miércoles, 8 de enero de 2014

Buñuel: Etapa Mexicana I

Iniciamos aquí la primera de las dos entregas que van a analizar la forma de trabajar de Buñuel en México. En esta primera vamos a ver como Buñuel "negociaba" con los productores y en la próxima veremos como conseguía introducir "su mundo" en las películas de género mexicanas.
Para empezar vamos a partir de dos declaraciones de Buñuel, que muestran su evolución dentro de la industria mexicana:
Oscar Dancigers productor,
entre otras, de Los olvidados.
§        1954: Con excepción de mis tres filmes surrealistas, rodados entre 1928 y 1932, nunca he propuesto un tema a un productor. No ruedo nada más que películas de encargo, rehusando aquellos que considero demasiado malos, tratando de salvar los que aceptaba.
§        1964: Yo hago siempre mis películas dentro de las limitaciones impuestas por mi propia conciencia y por las posibilidades reales de la producción. Dicho esto, trato las cuestiones que me interesan en la medida de mis fuerzas. Incluso en mis filmes alimenticios nunca he cedido ante el conformismo.
En contra de las apariencias, salvo alguna excepción, durante su etapa mexicana Buñuel no rueda cualquier cosa. Con el paso de los años, los premios que va consiguiendo en los festivales y su profesionalismo (rodajes rápidos y no malgastar el dinero del productor), le van convirtiendo en un director solicitado: Escojo entre varios temas propuestos el que me puede convenir más, que yo pueda retocar.

¿Cómo hacía Buñuel frente a las exigencias de los productores?
Lo primero era evitar el conflicto abierto que nada más que puede desembocar en una ruptura. Frente al enfrentamiento, él prefería utilizar la astucia.
La verdad es que Buñuel no fue todo lo libre que él hubiera querido. El productor estaba allí para imponerle ciertas exigencias. Es el caso, por ejemplo, de Los olvidados: Dancigers me ha hecho quitar muchas cosas que hubiera querido poner en el filme, pero me ha dejado una cierta libertad.

Manuel Barbachano
productor de Nazarín
En otros casos es el propio Buñuel el que propone al productor ciertas modificaciones que son aceptadas. Este fue el caso de Él. Se le propuso un filme y en lugar de aceptarlo, Buñuel hizo una contrapropuesta, que aunque también comercial, era más apta para expresar las cosas que le interesaban.
Se ve así el juego sutil que juega Buñuel con la institución cinematográfica. Él está obligado a rodar filmes comerciales, forma parte del juego. Hay que plegarse a la ley de toda industria: la rentabilidad. Pero él añade de sí mismo unas cláusulas complementarias a esta regla, para suavizarla y infringiría. Este juego se desarrolla así:
§        Buñuel deja que le productor tome la iniciativa de las operaciones y que proponga un guión.
§        Buñuel hace una contrapropuesta para hacer fracasar ese primer proyecto.
§        Si esta proposición es aceptada, todo correcto, el cineasta ha ganado. Si no es así, es preciso retocar el guión presentado por el productor, introduciendo más o menos furtivamente unos elementos que modifican el sentido.
Gustavo Alatriste productor de Viridiana, El ángel
exterminador y Simón del desierto
Se inicia así entre el productor y el director una especie de regateo. En algunos casos Buñuel ha reconocido que ha perdido y que el filme realizado no tenía un gran interés. En otros casos, los más numerosos, es él el que ha engañado a su productor: ha rodado un filme no conformista y que le hace ver al espectador que no vive en el mejor de los mundos.
Por último Buñuel evita permanecer ligado a un solo productor. Quiere mantener un margen de libertad lo más amplia posible, y juega con la concurrencia de varios productores para realizar los filmes que le apetecen.

Así pues, después de su primera película, Gran Casino (1946), Buñuel no rodaba todo lo que le ofrecían, procuraba escoger aquella película que le permitiera "introducir" de alguna manera su visión del mundo, aunque no siempre lo conseguía. En el próximo post veremos como lo hacía.

BIBLIOGRAFÍA:
Maurice Drouzy: Luis Bunuel architecte du rêve. Lherminier, 1978, Pág.: 100 -106

No hay comentarios:

Publicar un comentario