miércoles, 16 de julio de 2014

Las mujeres en la vida de Luis Buñuel:Sus amores I (1900-1924)

Hoy vamos a hablar de un tema no tratado hasta ahora en este blog: Las mujeres en la vida de Luis Buñuel. Ya advierto desde el principio que no voy a hacer mención ni de su madre ni de sus hermanas, sino de sus amores.
Él decía que era tímido con las mujeres, que no servía como don Juan. A lo mejor es por eso que en su juventud le gustaba mucho frecuentar las casas de prostitutas. Solía decir que las de Madrid eran las mejores del mundo.
Postal que envió
Buñuel a Carmen

(Eduardo Laborda)
En esta relación de mujeres que han pasado por la vida de Luis Buñuel, vamos a hacer mención en primer lugar, más bien como curiosidad, por algunos nombres relacionados con su niñez: Carmen Sampietro e Isabel Matutano.

Carmen Sampietro

Era hija del doctor Sampietro, y fue “mi inolvidable amiga de infancia”. Vivían sus familias en la calle del Coso en un edificio que contó con uno de los primeros ascensores de Zaragoza. Fue, efectivamente, en la casa de unos familiares de Carmen, cuya ventana de la cocina daba al Palacio de la Ilusión, el cine de la calle Estébanes, donde a través de una verja veían “abrazados” las películas de cine mudo. Una vez, como ha contado Isabel Comps en la revista Pasarela y el propio Buñuel, se quedaron encerrados y se pusieron a gritar hasta que los oyeron y los sacaron de allí. Buñuel jamás olvidaría a Carmen: le mandó una fotografía dedicada (que posee el pintor y coleccionista Eduardo Laborda) en la que le decía: Aún muy jovencita fuiste tú la primera persona que me produjo las primeras emociones musicales. Recuerdo que tenías las partituras a piano de distintas óperas: Carmen, Fausto, etc. ¡Adiós a aquellos años! Pero no aún a esta vida. Tu fiel L B.[1] Mantuvieron su amistad durante toda la vida.
Isabel Matutano
En Calanda, tendría Buñuel unos 12 años, se prendó de Isabel Matutano, que tendría diez. Según Conchita Buñuel su hermano  les quitaba los juguetes para regalárselos a ella. Era muy guapa y agradable. Nada más sabemos de ella.[2]
Y pasamos a su primera juventud, cuando se produjeron sus primeros enamoramientos.

Pilar Bayona López de Ansó (1897-1979)
Pilar Bayona

En enero de 1915, todavía alumno de los jesuitas, Luis había empezado a dar clase con Julio Bayona, un profesor ayudante de matemáticas en el instituto, cuya hija, Pilar, dos años mayor que él, empezaba a cobrar fama en Zaragoza como pianista muy dotada.[3]
Debía de tener un año o dos más que yo. Era hija de don Julio, un profesor ayudante de matemáticas del instituto. Yo debía de tener quince años. Estuve muy ena­morado, pero que muy enamorado un año o dos. Seguí a don Julio, llegué a su casa y oí que tocaban el piano de una manera verdaderamente maravillosa. Nunca le dije que la quería. Una vez, un año o dos después, nos quedamos solos en un balcón —eran las fiestas de la Patrona de Za­ragoza—. Nos quedamos mirando. Yo estoy seguro de que ella sabía que yo la quería. Pero nunca nos dijimos nada.[4]
Vamos un amor platónico. Existen unas fotos muy interesantes de Buñuel con Pilar Bayona y Pepín Bello en las que Buñuel solo tenía ojos para ella.
Concha de la Torre, prima de Pilar Bayona y esposa de Ignacio Mantecón, cuenta que cuando vivía en Madrid acudía Luis Buñuel a visitar a Pilar, durante alguna estancia de ésta en la capital para unos conciertos, en 1917. También cuenta que en Zaragoza acudía casi a diario a escucharla,  y a veces iba algún otro joven y ella les daba conciertos para ellos solos en casa.[5]

Pepín Bello, Pilar y Buñuel
Su hermano Alfonso también se enamoró de ella. Se autodenominaba su "lugarteniente". Uno de los muebles diseñados por Alfonso, un diván, presidió siempre la zona de estar de las sucesivas viviendas de Pilar Bayona.
No me resisto a incluir el texto que Luis Buñuel escribió en recuerdo de Pilar Bayona y que en 1980 Luis García Abrines transcribió en la carpeta del disco de Pilar Bayona que editó el Ayuntamiento de Zaragoza: "Me llamó usted por teléfono. Le oía mal pero imaginé que el objeto de su llamada obedecía a comunicarme la muerte de nuestra queridísima amiga Pilar Bayona. Como buen zaragozano estuve enamorado de ella cuando tenía catorce años,[quince] y ello duró hasta los dieciocho. Después tuve una sincera amistad y admiración por su maravilloso arte. Sé que aproximadamente los mismos sentimientos ha tenido usted por ella. Que no descanse en paz en nuestro recuerdo, que siga siempre vivo."

Carmen Martínez Conde

Los mismos más Ricardo Urgoiti. A pesar
de los años, Buñuel solo tiene ojos para Pilar.
Por las mismas fechas en que se enamoró de Pilar Bayona, los 15 años de edad, Buñuel debía tener mucho interés por estos temas puesto que en el verano de 1915, cuando estaba veraneando en San Sebastián, efectuó una escapada a Vega de Pas, donde conoció  a una chica un poco mayor que él llamada Conchita Martínez Conde, pasiega cuya familia tenía en Madrid una próspera empresa de lecherías.[6]
Yo me declaré, como se hacía en esos tiem­pos, en los últimos días del verano. Le dije: «Señorita, le quiero decir una cosa», etcétera. Total, que nos hicimos novios y nos vimos luego en Madrid. Tenía diecisiete años. Y va y me dice que ha hablado con su mamá y que le parece bien, pero que habría que formalizar las rela­ciones y que no estaría mal que mi padre les escribiera a los suyos. ¡Hazme el favor! Si le escribo eso a mi padre ¡a los diecisiete años! me pega, me manda al cuerno que para qué te cuento, y es que en el pueblo pasábamos por riquísimos. Por mucho más ricos de lo que éramos y acabamos.[7] 
Postal que envió Buñuel a
Pilar Bayona en 1916
Estabamos enamorados. Vengan besos y besos y salir juntos. A desayunar, a comer. Ella me lo ha contado todo. Conozco su vida de arriba abajo. Se todas sus historias. Estabamos enamorados de verdad. Pero ella es una mujer fria. La primera vez que nos encontramos juntos, solos, fue en el Metro, pegados el uno al otro. Aquello estaba repleto. Y nos besamos, nos besamos... Aquello duro como dos años. Una vez la tuve sentada en mis rodillas, solos, en mi casa. Y no paso nada.[7bis]
Buñuel a los 17 años acababa de trasladarse a Madrid para iniciar sus estudios universitarios y se alojaba en la Residencia de Estudiantes. Esta historia no duró mucho y al año siguiente conoció a Concha Méndez.

Concepción Méndez Cuesta (1898-1986)

Se conocieron en San Sebastián, probablemente en el verano de 1918, fecha en que ella tenía veinte años y él dieciocho. Como muchas familias burguesas de la época, solían pasar allí el verano…Sin embargo, el encuentro no ocurrió allí, sino en el monte Igueldo donde, en el transcurso de un baile y de manera muy formal, Concha le fue presentada a Buñuel por Miguel Catalán... Poco tiempo después estando los dos ya en Madrid, se pusieron en relaciones.
Concha era madrileña y Buñuel estaba…hospedado en la Residencia de Estudiantes y su tiempo libre se iba en asistir a las peñas literarias (era asiduo del Café Pombo, así como de las reuniones de ultraístas), cuando no en participar en las distintas actividades que organizaba la Residencia. En ambos casos se trataba de actividades que Buñuel mantenía estrictamente al margen  de la relación con su novia. Es decir, vivía una vida doble. Nunca quiso combinar su vida sentimental con su vida artística y profesional, razón por la cual, por ejemplo, se nega­ba a presentarle  Concha a sus amigos de la Residencia.
Iban a bailar y tomar el té por las tardes a los grandes hoteles... “Cuatro veces por semana íbamos a bailar y los demás días al cine y al Retiro”. Y, desde luego, ya fueran al cine o a bailar, siempre tenían que ir acompañados. Aparentemente una relación bastante convencional.
Buñuel en aquellos momentos intentaba introducirse en la campo de la literatura, pero no quiso ayudar a Concha a encontrar su propio camino como poeta, sino que se opuso rotundamente a que ella persiguiera tal camino. «Luis no quería —afirma Concha—, no le gustó que yo escribiera”.
Concha Méndez
El estímulo intelectual de Buñuel incitaba a Concha a emanciparse de las convencio­nes sociales y sin embargo fue el propio Buñuel el que le prohibió que se emancipara, lo que provocó frecuentes peleas. La relación duró más de seis años y en más de una ocasión estuvieron a punto de casarse.
En 1925 Buñuel se fue a París. A Concha le dijo que le intere­saba conseguir un buen trabajo para poder casarse. Pero, en el fondo, los dos tenían que saber que el traslado de Buñuel a París acabaría con su relación. Concha envidiaba a Buñuel porque ella también quería irse.
Pero no todo se acabó en ese momento. La vida social de la capital francesa era des­lumbrante, pero, a pesar de sus amistades y de los amplios recursos con que contaba, parece que Buñuel no supo adaptarse a esa vida inmediatamente. Su rígida formación tradicional seguía pesando demasiado en él. Desconcertado (por no decir escandalizado) por la liberalidad de las costumbres francesas, en el verano de 1925 Buñuel volvió a San Sebastián, a reunirse con Concha, para insistir de nuevo en que se casaran; cosa que Concha ya no estaba dispuesta a hacer. “Buñuel se puso sentimental…estaba tristísimo. Me pidió que me fuera con él a París. Pero todo había cambiado; en ese momento yo no podía casarme con él, ni con ningún otro, porque seguía planeando la manera de escaparme de mi casa y de España.”[8] Concha ya se había percatado del carácter absorbente y celoso de Luis Buñuel y como mujer inteligente que era se negó a unir su vida a la del futuro realizador. 
Para entonces Buñuel ya había conocido en París a Jeanne Rucar, pero eso lo veremos en la segunda parte de este tema.

Para ver Las mujeres en la vida de Luis Buñuel:Sus amores II (1925-1946)
_______________________
[1] Isabel Comps, cuenta en el nº 10, diciembre 1999, de la revista Pasarela, relata este primer contacto de Luis Buñuel con el cine. http://altiempodetenido.blogspot.com.es/2014/04/hay-un-quejido-de-tambores-que-nunca.html
[2] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1984, pág. 177
[3] Ian Gibson: Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal. 1900-1938, Aguilar, 2013, pág. 98
[4] Max Aub: Luis Buñuel, novela, Cuadernos del vigía, 2013, págs. 63-4
[5] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1984, pág. 236
[6] Ian Gibson: Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal. 1900-1938, Aguilar, 2013, pág. 97
[7] Max Aub: Luis Buñuel, novela, Cuadernos del vigía, 2013, págs. 64
[7bis] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 50
[8] Paloma Ulacia: Concha Méndez y Luis Buñuel. Ínsula, nº 557, mayo 1993, págs. 12-15

No hay comentarios:

Publicar un comentario