25] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.175

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