domingo, 2 de marzo de 2014

Las "perversiones" sexuales en el cine de Luis Buñuel (1)

Buñuel: Debo decir que no experimento hacia la perversión sexual sino una atracción teórica y exterior. Me divierte y me interesa, pero yo personalmente no tengo nada de perverso en mi comportamiento sexual. Lo contrario sería sorprendente. Yo creo que a un perverso no le gusta mostrar en público su perversión, que es su secreto[1]. Me repugna toda perversión sexual.[2]
Belle de jour: sado-masoquismo
Cuando Buñuel trata las perversiones en sus películas se refugia en el humor.
Una característica del erotismo de Buñuel es la indiscriminación que hace entre formas normales y anormales del amor. Estas últimas (sadismo, masoquismo y fetichismo en concreto), se encuentran no rara vez tratadas temáticamente en algunas de sus películas. Las más significativas serían: Él, Ensayo de un crimen, Diario de una camarera y Belle de jour.[3]

“La utilización de lo sexual, en Buñuel, forma parte de su visión de los determinantes de la vida, y por ello aunque la importancia del sexo parezca exagerada, está lejos de serlo. Es fácil descubrir anormalidades en Luis Buñuel si se observa maliciosamente su obra. Pero es imposible encontrarlas en contacto directo, personal, con él...La actitud de...casi todos los mejores componentes del surrealismo fue de curiosidad, comprensión e inteligencia frente a todos los problemas derivados del sexo y fueron hombres de conducta moral y sexual normal. Afirmaron la omnipotencia del deseo y reconocieron...la importancia determinante de lo sexual en toda la actividad humana. Buñuel, como André Breton, examina valientemente las aberraciones sexuales. Las utilizaron...para provocar deliberadamente una crisis mental en el lector o el espectador, que le hiciera ver que los estrechos límites de la
Los olvidados: fetichismo de los pies
moral tradicional son insuficientes y conducen a un visión falsa del mundo. La fórmula surrealista del escándalo por el escándalo no fue tan gratuita como se pueda pensar...La obra cinematográfica de Buñuel, desde el punto de vista de la moral burguesa es sin duda escandalosa, iconoclasta y llena de alusiones sexuales. Pero hay que ser muy apasionado o estúpido para considerar obscenas las secuencias en que los personajes se encuentran en situaciones sado–masoquistas, de fetichismo, paranoia, esquizofrenia y, algunas veces, comparativamente demasiado pocas,...de homosexualismo (muy discretamente aludido en Robinson Crusoe, abiertamente en Los olvidados). Se trata, por el contrario, de la manifestación de un esfuerzo de profundización en el hombre y de su situación en la sociedad, sistemáticamente llevado a cabo por Buñuel.”[4]
Los surrealistas querían explorar todos los terrenos que rodean el amor. Era necesario suprimir todos los tabúes que pesan sobre el sexo, conocer a fondo esa otra cara del amor, incluidas las perversiones sexuales y que Buñuel ilustró en películas como Belle de jour y El fantasma de la libertad.
Viridiana: escena necrofílica
Buñuel aparece como uno de los cineastas que mejor ha evocado algunas de estas “rarezas”: el voyerismo, el fetichismo, el masoquismo, el onanismo, la necrofilia...siempre con el filtro del humor.[5] Aunque el cine de Buñuel no haya penetrado mucho en este terreno, sin embargo sus películas están salpicadas de una serie de ellas. Destaca Belle de jour entre todas.
Debido al carácter de las diferentes manifestaciones del deseo, además de la temática fetichista, suelen aparecer en sus películas otras perversiones de Eros inspiradas en las lecturas de Sade y Freud: el voyerismo en Él, el masoquismo en El fantasma de la libertad, el onanismo y el exhibicionismo en Tristana, y la necrofilia en Belle de jour. Sin embargo, pese a la crudeza de estas depravaciones, Buñuel se cuidó siempre de tratarlas a través del filtro de un humor no exento de socarronería.[6]
 
Tristana: masturbación del mudo
 La masturbación aparece en La edad de oro, cuando su protagonista es conducido detenido por dos policías por su actuación lasciva, se detiene un momento ante un cartel publicitario, en el que una mano femenina con un dedo extendido se anima de pronto con ritmo masturbatorio, junto a un mechón de pelo...Mediante el encadenamiento de breves escenas que actúan las unas como eco de las otras,  Buñuel escenifica el ritmo de la masturbación, a partir de la escena del dedo femenino agitándose y creando un clima subliminal muy eficaz a lo largo de todo el segmento.[7]
Finalmente la solución sexual a la que acogen la casi totalidad de los personajes buñuelianos es el onanismo.
Don Guadalupe limpiando obsesivamente el cañón de la escopeta de caza en Susana evoca la masturbación.

Él: la escena en la que más se acercó Buñuel al tema
de la homosexuallidad
La homosexualidad: No me importan los homosexuales. Allá ellos. Pero uno conscientemente no lo es. Me repugnan tal como le repugnaban a Breton: naturalmente[8].
·         Él es la película en la que más se acerca Buñuel al terreno de la homosexualidad. A Buñuel le disgustaban los homosexuales. Eso que ahora está tan de moda de decir que Buñuel era antihomosexual, es una mentira como una casa. Se ha creado un cliché por la malísima traducción al español de las memorias de Buñuel... Los que dicen que Buñuel es antihomosexual, deberían ver en El ángel exterminador a los hermanos, homosexual él y lesbiana ella, que están tratados con mucho cariño. Ellos dos son los más inteligentes que hay en aquel grupo, está clarísimo.
·         En Simón del desierto, Simón le dice al muy joven Matías: “Vas muy aseado”. Al tiempo que Matías , muy contento y muy coqueto le contesta: “Sí, padre...”[9] Simón le pedirá al prior que lo aleje del monasterio hasta que le crezca la barba.
Belle de jour: lesbianismo
·         También se sugiere de forma discreta en Robinson Crusoe.



[1] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, Pág.:235
[2] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar,1985,Pág.:159
[3] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.:149
[4] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.:149
[5] Emmanuel Larraz: Buñuel el afrancesado. En: Turia, nº 28-29. Pág.: 158
[6] Gonzalo Montón Muñoz: Las mujeres de Buñuel. En: Los olvidados: un homenaje a Buñuel. Ayuntamiento de Teruel, 2000, Pág.: 39
[7] Román Gubern: Proyector de luna. Anagrama, 1999, Pág.: 402
[8] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar,1985, Pág.:159
[9] Emilio Sanz de Soto : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8,2000, Pág.: 515

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