martes, 26 de noviembre de 2013

Buñuel en la Residencia de Estudiantes

    
               Cuenta Buñuel: En la Residencia de Estudiantes... permanecería siete años. Mis recuerdos de aquella época son tan vívidos, que puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que de no haber pasado por la Residencia mi vida hubiera sido muy diferente.
     En la R.E. me encontré ante una elección inevitable. En aquella elección influyeron el ambiente en que vivía, el movimiento literario que existía en Madrid en aquellos momentos y el encuentro con unos excelentes amigos[1].
Residencia de Estudiantes
     Estos siete años (hasta 1925 en que se fue a París) fueron muy importantes para mi formación. Pasé de agronomía a ciencias naturales y finalmente a filosofía y letras. Aunque estudiaba muy poco, esta carrera, que era de cuatro años, la hice en dos. Todo era ir a los cafés y charlar con los amigos[2]...
    No puedo explicar día a día lo que fueron aquellos años de formación y encuentros; nuestras charlas, nuestro trabajo, nuestros paseos, nuestras borracheras, los burdeles de Madrid... y nuestras largas veladas de la Residencia… [3]
     La coincidencia de Buñuel, Lorca y Dalí en la Residencia no fue exactamente producto de la casualidad...Si un padre deseaba para su hijo una educación moderna y esmerada, tenía el suficiente dinero para pagarla y rehuía la tradicional enseñanza religiosa, resultaba lógico que terminara por encaminarlo a la Residencia de Estudiantes.[4]
     En la etapa en que Buñuel estuvo en la Residencia, ésta se hallaba en los altos del Hipódromo (calle Pinar, 21), casi en pleno campo por aquel entonces y con jardines. Antes estuvo en la calle Fortuny. El lugar se conocía con el nombre de Colina de los Chopos. Tenía, aparte de los dormitorios, comedores, bibliotecas, laboratorios, salas de esparcimiento, zonas para hacer deporte, etc.
     Por la mañana de 7 a 9 desayuno, la comida de 1 a 2. A las 5 té y a las 8 y media cena. Se organizaban gran cantidad de actividades culturales: conciertos, recitales, etc. La sección de Cursos y Conferencias organizaba todos los sábados proyecciones cinematográficas, y para asistir se pagaba una cuota de 5 pts. al mes. Buñuel llegaría a organizar desde mayo de 1927 varias sesiones de cine de vanguardia francés
     Aunque había completa libertad, las excentricidades había que dejárselas para el exterior, pues dentro había un severo control con las normas de comportamiento. Normas no escritas, pero que se respetaban en general.
     Buñuel llega a la Residencia el 6 de octubre de 1917 y como no había cuarto compartió el de Augusto Centeno. La dejará a principios de 1925, pero volvió a ella algunas veces.[5]
Don Juan Tenorio. Buñuel 2º por la derecha
     Cuando Luis llegó “lo ocupaba un colegio mayor para 150 estudiantes. Erigido sobre una colina rodeada de jardines...el gran edificio de ladrillo rojo y de tres plantas, conocidas como pabellones...Las habitaciones eran baratas: 7 pesetas por día o 4 por una habitación compartida, que solía ser lo habitual...Aquí y allá, un jarrón o un tapiz daban un toque de color a un entorno por lo demás deliberadamente austero. El alcohol estaba prohibido[6] –todo el mundo tomaba té– y los suelos estaban impolutos...Luis se instaló [más adelante] en una habitación privada, que la familia pagaba por semestres. También le asignaron una insuficiente paga semanal de 20 ptas…[7]  para sus gastos, lo que lo coloca entre los hijos de rico. Pero visiblemente este dinero no es suficiente puesto que tiene numerosas deudas y cuando vuelve a Zaragoza, debe pedir a su madre que el administrador de la familia lo arregle sin que su padre se entere.[8]

     El cambio de la vida provinciana a la gran ciudad deslumbró a Buñuel. Su afición por los deportes y por la buena vida, hacen que sus estudios, excepto la biología, vayan a la deriva. Don Leonardo ordena a su hijo regresar a Zaragoza a mitad de curso para vigilarlo de cerca en el estudio de las matemáticas, un auténtico calvario para el joven Buñuel...Durante los dos primeros años no hace gran cosa. En 1918 se convierte en vegetariano, le gusta andar descalzo y come siempre pan del día anterior. En 1919 funda el equipo de atletismo de la Residencia y practica el boxeo amateur. Participa en un Campeonato de boxeo, en el que pierde por puntos. Muchas noches se emborrachaba. Aprendió a aguantar la bebida y frecuentaba los burdeles.
      En 1920 decide cambiar a Ciencias Naturales, disciplina por la que siempre había sentido una profunda afición... Durante casi dos años trabajó a las órdenes del famoso investigador y ortopterólogo Ignacio Bolívar, cuyo laboratorio en el Museo de Historia Natural se encontraba muy próximo a la Residencia. Durante ese tiempo le preparó numerosas preparaciones histológicas de insectos para don Santiago Ramón y Cajal. Lo que le hizo cambiar de carrera fue la lectura del libro La vida de los insectos del famoso entomólogo Jean-Henri Fabre. El 1 de noviembre montará Don Juan Tenorio de Zorrilla y en la que se reservará el papel protagonista.
Practicando el boxeo 
     En 1921 descubre Toledo. Se ve obligado a cumplir su servicio militar ingresando como soldado de cuota en el Primer Regimiento de Artillería Ligera (Cuartel de los Docks) que, por haberse cubierto de gloria en las guerras coloniales, estaba exento de ser destinado a Marruecos. Permanece en él durante 14 meses, pero, salvo cuando está de guardia, puede ausentarse para reunirse con sus amigos y examinarse. En abril sigue sin estar muy seguro de lo que quiere estudiar, e ingresa en la Escuela Central de Ingenieros industriales. Estará poco tiempo, pues en junio del año siguiente se estaba examinando de materias de Filosofía y Letras ya que, por consejo de Américo Castro,  quiere irse de lector de español al extranjero. Se licencia en 1924.[9]
     En 1922 sigue frecuentando diversas tertulias literarias, sobre todo las del Café Pombo que lleva Ramón Gómez de la Serna y la del Café Platerías de los ultraístas, ésta última de carácter anarquista.
     Todos los sábados, de nueve de la noche a una de la madrugada, Gómez de la Serna  reunía a su cenáculo en el "Café Pombo", a dos pasos de la Puerta del Sol. Yo no faltaba a ninguna de aquellas reuniones, en las que encontraba a la mayoría de mis amigos y a otros... Llegábamos, nos saludábamos, nos sentábamos, pedíamos de beber, casi siempre café y mucho agua... y se iniciaba una conversación errabunda, comentario literario de las últimas publicaciones, de las últimas lecturas, noticias políticas. Nos prestábamos libros y revistas extranjeras[10]...
     Durante la época de la Residencia  ...El movimiento al que yo, mas o menos, me asimilaba, se llamaba "los Ultraístas" y pretendía ser la vanguardia más adelantada de la expresión artística... El surrealismo aún no existía[11]. Pero hacia finales de 1923 el sarampión ultraísta estaba prácticamente liquidado.[12] Emancipándose de la inicial guía de Lorca, empieza a interesarse por la rama más anarquista del ultraísmo (Pedro Garfias).[13]
Orden de Toledo. Buñuel en el centro. Pepín izq.
     Los textos literarios que publica durante estos años so:
  • Una traición incalificable, Ultra, nº 23, Madrid, 1922
  • Instrumentación, Horizonte, nº 2, Madrid, 1922
  • Suburbios, Horizonte, nº 4, Madrid, 1923
  • Tragedias inadvertidas como temas de un teatro novísimo, Alfar, nº 26, La Coruña, 1923
  • Por que no uso reloj (cuento), Alfar nº 29, La Coruña, 1923
  • El ciego de las tortugas. En la revista Los ciegos. Revista Tyflófila Hispanoamericana
     Es su período de máxima atracción por el teatro de guiñol que comparte con sus amigos Chabás y Lorca. Frecuenta las representaciones para niños que en el parque del Retiro lleva a cabo Félix Malleu.
También funda la Orden de Toledo, que no es mas que otra “forma de pasárselo bien”. Durante este año y el siguiente sigue con parecidas actividades: asistencia a las tertulias y a disfrutar de la vida.
     Durante los siete años que Luis permanece en la Residencia de lo que se ocupa principalmente es de vivir, de disfrutar lo que el alegre Madrid de los años veinte podía ofrecerle y de ir tanteando sus aficiones artísticas.[14] Se afianzaron sus aficiones literarias y musicales. Se aficionó a una lectura masiva e indiscriminada: Soy un lector irregular y desordenado desde mi juventud.[15]
     Todos los contactos y amistades personales que mantuvo Buñuel durante estos años le produjeron una actitud interior de independencia. En su madurez definió aquella etapa como "falta de serenidad y llena de inmadurez, pero extraordinariamente fascinadora".[16]
     La defensa de Buñuel y de sus amigos de la Residencia de los valores antiartísticos (opuestos a los putrefactos) era consecuencia de su seguimiento y admiración de la revista francesa L´Esprit Nouveau...Esta sensibilidad explica también la admiración de Buñuel hacia el cine antiartístico de Hollywood [cine cómico: Buster Keaton, etc.] como forma industrial, tal como manifestaría en sus artículos cinematográficos...
Ramón Gómez de la Serna
     Esta valoración positiva de lo antiartístico, opuesto al sentimentalismo y esteticismo putrefactos, que se forjó en su juventud madrileña, se mantendría vigente a lo largo de toda su carrera, incluso cuando tuvo que abordar melodramas populares en el seno de estereotipos y rígidos convencionalismos...[17]
     La estancia en la Residencia configuró de tal modo la personalidad de Buñuel, Lorca y Dalí, que resulta imposible entender su obra si no se conoce la red de influencias e interferencias mutuas que suponen en esencia el sustrato de Un perro andaluz. En efecto Un perro andaluz se nutre de pleno derecho del ambiente de esta especie de colegio mayor universitario y su rotunda agresividad resulta de muy difícil explicación sin los antecedentes hispánicos de Dalí y Buñuel.[18] Esta película, como en cierto sentido también La edad de oro son un producto del imaginario generado en la jubilosa convivencia de la Residencia de Estudiantes, en cuya formalización desempeñó Pepín Bello un papel fundamental. El ojo y la mano cortados, por ejemplo, fueron topoi característicos del imaginario colectivo condensado en la Residencia de Estudiantes.[19]
     Algunos de los “juegos” que se practicaban en la “Resi” han sido trasvasados a sus películas: En Un perro andaluz la escena en que Pierre Batcheff aparece estirado en la cama, inmóvil, como muerto, y por tanto unos manteles que le dan un aspecto feminizado, es una probable alusión al fuego de “estar muerto” que practicaba Federico García Lorca, tumbándose completamente inmóvil en una cama ante sus amigos.
     Yo había instituido también lo que nosotros llamábamos "las mojaduras de primavera" y que consistía... en echar un cubo de agua a la cabeza de cualquiera. Alberti se habrá acordado de ellas al ver a Fernando Rey regar en el andén de una estación a Carole Bouquet en Ese oscuro objeto del deseo[20].
     Es durante su estancia en la Residencia que descubre algunas de las personas que más van a influir en su vida y obra:
·         Ramón Gómez de la Serna: Su fantasía y humorismo, el uso que hace de la metáfora y la atención que presta a los objetos en sus greguerías serán características que pasarán a la obra de Buñuel. “Buñuel apostó fuerte por Ramón que fue el autor del guión de su primer proyecto de película. Buñuel puede ser considerado el discípulo aventajado de Ramón que, a diferencia de otros miembros de su generación...nunca negó su magisterio...Seis años de continua asistencia al Pombo no deben ser echados en saco roto en absoluto.”[21] Será la primera persona a la que le pedirá su colaboración para la realización de un guión que no llegará a realizar: Caprichos.
Jean Henri Fabre
·         Federico García Lorca: Nuestra amistad, que fue profunda, data de nuestro primer encuentro. A pesar de que el contraste no podía ser mayor, entre el aragonés tosco y el andaluz refinado... casi siempre andábamos juntos... me leía sus poesías... Con su trato, fui transformándome poco a poco ante un mundo nuevo que él iba revelándome día tras día...Juntos, los dos solos o en compañía de otros, pasamos horas inolvidables. Lorca me hizo descubrir la poesía[22]...
De todos los seres vivos que he conocido, Federico es el primero. No hablo ni de su teatro ni de su poesía, hablo de él. La obra maestra era él. Me parece, incluso, difícil encontrar alguien semejante. Ya se pusiera al piano para interpretar a Chopin, ya improvisara una pantomima o una breve escena teatral, era irresistible... Tenía pasión, alegría, juventud. Era como una llama... Por la fuerza de nuestra amistad él me transformó, me hizo conocer otro mundo. Le debo más de cuanto podría expresar[23]...
·         Jean Henri Fabre. Entomólogo. He adorado los "Recuerdos entomológicos" de Fabre. Por la pasión de la observación, por el amor sin límites al ser vivo, este libro me parece inigualable, infinitamente superior a la Biblia. Durante mucho tiempo, dije que solamente me llevaría ese libro a una isla desierta. Hoy he cambiado de opinión: no me llevaría ningún libro[24].
 “La capacidad de observación de Fabre es...asombrosa. Sus libros son todo un programa de educación de la mirada, a partir del cual el ojo puede explorar la realidad de forma mucho más desprejuiciada y libre… Difícilmente podría tener un cineasta mejor educación del ojo. No es extraño que Buñuel dijera que había estudiado al protagonista de Él como a un insecto, como si de un mosquito anofeles se tratara: si se ha leído a Fabre se entienden muy bien sus palabras...
Sigmund Freud
Son innumerables los rasgos de sus personajes que se inspiran en esa especie de vasta “Comedia humana” de la Naturaleza que es la obra del entomólogo francés...[25]
·         Sigmund Freud: Otro personaje que empezó a leer en esta época y que influyó mucho en su cine fue Sigmund Freud: La lectura de Freud y el descubrimiento del inconsciente me aportaron mucho en mi juventud[26]...Puedo asegurar... que leí mucho de Freud, desde el veintitrés[27].
La concepción pansexualista de Freud facilitó al joven Buñuel una clave de interpretación muy de acuerdo con sus antiguas represiones y una superación intelectual de los "tabúes" que habían presidido parte de su infancia y adolescencia.[28]
     Mucho quedará en el Buñuel posterior de su paso por la Residencia pues como el mismo dice: Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que de no haber pasado por la Residencia mi vida hubiera sido muy diferente. [29]



[1] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:54
[2] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Pág.:18
[3] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:67
[4] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 34
[5] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 42
[6] El director Alberto Jiménez Fraud se vio obligado a llamar la atención a Buñuel porque tenía en su mesa en una botella de vino pretendiendo hacerlo pasar por una medicina.
[7] John Baxter: Luis Buñuel. Pág.:
[8] Manuel Rodríguez Blanco: Luis Buñuel.  Pág.: 30
[9] Carlos Barbachano: Buñuel. Pág.: 32
[10] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:62
[11] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:76
[12] AA. VV. Las vanguardias artísticas en la historia del cine español. Pág.: 272
[13] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel (Cátedra). Pág.: 36
[14] Carlos Barbachano: Buñuel. Pág.: 33
[15] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 39
[16] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 42
[17] Román Gubern : El primer Buñuel... En: Obsesión es Buñuel. Pág.: 95
[18] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel (Cátedra). Pág.: 132
[19] Román Gubern: Proyector de luna. Pág.: 391
[20] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:67
[21] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 106
[22] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:64
[23] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:154
[24] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:210
[25] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel. Pág.:99
[26] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:222
[27] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Pág.:158
[28] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 127
[29] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:54

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