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Buñuel y el milagro de Calanda

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“La cuestión religiosa, obsesión más bien, nace en su infan­cia, creo. Las misas infantiles, los milagros, la liturgia, los san­tos... Todo eso le atrae de una manera muy fuerte y lo ha estu­ diado enormemente. Un ejemplo clásico: el milagro de la pierna, el hombre de Calanda que pierde la pierna y se la entierran, y, ya enterrada, va el hombre todos los días ante el altar y se unta aceite en los dedos para pasarlo por el muñón, hasta que los án­ geles le traen de nuevo la pierna. En fin, este milagro él lo cuen­ ta con un orgullo muy curioso y muy especial, como diciendo que es el milagro más impresionante que hay en la historia ca­ tólica. Me ha hablado de este milagro yo creo que como cinc uenta o sesenta veces. Le atrae enormemente esa historia de mi­ lagrería, y cuando, no hace mucho tiempo, hubo un centenario o, en fin, una de estas fechas religiosas, su hermana le mandó una serie de artículos de El Heraldo de Aragón que hablaban del milagro y de las ceremonias que se habían cel...

El carnuzo y lo putrefacto en la obra de Luis Buñuel

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En el último post analizamos el significado y origen de los  La edad de oro vocablos putrefacto y carnuzo. Aquí vamos a ver su amplia presencia en la obra de Buñuel, tanto literaria como cinematográfica. Sirva como introducción este texto de Sánchez Vidal: “Ahí están las carroñas de los obispos en La edad de oro , procedentes de Valdés Leal, de quien tomó también el título de El ángel exterminador ; o el sepulcro del Cardenal Tavera, que aparece en Tristana y Un proyecto  de cuento ; por no hablar de las estatuas animadas o los espectros de  aparecidos, como el del Tenorio que se refleja en el "Mitrídates, cadáver recalcitrante" de Hamlet y El discreto encanto de la burguesía o la estatua vengadora de la leyenda El beso de Bécquer, utilizada en El fantasma de la libertad . Es el tema del carnuzo, tratado específicamente en La agradable consigna de Santa Huesca , que narra las incontables aventuras de un trozo de carne viva que despliega una asombrosa actividad ...

El putrefacto y el carnuzo

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Fue hacia mediados de los años veinte cuando en nuestros medios artísticos y literarios hizo furor la palabra putrefacto, la más generalizada de cuyas acepciones fue la referida a todas aquellas  personas o cosas que, en un momento dado, se tenían por inactuales o trasnochadas. Putrefacto equivalía, así, a grado extremo de consunción por inmovilismo, e implicaba, como vituperio, el emparejamiento con el mal olor que trasciende todo cadáver insepulto. [1] La Orden de Toledo: Pepín Bello, José Moreno Villa, María Luisa González, Buñuel, Dalí y José Mª Hinojosa, 1924. Tole Entre los miembros de la Residencia se utilizó como adjetivo descalificador. Se aplicaba a “todo lo que oliera a caduco, anacrónico, decadente, tradicional o antivanguardista. A putrefacto se oponía como elogio antiartístico, sinónimo de vanguardia o antidecadente.”[2] Era pues un vocablo utilizado entre la nueva y la vieja generación y también para calificar a las falsas vanguardias.

Luis Buñuel y su visión de la Ciencia y la Tecnología

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En este breve post voy a tratar un curioso tema: el poco aprecio que Buñuel sentía por la ciencia y la tecnología: La verdad es que odio la ciencia, le tengo horror a la tecnología. Lo que me llevará tal vez, algún día, a creer en el absurdo de Dios. Fíjate que digo absurdo. [1] El realizador en sus diferentes declaraciones al respecto solía mezclar la creencia en Dios con la ciencia: El creer en Dios es absurdo, pero todavía lo es más la técnica y la ciencia. Empieza a molestarme la palabra ateo... Yo no niego que lo soy. Y, ahora, más ateo que nunca, pero me molesta la palabra [2] . En sus “memorias” nos da la clave de la cuestión: Junto al azar, su hermano el misterio. El ateísmo —por lo menos el mío— conduce necesariamente a aceptar lo inexplicable. Todo nuestro Universo es misterio.

Los olvidados: Memoria del Mundo

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Es sabido que el negativo de la película de Luis Buñuel Los olvidados (1950) fue declarada Memoria del Mundo por la UNESCO en 2003. Antes solo estaba la película Metrópolis (1927) de Fritz Lang, el director admirado por el aragonés. Después otras películas recibirían este reconocimiento, como americana  El Mago de Oz (1937) de Víctor Fleming, la australiana  La historia de la banda de Kelly  (1906) de Charles Tait o las películas de los hermanos Lumière. Es este reconocimiento el que me ha llevado a interesarme por algunos datos de la película. Los olvidados fue producida por la compañía Ultramar Films de Oscar Dancigers, a la muerte de este productor el negativo original, con sus derechos totales, fue adquirido por Clasa Films S.A., propiedad principalmente del Sr. Manuel Barbachano Ponce y del camarógrafo Gabriel Figueroa, y a la muerte de Barbachano Ponce los derechos del filme fueron comprados por Televisa S.A..

¿Era Luis Buñuel cruel? ¿Lo era su cine?

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En el último post tratamos el tema de la violencia en Buñuel y su obra. Hoy vamos a ver un tema directamente relacionado con el anterior. ¿Era Luis Buñuel cruel? ¿Lo era su cine?  A Buñuel se le ha tachado frecuentemente de ser cruel. Veamos un par de ejemplos: ·    León Felipe, amigo del realizador, aunque no en muy buenas relaciones cuando escribió lo siguiente: “Necesita torturar, humillar y matar a mucha gente… Es un bruto sádico aragonés… ” [1] La edad de oro ·    Benjamín Peret, poeta admirado por el aragonés: "Buñuel se complace en la crueldad...Esa crueldad se encuentra en la base de toda la obra de Buñuel y esto es verdad a tal punto que, aun cuando él la refrena, persiste en estado latente y permanece difusa como en Subida al cielo , que en este momento se ve en París. Era imposible, por otra parte, que fuera de otra manera, puesto que esta crueldad es parte integrante del temperamento de Buñuel.” [2]

La violencia en Luis Buñuel

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Violencia es una de las palabras que más aparecen cuando se habla del cine de Buñuel, pero antes de hablar de este tema en relación con su cine, veamos este diálogo entre Luis Buñuel y Max Aub: —En el fondo, el tema fundamental de tu arte es la violencia. —Sí. —Es el tema que a todo el mundo ha dejado verdaderamente estupefacto. No ha habido ningún director que... No, no hablo de crueldad física. La furia, lo que se llama la violencia, estar fuera de sí, el ímpetu sin barreras, la fuerza, obrar—a veces—fuera de razón y justicia, la ira... Exactamente todo lo que, a partir de cierto límite, me lleva a mía contemplar las cosas desde la barrera. Pero tú eres un hombre violento en el sentido en que eres capaz del disparate, ¿verdad? —Sí, es cierto. Un perro andaluz —Sin poder... —Frenarme. Aunque a los dos minutos recorro mi camino en sentido contrario. —Bueno, pero esos dos minutos... —Lo primero es instintivo y por encima de mis razones, la violencia me sale. Aho...