miércoles, 1 de octubre de 2014

Ensayo de un crimen, 1955

El proyecto  de realizar esta película partió del actor Ernesto Alonso. Él había sido alumno del dramaturgo Rodolfo Usigli, autor de la novela Ensayo de un crimen, y quería hacer trabajar juntos a Buñuel y a Usigli en una película en donde él sería el protagonista y su amiga Miroslava Stern la coprotagonista. Primero habló con Usigli para comprarle los derechos de su novela y después habló con Buñuel.
Buñuel dijo: Había una crisis económica del cine y el sindicato se decidió a producir películas en cooperativa. El actor Ernesto Alonso me dijo que podríamos filmar la novela de Usigli bajo ese sistema. Me interesaban algunos elementos del libro: la obsesión, la vocación de asesino frustrada. Empecé a adaptarlo en compañía del autor, pero dejamos de hacerlo a los quince días, porque Usigli no permitía la menor varia­ción de su texto. Cuando vio la película termi­nada se quejó en una asamblea del sindicato. Pero salí absuelto, porque en los créditos yo había puesto «Inspirada en...» O sea que no pretendía haber hecho una transcripción exacta del libro, sino una obra diferente que partía de él para desarrollar determinados elementos a mi manera.[1]

Archibaldo niño prueba el poder de la cajita
con la institutriz
La colaboración no funcionó porque ambos creadores tenían fuerte carácter y las ideas muy claras sobre lo que querían. A los quince días de trabajar en el guion Eduardo Ugarte, antiguo colaborador de Buñuel en su etapa de Filmófono, sustituyó a Usigli. Éste, por su parte, manifestó: “Buñuel no me quiso enseñar la película hasta que estuviera totalmente terminada, y ni siquiera pude verla antes del estreno...Mi desilusión fue completa. Esa no era mi novela. Luis se portó muy mal, y el pobre de Ugarte (colaborador de Buñuel en la adaptación) también. La falsificación llegó a tal punto que cambió, sin ninguna razón, el apellido de mi héroe –Archibaldo Burns[2]– por el de Archibaldo de la Cruz. Siempre ese instinto absurdo de recurrir a imágenes católicas, de la misma manera que hizo intervenir unas monjas, que mueren de una manera trágica y totalmente gratuita. Hay un Buñuel bueno y un Buñuel malo. Y a mí me tocó el Buñuel malo.”[3]
Es una broma, un divertimento. Mi primera intención fue la de crear una situación feliz tan absurda como las situaciones anteriores del filme.[4] En el extranjero ha gustado mucho más que en México. Y a mí no me atrae gran cosa. Quitando algunos momentos[5]...
Se comenzó a rodar el 20 de enero de 1955 en los estudios Clasa y en localizaciones del Distrito Federal (Chapultepec, Coyoacán y Las Veladoras, entre otros sitios. Tuvo una premier el 3 de abril en el cine Palacio Chino y se estrenó el 19 de mayo. Permaneció en cartelera 2 semanas.
La película se inicia hojeando el libro de Anita Brenner The wind that swept Mexico, sobre los días de la revolución mexicana de 1910. Una cajita de música deja oír un minué[6] que será el leit motiv de la película y se convierte en el hilo conductor de la misma, dotándola de ese aire de divertimento rococó y juguetón que estructura su ritmo interno.[7]
El filme se compone de dos relatos asumidos por el personaje en primera persona que se dirige a interlocutores (una monja y un juez) y tres cortas escenas asumidas por un narrador global. Archibaldo de la Cruz es un narrador fílmico delegado. Su primera intervención como narrador delegado se produce al comienzo del filme cuando cuenta (voz en off) a una monja un recuerdo obsesivo de su infancia y que explica la relación que el personaje establece entre el deseo erótico y la muerte. La segunda ocupa la mayor parte del filme y es la confesión de Archibaldo ante un juez de unos crímenes de los que cree ser el autor por el mero hecho de haberlos deseado. La disfunción entre la voz en off (imputada al personaje) y la visualización en imágenes de lo narrado, atribuible al mega–narrador provoca el efecto irónico en la película.
La muerte accidental de la doncella y la visión
de sus piernas marcarán para siempre a Archibaldo
Mientras la voz del personaje, en off y los diálogos que pronuncia, va en un sentido, la mostración y el encadenamiento de los planos va en otro distinto. Esto contribuye a explicar el hecho de que aunque en el aspecto verbal el filme esté constituido principalmente por un discurso ultraconservador, no sea éste el que oriente el sentido general del filme. Al contrario, es precisamente este discurso verbal el objeto mismo de la ironía. El tono grave que pone el narrador verbal en sus palabras es banalizado por la cámara que filma de manera neutra, sin efectismos: ni la imagen, ni la música, ni los efectos sonoros le ayudan. El filme rompe continuamente con las expectativas que el género sugiere...Los personajes parecen ridículos, no por lo que dicen, sino porque lo dicho está en completa disonancia con lo representado, poniendo al desnudo unas normas sociales que aparecen en completo desajuste con la realidad que pretenden regir.[8]
Archibaldo no es un psicópata, sino más bien un hombre a quien las cosas no le resultan, o le resultan mal. El desea asesinar, pero alguien se le ade­lanta en hacerlo, o las víctimas se mueren an­tes. Es un hombre bastante cuerdo, pero quiere realizar su sueño, su obsesión, como otros quieren escalar los Alpes o lograr la más exqui­sita planta de jardín. La cajita de música libera su imaginación, lo hace volver a su infancia, a ciertas relaciones agradables en relación con la muerte de otra persona...La música de la cajita excita a Archibaldo porque está ligada a un recuerdo infantil de erotismo y muerte, a aquella ocasión en que vio caer muerta a su institutriz, con los muslos ensangrentados...[9]
Fin del primer flashback: el protagonista
cuenta su historia a la monja
El terapéutico final feliz es todavía más explícito, y sería tan ingenuo fiarnos de la "curación" de Archibaldo como de la de Francisco de Él. En todo caso, poco feliz es un final que lo apea del mundo del deseo infantil para iniciarlo en el universo adulto de un vulgar burgués.[10]Archibaldo vive en un mundo fantasmagórico, donde el azar pareciera entrar en complicidad con él y aportarle las deseadas víctimas. Al final el hechizo se rompe y suponemos que Archibaldo va a encontrar en Miroslava a la verdadera mujer y no un mero pretexto para sus delirios. Pero nada nos dice que sea incapaz de volver a sus simulacros. En Buñuel nunca se dice la última palabra acerca de nada, la realidad se reserva siempre otra versión de las cosas.[11]
Me han criticado mucho ese «happy end». Pero es un poco como el final feliz de Susana. Archibaldo tira la cajita de música al lago, se va caminando y encuentra a Lavinia. Su primer impulso —el instinto criminal— es matarla, pero se arrepiente, la toma del brazo y se van, felices. Ahora bien: el espectador puede pre­guntarse qué va a suceder con Lavinia. Posible­mente Archibaldo la mate, una hora después. Porque en realidad nada indica que él haya cambiado.[12]
La escena final no está impuesta ni por la censura ni por el productor. Está en mi guion. Así lo quería yo. El final feliz arbitrario fue idea mía. Se trata de un scherzo.[13]
Ensayo de un crimen es una de las más brillantes comedias surrealistas de su autor. El film bien podría catalogarse como réplica paródica al ciclo psicoanalítico que impuso Hollywood en los años de la segunda posguerra mundial. El uso de la música de órgano, típica de muchos films de misterio, y la estructura de flashbacks adoptada, muy propia de aquel género, contribuyen a reforzar esta catalogación.[14]

Comienzo del segundo flashback: Archibaldo
cuenta sus "crímenes" al juez
El foco de la narración es la memoria y la imaginación del narrador-protagonista. De ahí que en su historia queden desdibujadas las fronteras entre lo vivido y lo imaginado, la realidad exterior y la visión subjetiva...Buñuel apunta ya a las películas de su plena madurez, como Belle de jour y El discreto encanto de la burguesía, en las que las susodichas fronteras se diluyen por completo...Su ruptura formal va también acompañada de toda una subversión de los tópicos freudianos del cine comercial de la época: se trata de una auténtica inmersión en la psicología de la profundidad. Su protagonista, Archibaldo, es un personaje sadiano, casi una personificación del propio Marqués de Sade.[15]
Archibaldo, como tantos otros héroes de Buñuel, se pasa toda la película intentando realizar algo que nunca consigue llevar a cabo. Curiosamente se unirá a Lavinia, la única mujer, entre las muchas que desfilan por la película, a la que ha logrado matar –personificada en la maniquí.[16]
Archibaldo es un frustrado en cier­tas relaciones suyas con la realidad. Casi todas. mis películas tienen ese tema: la frustración: Burgueses que no pueden salir de una habitación, gente que quiere cenar y todo se lo impi­de, un tipo que desea asesinar pero sus crímenes fallan. La frustración aparece ya desde Un perro andaluz: el hombre va hacia la mujer, pero las cuerdas con los objetos atados a ellas le impiden el avance. En la escena del jardín de La Edad de Oro los amantes no pueden ni siquiera besarse. Es la distancia entre el deseo y la realidad. Intentar y fracasar.[17]
Es una farsa llena de agrio humor de Buñuel, pero siempre inquietante y fascinadora. Durante la infancia del protagonista, en el momento en que sonaba la caja de música, un tiro disparado desde la calle alcanzó a su institutriz, que cayó muerta, con las ropas revueltas, mostrando las turgentes piernas enfundadas en medias negras.

La melodía de la caja le arrebata.
Ese momento es para Archibaldo de una plenitud tal que tratará de recuperar su equívoco sabor a lo largo de toda su vida... Archibaldo vive sólo de sus ficciones. Dar muerte al otro será su manera de comunicarse, de entrar en contacto con el ser amado y deseado...Por otro lado, todos sus crímenes son inciertos, hipotéticos, quizá no realizados nunca, quizá meros productos del azar objetivo. Buñuel juega deliciosamente con esta ambigüedad...
En realidad Buñuel deja a su personaje en el misterio y renuncia a explicarlo, porque le interesa el carácter profundamente humorístico y liberador de sus actos con respecto al contexto social en que se producen...
Buñuel no cae en conformismos, y el final de su film, con Archibaldo alejándose hacia la felicidad del brazo de Miroslava, es uno de los más espléndidos finales de la historia del cine...[18]
Archibaldo quiere matar...Posi­blemente matar lo libere desde el punto de vista sexual, pero si llegara a matar realmente, no se sabe lo que haría a continuación. Es un asesino. Pero evidentemente, también le gusta la frustración, la adora. Busca matar a una mujer y falla. Intenta matar a otra y vuelve a fallar. Se diría que desea fallar, para volver a intentar. ¿Lo hace por liberarse? Quizá lo haga por todo lo contrario. Sé que esto parece oscu­ro. A mí me atrae la oscuridad en un personaje. Si ustedes intentan construir un personaje muy racionalmente, ese personaje no tendrá vida. Debe haber una zona de sombra.[19]
Es todo un homenaje del realizador a uno de sus autores preferidos: el Marqués de Sade. Buñuel, con su peculiar sentido del humor, nos presenta una de sus ideas cardinales, la inocencia de la imaginación, y rinde un homenaje a Sade, que sólo cometía crímenes con la imaginación.
Final de la película. ¿Qué ocurrirá con Lavinia?
Esta película tuvo un gran éxito en Francia y otros países y provocó un giro en  la carrera de Buñuel, al abrirle el camino de las coproducciones con Francia.
Para ver La adaptación cinematográfica de Ensayo de un crimen

[1] Tomás Pérez Turrent: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 93
[2] A R. Usigli le falló la memoria cuando hizo estas declaraciones. El nombre del protagonista de la novela es Roberto de la Cruz, es decir, Buñuel mantuvo el apellido, pero conservó el nombre.
[3] Rodolfo Usigli en Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág. 406
[4] En: Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 197
[5] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.:120
[6] Rodolfo Usigli indica en su novela, que la música que se escucha en la caja de música es el vals El barón rojo, de Émile Waldteufel, después de haber tachado Los patinadores en al manuscrito de la obra, pero muy posiblemente el título sea inventado, porque no hay forma de localizarlo. Otra posibilidad es la señalada por la esposa del novelista, quien indica que la música que se oye en la película es del compositor mexicano Enrique Martínez.
[7] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 197
[8] Gastón Lillo: Género y transgresión: El cine mexicano de Luis Buñuel. Co*textes, nº 26, 1994, Pág. 93
[9] Tomás Pérez Turrent: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 93-94
[10] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 198
[11] José de la Colina, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, VI. Pág. 29
[12] Tomás Pérez Turrent: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 96
[13] En: Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 197
[14] Roman Gubern: Cine Español en el exilio. Lumen, 1976, Pág. 129
[15] Víctor Fuentes : Los mundos de Buñuel. Akal, 2000, Pág. 94
[16] Carlos Barbachano: Buñuel. Salvat, 1986, Pág. 158
[17] Tomás Pérez Turrent: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 95
[18] Jacques Doniol-Valcroze, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, VI. Pág. 31
[19] Tomás Pérez Turrent: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 95

No hay comentarios:

Publicar un comentario