miércoles, 15 de enero de 2014

Los finales en las películas de Luis Buñuel

En las películas de Buñuel abundan los finales abiertos, con la historia sin concluir y la responsabilidad del espectador para imaginar el final de la misma. No lo hace así porque quiera jugar con el espectador, o porque quiera dejarlo con las ganas de saber lo que ocurre después, sino porque la naturaleza humana es demasiado compleja para que el final de una película sea su acabamiento y resolución.
Nazarín: posiblemente sea el final que más ha dado
que hablar en una película de Buñuel
La puesta en escena buñueliana cierra la película, pero no clausura su sentido, abriendo nuevos interrogantes, que fuerzan al espectador a replantear la historia que acaba de ver. No es un punto final, sino una vuelta al comienzo, que multiplica las posibilidades significantes al inscribir retrospectivamente en la película la equívoca ambigüedad de sus códigos de interpretación.[1]
Buñuel no quiere saber nada de lo que va a ocurrirles a sus personajes después del final de la película y rehúsa hablar de ello.
Final de Nazarín
Pero en el cine de Buñuel también hay otro tipo de finales. Hay "finales felices" en algunas de sus películas, cuando se vence al sentimiento de culpabilidad –el final de Ensayo de un crimen, en Subida al cielo y La ilusión viaja en tranvía–, se consuma o está a punto de consumirse el deseo amoroso, se palpa entre los dedos el elusivo "fantasma de la libertad", o se establecen lazos de solidaridad y amor humanos. Como rayos, estos momentos fulguran en todas sus películas mexicanas, trayéndonos la esperanza al borde del abismo.[2] La ironía complica la mayor parte de los finales felices de Buñuel.
También hay algunos finales trágicos entre sus películas mexicanas: Los olvidados, El bruto y Abismos de pasión, se enmarcan dentro del sentimiento catártico de la tragedia, tienen una dimensión que los enmarca en el contexto de la muerte iniciática...El nuevo nacimiento –en estos finales cerrados a cal y canto de las tres tragedias buñuelianas– está implícito en el mensaje, el único mensaje que subyace en todos los filmes de Buñuel: de que no vivimos en el mejor de los mundos posibles.[3]
Ensayo de un crimen: aparentemente un final
feliz, pero ¿qué puede ocurrir después?
El final de sus películas es generalmente breve e inesperado, donde sorprende poniendo en cuestión el final lógico, o invirtiéndolo, como si con ello se negara a clausurar sus películas con soluciones o desenlaces demasiado evidentes. Así, el brusco final de Los olvidados, con el cadáver del protagonista en el estercolero no diferiría mucho, conceptualmente hablando, del acelerado final de La muerte en este jardín o la explosión que cierra Ese oscuro objeto del deseo. Un perro andaluz ya adelanta este  mecanismo en el último plano de la película. El profundo escepticismo buñueliano, que tan patente resulta en toda su producción posterior, ya estaría, así, prefigurado en este breve film.[4]
Final de El ángel exterminador

        Algunos de sus finales:

·         En Los olvidados el final con el cadáver del niño arrojado a la basura es de una enorme desolación.
·         En La hija del engaño, consciente de lo simplista del final feliz convencional, el texto obliga a Quintín a romper el marco tradicional de la narración, a dar un paso adelante y dirigirse al espectador: "¿Oyen ustedes? Nada me sale bien", refiriéndose a que todavía no puede conocer a su nieto, porque no ha nacido aún....A través de la falta de respeto por las leyes del realismo, se advierte al público de que las típicas resoluciones felices del melodrama se han de ver como meras estrategias para satisfacer las aspiraciones humanas de reconciliación y orden.[5]
El ángel exterminador: ¿Saldrán de la iglesia?
·         Al final de El bruto Paloma sigue luchando con sus demonios. El pueblo tampoco perdona completamente al Bruto. El final deja el conflicto sin solución. La orden de desalojo queda sin aplicar y los personajes volviéndose a plantear las interrogantes. Es un final abierto que apela a una actividad de reflexión  en el espectador.[6]
·         Robison Crusoe tiene un final optimista: la amistad de Robinson y Viernes los salva, al aborigen de la esclavitud y al colonizador de algo peor que ser esclavo: ser amo.
·         Él  termina con uno de esos finales mágicos de la imaginación de Buñuel. El alejamiento zigzagueante del protagonista, más parece una vuelta de tuerca que un desenlace.
Final de Él
·         Abismos de pasión posee uno de los mejores finales de toda su filmografía. El largo y conmovedor final de la película posee una gran fascinación visual y al mismo tiempo una gran carga de humanidad. La película es un poema aterrador, es la fusión de vértigo y sangre del amour fou romántico; es una conclusión.[7]
·         Ensayo de un crimen tiene un maravilloso y sorprendente final de inventiva buñueliana: un final feliz que una lectura superficial podría ver como una concesión a los finales del cine comercial […]Sin embargo, aun los finales felices tienen en Buñuel su sombra de incertidumbre, pues en realidad no sabemos, como el mismo Buñuel manifestó, lo que puede ocurrir después.[8] Nada nos dice que sea incapaz de volver a sus simulacros. En Buñuel nunca se dice la última palabra acerca de nada, la realidad se reserva siempre otra versión de las cosas.[9]
La vía láctea: Los ciegos están curados, sin
embargo no pueden cruzar la zanja.
·         El final de Nazarín ha sido objeto de toda clase de interpretaciones. Hubo interpretaciones entusiásticas tanto de católicos como de izquierdistas ateos, ignorando la ambigüedad del mismo. Nazario ha experimentado lo que es la solidaridad, ha comprendido que la fe ultraterrena no sirve para nada; y también Viridiana ha comprendido después de un proceso doloroso, que su compasión no modifica nada. Así, estos films comienzan al final.[10]
·         En Viridiana, el final, como en Nazarín, es el único momento de esperanza. Viridiana decide soltarse el pelo y va a llamar a la habitación de Jorge que se encuentra con la criada. El menage a trois que la novicia acepta es el primer paso para convertirse en mujer y entender que en el mundo no existe dicotomía entre el cuerpo y el alma, la carne y el espíritu, sino una única cosa que de verdad importa, que es el hombre. La imposibilidad e incluso la inutilidad del comportamiento cristiano en el mundo en que nos ha tocado vivir, puede ser la conclusión que se extrae de las películas de Buñuel.[11]
·         El ángel exterminador termina con otro de los inquietantes y ambiguos finales de Buñuel: la “plaga” empieza con un pequeño grupo de personas en una casa, después con un grupo mucho mayor en la iglesia, mientras que en el exterior estalla la revolución y la policía carga contra la multitud.
Viridiana: Un final sugerido por la Censura.
·         Buñuel introduce en Belle de jour el más sorprendente final abierto de la historia del cine, convirtiendo la película en una serpiente circular que se muerde la cola, dotándola de varias y ricas lecturas y entablando a través de la duda sistemática un serio proceso a la moral burguesa.[12] La última escena anticipa sus películas futuras, especialmente El fantasma de la libertad... Mezcla los niveles de realidad. Nos muestra un hombre paralizado que de pronto separa la manta, se levanta de la silla y camina hacia su mujer y hace con ella planes para las vacaciones.[13]
Final de La vía láctea
·         La vía láctea concluye con una secuencia de un lirismo imponderable y magistralmente conseguido, que muestra los pies de Cristo y sus discípulos avanzando rápidamente por la hierba, con el paso decidido de quien sabe adónde se dirige. Algo retrasados van los pies de los dos ciegos milagrosamente curados. De pronto aparece una pequeña zanja, que es salvada sin dificultad por todos...menos por los dos ciegos, que tantean el suelo con su bastón y acaban por no franquear el obstáculo. Este final, lo mismo que la totalidad del film, resulta ambiguo incluso para aquellos que creen poder interpretarlo diciendo que es inútil recobrar el sentido de la vista cuando se ha decidido ser ciego de espíritu.[14]
Él: Francisco anda en zig-zag ¿Está realmente
curado?



[1] Jenaro Talens: El ojo tachado. Pág.: 44
[2] Víctor Fuentes: Buñuel en México. Pág.: 58
[3] Víctor Fuentes: Buñuel en México. Pág.: 66
[4] Jenaro Talens: El ojo tachado. Pág.: 85
[5] Peter William Evans: Las películas de Luis Buñuel. Pág.: 53
[6] Gastón Lillo: Género y transgresión: El cine mexicano de Luis Buñuel. Pág.: 132
[7] Freddy Buache: Luis Buñuel. Pág.: 132
[8] Víctor Fuentes: Buñuel en México. Pág.: 127
[9] Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, VI. Pág.: 30
[10] Peter W. Jansen: El anarquista organizado, en Buñuel, Ed. Kyrios. Pág.: 128
[11] Antonio Castro : Evolución y permanencia de las obsesiones en Buñuel.En : Obsesión es Buñuel. Pág.:  358
[12] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. (Ed. J.C.) Pág.: 303
[13] Maurice Drouzy: Luis Bunuel architecte du rêve. Pág.: 138
[14] Freddy Buache: Luis Buñuel. Pág.: 199

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