domingo, 15 de junio de 2014

Una mujer sin amor (1951)

Esta es una de las películas que Buñuel llamaba alimenticias, es decir, las hacía para poder comer. Buñuel no encontraba nada salvable a esta película. Si la mayor parte de la crítica suele menospreciar casi toda su producción mexicana, esta película es de las que se llevan la palma. Se suele meter en un capítulo conjunto con La hija del engaño y Susana o Subida al cielo, dedicándole unas pocas líneas.
Buñuel comienza el rodaje el 16 de abril de 1951 en los estudios Churubusco con un costo aproximado de 450.000.000 pesos. Se estrena el 31 de julio de 1952 en el cine Mariscala.
Buñuel al hablar de esta película se contradijo:
En la entrevista con Tomás Pérez Turrent y José de la Colina dijo:
Es el peor de las que he hecho. Se basaba en Pierre et Jean, de Mau­passant, que Cayatte ya había filmado muy bien. Yo tuve que filmarla en veinte días y con menos medios; ¡y me hubiera gustado que William Wyler me hiciera una película en esas condiciones! En realidad segui­mos casi plano por plano la película de Cayatte, que era una guía míni­ma para trabajar en estudio. Había que filmar rápido, así que evité los cortes lo más que pude y esto me facilitó luego el montaje.[1]
Mientras que en sus memorias dijo:
Sin duda mi peor película. Se me pidió que hiciera un remake de una buena película que André Cayatte había realizado en Francia sobre Pierre et Jean, de Maupassant. Se trataba de instalarme una moviola en el plató para que yo copiase a Cayatte plano por plano. Naturalmente, me negué y decidí rodar a mi manera. Resultado mediocre.[2]
¿Cuál de las dos declaraciones se acerca más a la verdad? ¿De qué forma influyó la versión que André Cayatte realizó en 1943 con el título de Pierre et Jean, en la película de Buñuel?
Es lógico que si las dos parten de la misma novela tengan cierto parecido, pero este aumenta bastante en el primer tercio de la película, precisamente la parte que se dedica a describir cómo se llega a producir la relación extramatrimonial de la Sra. Roland (versión Cayatte) y de la Sra. Montero (versión Buñuel) y de la que no se dice nada en la novela.
Veamos dónde se encuentran las semejanzas (versión Cayatte/versión Buñuel):
Pierre et Jean: El niño con un barquito de madera
·         El padre se queja a su esposa de que le da la razón al niño.
·         Al niño se le exige que reconozca su falta y como no lo hace el padre le abofetea.
·         Al considerarse injustamente tratado el niño reacciona tirándose al agua/escapando de casa.
·         El marido interviene ante un cliente impertinente para decirle que no se vende nada/no está en venta y  “echarlo”.
·         Al curar al marido/llevar al niño al padre, éste invita a comer/cenar al que será “salvador” y futuro amante de su esposa.  
·         Después de la comida en común quedan para pasar el día siguiente juntos. El marido tiene que arreglar la bicicleta/resolver unos asuntos en una ciudad cercana, quedan los dos solos y terminan por besarse/abrazarse.
·         En ambas se le pregunta a la esposa cómo ha podido casarse con un hombre como Roland y las respuestas son semejantes: era muy pobre y muy joven. En ambas hace acto de presencia la música: de baile en un caso/los compañeros de Julio cantan una canción en el otro.
·         Después del día que pasan juntos viene un fundido en negro, que se abre en la casa del amante. Ha pasado el tiempo y la Sra. Roland/Sra. Montero mantiene relaciones con su amante. La Sra. Roland/Julio dicen que no pueden continuar con esa situación y ambos exponen motivos semejantes: tienes que mentir, fingir al otro, etc. Queden en huir con el niño.
Una mujer sin amor: El niño con su barquito
·         A continuación el amante compra los billetes del tren para huir.
·         La huida se frustra porque se pone enfermo el hijo/el padre por difteria/infarto.
·         En el plano siguiente el enfermo ya está recuperado. El niño, vestido de marinero, juega con un barquito de madera. Se quedan los dos solos y el hombre le pregunta ¿Cuándo nos vamos? La mujer pone la misma excusa: la unión que se ha establecido entre padre e hijo. El amante decide marcharse solo y la mujer queda llorando. Fundido en negro.
·         Abre desde negro. Han pasado los años y el matrimonio tiene dos hijos adultos. Aquí es donde empieza la historia narrada en la novela.
Resumiendo, las coincidencias se da en los hechos narrados, en ciertos diálogos e incluso en la sucesión de planos/escenas.
Agustín Sánchez Vidal escribió, “que en varias de sus películas la infidelidad se asocia a una mujer que cose, zurce, borda o hace encajes o similares…En Una mujer sin amor, un hijo reprocha a su madre su  infidelidad mientras hace calceta.” [3] Pero esa escena también aparece en la versión de Cayatte.
Por las declaraciones del principio, Buñuel da a entender que ha visto la película de Cayatte y como este primer tercio de la película no está en la novela, las semejanzas solamente pueden venir de la versión anterior.
Pierre et Jean: La madre hace calceta mientras
sospecha que su hijo lo sabe.
Luis Buñuel no participó en la elaboración del guión literario, ni tampoco Luis Alcoriza con el que sintonizaba en algunas cosas, como se notó en El gran calavera. La adaptación de la obra de Guy de Maupassant la hizo Jaime Salvador, que ya había colaborado con Buñuel en Susana. “Me comentó que no le gustaba sujetarse al guión de un film concebido por otra persona, pues no le dejaban en libertad para meter sus personales ideas. Es por eso que siempre dijo que Una mujer sin amor era la cinta que menos le gustaba.”[4]
Cualquier persona que viera la película y no supiera que está dirigida por Luis Buñuel, nunca se le pasaría por la cabeza atribuírsela. Le falta ese ingrediente primordial y que salva en parte películas como El gran calavera al hacerlas entretenidas: el humor. Es un melodrama en toda regla.
La película, que en algunos momentos podríamos calificar de sadismo sentimental, hace referencia a dos temas:
·         La madre: a lo largo de la película Rosario parece un ejemplo de la madre mexicana, humilde, obediente, santa y abnegada, pero al final, Buñuel da un paso por delante de la novela y se rebela contra esa situación, poniendo a sus hijos en la disyuntiva de aceptarla como es o que se vayan. No renuncia a su pasado ni a su amor y prefiere quedarse sola con su recuerdo. La madre pasiva o autoritaria, y la mujer maternal están vistas con poca simpatía en el cine mexicano de Buñuel.[5]
Una mujer sin amor: La madre hace calceta
mientras siente que su hijo lo sabe todo
·         La familia: es un tema recurrente en el cine de Buñuel y aunque al final parezca que las relaciones entre sus miembros se han arreglado, como ocurriera en Susana, los insultos, la violencia, etc. no se pueden olvidar. Es de lamentar que Buñuel no haya tenido en este tema la misma valentía que en el anterior y haber dejado que el personaje de Carlos fuera congruente hasta el final.
A Buñuel no suelen interesarle los personajes de gente “culta” (médicos, ingenieros u otras profesiones liberales), sin embargo en esta película  solo el personaje del hijo al que le toca el papel de Caín, el doctor Carlos, alcanza un cierto aliento buñuelesco con su intransigencia moral y su enfrentamiento a las normas sociales.[6]
Todo lo anterior no tiene la intención de intentar salvar una obra que, aunque bien rodada, no está a la altura de lo que se esperaba. Creo, sin embargo, que si no estuviera dirigido por Buñuel hablaríamos de un melodrama correctamente construido y bien rodado.
Una mujer sin amor (1951), contó con decorados bastante elaborados. Posteriormente afirmó que aquella fue su peor película y señaló que había esperado mucho de ella, probablemente lo mismo que expresa Maupassant en el prólogo de su libro: mostrar «cómo se ama, se odia y se lucha en cada medio social, así como los conflictos de intereses burgueses: intere­ses económicos, familiares y políticos».
Una mujer sin amor: Rosario coloca el retrato
de su  amado encima de la chimenea
Aunque Una mujer sin amor no esté a la altura de las intenciones de Buñuel, es un melodrama excelente. Adaptó la historia al México de su época, con sus persis­tentes costumbres patriarcales, un país en el que convertir a una esposa infiel en heroína era considerablemente más subversivo de lo que lo hubiera sido en Francia.
El decorado de la casa donde se desarrolla la acción conectaba el vestíbulo, el come­dor y el salón con una perspectiva descendiente, lo que permitió al director filmar algu­nos ángulos interesantes… Con todo, el plano final de Rosario haciendo punto junto a la chimenea con la fotografía de su amado en el regazo es digno de un director de melodramas hollywoodienses admirado por Buñuel: Frank Borzage.[7]

Para leer La adaptación cinematográfica de Una mujer sin amor



[1] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993,  Pág.61
[2] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 197
[3] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel. Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág.160
[4] Xavier Loyá, en: Francisco Sánchez : Siglo Buñuel. Pág. 269
[5] Víctor Fuentes: Buñuel en México. Instituto de Estudios Turolenses, 1993, Pág. 60
[6] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, 2000, Pág. 145
[7] Bill Krohn y Paul Duncan (Ed.): Luis Buñuel. Filmografía completa, Taschen, 2005, págs. 74-75.

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