miércoles, 7 de mayo de 2014

Los olvidados (1950)

El día 6 de febrero comienzo Los olvidados que, si me sale bien, espero sea algo excepcional en la actual producción internacional. Es dura, fuerte, sin la más mínima concesión al público. Realista, pero con una línea oculta de poesía feroz y a ratos erótica. Las estrellas son gente que he tomado entre el lumpemproletariat mexicano, en su mayoría adolescentes. Los fondos, los más feos del mundo...Conozco a muchos de los personajes reales. En resumen le diré que este film es como una mezcla, pero de elementos evolucionados y a través de estos quince años de Terre sans pain(Tierra sin pan) y La edad de oro. Lleva a Figueroa como cameraman y, por fin, podrá hacer fotos anti–artísticas e indignas de ningún premio en los Salones de Otoño internacionales. Si tengo suerte, la cosa puede ser buena, pero temo el escollo de los actores jóvenes. Veremos.[1]
La que voy a hacer ahora me entusiasma y si me sale bien oirá hablar de ella. El tema es delincuencia infantil y me he documentado con unos doscientos procesos del Tribunal de Menores y cien expedientes de la Clínica de la Conducta, institución psiquiátrica de México. Los personajes son adolescentes del lumpemproletariat del distrito federal y el tratamiento un compromiso, entre el documental y la ficción, necesaria para que el film sea comercial. No hago ningún compromiso de tipo moral o artístico.[2]
En Marzo último termine "Los Olvi­dados" film hecho con un gran cariño, sin una sola concesión al público, y del que me hago responsable del principio al fin. Para daros una idea diré que es una espe­cie de "Tierra sin pan" del lumpemproletariat mexicano, con personajes tomados de la vida real y en el cual no hay ni una sola situación inventada. Esta mucho más cerca de la vida que los films italianos del llamado "neorrealismo". Guste o no creo que no hay antecedentes en el cine de esta clase de film. La acción ocurre entre adolescentes.[3]
Certificado de reconocimiento para Los olvidados
como Memoria del Mundo
No hay un solo elemento en mis films que no haya sido empleado calculada y fríamente para producir el efecto deseado. Por ejemplo, en Los olvidados los momentos de cruel­dad aparente y los elementos obsesivos como el empleo repetido del apaleamien­to, la interpolación constante de la gallina, etc., etc., fueron malvadamente empleados para reforzar la acción dramática a través de la que el espectador debía de sentir que no vivimos en el mejor de los mundos y que nuestra realidad no es tan fija ni segura como él podría creerse.[4]
Hubiera podido ir más allá, pero era abusar de la generosidad del productor. No obstante, estoy satisfecho de lo que hemos logrado.[5]
Volví a mí mismo con Los olvidados. Estábamos pasando por entonces una época muy mala[6]...
La UNESCO, en septiembre de 2003, reconoció a Los olvidados la categoría de “Memoria del Mundo”
 El rodaje comenzó el 6 de febrero y finalizó el 9 de marzo de 1950 en los estudios Tepeyac y en exteriores: avenida de San Juan de Letrán, paseo de la Reforma, barrio o colonia Juárez, plaza de Romita, rumbo de Nonoalco, Escuela-Granja de Tlalpan, Tacubaya, etc. Fueron 21 días de rodaje y el costo de unos 450.000 pesos.
Propuse a Oscar Dancigers una película sobre niños aban­donados, de tipo comercial, y me dijo: Hágame algo bueno, y tráigamelo. Y le hice Los olvidados. Me habían pedido algo de calidad, y lo hice. Recorrí durante mucho tiempo archivos, y visité lugares, busqué tipos infantiles... Elegí entre doscien­tos los chicos de la obra, fiándome de lo que revelaban sus tipos. [7]
Foto de Buñuel durante la
preparación de la película
Empecé a trabajar con Luis Alcoriza, pero él tenía que cumplir con otro contrato y seguí escribiendo con Larrea y Max Aub... Los diálogos los adaptó al estilo del "bajo pueblo" mexicano Pedro de Urdimalas...Iba a los barrios bajos de la Ciudad de México, acompañado primero por Alcoriza y luego por Edward Fitzgerald, el director artístico. Estuve cerca de seis meses conociendo esos barrios. Salía muy temprano en autobús y caminaba al azar por las callejas, haciendo amistad con la gente, observando tipos, visitando casas…Caminaba por Nonoalco, la plaza de Romita, una ciudad perdida en Tacubaya…Me interesaba hallar personajes e historias. Consulté detalles en el Tribunal  de Menores, con un psiquiatra, con María Lourdes Rico. Pude leer las tarjetas de un gran número de casos, interesantísimos. También me sirvieron noticias que salían en la prensa, por ejemplo, leí que se había encontrado en un basurero el cadáver de un chico de unos doce años y eso me dio la idea del final. [8]
El director mostró en el filme la realidad que observó durante esos meses previos a la filmación, en los que investigó en las notas rojas de los periódicos, en los informes del Tribunal para Menores, la cárcel de mujeres y en paseos por calles y barrios". Larrea colaboraría en Los olvidados, así como Max Aub, aunque ninguno de los dos aparezcan en los créditos del film.
El guión técnico de la película preveía un desglose de 375 planos que quedaron reducidos a 365 en el montaje final. La mayor parte de los planos eliminados se debe a que Buñuel unió varios en un plano-secuencia, casi siempre gracias al empleo de una pequeña grúa, una dolly.[9]
Contra la primera apariencia de espontaneidad y de ser Los olvidados una tranche de vie de carácter documental, lo cierto es que el film se articula en un guión muy bien construido y mérito suyo es que su elaborada ficción, que incluye a actores profesionales y no profesionales, escenarios urbanos y decorados de estudio, pueda pasar por implacable y auténtico reportaje, tanto en sus imágenes como en sus coloristas diálogos, vivificados por la utilización de la jerga popular.[10]
Fotograma de la película correspondiente a la foto anterior
Dancigers me pidió que quitase muchas cosas que yo quería meter en la película, pero me dejó cierta libertad... Me quitó...Todo lo que tenía únicamente un interés simbólico. Quería en las escenas más realistas introducir unos elementos disparatados, completamente inconexos. Por ejemplo cuando Jaibo va a luchar contra el otro niño y matarlo, en el movimiento de cámara se ve a lo lejos el esqueleto de un gran inmueble de once pisos en construcción y hubiera querido meter allí una orquesta con cien músicos. Se hubiera visto muy de paso, de manera confusa. Quería meter muchos elementos de este tipo, pero me lo prohibieron formalmente[11].
Apenas uno o dos de los excelentes decorados de Fitzgerald delatan el estudio, pero la película se desarrolla en su mayor parte al aire libre...Los personajes estaban totalmente descaracterizados, esto es, desprovistos de los accesorios convencionales y pintorescos con que se suele caracterizar la pobreza y señalar abusivamente su presencia. Parecían directamente tomados de la calle, y Buñuel no les permitió ni la más mínima coquetería que delatara la conciencia de estar actuando en el cine. El propio Jaibo, personaje llamativo a fuer de común y corriente, lo era sobre todo por la atención que el director puso a sus reacciones de cínico y perverso y a la vez víctima, a la fascinación que tales condiciones producían, pero no por su vestuario y su caracterización: era un joven flaco, ni guapo ni feo, con un copete a la moda popular...[12]
La fotografía de Figueroa es el mayor elemento de sorpresa para el aficionado a Buñuel. Por vez primera un film suyo tiene una excelente calidad fotográfica. Buñuel hace todo lo posible para que el espectador no sienta una impresión estética agradable; se percibe, con todo, la mano de un especialista de estudio, meticuloso y barroco...Buñuel ensayó mucho con todos los actores. La toma en que Cobo seduce a la madre de su amigo fue rodada varias veces.[13]
Hay que destacar el hecho de que Buñuel, siempre que ha podido ha mostrado su solidaridad con los compañeros del exilio, metiéndolos en sus películas siempre que ha podido y en este caso fueron muchísimos.
Foto de Buñuel de un ciego durante
la preparación de la película
Se trata de una de las más complejas películas de Buñuel, desde todos los puntos de vista, con un inicio tan cuidado que la presentación de Jaibo junto a los muchachos que juegan a los toros llega a emplear hasta 14 planos para un minuto de duración. Además, son planos muy elaborados, casi todos desequilibrados (picados, contrapicados, saltos muy bruscos de primeros planos a planos generales, cámara muy inestable y dinámica...). Y a ello hay que añadir que, para grabar toda la película, Buñuel emplea su procedimiento favorito: un elemento fuertemente irracional que moviliza sus energías personales para, a través de ese boquete hacia el subconsciente, hacer brotar las aguas negras ahí represadas. Y ese componente...es la gallina.”[14]
La película se estrena el 9 de noviembre en el cine México y dura siete días en cartel, en medio de una fuerte polémica. La película recibe fuertes críticas, no tanto por su tema cuanto por la manera de plantearlo. La cinta trata de los niños delincuentes de la calle, "los olvidados" por un proyecto estatal que promueve, explícitamente, el "progreso" y la "modernización" de México. Estamos en el sexenio de Miguel Alemán (1946-1952), "el cachorro de la Revolución", el presidente que se propondrá explícitamente hacer de México una nación moderna. Si la pobreza y la marginación eran descritos en las pantallas mexicanas con complacencia, permitiendo a los protagonistas la salvación católica implícita en ser el perdedor, el aragonés evade este tratamiento y por eso el filme produce una palpable irritación.[15]
El tema de la delincuencia y la pobreza, de la soledad y el abandono es común en el cine mexicano de esos años; sin embargo, Buñuel lo presenta en forma diferente. Una de las cosas que más molestan es el hecho de que un extranjero, ¡para más un español!, mencione situaciones que los mexicanos han aprendido a ver como normales o han pretendido no ver. Cada contexto histórico configura un código de lo que puede decirse y lo que hay que ocultar: el problema de la pobreza y la marginación urbana se disimulaba en esos años que se pretendían de bonanza general.
Las imágenes de Buñuel cuestionan el discurso oficial. EI bienestar y la justicia que se quieren asociados a la modernidad y cobijados por la familia no se asoman en el mundo sin concesiones de estos niños: los padres brillan por su ausencia. Para colmo Buñuel inicia su película con una nota: "Esta película está basada íntegramente en hechos de la vida real y todos sus personajes son auténticos". Al inicio una voz en off explica: “Las grandes ciudades modernas…”[16]
Fotograma de la película con el ciego
Los olvidados encausa la miseria económica, la desestructuración familiar, la falta de afecto y las carencias culturales como responsables del desamparo y del descarrilamiento ético de los adolescentes y los jóvenes en los suburbios de las grandes ciudades modernas. Para ello Buñuel no vacila en utilizar sinceramente la violencia, y hasta la crueldad extrema en ciertas situaciones –los ataques a un ciego indefenso o a un mutilado sin piernas–, para aumentar la eficacia de su demostración. Como declaró en aquella época: “Utilizo el sadismo como reversión, no como escándalo, sino como medio purificador de una sociedad periclitada.[17]
Los olvidados ofrece una imagen cruel de la pobreza que desvincula a ésta definitivamente de la bondad, porque la miseria no produce ángeles, sino bestias en permanente lucha por la supervivencia.
En la película de Buñuel los pobres aparecen representados desprovistos de esa bondad con que habitualmente se muestran en el cine, para retratarlos como seres perversos y delincuentes sin escrúpulos porque la miseria engendra monstruos.
En el cine de Buñuel la pobreza se muestra desde un punto de vista realista, como un caldo de cultivo que empuja a la maldad y a la delincuencia porque convierte a quien la padece en un animal desprovisto de humanidad y empujado por el instinto de supervivencia.[18]
Buñuel sabía que la película sería bien recibida en Europa, por lo que se preocupó de su presentación. Pidió a Octavio Paz, que trabajaba en la embajada mexicana en París, su colaboración y éste elaboró un excelente texto crítico que fue distribuido en el Festival de Cannes de 1951. Lo cuenta el propio Octavio Paz: "Un día me llamó para presentar su film en el Festival de Cannes...La película me conmovió: estaba animada por la misma imaginación violenta y por la misma fuerza implacable de La edad de oro, pero Buñuel, a través de una forma muy estricta, había logrado una concentración mayor...Buñuel había encontrado una vía de salida de la estética surrealista al insertar, en la forma tradicional del relato, las imágenes irracionales que brotan de la mitad oscura del hombre.[19]
El equipo de rodaje de Los olvidados
La película obtuvo el premio a la mejor dirección y el de la FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica) al conjunto de la obra de Buñuel. Tras su éxito en el Festival, la película se volvió a poner en México y estuvo 7 semanas en cartel y además obtuvo 11 de los 16 premios Ariel del cine mexicano.
Consciente de lo que se jugaba en Los olvidados (en un principio se iba a titular La manzana podrida), Buñuel la dotó de una construcción cuidadísima, vigilando los detalles al máximo. Pero, sobre todo, la planeó de manera que toda la película funcionase en dos planos: el "realista" y el subliminal. Cualquiera de los dos por separado resulta de una contundencia imparable: juntos, la convierten en algo difícil de olvidar. Todo el flujo subconsciente que irradia la ausencia del padre, el permanente conflicto edípico, la inquietante presencia de las gallinas, el brutal leit motiv de los brazos que suben y bajan golpeando con palos y piedras, la música a menudo tortuosa, crean un clima de malestar que como sordo y opaco ruido de fondo obligan a contemplar Los olvidados como algo mucho más hondo que un simple documental. Mucho de la "poética" de Los olvidados había sido intuida en su prosa Suburbios, de 1923.
Premio del Jurado obtenido en el Festival de Cannes
Su importancia en la trayectoria de Buñuel reside en haberle asegurado la posibilidad de moverse en el cine comercial siendo fiel a su peculiar universo. Y esto no sólo por el reconocimiento que obtendría el film en Cannes, sino, sobre todo, porque el cineasta logra contar una historia que se sostiene en términos "convencionales" para, cuando le conviene, hacer aflorar secuencias "experimentales" que resultan más eficaces por la cotidianidad de su contexto.[20]
Buñuel toma partido por los parias, pero sin idealizarlos, sin presentarlos como aves que cruzan el pantano sin mancharse, que era el camino fácil y mentiroso de tomar partido en los dramas sociológicos. La miseria envilece a estos niños igual que a los mendigos de Viridiana, y en decir esto reside la valentía de Buñuel. En los dramas sociológicos que nos querían hacer creer en la “grandeza de la pobreza”, la miseria era presentada como algo adjetivo, algo externo a los personajes, algo que no concernía a su condición humana...El niño asesinado de Buñuel no iba, en el final de la película, hacia ninguna vida eterna y celestial, no moría en bien de ninguna verdad...; por el contrario su muerte era espantosamente inútil, tan inútil como su cadáver, que iba a parar a la basura...Lo más terrible no estaba en esa muerte, sino en el hecho de que toda la vida del niño había sido corrompida, envilecida, deformada, no por una fuerza abstracta y nominalista llamada Mal o Pecado Original, sino pura y simplemente por algo que en verdad existe: por la miseria...[21]
Los olvidados…es un documental que nos presenta un aspecto negativo del mundo; negativo porque la miseria lo es siempre. Yo tenía cierto miedo a que los nacionalistas me acusaran de haber presentado en la pantalla una tara de Mé­xico, pero esta tara no es sólo de aquí sino de cualquier país del mundo.[22]
A decir verdad, lo que relato en Los olvidados es pálido en comparación con los casos tomados de los archivos del Departamento de Prevención Social, en la "Clínica de la Conducta" y que fueron consultados por el señor Luis Alcoriza y por mí, para documentarnos acerca de la realidad. Por otra parte, lo cierto es que esta realidad es mucho más dura de lo que se imagina la gente. En las incursiones que realicé por los barrios bajos de México vi cosas que muchos periodistas desconocían y que ahora se revelan por primera vez. El hecho mismo de que sean niños de las clases bajas los propios protagonistas, creo yo que le comunica un acento de sinceridad a la película. Por lo menos ese fue el propósito que me impuse.
Celebración del premio en Cannes. Compárese la cara de
Buñuel en esta foto con la anterior. Había conseguido lo
que quería
Lo que sí quiero confesar es que siempre me ha atraído la miseria como tema de mis cintas. Y no para refocilarme con crueldad, sino para acercarme a ella con calor humano, con comprensión. Claro que yo no puedo remediarla desde una pantalla; pero tampo­co puedo atenuarla en sus rasgos, porque mentiría. No sería yo sincero. Yo no niego al hombre ni a los valores humanos, pero sí a la sociedad tal como está organizada actualmente.[23]
Los olvidados es un melodrama y en la película, Buñuel toma una serie de temas comunes al mismo y los presenta de una manera diferente y que resulta francamente transgresora. A un provocador como era Buñuel debió divertirle mucho constatar las reacciones que suscitó la cinta, pues si bien toca los temas caros al melodrama, el tratamiento es diametralmente opuesto, por lo que la película no provoca una catarsis liberadora, no libera las lágrimas para soslayar los problemas, sino que, por el contrario, obliga a atender sus contenidos con ojos secos y a preguntarse, con un nudo en el estómago, por la situación descrita en pantalla. Los olvidados no nos hace llorar: viola la ley del melodrama. Lo hace mediante recursos formales y por la misma historia: rompe las convenciones del kitsch. Esta película puede verse sepa­rada de su contexto, como la obra maestra que es, pero también en relación con el cine institucional mexicano, que está presente en la obra de Buñuel como un horizonte con el que marca un contraste y le da al filme un brillo perturbador.[24]
Los olvidados nos muestra un México que hasta ese momento el cine mexicano había ocultado o mistificado. La pobreza se había reconstruido normalmente en el estudio de rodaje. Al salir a rodar a los verdaderos barrios miserables de México, Buñuel rompe con los códigos del decorado habituales del cine mexicano. Buñuel se vale de ciertos códigos melodramáticos, y de situaciones y personajes convencionales, pero haciendo de ellos un uso no convencional.
Contrapicado para resaltar la violencia en la muerte de Julián
Veamos algunos códigos subvertidos:
§  El primer plano no se utiliza para resaltar los efectos sensibleros o de culto a la vedette, sino para crear una imagen insólita.
§  El título. "Los olvidados" hace referencia a una situación de víctimas. El título abre unas expectativas de lectura que el film no satisface. Es en la relación que establece el título con el texto que anuncia en donde se observa la transgresión al melodrama. En vez de encontrarse con el tema tratado de forma moralista y sensiblera, desde las primeras secuencias el filme traiciona las expectativas creadas. La utilización de la forma documental del prólogo en la secuencia inaugural, y el contenido de éste, reafirman el "realismo" de la problemática tratada.
§  Durante los primeros 15 minutos rompe con el régimen de la ficción tradicional pues no hay historia. Más que una historia lineal los primeros minutos de la película son una sucesión de secuencias encadenadas por las acciones de una banda de adolescentes pobres de los barrios bajos de México. Cada comienzo de secuencia presenta un personaje que abre unas expectativas en el espectador, pero se verán continuamente frustradas.
§  Mientras la voz en off del comienzo parece seguir el discurso oficial sobre la problemática de la delincuencia juvenil, las imágenes se encargan de contradecir dicho discurso: nos muestra las medidas represivas que las fuerzas del orden utilizan para defender los intereses de la sociedad frente a los de "los olvidados".
Ídem cuando la madre de Pedro golpea al gallo
§  El ciego, los niños abandonados, etc., aparecen representados bajo otro registro. El espectador tiene que readecuar los mecanismos de registro. Esto tiene por efecto crear una "contra–imagen" de los personajes tipificados por el melodrama. La infancia no aparece como símbolo de la inocencia y la pureza, sino que son crueles. Los personajes que sufren defectos físicos, que normalmente se usan en el melodrama para suscitar piedad, son aquí, personajes avaros, hipócritas y egoístas. La madre no es la abnegada y protectora normal en el melodrama. No es un dechado de virtudes, rechaza al hijo y lo entrega a la policía.
§  No hay final feliz conformista sino un final trágico.[25]
Octavio Paz hizo uno de los análisis más afortunados del film: “La película de Buñuel se inscribe en la tradición de un arte pasional y feroz, contenido y delirante, que reclama, como antecedentes, a Goya y a Posada, quizá los artistas plásticos que han llevado más lejos el humor negro...Posee una extrema desnudez en su construcción...La miseria y el abandono pueden darse en cualquier parte del mundo, pero la pasión encarnizada con están descritas pertenecen al gran arte español. Ese mendigo ciego ya lo hemos visto en la picaresca española. Esas mujeres, esos borrachos, esos cretinos, esos asesinos, esos inocentes, los hemos visto en Quevedo y en Galdós, los vislumbramos en Cervantes, los han retratado Velázquez y Murillo...
Y los niños, los olvidados, su mitología, su rebeldía pasiva, su lealtad suicida, su dulzura que relampaguea, su ternura llena de ferocidades exquisitas, su desgarrada afirmación de sí mismos en y para la muerte, su búsqueda sin fin de la comunión –aún a través del crimen– no son ni pueden ser sino mexicanos."[26]
Ídem cuando Pedro mata a dos gallinas
En efecto, Los olvidados, tiene bastantes puntos comunes con Las Hurdes/Tierra sin pan. Ambos tienen su origen en eso que se llama “realismo español” y tienen una estructura parecida. Fue Ado Kyrou el que estableció para el documental español la frase “sí, pero…”. Recordemos: “Los campesinos son mordidos frecuentemente por víboras y la mordedura nunca es mortal; pero los campesinos la hacen mortal al tratar de curarla con hierbas que infectan la herida.” En Los olvidados ocurre algo parecido:
·         Pedro quiere hacer el encargo que le ha mandado el director de la granja-escuela sí, pero fuera está el Jaibo que se lo impide.
·         Pedro busca ser bueno, busca el cariño de su madre sí, pero ésta se lo niega.
Si realizamos un repaso a las analogías que pueden detectarse entre una  película y otra encontraríamos los mismos problemas: alimentación deficitaria, andrajosidad y hambre en los niños, mujeres enfermas junto a niñas y mujeres “guapas” que contrastan con la fealdad dominante,[…] hacinamiento e incesto en los hogares,[…] y el mismo tono general de miseria, deformación y monstruosidad. Igualmente podríamos comprobar cómo el planteamiento inicial es muy parecido pues se trata de un viaje o de un peregrinaje que sólo difiere en el territorio sobre el que se camina: las aldeas hurdanas en un caso y la ciudad perdida mexicana en el otro. Y en ambas dicho introito está presidido en los respectivos prólogos por sendos planos de situación de carácter geográfico: unos mapas que nos hacen viajar imaginariamente desde Europa hasta La Albercay el norte de Extremadura[Las Hurdes] y unas vistas emblemáticas de Nueva York, Londres, París y México DF[Los olvidados], mapas y vistas que actúan a modo de compositio lugaris para comenzar a dirigir nuestra mirada y llevarla a “su terreno”.[27]
Hoy sabemos que se rodó un segundo final para la película, lo más probable a instancias del productor para cubrirse las espaldas en el caso de que la película tuviera muchos problemas, pero se desconocía totalmente su existencia. Permaneció oculto hasta mediados de los años 90, cuando el rollo apareció en la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México. Estaba  sonorizado y preparado para sustituir el original en caso necesario.
Y terminamos con unas reflexiones. La primera de Buñuel:
No he tratado de moralizar en Los olvidados. La ac­ción moralizadora, si existe, se verifica en el espectador al contacto con el film. Mi película no está dirigida a la emoción pura, sino a la razón. He tomado un trozo de vida tal como es aquí, en París o en Londres. Y si hay cosas duras no es culpa mía. Me he limitado a exponer lo que he visto, y todavía me he quedado chico en la expresión. ¡Vida y sólo vida! No he in­yectado literatura a mi película, sino elementos de las ciencias sociales. Me he inspirado en la psicopedagogía. [28]
La segunda es de Román Gubern y reproduce el último párrafo del informe redactado para que la película Los olvidados fuera declarada “Memoria del mundo” por la UNESCO:
El final de Pedro en el basurero
Por todo lo expuesto, consideramos que Los olvidados constituye una obra maestra excepcional del arte cinematográfico, que a la vez que revela la maestría de un director en el pleno dominio de su oficio, muestra el rigor y la integridad moral de su denuncia de las condiciones sociales de las que son víctimas muchos niños, adolescentes y jóvenes que viven en circunstancias materiales y culturales inaceptables en nuestros conglomerados urbanos. En consecuencia, creemos que Los olvidados reúne méritos sobrados para concederle el reconocimiento de UNESCO como parte de la Memoria del Mundo.[29]
Y termino con uno de los principios que rigieron la obra de Buñuel:
El sentido final de mis películas es ese: decir una y otra vez, por si alguien lo olvida o cree lo contrario, que no vivimos en el mejor de los mundos.

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[1] Carta de Luis Buñuel (30/1/50) en: José Rubia Barcia: Con Luis Buñuel en Hollywood y después, Edicios do Castro, 1992, Pág. 49
[2] Carta de Luis Buñuel (5/9/49) en: José Rubia Barcia: Con Luis Buñuel en Hollywood y después, Edicios do Castro, 1992, Pág. 47
[3] Carta de Buñuel a Lulu Jurdain, 16 mayo 1950. En Buñuel 1950, Los olvidados, guión y documentos, Instituto de Estudios Turolenses, 2007, pág. 641
[4] Carta de réplica de Luis Buñuel a un artículo de Claude Mauriac de 24 de noviembre de 1951del Fígaro. En Buñuel 1950, Los olvidados, guión y documentos, Instituto de Estudios Turolenses, 2007, pág. 559
[5] Entrevista con Clara Montes, Luis Buñuel y su obra, aparecida en Prensa, Temas Polémicos, México, 26 noviembre 1950. Tomado de Buñuel 1950, Los olvidados, guión y documentos, Instituto de Estudios Turolenses, 2007, pág. 504
[6] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Pág.118
[7] Entrevista con Clara Montes, Luis Buñuel y su obra, aparecida en Prensa, Temas Polémicos, México, 26 noviembre 1950. Tomado de Buñuel 1950, Los olvidados, guión y documentos, Instituto de Estudios Turolenses, 2007, pág. 504
[8] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.49
[9] Agustín Sánchez Vidal: El largo camino hacia los olvidados, en Los olvidados, una película de Luis Buñuel, Ed. Turner, 2004, pág. 56
[10] Román Gubern, Integridad moral y estética de Los olvidados, en L’âge d’or nº 4 Hiver 2011, Pág. 6 (Revista digital que se puede consultar aquí)
[11] André Bazin y Jaques Doniol–Valcroze: Conversación con Luis Buñuel, en El cine de la crueldad, Mensajero, 1997, Pág.106
[12] Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, IV. Pág. 161
[13] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel, Lumen, 1975, Pág.211
[14] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág.130
[15] Julia Tuñón, La orfandad ineludible en Los olvidados de Luis Buñuel, en Letras peninsulares, v22.1. Buñuel y/o Almodóvar. El laberinto del deseo, Spring, 2009, pág.214
[16]Julia Tuñón, La orfandad ineludible en Los olvidados de Luis Buñuel, en Letras peninsulares, v22.1. Buñuel y/o Almodóvar. El laberinto del deseo, Spring, 2009, pág.222
[17] Román Gubern, Integridad moral y estética de Los olvidados, en L’âge d’or nº 4 Hiver 2011, Pág. 4 (Revista digital que se puede consultar aquí)
[18] Francisco J. Millán Agudo, Miserias que engendra monstruos, En: Buñuel 1950, Los olvidados, guión y documentos, Instituto de Estudios Turolenses, 2007, pág. 32
[19] Octavio Paz: Los olvidados Cannes 1951. En: AA. VV.: El ojo. Buñuel, México y el Surrealismo. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1996, Pág. 21
[20] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel, Ed. J.C., 1984, Pág. 122
[21] José de la Colina, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, IV. Pág. 170
[22] Rassan, Luis Buñuel, y su estrujante film “Los olvidados”, Entrevista con el realizador en Novelas de la pantalla, 4 de octubre de 1950.
[23] Entrevista de Miguel Ángel Mendoza a Luis Buñuel, para la cadena Diario del  Aire de México, 12 noviembre 1950. En: Buñuel 1950, Los olvidados, guión y documentos, Instituto de Estudios Turolenses, 2007, págs. 489-91
[24] Julia Tuñón, El sombrero de copa y la ausencia del padre, en: Patricia Cavielles García, Gerhard Poppenberg (eds.) Luis Buñuel: dos miradas, Edition Tranvía, Berlín, 2011, pág. 91
[25] Gastón Lillo: Género y transgresión: El cine mexicano de Luis Buñuel. Co*textes, nº 26, 1994, Pág. 48-51
[26] Octavio Paz: El poeta Buñuel. En: AA. VV.: El ojo. Buñuel, México y el Surrealismo. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1996, Pág. 31
[27] Javier Herrera, De la aldea hurdana a la ciudad perdida, notas para una estética de la miseria en Los olvidados de Buñuel, En L’âge d’or nº 4 Hiver 2011 Pág. 4 (Revista digital que se puede consultar aquí)
[28] Entrevista con Clara Montes, Luis Buñuel y su obra, aparecida en Prensa, Temas Polémicos, México, 26 noviembre 1950. Tomado de Buñuel 1950, Los olvidados, guión y documentos, Instituto de Estudios Turolenses, 2007, pág. 504
[29] Román Gubern, Integridad moral y estética de Los olvidados, en L’âge d’or nº 4 Hiver 2011 Pág. 6 (Revista digital que se puede consultar aquí)

3 comentarios:


  1. Una gran película: que narra la vida real de las áreas humildes de la población en las grandes ciudades: armó polémica porque se quiso tapar el sol con un dedo: imposible, ahí está la realidad.

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  2. Una gran película: que narra la vida real de las áreas humildes de la población en las grandes ciudades: armó polémica porque se quiso tapar el sol con un dedo: imposible, ahí está la realidad.

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  3. Excelente análisis. Cada vez me enamoro más de esta película. Saludos

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