domingo, 3 de mayo de 2015

Pesimismo, 1980


Pesimismo es un texto autobiográfico escrito por Luis Buñuel y datado de 1980. Fue Pedro Christian García Buñuel, sobrino del realizador, el primero en publicarlo en su obra Recordando a Luis Buñuel[1]. Del texto nos dice que "es una variante que Buñuel pensaba utilizar para concluir sus memorias[2]. Presenta algunos puntos en común con el que finalmente fue publicado, pero aun así pueden encontrarse notables diferencias. Puede titularse Pesimismo, uno entre tantos otros títulos barajados por Luis."
El capítulo de Mi último suspiro al que se refiere es el último: "El canto del cisne", uno de los posibles títulos previsto para su último guión escrito en colaboración con Jean-Claude Carrière en 1979.

He estado siempre al lado de aquellos que buscan la verdad, pero los dejo cuando creen haberla encontrado1. Se vuelven muy a menudo fanáticos, lo que detesto, o si no ideólogos: no soy intelectual y sus discursos me hacen huir. Como todos los discursos. Para mí el mejor orador es aquel que desde la primera frase saca de sus bolsillos un par de pistolas y dispara sobre el público.2
Soy un hombre tranquilo que habría querido ser escritor o pintor. Pero escribo con dificultad para un resultado que me gusta poco.3 No soy muy sensible a los colores y sólo la pintura figurativa me interesa a condición de que la escena que representa me guste. He escrito sin embargo, en mi juventud, un libro compuesto de poemas, de ensayos, de cuentos que jamás he publicado.4 Lo había titulado Un perro andaluz5. Pero Dalí me convenció que el título convendría mejor a mi primera película porque en ella no había nada andaluz y porque jamás se trataba de un perro.

Hemos imaginado este film juntos, cuando aún éramos amigos6. Dalí había soñado con una mano agujereada de la que salían hormigas, y yo con un ojo seccionado. Hemos continuado así, ora sacando imágenes de nuestros sueños, ora buscando otras que conservábamos si no correspondían a nada de lo que ya conocíamos. En ocho días encontramos material para una película que mi madre me ayudó a realizar económicamente. El cine me había seducido siempre porque es un medio de expresión completo, alternativamente realista u onírico, narrativo, absurdo o poético. Un día vi la película de Fritz Lang Les trois lumières7 y creo que la escena de la procesión funeraria que penetra en un muro decidió mi vocación. Después de Un perro andaluz tenía todavía más ganas de continuar haciendo cine. Volví a París, que me fascinaba por la abundancia de su vida artística. Me uní a Breton, a Éluard, y después al conjunto del grupo surrealista que se había entusiasmado con mi película, mientras que Lorca la detestaba8. Inventé Gags9. Había puesto a punto una veintena pero no tenía dinero para hacer el film que deseaba. Con la ayuda de amigos se convirtieron en L’Âge d’Or. Después, la lectura de un libro admirable, escrito por un francés10 que había pasado una parte de su vida en Las Hurdes, me inspiro Terre sans pain11.
No he realizado más películas durante quince12 años. En Hollywood, durante 1930, recibí propuestas para ser productor pero no para dirigir películas. Pedí entonces permiso al grupo surrealista para ir a los EE.UU. y me lo fue dado13. No me encontraba muy feliz allí cuando Dalí publicó un libro en el que me denunciaba como ateo, insinuaba que era comunista (no lo he sido jamás, ni anarquista tampoco14), y que no soñaba nada más que en revueltas y desórdenes, he sufrido tantas molestias que tuve que presentar mi dimisión. Allí comencé a hacer otra vez cine con Gran Casino, que considero una mala película.

Todo género de espectáculo tiene su público en particular. El que va al cine es, en general, el menos simpático de todos. Hacer cola lo pone de mal humor: jamás se le ve el entusiasmo de un aficionado a una corrida de toros. En el fondo, es un falso público que no está en relación con nadie sino con imágenes. Estas imágenes lo adormilan si son vulgares o lo distraen si son muy bonitas. Los americanos que lo han comprendido perfectamente dan prioridad a la acción. Guardo de mi estancia en los EE.UU. gran admiración por el cine americano, sus actores, su sentido del ritmo y de la acción15. Sus cineastas han tratado con una maestría única un arte moderno que corresponde muy bien al temperamento de este pueblo, puede ser porque la técnica juegue allí un papel esencial. En todo caso, he querido como ellos eliminar de mis películas las bellas imágenes16 en las que el cine europeo se ha perdido a menudo, exceptuando a Visconti. Algunas veces me he sentido tentado: el principio de Nazarín habría podido ser una imagen soberbia con el Popocatpetl cubierto de nieve con una luz digna de la creación del mundo. He rodado ese plano. Pero he querido también que Nazarín llegue por un camino lleno de baches, en un paisaje miserable y sin atractivo. He escogido este segundo plano17.
En mis películas concedo por consiguiente una importancia particular a la acción y me esfuerzo por crear incesantemente sorpresas. El punto de partida es a menudo una idea muy simple: gentes que no puedan llegar a comer (Le charme discret de la bourgeoisie) o que son incapaces de salir de algún lugar (El ángel exterminador). Esta idea es progresivamente desarrollada hasta convertirse en un argumento muy preciso que me guía a lo largo de la realización y el montaje. El montaje, que reúne las escenas filmadas en desorden y da un film unidad, no es más que un asunto de dos o tres días18. En revancha, los detalles de los planos son inventados a medida que el rodaje19, con una preocupación constante de romper la evolución de cada escena, de crear rupturas. En Cet obscur objet du désir, en el momento en que Fernando Rey da dinero a la madre para tener una cita con su hija al día siguiente, una rata cae del techo. Es una rata de caucho. Me gusta que la sorpresa haga reír y me sirvo mucho de objetos, del fetichismo que inspiran, para crear un efecto cómico20. Bien es cierto decir que el fetichismo me molesta en la realidad.
El cine me parece un arte transitorio y amenazado. Está muy estrechamente ligado a la evolución de la técnica. Si dentro de 30 o 50 años la pantalla ya no existe, si el montaje no es necesario, el cine habrá dejado de existir. Habrá llegado a ser otra cosa21. Estamos ya casi en este caso cuando un film se pasa por televisión: la pequeña dimensión de la pantalla lo falsea todo. ¿Qué quedará entonces de mis películas? La mayoría no me inspiran ninguna estima. Sólo guardo cierto cariño por una decena de ellas, lo que es poco en relación con las que he filmado: L’Âge d’Or, sobre todo; Nazarín; Un chien andalou; Simón del desierto; Los olvidados, cuya preparación me hizo conocer la delincuencia infantil y me sumergió en el corazón de la miseria mexicana: Viridiana; Robinson Crusoe; La vida criminal de Archibaldo de la Cruz; La Voie Lactée; Le charme discret de la bourgeoisie

Son las películas que expresan mejor mi visión de la vida. El surrealismo me ha hecho comprender que la libertad y la justicia no existen, pero me ha aportado también una moral22. Una moral sobre la solidaridad humana cuya importancia para mí había sido comprendida por Éluard y Breton cuando me llamaban con humor «El director de la conciencia» en su dedicatoria de La Inmaculada Concepción. He ilustrado esta moral a mi manera que es muy particular porque creo que soy por naturaleza un espíritu destructor.
Y desde luego de toda sociedad. A menudo he vuelto sobre el tema del hombre en lucha contra una sociedad que busca oprimirlo y degradarlo.23
Cada hombre me parece digno de interés, pero cuando están reunidos, su agresividad queda libre convirtiéndose en un ataque o en huida, ejerciendo violencia o sufriéndola. La historia de las herejías lo demuestra perfectamente, y es ésta la razón por la que me he interesado mucho por las herejías, como puede encontrarse indirectamente en muchas de mis películas, y sobre todo en La Voie Lactée. Me fascina ver que si unos hombres se reúnen alrededor de una convicción, si forman una sociedad fundada en esta convicción, basta que uno de ellos difiera, aunque sea de manera ínfima, para que sea tratado como el peor de los enemigos. Una secta protestante del siglo XVII ha sido
perseguida a la vez por los católicos y por otros protestantes porque mantenía que el cuerpo de Cristo se encontraba en la hostia como el conejo dentro de la empanada24. Matar hombres por esto me parece una monstruosidad absurda. No me gustan los herejes, ni Lutero, ni Calvino. Con ellos la misa se convierte en una conferencia aburrida pronunciada en una sala triste por un hombre vestido de negro. La iglesia católica, al menos, ha tenido el mérito de crear una arquitectura, una liturgia, una música que me conmueven25. Pero admiro al hombre que permanece fiel a su conciencia, cualquier cosa que ésta le inspire. Aunque he tratado burlonamente a la mayor parte de los protagonistas de mis películas, jamás me he burlado de Nazarín o de Robinson Cursoe: he respetado su pureza. En el fondo, siempre he elegido al hombre contra los hombres.
Hoy he llegado a ser mucho más pesimista. Creo que nuestro mundo está perdido. Será destruido por la explosión demográfica, la tecnología, la ciencia y la información. Es lo que llamo los cuatro jinetes del Apocalipsis26. Me siento asustado por la ciencia27 moderna que nos conducirá a la tumba por la guerra nuclear o las manipulaciones genéticas, a menos que lo sea por la psiquiatría como en la Unión Soviética. Europa deberá recrear una nueva civilización, pero temo que la ciencia y las locuras que es capaz de desencadenar no dejen tiempo para llegar a hacerlo.
Si tuviese que hacer un último film lo haría sobre la complicidad de la ciencia y del terrorismo. Aunque comprendo las
motivaciones del terrorismo, las desapruebo totalmente. No resuelve nada: hace el juego a la derecha y a la represión. Uno de los temas del film28 sería el siguiente: una banda de terroristas internacionales se prepara para cometer un grave atentado en Francia, y en ese momento se conoce la noticia de que una bomba atómica ha explotado sobre Jerusalén. La movilización general es decretada en todos los lugares; la guerra mundial es inminente. Entonces, el jefe de la banda telefonea al presidente de la República. Informa a las autoridades francesas del lugar exacto, en una barcaza cerca del Louvre, donde pueden recuperar antes de que explote la bomba atómica que han depositado allí. En efecto, su organización había decidido destruir el centro de la civilización, pero ha renunciado al atentado porque la guerra mundial va a estallar y la misión del terrorismo ha terminado. En adelante es asumida por los gobiernos que toman a su cargo la destrucción del mundo. El exceso de información ejerce también un importante deterioro en la conciencia de los hombres actuales. Si el Papa muere, si un jefe de Estado es asesinado, la televisión está allí. ¿Para qué le sirve al hombre estar presente en todas partes? El hombre de nuestros días jamás se encuentra consigo mismo como sabía hacerlo durante la Edad Media.29
De todo esto resulta que la angustia es absoluta, y la confusión, total.
He conocido una época en que la derecha y la izquierda ocupaban posiciones bien definidas. La lucha tenía entonces un sentido. Ahora la civilización soviética me parece igualmente trágica30 que el mundo occidental. ¿Queda como única elección refugiarse en Moscú, que detesto, o en Nueva York, que no me gusta? Elegiría Nueva York, pero ¡con qué tristeza!
A veces busco una luz de esperanza en este mundo de pesimismo.
Sueño que la ciencia se ha vuelto más sabia, y los sabios, conscientes de su responsabilidad. En la película en que pensaba, hubiese querido rodar en la sala del Reichstag una reunión de quince premios Nobel científicos recomendando colocar bombas atómicas en el fondo de los pozos petrolíferos. La ciencia entonces nos sanaría de aquello que alimenta nuestras locuras. Pero creo más bien que lo peor terminará arrastrándonos, porque después de Le chien andalou el mundo ha progresado hacia el absurdo.
Sólo yo no he cambiado. Permanezco católico y ateo gracias a Dios.31
1- No me gustan los poseedores de la verdad, quienquiera que sean. Me aburren y me dan miedo. Yo soy antifanático (fanáticamente)  Luis Buñuel: Mi último suspiro. Plaza & Janés, 1982,  Pág. 222.
Buñuel desconfía de que la verdad esté de un solo lado, sea cual fuere, y sigue practicando la duda. Sus palos de ciego no son arbitrarios, sino una suspensión de las apariencias para que brote una realidad más honda, más interna y no la externa, esa condición superior del conocimiento que se dio en llamar surrealidad. Se logra trabajando en las fisuras de la conciencia, en los márgenes de la mirada. (Agustín Sánchez Vidal: Los expulsados del paraíso. Escuela Libre Editorial, 1994, Pág. 74)

2- "El acto surrealista más puro consiste en bajar a la calle, revólver en mano, y disparar al azar, mientras a uno le dejen, contra la multitud. Quien no haya tenido, por lo menos una vez, el deseo de acabar de esta manera con el despreciable sistema de envilecimiento y cretinización imperante, merece un sitio entre la multitud, merece tener el vientre a tiro de revólver": (André Breton: Segundo manifiesto surrealista. En: Manifiestos del surrealismo, Labor, 1995, pág. 164)
Buñuel llevó a la pantalla estas palabras en el episodio del tirador de su película El fantasma de la Libertad.

3- Como escritor soy no solamente muy malo, sino sumamente lento. Me molesta todo lo que salga de mis manos directamente, me fastidia hasta mi letra. Claro que queda la máquina, pero tardo horas y horas, y lo que tu harías en media, me cuesta a mi tres. En cambio, trabajar con aparatos, eso si me gusta.  (Max Aub: Conversaciones con Luis Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 58)

4-Este texto tiene fecha de 1980. La Obra literaria de Luis Buñuel fue publicada por Agustín Sánchez Vidal en la ed. Heraldo de Aragón en 1982. Sin embargo hay que hacer constar que Buñuel no escribió ningún libro de poemas ensayos y cuentos. Hacia 1929 tenía la intención de publicar un libro de poemas titulado El perro andaluz, pero que nunca vería la luz. Anteriormente había publicado diversos poemas, críticas cinematográficas y algunos relatos de forma aislada y en diferentes revistas.

5- El perro andaluz

6- Las relaciones entre ambos se deterioraron por diversos motivos. Luis Buñuel retiró el nombre de Dalí de los créditos de Un perro andaluz y La edad de oro, cosa que molestó al pintor. Dalí por su parte le negó a Buñuel ayuda económica cuando estaba en muy mala situación económica en EE. UU. A esto hay que añadir lo que escribió en su Vida secreta y que contribuyó a que Buñuel tuviera que abandonar su puesto de trabajo en el MoMA.

7- Der müde tod, 1931. Conocida en España como: Las tres luces o La muerte cansada.

8- Fede­rico García Lorca y yo estuvimos enfadados durante algunos años. Cuando en los años treinta estuve en Nueva York, Angel del Río me contó que Federico, que había estado tam­bién por allí, le había dicho: «Buñuel ha hecho una mierdecita así de pequeñita que se llama Un perro andaluz; y el perro andaluz soy yo». No había nada de eso. Un perro andaluz era el título de un libro de poemas que escribí.  (Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 21.)

9- No confundir con los Gags que escribió durante su estancia en EE. UU, en los años cuarenta, con la finalidad de venderlos y ganar algo de dinero. No lo consiguió. Están publicados en. (Escritos de Luis Buñuel. Ed. Manuel López Villegas. Ed. Páginas de Espuma.)

10- Mauricio Legendre:  Las Jurdes : étude de géographie humaine, 1927 (Las Hurdes: Estudio de Geografía Humana. Editora Regional de Extremadura, 2006.)

11- Las Hurdes/Tierra sin pan, 1933.

12- Fueron 13 años: entre 1933 y 1946 (Gran Casino).

13- Tal y como está redactado puede inducir a error. Primero pidió permiso a los surrealistas y luego se fue a Hollywood en 1930 con un contrato de la M.G.M. Era para seis meses y con la intención de ver cómo funcionaba aquello. Lo de que recibió propuestas para producir y no para dirigir no es cierto. Solo fue para ver: ni producir, ni dirigir.

14- Buñuel mezcla las dos estancia que estuvo en EE. UU. Aquí está hablando de su segunda estancia: de 1938 a 1946. Dalí lo acusa de anticlerical en su libro. Buñuel militó en el Partido Comunista de España, aunque lo negó siempre. Era de espíritu anarquista.

15- No podéis imaginar lo que es la realización de filmes aquí y sobre todo en la M.G.M...Han llegado a una perfección sorprendente y que los europeos tratan inútilmente de imitar. Por mi parte yo miro hacer y no intervengo para nada en la producción: Carta del 7/2/1931. (Jean-Michel Bouhours: L’âge d’or. Correspondance Luis Buñuel-Charles de Noailles. Centre Georges Pompidou, París, 1993, págs. 131.)

16- Buñuel da prioridad en sus películas a las ideas que quiere transmitir. La fotografía debe someterse a esta finalidad.

17- Fue… durante este rodaje cuando escandalicé a Gabriel Figueroa, que me había preparado un encuadre estéticamente irreprochable, con el Popocatepelt al fondo y las inevitables nubes blancas. Lo que hice fue, simplemente, dar media vuelta a la cámara para encuadrar un paisaje trivial, pero que me parecía más verdadero, más próximo. (Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 210)

18- El montaje dura pocos días porque Buñuel lleva ya la película montada en su mente cuando rueda.

19- Durante el rodaje de sus películas Buñuel tenía la costumbre de levantarse temprano y planificar detalladamente el plan de rodaje de ese día hasta el mínimo detalle.

20- Buñuel procura hacer extrañas las cosas cotidianas y cotidianas las extrañas, con una rara habilidad para convertir lo obvio en raro, y lo raro en obvio. Actitud esta tan fundamental en su cine, que constituye su principal marca de fábrica. Las sacudidas más hondas de sus películas se originan en el extrañamiento de personajes, objetos y situaciones de su origen primigenio (mediante la mutilación) para recomponerlos, gracias al collage, en una nueva identidad que ha prescindido de su ubicación jerárquica primitiva. (Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel (Cátedra). Pág.: 31)

21- ¿Qué diría Buñuel al ver  que hoy muchas personas ven las películas a través del monitor del ordenador, la tablet o el móvil?
























22- La moral burguesa es lo inmoral para mí, contra lo que se debe luchar. La moral fundada en nuestras injustísimas instituciones sociales, como la religión, la patria, la familia, la cultura; en fin, los llamados "pilares" de la sociedad... No tengo las pretensiones de querer cambiar el mundo; sé que lo mío es estéril, pero me ayuda a iluminar un poco más mis películas... no puedo traicionarme a mí mismo: Elena Poniatowska: Entrevista con Luis Buñuel. Universidad México, enero 1961, Tomada de la revista El país semanal, 30/3/97, Pág.86



23- Quiere sublevar la conciencia del hombre normal introduciendo irregularidades a la norma, que define como perniciosa porque la ve procedente de la burguesía y de una aristocracia abusivas y explotadoras. Sin embargo, paradójicamente, ataca las normas solamente desde los márgenes, ya que disfruta, cuando puede, de los privilegios de su clase. (Elena Gascón-Vera: La imaginación sin límites: Sade en Buñuel. En: Turia, nº 26. Pág. 158)






















24- Se refiere a los pateliers , herejía del siglo XV, que sostenía que Cristo se encuentra en la Eucaristía como la liebre en el paté.








25- Max Aub: Hay en él una fusión indisoluble con la Iglesia, con los fastos eclesiásticos, de los que se libero con la pubertad, como tantos españoles, pero de lo que no se ha librado nunca totalmente.
Leonardo Buñuel: Es el atractivo de lo ritual, del altar, del decir y ayudar a misa, del canto gregoriano, del catecismo que lleva en la memoria tan pronto como se vuelve hacia su niñez, cosa que le sucede cada vez que toma la pluma con la mano para escribir una historia. (Max Aub: Conversaciones con Luis Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 196)

26- Los cuatro jinetes  aparecen en el Apocalipsis y son: peste, hambre, guerra y muerte.

27- La Ciencia no me interesa. Me parece presuntuosa, analítica y superficial. Ignora el sueño, el azar, la risa, el sentimiento y la contradicción, cosas todas que me son preciosas. Un personaje de La Vía Láctea decía: «Mi odio a la Ciencia y mi desprecio a la tecnología me acabarán conduciendo a esta absurda creencia en Dios.» No hay tal. En lo que a mí concierne, es incluso totalmente imposible. Yo he elegido mi lugar, está en el misterio. Sólo me queda respetarlo. (Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 171)







28- Buñuel y Carrière llegaron a escribir el guión de ese filme sobre el terrorismo. Tuvo varios títulos: El canto del cisne, Haz la guerra y no el amor, una ceremonia suntuosa, Guerra, sí: amor, tampoco y Agón. Fue publicado: Agón, Instituto de Estudios Turolenses, 1995.






















29- Qué época diabólica la nuestra: la multitud, el smog, la promiscuidad, la radio, etc. Yo volvería encantado a la Edad Media, siempre que fuese antes de la Gran Peste del siglo XIV. (Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 138.)
Yo tuve la suerte de pasar la niñez en la Edad Media, aquella época «dolorosa y exquisita» como dice Huysmans. Dolorosa en lo material. Exquisita en lo espiritual. Todo lo contrario de hoy. (Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 25)





30- Ya hemos dicho anteriormente que Buñuel perteneció al PCE. Yo soy partidario de las dictaduras. Digan lo que digan, como el hombre es malo—dejando aparte que pueda tener, de cuando en cuando, arranques muy estimables—, me parece que la dictadura es la única manera de poder gobernar. Por eso fui estalinista y sigo siéndolo, para gran escándalo de todos mis amigos comunistas… Yo creo que Stalin no tenía más remedio que haber gobernado como lo hizo, cayera quien cayera, porque tenía que defenderse de cien mil trampas y emboscadas y traiciones. (Max Aub: Conversaciones con Luis Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 86)

31- Si se me demostrara ahora mismo la luminosa existencia de Dios, ello no cambiaría estrictamente nada en mi comportamiento. Yo no puedo creer que Dios me vigila sin cesar, que se ocupa de mi salud, de mis deseos, de mis errores. No puedo creer, y en cualquier caso no acepto, que pueda castigarme para toda la eternidad. (Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 170)





[1] Editado por el Ayuntamiento y la Diputación de Zaragoza, 1985. También se encuentra en: Escritos de Luis Buñuel, Páginas de Espuma, 2000
[2] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982

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