domingo, 6 de julio de 2014

El deseo en el cine de Luis Buñuel

Este es el post nº 100 y para este momento hemos reservado un tema que vertebra toda la obra de Buñuel: el deseo
En mi adolescencia ... nada podía calmar una curiosidad sexual impaciente y un deseo permanente, obsesivo... La más excelsa virtud, nos decían, es la castidad. Ella es indispensable para una vida digna. Las durísimas batallas del instinto contra la castidad, aunque no pasaran de simples pensamientos, nos daban una abrumadora sensación de culpabilidad... [1]
Un perro andaluz: desde su primera película
el deseo está presente en toda su filmografía
... La prohibición de toda relación sexual extramatrimonial (y aún gracias si te toleran las otras), la exclusión de toda imagen y toda palabra que, aun de lejos, pudiera relacionarse con el acto del amor, todo ello contribuía a robustecer extraordinariamente el deseo. Cuando, a despecho de todas las prohibiciones, ese deseo podía ser satisfecho, el placer físico era incomparable, pues siempre se asociaba a él ese goce secreto del pecado...[2]
... Desde los catorce años hasta estos últimos tiempos, el deseo sexual no me ha abandonado jamás. Un deseo poderoso, cotidiano, más exigente incluso que el hambre, más difícil a menudo de satisfacer. Apenas tenía un momento de descanso, apenas me sentaba, por ejemplo, en un compartimento de tren, cuando me envolvían innumerables imágenes eróticas. Imposible resistir a este deseo, dominarlo, olvidarlo. No podía sino ceder a él. Después de lo cual, volvía a experimentarlo, todavía con más fuerza.[3]
Reconozco que el mundo de mis películas tiene el tema del deseo, y como no soy homosexual, el deseo toma naturalmente la forma de la mujer. Soy como Robinson cuando ve el espantapájaros vestido con ropas femeninas[4].

La edad de oro: la violencia está relacionada
con la no satisfacción del deseo
La imposibilidad de satisfacer el impulso sexual con la persona deseada será un tema recurrente en la filmografía de Buñuel. Desde las primeras hasta la última, las películas de Buñuel ponen en escena los altibajos de la sumisión masculina al deseo.
Desde el adolescente y paria social Jaibo [Los olvidados] hasta el sobrino infantil en El fantasma de la libertad, el gánster con dientes de metal en Belle de jour, o don Jaime en Viridiana, las películas de Buñuel estudian los impulsos irreprimibles de los hombres...
 En algunas ocasiones, a través de una fuerza interna o por medio de una ley aleatoria, los hombres no tienen dificultad para disfrutar de unas relaciones adecuadas con las mujeres...Pero con mayor frecuencia el amor convierte a los hombres en peleles, no sólo porque una y otra vez se enamoran de mujeres inadecuadas, sino a menudo debido a que las circunstancias los han incapacitado para tener una relación satisfactoria con las mujeres a las que desean. La primera categoría –los hombres que de un modo u otro se ven engañados o explotados por mujeres intrigantes- incluye entre sus ejemplos más interesantes a Vázquez en Los ambiciosos, Pedro en El bruto, o Mateo en Ese oscuro objeto del deseo; la segunda, a Archibaldo en Ensayo de un crimen o Francisco en Él.
Él: el deseo convierte a Francisco en tirano
A la mayoría de los hombres de Buñuel les resulta difícil resistirse al encanto de mujeres que están fuera de su alcance; su sinceridad y firmeza masculina no suponen barrera alguna para la mujer devoradora de películas como El bruto, Los ambiciosos o Susana...[5]
El deseo suele satisfacerse en muchos de los filmes de Buñuel a través de una persona o cosa interpuesta: en La edad de oro, la heroína lamerá el dedo gordo del pie de una estatua cuando el amante, sin haberla satisfecho, la deja sola. En Susana, Fernando Soler besará apasionadamente a su esposa después de ser encendido por la cercana presencia de Rosita Quintana. En El bruto, Katy Jurado irá a hacer el amor con su decrépito marido, Andrés Soler, al que unos momentos antes había rechazado, sólo para satisfacer los impulsos eróticos que ha despertado en ella la llegada de Pedro Armendáriz. En Robinson Crusoe, el náufrago, separado por fuerza de toda presencia femenina, vestirá a un espantapájaros con ropas de mujer. En Viridiana y en Diario de una camarera, dos viejos viudos obligarán a una joven a vestir las prendas de la esposa muerta. Y así, en casi todos los filmes de Buñuel, la ausencia del ser deseado pretenderá ser remediada por sustitución..[6]
Abismos de pasión: el deseo puede
transformarlo en un ser asocial
Si convenimos con González Requena que “el deseo es lo que preside todos los enunciados de la escritura buñueliana”, resulta sorprendente la variedad de perspectivas y registros que el autor utiliza para encauzar su poética en torno al tema, desde la escritura automática (Un perro andaluz, La edad de oro), el romanticismo (Abismos de pasión), el psicoanálisis (Ensayo de un crimen, Él ...), las teorías sadianas (Belle de jour), la tradición hispánica en general (Viridiana) y la literatura galdosiana en particular (Tristana).[7]
La atracción hacia el ser deseado en lucha contra los obstáculos que se interponen en la realización de tal deseo, es la base de sus dos primeros filmes Un perro andaluz y La edad de oro. En éste último, Buñuel pone de manifiesto toda la serie de trabas e inconvenientes que la sociedad pone en marcha para evitar que se unan los cuerpos de una pareja de amantes.
En la película, el deseo va unido a la destrucción, en deseo de destruir, personificado en el protagonista: patada a un perro, aplasta un escarabajo, puntapié a un ciego. El deseo erótico se transforma en deseo de destruir agravado por la imposibilidad de su satisfacción.[8]
En Modot el deseo es provocación asumida, escándalo, insulto a la sociedad, profanación de los valores "sagrados": bofetadas a las madres demasiado fastidiosas, puntapiés al ciego, piedad zaherida, ministro injuriado, sexo triunfante.[9]
Nazarín: ¿masoquismo en la relación entre
Beatriz y el Pinto
Mientras en La edad de oro el tema del deseo aparecía de forma muy explícita, no ocurre lo mismo en sus películas comerciales. “De manera que Buñuel ha de enmascarar ahora dentro de la gestualidad cotidiana los aparatosos comportamientos de los protagonistas de aquella película suya de 1930.[10] Y ello le lleva a redoblar su ingenio. Algunos ejemplos:
·        En El gran calavera: En la escena en que  Virginia está tendiendo la ropa y Pablo la ayuda, el deseo se expresa  por los gestos: estrujan la ropa a medida que aumenta el deseo.
·        En La ilusión viaja en tranvía: La forma en que Lupita mordisquea la mazorca de maíz mientras habla  con Juan.

En su reflexión sobre las pulsiones, Deleuze nos dice que si bien éstas son elementales o brutales también toman figuras muy complejas, bizarras o insólitas, con relación al medio del que derivan o aparecen, y son inseparables de los comportamientos perversos que producen y animan canibalistas, sado–masoquistas o necrófilos. Todo el inventario se despliega en el cine de Buñuel y se enriquece con pulsiones y perversiones propiamente espirituales y todavía más complejas: Francisco, Archivaldo y Nazarín están dotados de ellas.[11]
·        En Él, el protagonista, a pesar de sus principios burgueses y religiosos, el amor loco y la posesión amorosa por ser amado lo transforma en tirano.
El discreto encanto de la burguesía o la
imposibilidad de satisfacer el deseo
·        En Ensayo de un crimen: El intento de seducción y asesinato de Lavinia  es llevado a cabo con el maniquí. El episodio del protagonista con Miroslava y su doble, un maniquí hecho  la medida, podría tomarse como el epicentro de toda la obra buñuelista. El objeto inalcanzado de la pasión y el sustituto o sucedáneo de ese objeto, que estarán presentes en todas las películas de Buñuel, logran adquirir en esta secuencia, sin perder su carga poética, su mayor presencia concreta...
·        En Nazarín, el sentimiento que liga a Beatriz con el Pinto es totalmente erótico, y no está lejos del masoquismo porque implica sumisión y la agresividad ligada al deseo.[12]
·        En Abismos de pasión Buñuel muestra cómo la pasión transforma en monstruos asociales aquellos que son devorados por ella. En esta película continúa los propósitos de La edad de oro: la pasión amorosa que hace de la pareja formada por Alejandro y Catalina, primero servirse de sus entornos respectivos para satisfacer su odio y su venganza, una máquina de destrucción suicida.
·        Belle de jour es una investigación sobre las motivaciones del deseo femenino a través del personaje de Séverine.[13]
El fantasma de la libertad: el deseo no
respeta nada: el sobrino desea a su tía
·        En Tristana el deseo está entroncado con el erotismo. El impulso sexual de Tristana no termina con la amputación de la pierna, lo que prueba la fuerza inextinguible del deseo. Don Lope, Horacio y Saturno desean a Tristana. El impulso sexual de ésta sigue vivo después de la operación, como se percibe en la relación con Saturno. Y la amputación  tampoco acaba con el que siente don Lope por ella; sin embargo, sus deseos de acostarse con la que llega a ser su esposa quedan abortados.[14]
·        En El discreto encanto de la burguesía, el deseo de cenar o tener relaciones sexuales se ve continuamente frustrado.
·        Y qué decir de su última película. En Ese oscuro objeto del deseo, el deseo del protagonista masculino y las humillaciones que sufre por parte de la mujer amada son el eje de toda la película.

De forma genérica cabe mantener que toda la obra de Buñuel nace la frustración de un deseo. Por eso todas las películas de Buñuel pueden ser consideradas como una especie de sucesión de actos fallidos.
Ese oscuro del objeto del deseo: Las continas
 humillaciones a las que se ve sometido Mateo
Desde el hombre que trata de poseer a la mujer, en el caso de Un perro andaluz, a la cena perpetuamente aplazada de los protagonistas de El discreto encanto de la burguesía, pasando por Archibaldo tratando de matar a las mujeres que le gustan y viendo como siempre se le adelanta alguien, impidiéndole conseguir sus propósitos...[15]

Para Buñuel el motor del mundo es el deseo.




[1] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, Pág. 23
[2] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, Pág.51
[3] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982,  Pág.144
[4] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.147
[5] Peter William Evans: Las películas de Luis Buñuel, Paidós, 1998, Pág. 91
[6] Francisco Sánchez : Siglo Buñuel, Conaculta, México, 2000,  Pág. 82
[7] Pablo Pérez/Javier Hernández: Luis Buñuel y el melodrama. En: Vértigo, nº 11. Pág. 34
[8] Manuel López Villegas: Sade y Buñuel, Instituto de Estudios Turolenses, 1998, Pág. 77
[9] Freddy Buache: Luis Buñuel, Guadarrama, 1976, Pág. 81
[10] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág.77
[11] Víctor Fuentes: Buñuel en México, Instituto de Estudios Turolenses, 1993, Pág. 121
[12] Iván H. Ávila Dueñas: El cine mexicano de Luis Buñuel,  IMCINE, 1993, Pág. 209
[13] Carlos Tejada: De anhelos, delirios, visiones y naufragios: los seres maltratados de Luis Buñuel. En: Nickelodeon, nº 13, invierno 1998, Pág. 48
[14] Aitor Bikandi-Mejias: Galaxia Textual: cine y literatura, Tristana (Galdós y Buñuel), Pliegos, 1997, Pág. 151
[15] Antonio Castro : Evolución y permanencia de las obsesiones en Buñuel, En : Obsesión es Buñuel, Asociación Luis Buñuel, 2001, Pág. 336

No hay comentarios:

Publicar un comentario