Pierre,
montado a caballo, va tirando de su esposa Séverine, que se desliza sobre la
nieve sobre sus esquíes. Llegan a un albergue donde toman algo y después
vuelven a su hotel para cambiarse. Séverine no deja que su marido la ayude.
Al
bajar se reúnen con Renée, amiga de Séverine, y después se les une Husson,
una persona que no agrada mucho a Séverine. Este habló de mujeres y Séverine
pensó que se refería a ella. Puso una excusa para no aceptar su invitación
para la cena y fue con su marido al teatro.
Los
últimos días en Suiza Séverine estuvo enferma y cuando llegó a París cogió
una congestión pulmonar que la retuvo en cama. Quería mucho a su marido, pero
a veces le molestaba que la tocara.
Husson
le mandaba flores en numerosas ocasiones, pero era un hombre que a Séverine
no le caía bien. Renée le advirtió que era malvado. Un día Husson la visitó,
y como la vio debilitada, la hizo acostar en el sofá y se aprovechó para
besarla por sorpresa. Al ver que no conseguía nada se disculpó y se fue. Séverine
pensó en contárselo a su marido, pero este vino triste por el fallecimiento
de un niño durante una operación y se puso a consolarlo.
Pasó
la noche junto a su marido. Era la primera vez tras la enfermedad. Se entregó
a Pierre únicamente para tranquilizarle y pensó que tenía que cuidar de él.
Al despertar le preguntó qué podía hacer por él y este le contestó que no se
preocupara que a él le gustaba cuidar de ella. Séverine le pidió que la
llevara al bosque y decidió no contarle a su marido lo ocurrido con Husson.
Séverine
reanudó su vida normal. Empezó a renovar su vestuario ayudada por Renée. Un
día le habló de una amiga Henriette que iba a una casa de prostitución. Al
principio no prestó mucha atención, pero una vez en casa no pudo olvidarlo.
El tema le obsesionaba.
Cuando
Pierre llegó notó que algo le ocurría y ella para disimular le pidió salir
esa noche, pero a la vuelta volvió a encontrarla extraña. Al final, Séverine
se decidió a contarle el tema de Henriette. Su marido la tranquilizó
explicándole que seguramente era por dinero, pero Séverine quería saber más
cosas y lo poco que le contaba su marido no le satisfacía. Esa noche también
rechazó a su marido.
Días
después, jugando al tenis, se acercó a Husson y le contó la anécdota de
Henriette y este le manifestó que ya la conocía. Le estuvo hablando un rato
de esas casas, e incluso le dio direcciones. A partir de ese día vivía
obsesionada con el tema.
Un
día se decidió. Cogió un taxi y fue a la calle Virene, una de las mencionadas
por Husson. No se atrevió a bajar y volvió a su casa. Otro día volvió andando
y pasó sin mirar. Fue a la cuarta vez que entró sin saber muy bien cómo y
llegó hasta la puerta de Mme. Anaïs. Cuando esta abrió la puerta se dio
cuenta del nerviosismo de Séverine y le hizo pasar para tranquilizarla. Le
dijo que solo podía venir de dos a cinco y por eso le puso el nombre de Belle
de jour.
Cuando
se marchó, la cabeza le daba vueltas. Fue andando hasta el Sena donde se
sintió mejor. Allí vio a un hombre vulgar que trabajaba en una de aquellas
chalanas y lo deseó. Cuando se iba le pidió que fuera a la calle Virene. Luego pensó que no
tendría dinero y le dio un billete de 100 francos y se fue.
Posteriormente
quiso ver a su marido antes de entregarse a otro hombre y fue al hospital en
donde trabajaba para verle. Cuando se separó de él se sentó en un banco y
esperó a que fuera la hora para ir a casa de Mme. Anaïs. Esta no esperaba que
volviera.
Quiso
presentarle a sus compañeras Mathilde y Charlotte que estaban con M. Adolphe.
Séverine no quería entrar en la sala, pero Mme. Anaïs la obligó y ella sintió
un extraño placer al verse forzada a hacer algo.
Cuando
se quedó en la habitación con M. Adolphe, quiso escaparse, pero cuando este
la agarró con fuerza se entregó a él, sintiendo la misma sensación que
anteriormente había sentido con Mme. Anaïs.
Salió
corriendo y paseó por la ciudad, hasta que se dio cuenta de que era tarde y
se fue a su casa, donde tuvo la tentación de quemar la ropa. Cuando Pierre
llegó le pidió que se vistiera pues tenían que salir y Séverine le puso la
excusa de que no se encontraba bien, que fuera él solo. Cuando volvió fingió
dormir. Los días siguientes intentó estar ocupada en todo momento para no
quedarse a solas con su marido, por si notaba algo. Poco a poco todo fue
volviendo a la normalidad y volvió a sentir la necesidad de volver a casa de
Mme. Anaïs.
Precisamente
esta estaba pensando en buscar una chica nueva, ya que Belle de jour no había
vuelto en varios días. Cuando esta llega le explica que si no está dispuesta
a venir con asiduidad no podrá quedarse. Belle de jour le contesta que vendrá
un día sí otro no. Le enseña su habitación y donde luego tendrá un cliente
viejo que no proporcionará ninguna satisfacción.
Cuando
vuelve a casa se baña y decide no
ocultarse más de Pierre. Después de cenar acompaña a su marido mientras trabajaba
en su estudio. Pierre nota que está a la fuerza y le pide que se acueste.
A
la mañana siguiente Pierre le preguntó si quería a otro y Séverine se rio
porque solo lo quería a él.
Acompañaba
a su marido al trabajo, pero no le
dejaba que se acostara con ella. Siguió asistiendo a casa de Mme. Anaïs y se
adaptó a las costumbres de la casa. Se habituó a hacer el amor con los
clientes, pero no disfrutaba con ellos. Su único placer era obedecer a Mme.
Anaïs.
A
Pierre empezó a preocuparle la actitud humilde de su esposa. A esta también
le preocupaba, pero no podía hacer nada pues se consideraba inferior a su
marido.
Cambió
sus hábitos. Iba cinco días a la semana a casa de Mme. Anaïs. Un día, a punto
de irse, llegó un borracho que la poseyó y por fin gozó. Se dio cuenta de que
era la bajeza del hombre lo que la había hecho disfrutar. Se quedó relajada
en la cama y cuando sus compañeras entraron a preguntarle si le había hecho
daño se rio.
En
los días siguientes no volvió a sentir placer, lo que le hizo comprender que
necesitaba una situación especial para conseguirlo.
Un
día llegó un joven amable que conversaba con las chicas, pero a ella no le
agradó. Más tarde llegó un cliente que tenía prisa y la poseyó con
intensidad, lo que la hizo gozar. Séverine se dio cuenta de que lo que la
hacía gozar era la bestialidad. El joven amable le recordaba a Pierre y comprendió
que en casa de Mme. Anaïs no buscaba ternura.
A
partir de entonces cambió su actitud hacia Pierre. Se comportó con
naturalidad e incluso volvió a tener relaciones sexuales con él, aunque
procuró ser discreta en la cama con su marido.
Un
día llegó a casa de Mme. Anaïs Marcel acompañando a Hippolyte. Sus compañeras
tenían miedo de Hippolyte, un hombre grueso y fuerte. Marcel, por el
contrario, era delgado y venía por primera vez. Hippolyte quería quedarse con
Belle de jour, pero Marcel le pidió que se la dejara a él, lo que disgustó a
Belle de jour, pues le Hippolyte le excitaba.
Sin
embargo, una vez en la habitación, cuando Marcel la cogió notó su fuerza y
gozó con él. Volvió al día siguiente y disfrutó de nuevo. Se dio cuenta de
que tenía el cuerpo cubierto de heridas. Estuvo varios días sin volver y
Belle de jour le echó de menos. Le ofreció dinero por si ese era el motivo,
pero lo rechazó. Marcel venía todos los días.
Poco
a poco desapareció la muralla que separaba los dos mundos de Séverine y una
tarde se dirigió desde casa de Mme. Anaïs a ver a Pierre que salía una hora
antes. Fue directamente al restaurante para cenar con él y algunos compañeros
suyos.
Cuando
salían para casa, Séverine se dio cuenta de que su marido la rechazaba y
también de que iba a casa de Mme. Anaïs, no en busca de lujuria, sino de
Marce. Pensó que tenía que dar un giro a su vida.
Séverine
fue a casa de Mme. Anaïs y le comunicó que no quería volver a ver a Marcel.
Unos días después al salir de casa de Mme. Anaïs se encontró con Hippolyte
que quería hablar con ella. Entraron en un café y le soltó que Marcel estaba
enamorado de ella. Al salir volvió a casa de Mme. Anaïs y le informó que se
marchaba.
Para
huir de aquella situación le propuso a su marido que se fueran una semana de
descanso a la playa. Allí fue feliz hasta que hojeando una revista vio un
anuncio de Mme. Anaïs y comprendió que necesitaba volver.
El
mismo día de su vuelta Marcel entró en su habitación, donde se quitó el
cinturón para golpearla, pero Belle de jour lo amenazó con no volver a verle,
lo que le hizo desistir. Volvió al día siguiente y Séverine comprendió que se
había enamorado de él.
Marcel
le propuso salir una noche. Séverine aprovechó un día que Pierre tuvo que
ausentarse durante 24 horas. Fue a cenar con Marcel e Hippolyte y después a
un bar, donde se produjo una pequeña discusión con dos traficantes de droga y
que termina pasándole 1/2 kilo de cocaína a Hippolyte. Por último pasó la
noche con Marcel en una casa de citas. Séverine disfrutó más que nunca,
debido a esa escena de violencia en el bar. Cuando a la mañana siguiente
Séverine comentó que se iba, Marcel se opuso, pero al ver la firmeza de ella
cedió. Se opuso a que le acompañara.
Días
más tarde volvió a pedirle que saliera con él, pero le aseguró que no era
libre. Hippolyte la hizo seguir por un individuo y así se enteró de su
dirección.
Un
día apareció Husson por casa de Mme. Anaïs. Séverine intentó esconderse pero
no tuvo tiempo. Cuando Husson se iba, sin haber escogido a ninguna chica,
Séverine le dijo que tenía que hablarle. En su habitación le preguntó si
pensaba decírselo a su marido y Husson no le contestó, aunque la verdad es
que no tenía la intención de hacerlo. Cuando él se marchó, Séverine le
aseguró a Mme. Anaïs que tenía que irse, que no volvería y que si la traían
que dijeran que no la conocían.
Séverine
estaba en su casa inquieta, esperando el regreso de Pierre, por si Husson le
había contado algo, pero cuando llegó vio que no. Al día siguiente pasó lo
mismo. Marcel fue a visitarla y le pidió que se marchara. Le dio su
dirección, exigiéndole que fuera a verle o volvería.
Un
día Pierre recibió una nota de Husson, exponiéndole que tenía que hablar con
él y que fuera a verle a la explanada de Notre Dame.
Séverine
fue a ver a Marcel para pedirle ayuda. Fueron al lugar de la cita en un coche
conducido por un amigo. Allí Séverine le contó lo que pasaba y Marcel pensó
en acabar con Husson. Al ver que este se acercaba a Pierre, Séverine sintió
miedo y exclamó: "Ese es" y se marchó hacia el coche. La verdad es
que Husson no tenía intención de decirle nada a Pierre. Mandó la nota para
forzar a Séverine a que le pidiera que callara.
Marcel
se dirigió hacia Husson y sacó su navaja. Pierre se dio cuenta y advirtió a
Husson que se volvió y evitó la cuchillada. Pierre le hizo frente a Marcel y
este le hirió. Husson agarró al agresor hasta que fue arrestado, mientras
Pierre yacía en el suelo.
Albert,
el amigo de Marcel, dejó a Séverine en la plaza de la Bastilla y ésta, sin
saber bien qué hacer, se fue a su casa. Como no le extrañaba la tardanza de
Pierre se acostó. Dos horas más tarde llamaron a su casa, para comunicarle
que su marido estaba herido. Sin comprender nada la llevaron al hospital,
donde le informaron que su marido se recuperaría.
Cuando
después se enteró de lo ocurrido se sintió culpable. Se quedó junto a la cama
de su marido, preocupada por la inmovilidad de éste. Al ver que no podía
hacer nada se marchó y fue a visitar a Husson, donde pasó la noche en el
sofá. Al día siguiente volvió al hospital. Pierre estaba fuera de peligro
pero inválido. Al cabo de unos días empezó a mover los labios y a pronunciar
algunas sílabas.
Se
lo llevó a su casa con la parte inferior del cuerpo inmóvil. La doncella le
comentó que quería ir a declarar que el hombre que aparecía en la foto del
periódico, vino una vez de visita a la casa, pero Séverine le propuso que
esperara unos días, pues no podía dejar solo a su marido. El doctor le
informó que no iba a mejorar más.
Un
día Hippolyte la llamó por teléfono para verla. Le expuso que Marcel no
hablaría y que le esperara, que saldría pronto. Séverine le informó que la
doncella iba a declarar y que todo estaba perdido, pero Hippolyte la tranquilizó
y le explicó que hablaría con la doncella. Esta se despidió al día siguiente.
Séverine
no pudo aguantar más y le contó a Pierre toda la verdad. Tres años después
vivían junto al mar en un lugar tranquilo, pero Pierre no volvió a hablar
desde entonces.
|
Séverine y su marido, Pierre, van en un carruaje tirado por
caballos atravesando un bosque en otoño. En el plano siguiente vemos el mismo
carruaje en primavera. Pierre le echa en cara lo fría que es con él. Para el
coche y le pide que baje. Los lacayos la obligan, arrastrándola por el suelo
(el plano es semejante al de Ensayo de un crimen con la maniquí), la atan,
azotan, uno de los lacayos la besa en el cuello y vemos el placer reflejado
en el rostro de Séverine.
Séverine
está en la cama y le dice a su marido que estaba pensando. No deja que se
acueste con ella.
Exterior
de una estación de esquí. Séverine, Pierre y Renée pasean. Esta entra a un
restaurante donde se reúne con Husson. Posteriormente entran Séverine y Pierre
y se sientan con ellos.
París.
En el interior de un coche Renée cuenta a Séverine que Henriette va a una
casa de citas. La noticia impresiona a Séverine. Husson le ha enviado flores
a su casa. Séverine está abstraída por la noticia de Renée y se le cae el
jarrón de flores al suelo. Se pregunta lo que le ocurre.
Inserto de un plano en la que un fontanero besa y manosea a
Séverine de niña.
Séverine
está en el despacho de Pierre. Le pregunta a su marido si antes de conocerla
iba a casas de prostitución. Intenta sacar información sobre el tema. Está
nerviosa y le pide a Pierre que se quede con ella hasta que se duerma.
Exterior
día. Séverine acaba de terminar de jugar al tenis. Ve salir a Henriette.
Husson le cuenta que lo hace por dinero. Le habla del tema y deja caer la
dirección de Mme. Anaïs. Intenta besarla, pero le rechaza.
Séverine
va a la calle Cité Jean de Saumur, donde según Husson estaba la casa de citas
de Mme. Anaïs. Primero pasa de largo y no se atreve a entrar en la calle.
Luego se vuelve y pasa por delante de la puerta de la casa de citas y se
sienta en un banco del parque. Por fin se decide, entra en la casa y empieza
a subir las escaleras.
Inserto de Séverine haciendo la primera comunión y negándose a
recibir la hostia.
Llama
a la puerta de Mme. Anaïs, modas. La madame le ofrece la mitad de lo que
saque. Séverine le expone que solo puede quedarse de 2 a 5. Mme. Anaïs le
pide que sea puntual.
Al
salir va a ver a Pierre y le pide que coma con ella, pero este no puede.
Séverine sube la escalera de Mme. Anaïs indecisa. Esta le comenta que no
creía que volviera porque se había ido bruscamente. Cuelga la ropa. Mme.
Anaïs le ha puesto el nombre de Belle de jour porque solo vendrá de día. Le
entra miedo y no se decide a entrar en el cuarto donde están sus compañeras
Mathilde y Charlotte. Estas se fijan en la calidad de la ropa de Belle de
jour. Adolphe, que estaba charlando con sus compañeras, se fija en la nueva e
intenta desnudarla, pero Belle de jour le rechaza y sale de la habitación.
Mme.
Anaïs la obliga a ir y se da cuenta de que hay que tratar con firmeza a su
nueva pupila. Dentro de la habitación, Belle de jour vuelve a rechazar a
Adolphe, pero este le da una bofetada y la echa con violencia en la cama.
Entonces se entrega sin protestar.
Cuando
va a su casa echa su ropa interior al fuego, aunque luego intenta retirarla.
Oye que llega su marido y se mete en la cama. Tenían que salir esa noche,
pero Séverine le pide que vaya él solo y Pierre le contesta que se queda con
ella porque tiene trabajo atrasado.
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Plano del ángelus |
Exterior día: Manada de toros. Pierre le pregunta a Husson si
a los toros les ponen nombres. Luego componen el cuadro Ángelus de Millet. Séverine está atada y Husson le tira fango,
mientras la va insultando.
Séverine
vuelve a casa de Mme. Anaïs, después de varios días sin aparecer. Anaïs la
amenaza con echarla si no viene todos los días. Llega el ginecólogo con su
maleta. En el interior lleva ropa y varios utensilios. Mme. Anaïs la envía
con él, pero el cliente, que es
masoquista, no queda satisfecho con su actitud sumisa y es sustituida
por Charlotte. Mme. Anaïs la lleva a la habitación contigua y le hace mirar
por un agujero en la pared y ve como su compañera trata al ginecólogo.
Séverine se pregunta cómo se puede caer tan bajo.
Llega
un cliente asiático grueso con una caja de la que sale un extraño zumbido y
que asusta a sus compañeras. A ella no le importa y se va con él. Cuando el
asiático se ha marchado entra la asistenta en la habitación y al ver el
estado de la cama le señala a Belle de Jour que a veces debe ser terrible, y
ella con cara de felicidad le contesta que qué sabe ella.
Séverine está sentada en una cafetería. Llega el mismo
carruaje del comienzo de la película con los lacayos y el duque. Este se
sienta en la mesa de Séverine y le pide que le acompañe a su casa para una
ceremonia. El carruaje la lleva a su mansión, donde es introducida en un
ataúd para la citada ceremonia. El duque la llama "Hija mía", al
tiempo que se excita y se tumba debajo, mientras da la impresión de que se
masturba. Posteriormente el mayordomo la echa de mala manera bajo la lluvia.
Casa
de Séverine. Sale del baño y le pide a su marido acostarse en su cama. Le
menciona que cada vez le apetece más estar con él, que ya no le da miedo.
Husson
va a visitarla a su casa, pero no le recibe.
Séverine, Pierre, Husson y Renée sentados en una mesa en la
estación de esquí que apareció al comienzo de la película. Séverine y Husson
se ocultan debajo de la mesa y esta empieza a moverse.
Hippolyte
y Marcel, dos delincuentes, roban a un hombre en el ascensor de un edificio y
posteriormente van a casa de Mme. Anaïs. Hippolyte quiere quedarse con Belle
de jour, pero Marcel le pide que se la deje. En la habitación Belle de jour se
desnuda y Marcel al ver una mancha en su cuerpo piensa en irse, pero al final
se queda. Después de hacer el amor se confiesan que se gustan. Belle de jour
le ofrece dinero para que vuelva, pero le explica que no le hace falta.
Playa,
día. Tras unos días a la orilla del mar tienen ganas de volver a París.
Pierre la encuentra distraída y cree que quiere a alguien, pero Séverine está
más cerca de él que nunca.
Interior
de un bar: Marcel e Hippolyte están sentados en una mesa. Llegan dos hombres que
le pasan droga a Hippolyte. Marcel llama por teléfono y se pone contento al
saber que Belle de jour ha vuelto. Hippolyte le hace ver que está encoñado
con la chica.
Marcel
entra en la habitación de Belle de jour, se quita el cinturón dispuesto a
golpearla, pero ella le advierte que si le pega se irá y Marcel descarga su
ira contra un cuadro de la pared. Estaba enfadado porque se fue. Quiere verla
más a menudo y por la noche y ella le contesta que está bien con él, pero
quiere a su marido.
Pierre
y Séverine salen del hospital. Él está contento de verla alegre y le dice que
le gustaría que le diera un hijo. Pierre se queda mirando una silla de ruedas
que hay en el exterior.
Casa
de Mme. Anaïs. Llega Husson, que no se sorprende de ver a Belle de jour allí.
Le explica que quiere hablar con ella a solas. Tiene que obligarla Mme. Anaïs
porque Séverine no quiere quedarse con él. Belle de jour le hace saber a
Husson que le da asco. Le suplica que no le diga nada a su marido y le
confiesa que sin sus visitas a Mme. Anaïs no puede vivir. Husson le contesta
que lo que le atraía de ella era su virtud y ahora y no le atrae. Le confiesa
que no le dirá nada a Pierre y se va.
El mismo carruaje en el bosque. Pierre y Husson se van a batir
en duelo. (Las manos que cargan las pistolas son las de Buñuel). Séverine
está atada a un árbol y herida por el disparo de su marido. Este la besa.

Séverine
le dice a Mme. Anaïs que tiene que irse y le cuenta que seguramente no
volverá. Esta sospecha que Marcel la quiere para él solo y aquella se lo
confirma. Mme. Anaïs intenta besarla pero ella la esquiva. Cuando sale
Hippolyte la sigue.
Séverine
está en su casa. Marcel entra para exponerle que quiere volver a verla y ella
le contesta que no puede. Marcel le comunica que quiere pasar una noche con
ella y que esperará tres días, pero ella insiste en que es imposible. Entonces
Marcel le manifiesta que se queda, pero ante el ruego de Séverine se va, aunque
dándose cuenta de que se interpone su marido.
Exterior
día. Al salir de la casa Marcel le exige a Hippolyte que le deje el coche y
que se vaya. Espera a que aparezca Pierre y le dispara, después sale
corriendo con su coche, pero choca con otro y al intentar huir un policía le
dispara.
Interior
hospital. Le comunican a Séverine que su marido se recuperará.
Otoño. Interior. Pierre está sentado en una silla de ruedas
(como la que se quedó mirando antes), inválido. Desde el accidente Séverine
ya no sueña. Llega Husson para contárselo todo a Pierre porque le debe ese
favor. Cuando se va entra Séverine a la habitación. Unas lágrimas caen de los
ojos de su marido. De pronto se recupera y le pregunta a Séverine en qué
piensa. Se abrazan. Se oyen las campanillas.
Séverine sale al balcón
en primavera. En otro plano ve pasar el carruaje. Es otoño.
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