jueves, 18 de septiembre de 2014

El río y la muerte, 1954

Es sobre la muerte a la mejicana, esa "muerte fácil"... Cuando un hombre muere, la gente fuma y bebe pequeños vasos de alcohol... La vida es muy poca cosa, la muerte no cuenta. En la película hay siete muertos, cuatro entierros y no sé yo cuántos velatorios fúnebres[1].
Inspirado en la facilidad con que puede uno asesinar a su prójimo, la película contenía gran número de asesinatos aparentemente fáciles e, incluso gratuitos... Sin embargo la mayoría de los sucesos que cuenta  esta película son auténticos y pueden, de paso, permitir, echar un interesante vistazo a este aspecto de las costumbres mexicanas.[2]
La mayoría de los sucesos que cuenta esta película son auténticos y pueden, de paso, permitir echar un interesante vistazo a este aspecto de las costumbres mexicanas...Hay países en este continente en los que la vida humana –la propia y la ajena- tienen menos importancia que en otras partes. Se puede matar por un sí, por un no, por una mala mirada o, simplemente "porque tenía ganas."[3]
Comienza el rodaje el 25 de enero de 1954 en los estudios Clasa y fue el más corto de su filmografía, dos semanas. Estreno el 28 de febrero de 1955 en el cine Orfeón.
En Santa Bibiana la vida vale poco
Era una novela de "mensaje so­cial". No la elegí yo. Me la propuso Clasa Films a través de Mauricio de la Serna, y el autor, Álvarez Acosta, no vendía el libro si no se respetaba su tesis. Además, corrigió la adaptación que escribimos Alcoriza y yo. Por pri­mera vez en mi vida dirigía una película "de tesis" y me remordía la conciencia. Y la tesis era muy discutible; algo como esto: "Si todos los hombres fueran a la Universidad, habría menos crímenes". ¡Imagínense! Lo que en realidad me interesó del libro fue ese elemento de falta de respeto a la vida humana. Desde el comienzo de la película, en un bautizo, dos compadres se matan por una bagatela, que para ellos es una cuestión de honor. Luego las muer­tes vienen en serie. Me interesó mostrar una costumbre auténtica de la costa de Guerrero: Cuando alguien ha sido asesinado, el cadáver es llevado sucesivamente a las casas de los parientes y los amigos, donde los del velatorio van tomando copitas. Luego, llevan el ataúd frente a la casa del asesino, que ha huido, y los deudos gritan: "¡Que salga el tal por cual! ¡Va a pagar esta muerte!" Y comienzan las venganzas en cadena entre las familias.[4]
La película está basada en la novela Muro blanco sobre roca negra[5] del novelista Manuel Álvarez Acosta. Parece ser que el autor de la novela movió los hilos para que fuera Buñuel quien dirigiera la película,[6] lo que no impide que posteriormente exigiera que las tesis de su libro fuese respetada y enmendó el guion de Buñuel y Alcoriza.[7]
Como no he podido conseguir la novela, a continuación resumo el argumento de la película:
Rómulo Menchaca visita a Gerardo Anguiano
En el pueblecito costero de Santa Bibiana todos los hombres llevan pistola y el menor malentendido puede causar una muerte. El joven médico Gerardo Anguiano (Joaquín Cordero), nacido en ese pueblo, está hospitalizado en la Ciudad de México, metido en un pulmón de acero. Otro santabibianense, Rómulo Menchaca (Jaime Fernández), que tiene que cobrar una antigua venganza familiar, lo visita para ver si es verdad que está tan enfermo como para no poder enfrentarse a él. Le reta a que, cuando se recupere, vuelva al pueblo para enfrentarse en duelo. Gerardo, a través de un flashback, explica la cadena de venganzas entre las familias Anguiano y Menchaca. Felipe Anguiano (Miguel Torruco), novio de Mercedes (Columba Domínguez), se ha visto obligado a matar a Filogonio Menchaca (Jorge Arriaga) y a huir al desierto cruzando el río. Felipe vuelve secretamente al pueblo y se casa con Mercedes. Polo Menchaca sorprende a Felipe y lo mata. Las venganzas se suceden. Gerardo es hijo de Felipe. Fin del flashback. Gerardo vuelve al pueblo y todos, incluso su madre, esperan que cobre venganza de la muerte de su padre. Cuando parece inevitable el duelo de pistolas entre Gerardo y Rómulo, los dos se abrazan y ponen fin a la historia de sangre entre clanes familiares.
La película, al igual que algunas otras suyas rodadas en México, tiene una introducción de tipo documentalista y un colofón, al modo en que ya lo hizo en su anterior película La ilusión viaja en tranvía. Algunos estudiosos de la obra del realizador, incluyen estas dos películas, junto con Subida al cielo en una trilogía que trataría las costumbres del pueblo mexicano.
El ataúd del muerto es pasado a la otra orilla del río
Si nos fijamos en el título de la novela de la que parte Buñuel: Muro blanco sobre roca negra, es una metáfora y un resumen del argumento. "Muro blanco" haría referencia a Gerardo Anguiano (la civilización) que al final de la película se impone sobre la "roca negra" de Rómulo Menchaca (la barbarie). La tesis del autor, Álvarez Acosta, era que el progreso, la educación, podría acabar con la ancestral violencia. Si Buñuel no es partidario de las tesis en sus películas, mucho menos de esta.
El río y la muerte nos ofrece, cosa rara, una verdadera lección de moral, humorística pero precisa, humanamente localizable y geográficamente delimitada: la película se dirige a los mexicanos cuyo “machismo”, ese sentido del honor,...condiciona la existencia...Buñuel, por una vez, se acomodó a las necesidades didácticas de un discurso directo, inteligible de inmediato para el público popular mexicano, apenas concernido por esa apología de la conclusión francamente predicante...Mostrar es la gran fuerza del cineasta, y demostrar, él lo sabe, no añade nada...
Tal como es, El río y la muerte tiene el mérito de poner el acento sobre una de las constantes del estilo buñueliano, mientras falla en esa regla de las demostraciones que guía a sus otras películas. Se puede decir que se trata de su película de encargo, en la medida en que las cosas mostradas dependen de una voluntad de edificación extraña a los escrúpulos ordinarios del autor...Abrumada por el peso de lo explícito, El río y la muerte es, por eso mismo, la única película ligera de Buñuel.[8]
Hasta el cura va armado en Santa Bibiana
El tono de moraleja liberal, con su condena del “machismo” mexicano, de las leyes del talión rurales y su secuela de muertes vengativas, no consigue aligerarse mucho con la acumulación de anotaciones marginales irónicas y con una brutalidad que aboca ya en lo grotesco... Es un film destinado a los mexicanos con su ancestral concepción sobre la inminencia y gratuidad de la muerte. Demasiado extraña para los europeos, es una obra con pasajes de gran belleza. Es también la obra con más preocupación plástica de Buñuel.[9]
Es su película menos ambigua, la menos peligrosa. Al cineasta debía repatearle un héroe tan monolíticamente positivo, que desde su pulmón de acero lanza interminables sermones sobre su fe en la vida. La película por sus circunstancia más externas puede recordar un western.
A Buñuel no le quedó más remedio que fragmentar al edulcorado y moralizante personaje central mediante los flash-back, que terminan por engullir y triturar a ese médico tan lejano en sus planteamientos al de Así es la aurora. Pero ni ése ni otros recursos pueden ocultar su carácter de película fallida, ya que el autor de la novela, Manuel Álvarez Acosta, exigió que las tesis de su libro fuese respetada y enmendó el guión de Buñuel y Alcoriza.[10]
Es por eso que a Buñuel le hubiera gustado terminar la película de otra manera. Ese final tal vez era un poco forzado, poco verosímil; un final de "tesis". Mejor hubiera sido hacer que se mataran todos a tiros y en lugar de poner "Fin", poner "Continuará", o "Más muertos la próxima semana".[11]
El muerto "visita" la casa del que lo ha matado
Lo que permanece de la película es su fuerza como testimonio documental antropológico. El gran documentalista dramático que siempre fue Buñuel, aprovecha la coyuntura para ofrecernos, por medio de esas absurdas muertes entre las dos familias, unas imágenes impresionantes del pueblo mexicano y de sus lacras sociales.[12]
La muerte, los funerales, las llamadas a duelo y, sobre todo, la visita con ataúd a la casa donde se refugia el asesino quedan como imágenes de una antología ideal, una antología negra que se cierra con ironía, con un cura armado de revólver para predicar la paz.[13]
Es una de las películas peor entendidas de Buñuel. Debido a que su lenguaje, situaciones y registro son los de la clase trabajadora del México rural y a que Buñuel ha dosificado el cáustico humor que suele asociarse con su arte.[14]
Buñuel tiene la facultad de apegarse a la historia cuando corresponde a las ideas del realizador, y de tomar, por el juego del humor, una distancia crítica cuando la buena vieja moral y el melodrama a la mexicana hacen su aparición...De cualquier modo los conocedores de la obra de Buñuel reencontrarán sin dificultad el universo de sus grandes films, el anticlericalismo, el humor, la manera de aproximarse a las cosas, una pintura sin concesión del alma humana, de ninguna manera incompatible con una gran ternura.[15]
Si bien hay rasgos de humor, no es una comedia. Aunque me sentía molesto con el corsé de la tesis, no traté de burlarme del argumento. Cuando me lanzo a hacer una película, lo hago a fondo y no pretendo hacer guiños de complicidad con el espectador.[16]
El final reconciliatorio no le gustaba a Buñuel


[1] André Bazin y Jaques Doniol–Valcroze: Conversación con Luis Buñuel. En: El cine de la crueldad, Mensajero, 1977, Pág.110
[2] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, Pág. 201
[3] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág.191
[4] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 91
[5] No he podido localizar la novela. En unos lugares aparece con el título señalado y en otros como Muro blanco en roca negra.
[6] John Baxter: Luis Buñuel. Paidós, 1994, Pág. 282
[7] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág.192
[8] Jean-André Fieschi, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, V. Pág. 248
[9] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.244
[10] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 192
[11] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 92
[12] Carlos Barbachano: Buñuel. Salvat, 1986, Pág. 156
[13] Edoardo Bruno. En: Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 192
[14] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel, Cátedra, 1991, Pág. 197
[15] Guy Gauthier, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, V. Pág. 249
[16] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 92

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