domingo, 16 de febrero de 2014

El misterio en el cine de Luis Buñuel

El ángel exterminador: ¿Por qué ninguno de los
invitados se atreve a cruzar el umbral?
Buñuel: El misterio, elemento esencial de toda obra de arte, falta por lo general en las películas. Ya tienen buen cuidado autores, directores y productores de no turbar nuestra tranquilidad abriendo la ventana maravillosa de la pantalla al mundo libertador de la poesía. Prefieren reflejar en aquella los temas que pudieran ser continuación de nuestra vida ordinaria, repetir mil veces el mismo drama, hacernos olvidar las penosas horas del trabajo cotidiano. Y todo eso, como es natural, bien sancionado por la moral consuetudinaria, por la censura gubernamental e internacional, por la religión, presidido por el buen gusto y aderezado con humor blanco y otros prosaicos imperativos de la realidad. [1]

Una buena película debe tener la ambivalencia de dos cosas opuestas y afines. Por eso me interesaría filmar el Pedro Páramo, de Juan Rulfo, porque lo que atrae de la obra de Rulfo es el paso de lo misterioso a la realidad, casi sin transición; esa mezcla de realidad y de fantasía me gusta mucho, pero no sé cómo llevarla al cine.[2]
La visión de Buñuel de la realidad integral da mucha importancia al subconsciente, al misterio y a lo fantástico. La realidad que quiere filmar no será una realidad truncada, sino la realidad total, sin limitación preconcebida ni exclusión. Es sobre este punto que se encuentra el desacuerdo, no sólo con el neorrealismo, sino con la escuela soviética. Buñuel no restringe lo real a sus dimensiones visuales. Quiere ser igualmente el cineasta de lo invisible, lo imaginario, el inconsciente, lo irracional, del misterio. Como quiere ser el cineasta de todo lo real, aspira a ser el cineasta del sueño.[3]
Él: Francisco, un personaje como le gustan a
Buñuel, contradictorio.
Fiel al credo surrealista, Buñuel siempre pensó que la pobre realidad objetiva y racional era incompleta porque le faltaba el misterio, la fantasía que brota de la vida inconsciente. De ahí su falta de interés por ejemplo por el llamado cine neorrealista y su pasión, al contrario, por los sueños y ensueños que muy a menudo aparecen en sus películas.[4]
Buñuel: Soy ideológicamente contrario a la corriente neorrealista. El neorrealismo ha introducido en la expresión cinematográfica algunos cambios que enriquecen su lenguaje, pero nada más. La realidad neorrealista es incompleta, oficial, sobre todo razonable; pero la poesía, el misterio, faltan en absoluto en sus producciones. El neorrealismo confunde la fantasía irónica con lo fantástico y el humor negro...[5]
La realidad y el misterio son las dos direcciones fundamentales de la mirada de Buñuel, lo que busca constantemente expresar en su obra, como expresión de sí mismo...La realidad estricta no le interesa por sí a este realista, violento hasta la crueldad y la destrucción. Su sadismo, su ferocidad, sus escenas atroces y obsesionantes, son la expresión de su realismo exacerbado...Lo que Buñuel pretende es llegar a la cúspide más inaccesible de esa realidad de todos los días, hacer del realismo el explosivo con que volar las murallas que lo separan de ese otro mundo al que preferentemente se dirige, atraído, fascinado por su sortilegio.
Ese otro orbe es el misterio. Buñuel lo proclama continuamente: El misterio es lo que me interesa. No me cansaré de repetirlo: el misterio es el elemento esencial de toda obra de arte.
La vía láctea: ¿De dónde ha salido el enano?
Si, por un lado, Buñuel da acceso a lo imaginario al volverlo real, del otro restituye a la realidad su misterio cargándolo de signos, fijándolos sobre la película hasta hacerla extraña, insertándolos de forma insólita en una continuidad a la que es heterogénea. [6]

Resulta curioso analizar esta fascinación de Buñuel con lo poético, que él viene a entender, más o menos, como irracionalidad, imaginación, irrealidad, misterio. Buñuel lamenta la monótona reiteración de temas manoseados, cultivados con finalidad moralizante, ya que son del agrado de la sociedad y de las instituciones religiosas. La poesía es para Buñuel algo inherente y esencial al mismo séptimo arte.[7]
Buñuel explota hábilmente la polivalencia y versatilidad del signo cinematográfico, provocándonos a una lectura intraducible al lenguaje verbal...La poesía es el lugar del misterio y la subjetividad, pero esa dimensión inefable que está ya presente en la literatura se exacerba en el cine  por el distinto modo de decir que tienen la palabra y la imagen...[8]
En la obra de Buñuel, por esta afición suya al misterio, el sentido del signo llega a estar hasta tal punto abierto que en muchos casos cabe decir que la invitación a interpretar va acompañada de la resistencia a la interpretación. De ahí que se atribuyan procedimientos irracionalistas o de escritura automática.[9]
La vía láctea: el sacerdote, tan pronto habla
desde fuera del cuarto...
En sus películas Buñuel deja al espectador libre de concluirlas, de leer el misterio intocado por el realizador. Buñuel señala el “umbral” y deja libertad al espectador para pasarlo. La secuencia final de Nazarín ilustra su forma de hacerlo.

Hay en la obra de Buñuel una nostalgia por la pérdida de la dimensión de lo sagrado...Claro que lo sagrado, la presencia de la divinidad en su obra, no lleva el nombre de Dios, sino el del Misterio. Su búsqueda, a veces de rasgos místicos, es de un más allá...humano...Búsqueda de una visión integral del ser y de la realidad en la que se funden la materia y el espíritu.[10]
Buñuel: Hay gente muy inteligente que cree en Dios. ¿Por qué no, después de todo? Está en la naturaleza humana el buscar una esperanza. En cuanto a mí, no puedo dejar de ser como soy. No he recibido la Gracia que da la fe. Me interesa una vida con ambigüedades y contradicciones. El misterio es bello. Morir y desaparecer para siempre no me parece horrible, sino perfecto. La posibilidad de ser eterno, en cambio, me horroriza. Mira: si mi mejor amigo, muerto hace mucho, se me apareciese, tocase mi oreja con sus dedos y la inflamase instantáneamente, yo no creería que venía del infierno; yo no creería por eso ni en Dios, ni en la Inmaculada Concepción, ni en que la Virgen me puede ayudar en los exámenes. Pensaría sólo: Luis, aquí tienes otro misterio que tampoco comprendes.[11]
El ateísmo – por lo menos, el mío– conduce necesariamente a aceptar lo inexplicable. Todo nuestro universo es misterioso... no me queda sino vivir en una cierta tiniebla. Lo acepto... Yo he elegido mi lugar, está en el misterio. Sólo me queda respetarlo.[12]
La vía láctea:...como desde dentro, sin que
se dé ninguna explicación
El creer en Dios es absurdo, pero todavía lo es más la técnica y la ciencia. Empieza a molestarme la palabra ateo... Yo no niego que lo soy. Y, ahora, más ateo que nunca, pero me molesta la palabra[13].
La pérdida de la fe va a ser, en un temperamento religioso como el suyo, relativa; Buñuel, con el tiempo, desplazará, más bien, su fe hacia otros senderos. Alguno de ellos le conduce al misterio, que está bastante cerca de la religión.[14]
El misterio de lo sagrado, no adscrito a ninguna divinidad organizadora, está en la raíz de su concepción del mundo. Esta dimensión se manifiesta en su obra en el tratamiento del espacio y del tiempo –no homogéneos, ni continuos.[15]

Buñuel rechaza el erotismo fácil..., el erotismo tiene que tener esa relación con algo misterioso, con algo de fuera de la relación, mezclarlo, ponerlo en relación con algo que no está al alcance del hombre, pero que es obsesión del hombre: el misterio de la vida o el misterio de un Dios.”[16]
Eróticamente, la pornografía es negativa porque agota todo, no deja nada a la imaginación, no tiene misterio[17]

Como consecuencia de lo condicionados que los espectadores están por las formas vulgares de los divertimentos cinematográficos,[…]antes de topar con el misterio, los espectadores se esfuerzan por lo general en descubrir, en el fondo de las laberínticas buñuelianas figuras, una continuidad que responda a sus hábitos, y quieren comprender el comportamiento del personaje central recurriendo a las claves que les ofrecen la psicología y la moral reglamentarias en nuestra sociedad. Pero, claro, buscando el sentido de la obra a partir de estas premisas, lo único que consiguen es no aprehenderlo jamás.[18]
Todos los personajes buñuelianos son contradictorios, ambivalentes. Su cine es enigmático porque le interesa el misterio de la vida:
El fantasma de la libertad: la niña desaparecida
y que sin embargo está presente
En Él, Francisco es a la vez “un perfecto caballero cristiano”, como atestigua su padre espiritual; un aristócrata que desprecia a la humanidad, conflictivo, en juicio por un asunto importante (una herencia); un romántico capaz de exaltar el flechazo a sus comensales, celoso al extremo, en la medida en que se alimenta de sus propias obsesiones, patriarcal e infantil...[19]
En Ensayo de un crimen, Archibaldo es en realidad un personaje hermano del de La edad de oro, del Francisco de Él y el Jaime de Viridiana...Si su suerte parece mejor que la de otros personajes es porque él ha hallado un modo de dominar sus obsesiones, de convertirlas en arte, en una manera de vivir...Es un dandy que, como Baudelaire, disimula su impotencia bajo una postura snob. Quizá es vagamente homosexual, aunque el acto trasvestista de su infancia no puede tomarse como prueba...En realidad Buñuel deja a su personaje en el misterio y renuncia a explicarlo, porque le interesa el carácter profundamente humorístico y liberador de sus actos con respecto al contexto social en que se producen...Archibaldo es un ejemplo vivo de que la sociedad es menos sana por dentro de lo que se pretende por fuera, y que el crimen puede desarrollarse en ella en todo su esplendor...[20]
En Robinson Crusoe, lo que me interesaba de la historia era la soledad de Robinson y su nuevo encuentro con el hombre. Es un film comercial... El libro nunca me interesó. La poesía y el misterio equivalen a lo que completa y amplía la realización tangente y acrecienta el conocimiento de las cosas y de los seres, abriendo el mundo maravilloso de lo desconocido.[21]
El fantasma de la liberad: los dos prefectos
de policía
En El ángel exterminador, Buñuel continúa diciéndonos uno de los propósitos más constantes de su cinematografía: en la vida y en la realidad hay muchas cosas que no tienen explicación; que la vida está llena de contradicciones y ambigüedades que no pueden explicarse desde términos puramente racionales.[22] Buñuel se ha lanzado directamente a los campos del misterio, que son para él el secreto del arte...Para entrar directamente en el misterio y su clave, Buñuel comienza por colocar, de modo abierto y terminante la acción del film en el tiempo mítico...sin transcurso, ni cronología, el tiempo que vuelve siempre sobre sí mismo. Entonces, todo lo que va a acontecer en adelante es absolutamente real, pero a la vez fuera de toda realidad: todo tiene esa doble faz para contemplar el universo, a uno y otro lado del umbral.
Lo que Buñuel trata de alcanzar aquí, más que en ningún otro de sus films, es el misterio, su dilecto y subyugante misterio, en sus últimas fronteras: el misterio, hasta el delirio, el frenesí, el éxtasis demencial...Para ello, todos los medios son buenos...menos los que no lo son. No sirve la lógica, ni la explicación, ni el raciocinio, ni la tesis, ni la idea.[23]
La vía láctea, El discreto encanto de la burguesía y El fantasma de la libertad…crean en el espectador esa “desorientación del intelecto” de que hablaba Aragon, dan acceso al misterio y abren directamente sobre el mundo, a veces maravilloso pero más frecuentemente inquietante, de lo desconocido.[24]


[1] Cinco respuestas de Luis Buñuel. Del "Press Book" del film Nazarín. (Tomado del libro El cine de Luis Buñuel según Luis Buñuel. Festival de cine de Huesca. Huesca. 1993).Pág.:164
[2] Poniatowska, Elena, “Palabras cruzadas”, Cuadernos de Cine de la Universidad de México, vol. XVI, 1961.
[3] Maurice Drouzy: Luis Bunuel architecte du rêve. Lherminier, 1978, Pág.: 36
[4] Emmanuel Larraz: Buñuel el afrancesado. En: Turia, nº 28-29. Pág.: 156
[5] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.:243
[6] Claude Murcia: Un chien andalou/L´âge d´or. Nathan, 1994, Pág.: 91
[7] Juan Cano Ballesta: Luis Buñuel: El joven cineasta y el mundo... En: Turia, nº 28-29. Pág.: 173
[8] Antonio Monegal: Luis Buñuel de la literatura al cine. Anthropos, 1993, Pág.: 156
[9] Antonio Monegal: Luis Buñuel de la literatura al cine. Anthropos, 1993, Pág.: 92
[10] Víctor Fuentes: Buñuel: Cine y Literatura. Salvat, 1989, Pág.: 12
[11] Luis Buñuel, en: J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.:281
[12] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Plaza & Janés, 1982, Pág.:170
[13] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.:161
[14] Carlos Barbachano: Buñuel. Salvat, 1986, Pág.: 29
[15] Víctor Fuentes: Buñuel: Cine y Literatura. Salvat, 1989, Pág.: 180
[16] Artela Lusuviaga en Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.:483
[17] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.:70
[18] Freddy Buache: Luis Buñuel. Guadarrama, 1976, Pág.: 203
[19] Paula Antonio Paranaguá : Luis Buñuel. Él. Paidós, 2001, Pág.: 112
[20] Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, Vol. VI. Pág.: 29
[21] Luis Buñuel a Nuevo Cine. Tomadas de: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, Vol. V. Pág.: 63
[22] Elena Gascón-Vera: La imaginación sin límites: Sade en Buñuel. En: Turia, nº 26. Pág.: 164
[23] Manuel Villegas López, prólogo de: Luis Buñuel: El ángel exterminador. Pág.: 13
[24] Maurice Drouzy: Luis Bunuel architecte du rêve. Pág.: 267

1 comentario:

  1. Excelente articulo, le felicito, es de los mejores que he encontrado en torno al misterio en Bunuel.

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