lunes, 22 de septiembre de 2014

La política en las películas de Luis Buñuel

Aunque Buñuel  dijera ¿Has visto alguna vez política en mis películas? Nunca. No hay en ellas nada político[1], la verdad es que no estoy de acuerdo con su afirmación. Hay política en la mayoría de sus películas e incluso algunas son claramente políticas.
Buñuel es un cineasta de izquierdas que ha expresado en sus películas sus opiniones políticas. Su cine tiene un carácter crítico frente a la autoridad y las estructuras y valores de nuestra sociedad.
La edad de oro. Nunca volverá a atacar a la
burguesía de forma tan virulenta
En todas sus obras elude las definiciones fáciles y las categorizaciones obvias. Siempre en la izquierda, él no es un marxista, sino más bien un anarquista aristocrático en una tradición entroncada con Sade que pretende, no tanto el cambio, sino la autenticidad...No piensa que la liberación es posible en este mundo. Su intención es más limitada y al mismo tiempo más subversiva, lo que pretende es ayudar a que su público viva dentro de la autenticidad, siendo sinceros consigo mismos y emancipándose de los sistemas de valores falsos que sofocaban a Viridiana, a Nazarín y a Tristana. Estos personajes finalmente consiguen su liberación aceptando la naturaleza real de sus personalidades ambiguas y contradictorias y actuando según la realidad compleja del mundo cruel en el que vive el ser humano.[2]
En toda su obra (incluso en algunas de sus películas “alimenticias”) es evidente que más allá del problema puramente individual y psicológico se plantea el de la situación del hombre con respecto a la estructura social, su situación de lucha por el amor y la libertad con respecto a las trabas impuestas en nombre de una moral cuidadosa antes que nada de las apariencias y las convenciones. Sus personajes son todos víctimas de ese orden rígido del que algunos pocos logran escapar gracias a su rebeldía, mientras que los otros se debaten inútilmente, encadenados, pero sin escoger el grito rebelde, consciente y liberador.
Buñuel no ha dejado de tomar partido por el hombre desenmascarando las relaciones de fuerza que existen en la sociedad. Los hombres dominados, encadenados por los prejuicios, esos mismos prejuicios o principios cuidadosamente cultivados por quien corresponde son su preocupación. El ejército, la policía, la Iglesia, por el orden y contra el hombre. Buñuel no deja de mostrárnoslo cuando tiene oportunidad.[3]
El ángel exterminador. El anfitrión le dice a
su esposa: "Pongámonos a su nivel"
Buñuel no finge, no inventa nunca un mundo en el que pareciera deseable vivir; simple y honestamente se limita a retratar y luchar por sus singulares vías contra éste que se nos impone, El combate entre la moral y los deseos se da inseparablemente en cada individuo y en las relaciones entre individuos...[4]
Buñuel cuenta historias que van al eje del entramado social. Historias de luchas de clases, de enriquecidos y empobrecidos, de encadenados a la moral, la religión o a cualesquiera relaciones de Poder; de engañados y sometidos por el ideal, de condenados a la constante frustración y a la muerte. Es contando éstas como, de cuando en cuando, con cuanta más libertad con más regularidad, deja que aquellos sentimientos broten por entre los goznes e hilados de la historia.[5]
Dentro del contenido político de sus películas, algunos temas son tratados con más frecuencia que otros. Destaca sobre todos su permanente ataque a la burguesía.
La moral burguesa es lo inmoral para mí, contra lo que se debe luchar. La moral fundada en nuestras injustísimas instituciones sociales, como la religión, la patria, la familia, la cultura; en fin, los llamados "pilares" de la sociedad... No tengo las pretensiones de querer cambiar el mundo; sé que lo mío es estéril, pero me ayuda a iluminar un poco más mis películas... no puedo traicionarme a mí mismo...[6].
En la mayor parte de su filmografía subyace un ataque a la clase social a la que pertenecía el realizador. Proviene tanto del sustrato anarquista español, como de su formación surrealista en París. Buñuel siempre odió a la burguesía y la convirtió sistemáticamente en diana de sus invectivas. La desprecia por ser raquítica en lo emocional, apática e injusta. Denuncia y expone en sus películas las trampas de los valores burgueses que para él son absolutamente inmorales, ya que tratan de crear la ilusión conformista de que vivimos en el mejor de los mundos posibles.
El discreto encanto de la burguesía. El chófer nunca
será capaz de apreciar los placeres del burgués
Lo esencial de la reivindicación de Buñuel se podía resumir en dos palabras: libertad y amor. Esto no es propiamente marxismo. Buñuel, como español prototípico, no es un teórico sino un vitalista; no un disciplinado sino un guerrillero. Su lucha contra el orden burgués absolutamente independiente y autónoma. Por eso, los tipos escogidos para representar su destrucción, no se identifican con ningún partido concreto. Sí, en cambio, los que representan el orden que hay que dinamitar. La fustigación contra la burguesía es inmisericorde, pero se realiza sin recurrir a ningún ideario.[7]
Veamos algunos ejemplos en sus películas:
·       Ensayo de un crimen: El dependiente de la tienda donde se vende la caja de música le dice al protagonista:"Decente y pobre es peor que granuja y rico.” En otro momento de la película Archivaldo le cuenta a la monja, el placer que sintió al creer que su institutriz había muerto por obra suya: "Sí, era placer, el placer de sentirse poderoso. Usted ignora que esto es una debilidad muy humana.”
·       El discreto encanto de la burguesía, Para probar la diferencia de clases Thévenot le da al chofer de Rafael un martini para que se lo beba, éste lo hace de un trago, lo que provoca comentarios de reprobación de los burgueses: "Ningún sistema podrá dar jamás al pueblo el refinamiento deseado, no obstante, ya me conocéis, y no soy un reaccionario.”
Ensayo de un crimen: el placer de sentirse poderoso
·       El ángel exterminador ocurre algo parecido, cuando una burguesa le comenta a sus amigas el sueño que ha tenido sobre la muerte de cientos de obreros en un descarrilamiento de tren: "Ana: Debo ser insensible porque no me conmovió el dolor de aquellos infelices. Silvia: ¿Insensible? Y se desmayó usted al desfilar ante el cadáver del príncipe Luttar. Ana: No compare usted, ¿cómo podía quedar nadie indiferente ante la grandeza en la muerte de aquel admirable príncipe que fue nuestro amigo?[8]
·       El más preciso ejemplo del poder del fuerte, se encuentra en Los ambiciosos, cuando el gobernador dice: "¿Cree que soy celoso? La naturaleza me ha ahorrado este ridículo, sólo me ha dado un medio de obtener lo que deseo: ¡Tomarlo!”[9]
Esa insensibilidad hacia el prójimo, más aún si se trata del pueblo, es una de las mayores impugnaciones que le hace Buñuel a la burguesía y ya lo denunció en La edad de oro en diferentes momentos de la película: el guarda que mata a su hijo, la camarera que sale de la cocina ardiendo, el carro que pasa por en medio de la fiesta, etc. En los años posteriores Buñuel no atacará a la burguesía de una forma tan virulenta y abierta, sino de forma más insidiosa. No podemos olvidar que Buñuel realiza sus filmes antiburgueses y anticapitalistas,  y que son proyectados en el mundo entero, financiados con el capital burgués. Rebelde intransigente y lúcido, ha descubierto que la más grande libertad para comunicar sus ideas y fantasmas, puede ser encontrada en el corazón mismo del sistema. Aprovechándose de los resquicios y las contradicciones de la economía de mercado, ha conseguido adquirir un mayor control sobre sus películas, que otros muchos que presumen de ser autónomos.[10] Ataca las normas solamente desde los márgenes, ya que disfruta, cuando puede, de los privilegios de su clase.[11]
Así es la aurora: el médico se identifica con el pueblo
Otro tema tratado frecuentemente por Buñuel en sus películas es el de la revolución. Entendida esta como fórmula única de acabar con una sociedad podrida, siempre está frecuentemente presente en los films de Buñuel. Revolución, como solución social a la existencia de una sociedad injusta y perniciosa para el individuo, ya que una sociedad que reprime los deseos de los hombres es una sociedad que hay que destruir. [12]
Lo anterior no quita para que Buñuel no crea en el éxito de la revolución. Los casos en que el débil se rebela contra el fuerte, terminan en fracaso: en Así es la aurora, Sandro se rebela contra su patrono y termina suicidándose y en La muerte en este jardín, la insubordinación de los buscadores de diamantes fracasa.
La revolución aparece en bastantes de sus películas: la secuencia de la llamada telefónica de La edad de oro estaba montada a partir de imágenes de archivo mostrando una escena de multitud rompiendo una barricada policial. Los fusilamientos se oyen bajo las ventanas del Archibaldo niño (Ensayo de un crimen), La revolución estalla en La muerte en este jardín y retumba en Los ambiciosos. La catedral de El ángel exterminador está rodeada de amotinados. La policía carga contra los obreros en Tristana. Una joven terrorista quiere asesinar al embajador de Miranda en El discreto encanto de la burguesía y el zoo es invadido por las fuerzas de la represión en El fantasma de la libertad. Una explosión devastadora borra la imagen en la última secuencia de Ese oscuro objeto del deseo.[13]
La muerte en este jardín: la rebelión fracasa
Al margen de que la crítica de Buñuel a las instituciones y a la burguesía aparezca en la mayor parte de sus películas, tiene algunas que son claramente políticas, como es el caso de las tres coproducciones con Francia que realizó en los años cincuenta: Así es la aurora, La muerte en este jardín y Los ambiciosos. En ellas aparece un nuevo formato de héroe revolté, fruto de un compromiso entre comunista y existencialista, por citar referencias de época. En realidad, constituyen una distorsión transitoria del compromiso moral que siempre pesó en él como consecuencia de su percepción y concepción del surrealismo...Pero, vista con una intención más alerta y piadosa, esa trilogía supone una reorientación de su trabajo dentro de unas resbaladizas coordenadas, malogradas por los cócteles de guionistas (hasta 6 tiene Los ambiciosos) y la propia incomodidad en la que debió sentirse Buñuel ante tomas de partido precocinadas, unidireccionales y tan sutiles como una coz de mula.[14]
Al volver a Francia parece rebrotar ese deseo de prescindir de lo superficialmente surrealista para reforzar el otro elemento más puramente político, y de ahí surge el héroe positivo del estilo del Valerio en Así es la aurora. A éste se confía la misión de incorporar al interior de la película, encarnándolo en un personaje, ese espíritu de revuelta que antes se suponía proyectado hacia el exterior en beneficio del espectador.[15]
Los ambiciosos: la dictadura sudamericana
La muerte en este jardín y Los ambiciosos son un estudio de la moralidad y de las tácticas de la revolución armada contra una dictadura de derechas. Parafrasean, obviamente, las circunstancias políticas de varios países latinoamericanos.[16]

Todo lo anterior podemos resumirlo diciendo que el cine de Buñuel tiene, un carácter cuestionador, crítico, rebelde frente a las estructuras y valores de la sociedad en la que vivimos.
Para ver La ideología política de Luis Buñuel


[1] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985,  Pág.:122
[2] Elena Gascón-Vera: La imaginación sin límites: Sade en Buñuel. En: Turia, nº 26. Pág.: 163
[3] Manuel Michel, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, VII. Pág.: 113
[4] Xavier Bermúdez : Buñuel: espejo y sueño. Ediciones de la Mirada, 2000, Pág.: 29
[5] Xavier Bermúdez : Buñuel: espejo y sueño. Ediciones de la Mirada, 2000, Pág.: 65
[6] Elena Poniatowska: Entrevista con Luis Buñuel. Pág.:86
[7] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Edicusa, 1973, Pág.: 115
[8] Manuel López Villegas: Sade y Buñuel. Instituto de Estudios Turolenses, 1998, Pág.: 151
[9] Manuel López Villegas: Sade y Buñuel. Instituto de Estudios Turolenses, 1998, Pág.: 153
[10] Maurice Drouzy: Luis Bunuel architecte du rêve. Lherminier, 1978, Pág.:
[11] Elena Gascón-Vera: La imaginación sin límites: Sade en Buñuel. En: Turia, nº 26. Pág.: 158
[12] Antonio Castro : Evolución y permanencia de las obsesiones en Buñuel.En : Obsesión es Buñuel. Pág.: 340
[13] Raymond Lefèvre: Luis Buñuel. Edilig, 1984, Pág.: 42
[14] Agustín Sánchez Vidal: Del Surruralismo al Oscar, pasando por el tercer cine. En: Nickelodeon, nº 13, Invierno 1998,  Pág.: 14
[15] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág.: 238
[16] Raymond Durgnat: Luis Buñuel. Fundamentos, 1973, Pág.: 103

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