miércoles, 5 de febrero de 2014

Erotismo y religión en el cine de Luis Buñuel

El erotismo sin cristianismo es un erotismo a medias, porque sin él no hay sentimiento de pecado. El erotismo agnóstico es una cosa fresca y natural, en cambio el erotismo mezclado con el cristianismo crea el sentimiento del pecado... es un conflicto... porque el sentimiento del pecado en ninguna parte está, creo, tan desarrollado y tan actuante como en el cristianismo[1].
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Tiene un sentido erótico la religión...El sentimiento del pecado en el acto sexual, por ejemplo. En cualquier cosa relativa al sexo... Hay pecado porque hay religión, ¿no? Sin religión no habría sentimiento del pecado, de lo que es tabú, de lo que no lo es. Y yo he tenido siempre la idea de que el acto sexual siempre es un poco tabú. Hay en él pecado...Pero ahora yo no peco ya en absoluto, me da igual. Pero siempre me ha quedado ese sentimiento[2]...

“El erotismo...está en toda la obra de Buñuel, y me parece que no hay cineasta en el mundo, en toda la historia del cine, que tenga esa consistencia erótica a través de toda su obra. Pero todo ese erotismo de la obra de Buñuel está en esa relación de lo religioso, de la idea de Dios. Sin esa idea de Dios de lo religioso, no existiría tampoco ese erotismo en toda la obra de Sade. El mezclar un acto, el acto más sencillo de contacto físico, de relación sexual o de fetichismo, en fin, cualquier manía sexual o en relación a lo sexual, mezclarla, hacerla más compleja por una relación de un más allá, por una relación de la prohibición de lo divino mezclada con esa necesidad, por ejemplo, de la blasfemia, hace al acto erótico trascender de sí, lo hace ir más allá de lo erótico, lo hace...estrictamente erótico en el sentido más sublime que se pueda hablar de lo erótico. De ahí que Buñuel...deseche todo erotismo gratuito, fácil...Para Buñuel, el erotismo tiene que tener esa relación con algo misterioso, con algo de fuera de la relación, mezclarlo, ponerlo en relación con algo que no está al alcance del hombre, pero que es obsesión del hombre: el misterio de la vida o el misterio de un Dios.”[3]
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La religión católica es condición de goce para el perverso Buñuel, y ese goce no es otro que el goce del pecado. Cuanto más imperativa sea la norma, cuanto más interiorizada la tenga el infractor, más intenso será el placer obtenido de su transgresión.[4]
 Lo que no puede ni ignorar ni evitar Buñuel es que su obra se produzca bajo el signo de una concepción católica del mundo...La trinidad buñueliana erotismo-religión-muerte, tema constante de sus films, sólo es concebible dentro de los límites específicos del catolicismo español...
Lo que no puede ni ignorar ni evitar Buñuel es que su obra se produzca bajo el signo de una concepción católica del mundo...La trinidad buñueliana erotismo-religión-muerte, tema constante de sus films, sólo es concebible dentro de los límites específicos del catolicismo español...Los personajes de su...película [Viridiana] tienen la autenticidad que nunca han tenido los de sus films mexicanos...
El españolismo de Buñuel explica en gran medida el por qué de esa insistente presencia de lo religioso en sus films...El cine de Buñuel es el cine de la carne flagelada, vulnerada, y, por esa vía, se llega a la poesía del erotismo aberrante, al masoquismo y al fetichismo...La muerte y el amor se asocian como formas de pasión absoluta.[5]
En ese potencial del sexo, encuentra Buñuel la raíz de la profunda aversión de la religión católica hacia él. Lo curioso del caso es que Buñuel –que comparte con la Iglesia católica esa profunda aversión al sexo- utilice éste como arma arrojadiza contra ella.[6]
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“El erotismo en Buñuel no consiste en un striptease o en el acto sexual en sí mismo...sino que Buñuel puede tomar el acto más simple y hacerlo el acto más terriblemente erótico. ¿Por qué? Porque él mezcla, en ese momento, algo trascendente al acto erótico, al acto sexual o a la manía sexual, que es lo religioso. La trascendencia de ese Dios, sea para blasfemarlo o no blasfemarlo. Pero la blasfemia tiene un gran poder erótico. De ahí que él hace el acto erótico no solamente erótico, sino terriblemente misterioso[7]...”


[1] Max Aub: Conversaciones con Buñuel.Aguilar, 1985, Pág.121
[2] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.:142
[3] Artela Lusuviaga en Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.:483
[4] Vicente Sánchez-Biosca: Escenas de liturgia y perversión en la obra de Buñuel. En: Archivos de la Filmoteca, nº 35. Pág.: 20
[5] Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, VIII. Pág.: 149
[6] Antonio Castro : Evolución y permanencia de las obsesiones en Buñuel. En : Obsesión es Buñuel. Pág.: 340
[7] Artela Lusuviaga en Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.:472

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