Comentarios de Jean-Claude Carrière sobre Belle de jour
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Carrière durante el comentario |
La transcripción, que demuestra cómo se documenta sobre el tema y su vena documentalista, se basa en su mayor parte en los subtítulos de la entrevista, aunque con correcciones. He utilizado la puntuación que he considerado más adecuada.
Jean-Claude
Carrière:
Buñuel había rodado en Francia Diario de una camarera. Es el primer
filme que escribimos juntos. Luego colaboramos en "El monje"[1]
que no pudo rodar. En aquella época, era en 1965, los hermanos Hakim le
ofrecieron la adaptación de "Belle de jour" de Joseph Kessel, la
novela. Yo estaba trabajando con Louis Malle en El ladrón de París[2].
Recibí una carta de Luis, muy clara, en la que me explicaba qué había en la
novela, la cual le parecía una novela facilona, pero con una intriga
interesante y la posibilidad de
conflicto entre lo que llama el superego y el ID[3],
empleando un lenguaje irónicamente psicoanalista.
Creo que los hermanos Hakim se lo
propusieron a Buñuel por la fama que él tenía de vagamente "sulfuroso",
sin buscar más allá. Creo que les sorprendió el guion e incluso la película,
pero aceptan el éxito muy rápidamente.
Creo que los productores veían en "Belle
de jour" un buen tema, puesto que era la historia de una joven de la alta
burguesía que va por la tarde a prostituirse a una casa de citas. Veían eso
nada más, creo, pero enseguida, en cuanto empezamos a trabajar sobre el libro
nos dimos cuenta de que podíamos introducir una dimensión fantasmagórica o
fantasmática, de fantasma si usted quiere, que en absoluto está en la novela y
esa dimensión es la que más me interesaba y también a Buñuel.
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A Séverine se le cae el jarrón sin saber por qué |
Teníamos la posibilidad, por primera vez en el
cine, de manera absolutamente clara y evidente de hablar de fantasías eróticas
femeninas. Ahí teníamos, si desarrollábamos la fantasía erótica de Séverine, el
personaje principal, la posibilidad de introducir una dimensión completamente
nueva y de hacerlo nosotros. Dos hombres hablando de las fantasías de una
mujer.
Fue la ocasión, ocasión necesaria,
no nos quedaba otro remedio, de informarnos sobre lo que podían ser las
fantasías eróticas femeninas. Consultamos a muchos psiquiatras, psicoanalistas,
igualmente consultamos a muchas prostitutas, en Madrid, en París…Charlamos con
las madame[4]
de dichos establecimientos. Le pedí a un amigo periodista que investigara sobre
el tema, de tal manera que en la película, tanto la parte que podemos llamar
"real", es decir, la historia de ella, su marido, M. Husson, etc.,
parece convencional y no solamente lo parece, sino que lo es, procede
directamente del libro. No quisimos tocar absolutamente nada de ahí,
convencional, luego falsa, en cierto aspecto; tanto como la parte fantasmática
es real. Es decir, que todas las fantasías que se describen en la película son,
en realidad, vivencias de mujeres que
nos las contaron o permitieron que nos las contaran. Lo que hace extraña
a Belle de jour es que la parte
llamada real es irreal y que la parte fantasmagórica es realmente verdadera.
El otro tema buñueliano en la
película, es evidentemente la parte imaginaria. La parte de imaginación e
imaginaria que todos tenemos y que Buñuel, como ya me decía en la primera carta
que me había mandado, pretendía tener mucho cuidado al escoger con esmero las
fantasías de Séverine mostrándola en su
comportamiento con minuciosa exactitud, como cuando se le caen objetos sin
querer. Este estado de distracción que tiene constantemente en la película, el
hecho de quemar la ropa interior al volver a casa…todo son anécdotas reales que
realmente sucedieron, no son fantasías. Nos dimos cuenta de otro detalle cuando
ya estábamos en ello y es que, cada vez, que queríamos que sus actos pareciesen
auténticos, es decir, escoger entre diez fantasías que nos habían contado, el
que parecía más cercano a ella, el más próximo a su origen, su edad, su físico,
la relación con su marido, etc., cada vez, salía una actitud masoquista.
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La película no aclara lo que hay en la caja |
Hubo un momento en que nos dimos
cuenta de ello. Nos dimos cuenta de que estábamos haciendo el retrato, a través
de una actitud muy concreta, el retrato de una mujer masoquista que vivía sus
fantasías o intentaba vivirlas, ya que en su vida real de "prostituta
aficionada", nunca consigue la satisfacción que le vemos tener en sus
fantasías, en sus fantasías diurnas, como se suele decir, es decir, sus sueños.
Ese fue el punto sobre el que, a partir de cierto momento, trabajamos
sistemáticamente, es decir, eliminar las fantasías que hubiesen podido ser, por
ejemplo, fantasías de dominación, femenina sobre un hombre.
Las hemos eliminado porque nos
parecía, y de hecho así era, que eran contradictorias con la conducta de dicho
personaje. Nunca una mujer con tendencia dominadora se prostituiría
clandestinamente en un prostíbulo por la tarde. Hay algo que corresponde a otra
personalidad, es decir, a otro carácter. En cuanto encontramos esta clave, que
un psiquiatra nos había dado, se nos clarificó el camino. De hecho, más tarde,
una vez acabada la película, el propio Lacan, en alguno de sus seminarios dijo:
"Tenía que hablaros de masoquismo femenino, es inútil. Voy a presentaros y
proyectaros Belle de jour". Y
dejaba que la película hablase por sí sola. Vi aprendices psiquiatras tomar
notas, durante la proyección de la película, sobre la conducta masoquista. Está
claro que no somos profesionales, no somos psiquiatras curtidos y flagrantes.
Puede que haya errores y por nosotros, pequeñas dudas.
Lo máximo posible de la película es
auténtico, se basa en la realidad que no verificamos en persona. Aunque hayamos
podido ser clientes, no nos hemos prostituido, ni Buñuel ni yo. Realmente
buscábamos en el comportamiento de los clientes, por ejemplo de los asiduos,
del ginecólogo, de los que vienen con sus manías y sus perversiones… La
perversión es siempre la mejor manera jamás hallada de contemplar la
normalidad. A través del ángulo deformador podemos ver, cómo estamos realmente
constituidos, en caso de que podamos verlo.
Todo era un trabajo de verdad, que
podía ser divertido por momentos… Intentamos reírnos. Buñuel decía a menudo que
un día sin reír es un día perdido, pero la mayor parte del tiempo, era un
trabajo muy duro y serio. Éramos, tanto uno como otro, pero él más que yo, muy
exigentes en ciertas líneas a seguir: no caer en la broma picante, en el
folclore de las casas de citas parisinas, en la grosería, la vulgaridad…excepto
en una escena que tenía que ser vulgar del primer cliente, interpretado por
Francis Blanche. En esa, Buñuel me pidió que escribiera un diálogo vulgar.
Escribir el diálogo de cliente asiduo, que hablara así o asá. Hasta tal punto,
que ciertos actores rechazaron interpretar el papel, pero Francis Blanche
comprendió estupendamente, con mucha inteligencia, lo que podía sacar en claro.
Cuando ese personaje, que aparentemente no tiene ninguna seducción, porque de
pronto se muestra violento y autoritario con Séverine, la revela a ella misma,
se ha convertido en escena clave.
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Séverine se siente descubierta por Husson |
Cuando estábamos escribiendo, ya
pensábamos en Catherine Deneuve. Tenía evidentemente todas las cualidades
indispensables para el papel. Era joven, bella, con esa especie de frialdad
externa, podía pertenecer a esa clase social. Además tenía mucho talento. Todo
transcurrió perfectamente con Luis en el rodaje[5].
Hasta tal punto que hicieron otra película juntos que fue Tristana.
Es una película "erótica",
pero una película erótica en la que no se ve ni medio pecho. Se evocan muchas cosas
pero no se ve nada. No muestra sus pechos. Muestra su espalda en un momento
dado, los hombros, y la vemos a contraluz en el castillo cuando se aleja
por el pasillo, pero todo ello es muy discreto. Se mostró más desnuda en otras
películas que en Belle de jour.[6]
Ahora dice, hablando de Belle de jour, que, aún ahora, no hay
entrevista que conceda en la que no se la mencione. Es cierto, que, para su
imagen, o para el desarrollo y progreso de su carrera profesional, el filme
tuvo un papel crucial pues lo vio todo el mundo. Recuerdo también que gracias a
esta película conoció a Yves Saint Laurent, quien la vistió por primera vez y
la convenció de que no llevara faldas demasiado cortas. Era la moda de las
minifaldas. Tuvieron que alargarle un poco las faldas para que el filme no se
pasara de moda y pudiera sobrevivir durante varias generaciones, lo cual fue el
caso. Cuando ves la película hoy no te fijas en la ropa. Fue un acierto por
parte de Yves Saint Laurent. A partir de entonces no se separaron. Para ella
también, aunque solo sea por su relación con Saint Laurent, la película fue
crucial.
No sé de ninguna reticencia por
parte de las actrices que hicieron de prostitutas y no solo en Belle de jour, sino con otras películas.
Son, al contrario, papeles muy codiciados. Es verdad que a Buñuel no le gustaba
explicar psicológicamente los personajes a los actores. No le gustaba decir:
"El personaje dice esto o hace aquello por esto…" Por la sencilla
razón de que escribiendo el guion habíamos intentado preservar cierta
espontaneidad. Algo intuitivo, que nos salía del fondo y de lo que no teníamos
ninguna explicación lógica.
Del mismo modo que nunca
intentábamos explicar nuestras películas, Buñuel no les explicaba nada a los
actores. Sin embargo, les daba indicaciones de su actitud y gestos muy
precisos. Controlaba la ropa, la luz que exigía que fuese clara… Desconfiaba
mucho del misterio de la oscuridad de una imagen. Se esforzaba, diría, en
dirigirles un poco a la japonesa. Decía por ejemplo: "No coja el vaso con
dos dedos, sino con uno solo", para que cuando el actor cogiera el vaso
estuviera concentrado en uno de esos gestos y no pensara en otra cosa. Ese
fenómeno de concentración se ve en el rostro de los actores. Cuando actuaban
tenían que pensar en algo para no soltar automáticamente su texto aprendido de
memoria.
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Una de las varias ensoñaciones de Séverine |
Aunque de vez en cuando, como
sucedía en todas las películas de Buñuel, un actor exigiera que su personaje
fuera explicado. El actor venía y le decía: "Mire Luis, no comprendo por
qué hago esto…" Pasó en Belle de
jour como en otros filmes. En ese caso Buñuel se hacía el longuis.
Respondía irónicamente. Si se le preguntaba contestaba: "Si yo fuera la
mujer, haría lo mismo." Respondía irónicamente. Muy, muy de vez en cuando,
decía por qué tal personaje hacía o
decía esto o lo otro. Decía, que así como podía ser preciso sobre cómo hacer,
no podía responder ni al por qué, ni al para qué.
Intentaba conservar incluso durante
el rodaje la parte espontánea, casi diría de surrealismo, si la palabra no
estuviera tan manoseada, digamos de cine automático que había conservado
durante el guion. Soy testigo de ello.
Lo que no se ha solido poner de Belle de jour, es precisamente de lo
que queríamos hablar: una igualdad entre lo real y lo imaginario. El hecho de
que el ser humano no se pueda partir en dos: una parte que sería su realidad,
su vida cotidiana de todos los días, y otra que sería las otras vidas que se imagina
y con las que sueña. En este sentido, Belle
de jour es una tentativa de reunión en un mismo personaje, de lo que es o
podría ser, y que probablemente sea falso, y de lo que imagina ser o imagina
poder ser.
Sobre la caja de Belle de jour nos preguntaron a menudo:
¿Qué hay en la caja? Nos parecía una pregunta absurda. No teníamos respuesta
alguna. Nos salíamos por peteneras. Buñuel decía: "Cuando abren la caja
ponen cara de horror es porque dentro hay una foto del Sr. Carrière".
"Eso es lo que les asusta". Formaba parte de…era el folclore de Belle de jour, la dichosa caja. Además,
y por extraño que parezca, a lo largo de toda mi vida, se produjo lo contrario.
Al menos diez personas me dijeron lo que había en la caja según ellos. Cada vez
era algo diferente: tan pronto era un insecto o una serpiente, tan pronto era
una maquinita que me describían minuciosamente. La caja de Belle de jour sirve para meter en ella lo que queramos. Como
ciertas chicas de la casa de citas la rechazan con horror y Séverine la acepta,
incluso casi, con una cierta atracción, cada cual que meta, sea lo que le
repugna, sea lo que le gusta. Hay un secreto. Es la caja de Belle de jour. Es nuestro subconsciente
o inconsciente, según lo que queramos.
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Esto que vemos ¿Es real o fantasía de Séverine? |
El problema del final era que, obligatoriamente,
ambas vías de la película, ya fuera la "real" o la
"fantasmagórica", debían reunirse como fuera. No podíamos terminar
con dos vías abiertas. Por eso el carruaje vuelve al final. El que vimos al
principio pero, esta vez, vacío, como si ella no estuviera dentro. Por eso el
marido se levanta como si estuviera curado, por eso se oyen, si prestamos
atención, maullidos de gato que evocan la escena del castillo…Muchos elementos
de otras escenas del filme se encuentran en esta escena final, que nos costó
mucho encontrar. Habíamos pensado en aproximaciones. Nos había llevado mucho
tiempo. Una noche, bastante tarde, a una hora en la que solía dormir, Buñuel me
llamó a mi cuarto, estábamos en Madrid, y me dijo: "¿Puedes venir? Creo
que he encontrado el final. Bajé y me contó, plano por plano, más o menos, lo
que ahora es el final de la película. Es decir, había algo que seguía siendo
extraordinariamente turbador ya que no sabíamos qué pasaba. Lo real y lo
imaginario se mezclaban de manera casi indispensable y al mismo tiempo, había
una emoción. Por ejemplo, muchas mujeres, en la última escena de la película,
muchas mujeres vieron a un bebé que en absoluto estaba, y las que no lo vieron,
lo oyeron. Los maullidos, que están off –tampoco se ve ningún gato- que vienen
de la escena del castillo, fueron interpretados como bebés y dieron auténtica
fuerza alucinatoria a ciertas mujeres. Un poco como en la última escena de Rosemary's Baby[7]
de Polanski. Describen a un bebé que jamás se ve. Polanski nunca lo filmó, pero
las hay que afirman haberlo visto. Y no solo mujeres. Dijeron: "Sí, se le
ve. Se ve un primer plano del bebé." Polanski nunca lo mostró
Cuando el cine, arte realista por
excelencia, que es una sucesión de fotos y una foto es el testimonio de algo
que, en un momento dado, ha existido… Cuando el cine sobrepasa esta fuerza de
realidad y se convierte en alucinatorio, es algo muy raro, muy privilegiado y
que hay que conservar como sea.
Enseguida hubo fanáticos de la
película. Enseguida se convirtió en película de culto. Entonces, estaba
trabajando en EE. UU. Me habían colgado una etiqueta: El autor de Belle de jour. Era: "¡Escribió
usted Belle de jour!" Me
hicieron muchas preguntas acerca de ello. Intentaba responder como estoy
haciendo ahora. Estaba más metido en el ajo porque era más reciente, pero
aparte del éxito, el cual nunca sabremos si fue por buenas o malas razones…Pudo
deberse a buenas razones, es decir, porque era un verdadero filme de Buñuel,
concebido por él, hecho por él, una de sus mejores películas, o por malas
razones: por ser una historia de putas. Nunca lo sabremos. Ambas se mezclaron y
la convirtieron en joya de la historia del cine: una exploración de lo que
Freud llamaba "el continente negro[8]",
el erotismo femenino que creo que nadie había explorado antes que nosotros.
Este post completa la página de dicada a la película Belle de jour, 1966
Este post completa la página de dicada a la película Belle de jour, 1966
[1] 1965. Al final lo llevaría a la
pantalla Ado Kyrou en 1972: Le moine
[2] Le voleur, 1967
[3] Ello
[4] La matrona encargada del prostíbulo
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Pierre Lary, ayudante de dirección, durante la entrevista |
[6] Pierre Lary: "Tenía que pasar
en el castillo detrás del mayordomo, interpretado por Musson. Ella llevaba una
prenda transparente. Le dijimos: "No, no, no se ve nada" y luego,
cuando vio las pruebas, estaba enfadadísima. Para ella, no estaba muy bien,
pero la verdad es que la imagen era fabulosa."
[7] La semilla del diablo,
1968
[8] Alusión a su "oscuridad
impenetrable"
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