miércoles, 11 de diciembre de 2013

Buñuel y el Surrealismo

El surrealismo era una necesidad de la época; en contra… del orden establecido, de la moral anquilosada, de la retórica de todos los sentidos, de los viejos valores académicos. Los surrealistas opusieron el descaro a la convención, el escándalo a la moral burguesa, la burla sangrienta a la mentalidad achaparrada y mezquina. Nosotros, los surrealistas, decíamos que el talento no excusa nada, y que el hambre tampoco excusa nada...La revolución surrealista luchaba por una revolución mundial, la "revolution totale", mientras que Hegel y Marx querían la transformación de la sociedad. Nosotros poníamos el surrealismo al servicio de la revolución proletaria mundial...Los movimientos revolucionarios en el mundo se han enfrentado únicamente a las realidades materiales, económicas y políticas; la repartición de las riquezas entre grupos opuestos. Nosotros, los surrealistas, quisimos una revolución del pensamiento que condiciona la vida humana. ¡Atacar el espíritu y no la materia! ¡Cambiar las bases sociales!...En el surrealismo sólo caben dos palabras: libertad y amor. Estos dos valores humanos siempre saldrán a flote...Comprendieron los surrealistas que no encajaban con el comunismo. Nosotros nos dirigíamos al espíritu, y una de nuestras armas principales era la poesía... Los surrealistas no podían llevarse bien con el comunismo y éste separó a todos los surrealistas del movimiento proletario, excepto a cuatro o cinco[1]...
Surrealistas: Buñuel 4º fila arriba
Yo no era surrealista cuando llegué a París, me parecía cosa de maricones. Leía sus cosas para reírme... acabó por metérseme dentro. En verdad yo no pertenecí al grupo hasta el veintinueve o el treinta[2].
Yo, español, había salido de Madrid en 1924 para escapar a la dictadura de Primo de Rivera y hallar la libertad en Francia. Al encontrar a los surrealistas había alienado voluntariamente esa libertad. La había sacrificado para ponerla al servicio de la causa que más me importaba en el mundo.[3]
A veces digo que el surrealismo triunfó en lo accesorio y fracasó en lo esencial... Reconocimiento artístico y éxito cultural que eran precisamente las cosas que menos nos importaban a la mayoría.  Al movimiento surrealista le tenía sin cuidado entrar gloriosamente en los anales de la literatura y la pintura. Lo que deseaba... era transformar el mundo y cambiar la vida. En ese punto –el esencial– basta echar un vistazo alrededor para percatarnos de nuestro fracaso.
De todos modos, durante toda mi vida he conservado algo de mi paso por... el surrealismo. Lo que me queda es, ante todo, el libre acceso a las profundidades del ser, reconocido y deseado, este llamamiento a lo irracional, a la oscuridad, a todos los impulsos que vienen de nuestro yo profundo... De nada de eso he renegado yo.
... Lo que conservo de aquellos años, más allá de todo descubrimiento artístico, de todo afinamiento de mis gustos y pensamientos, es una exigencia moral clara e irreductible a la que he tratado de mantenerme fiel contra viento y marea. Y no es tan fácil guardar fidelidad a una moral precisa... mi paso por el surrealismo me ha ayudado a resistir. En el fondo, acaso sea esto lo esencial[4].
André Breton: Cabecilla del movimiento
Por primera vez en mi vida, había encontrada una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas...
... el verdadero objetivo del surrealismo no era el de crear un movimiento literario, plástico, ni siquiera filosófico nuevo, sino el de hacer estallar la sociedad, cambiar la vida.[5].
El surrealismo me reveló que, en la vida, hay un sentido moral que el hombre no puede dejar de tomar. Gracias a él descubrí por primera vez que el hombre no era libre. Creía en la libertad total del hombre pero vi en el surrealismo una disciplina a seguir. Eso fue una gran lección en mi vida y también un gran paso maravilloso y poético.[6]
Desde luego (que me cago en todas las patrias). Y en la familia, y en la religión, y en las banderas, y en los partidos, y en España, y en la URSS[7].
El surrealismo no era para mí una estética, un movimiento de vanguardia más, sino algo que comprometía mi vida en una dirección espiritual y moral. No pueden ustedes imaginarse la lealtad que exigía el surrealismo en todos los aspectos[8]. No era para mí algo intelectual. Era una liberación, una verdadera explosión. Era la irrupción de lo irracional y del sueño en la realidad más banal. Ciertamente ha habido excesos, de los camelistas. Pero la idea me ha abierto las puertas de un universo nuevo. El surrealismo era exactamente lo que buscaba sin saberlo...[9]
Carta de Buñuel a Bretón 1
La única literatura, la única poesía que me gusta es la surrealista. La única pintura que me gusta es la surrealista... Sin embargo, cuando cierro los ojos, yo soy nihilista. De verdad. Un nihilista total,... pero cuando los abro, me doy cuenta de la imposibilidad[10]...
 Todo aquello que no ataque a la sociedad y las instituciones no es surrealista. Pero no de un modo burdo, como lo hace el realismo socialista. Todo debe estar disuelto, sutilmente. Mis raíces están, por supuesto, en el surrealismo, que influyó fuertemente en mí.[11]
El surrealismo fue, ante todo, una especie de llamada que oyeron aquí y allá, en los Estados Unidos, en España o en Yugoslavia, ciertas personas que utilizaban ya una forma de expresión instintiva e irracional, incluso antes de conocerse unos a otros. Las poesías que yo había publicado en España antes de oír hablar de surrealismo dan testimonio de esta llamada que nos dirigía a todos hacia París. Así también, Dalí y yo, cuando trabajábamos en el guión de Un perro andaluz, practicábamos una especie de escritura automática, éramos surrealistas sin etiqueta. Había algo en el aire, como ocurre siempre.[12]
Siempre he sido fiel a ciertos principios de mi época surrealista y éstos tienen que surgir, aunque yo no esté filmando una película cien por cien surrealista[13]. El que películas como Nazarín, Viridiana o Él sean tenidas por surrealistas se debe a que... la línea moral es surrealista[14].
Participé en las actividades del grupo surrealista hasta 1932... Además de las disensiones políticas, contribuía también a alejarme del surrealismo una cierta inclinación hacia el esnobismo de lujo que advertía en él... Poco a poco, dejé de asistir a las reuniones y salí del grupo con la misma naturalidad con la que había entrado en él. Sin embargo en el aspecto  personal mantuve hasta el final relaciones fraternales con todos mis antiguos amigos. Lejos de mí  las disputas, los cismas, los juicios de intención[15].
Carta de Buñuel a Bretón 2
Empezaba a estar en desacuerdo con aquella especie de aristocracia intelectual, con su radicalismo artístico y moral que nos aislaba del mundo y nos limitaba a un círculo restringido. Los surrealistas consideraban  a la mayoría de la humanidad despreciable o estúpida, por lo que se retraían de cualquier participación o responsabilidad y evitaban el contracto con el trabajo de los demás[16].
En 1953 declaraba Buñuel: Yo ya no soy surrealista porque no pertenezco a ningún grupo. La reacción surrealista correspondió a determinada realidad; ahora comprendo que no se puede enfrentar la realidad exclusivamente con el surrealismo. Pero, aunque ya no pertenezco a grupo alguno, la educación, la disciplina surrealista están en mí. El surrealismo fracasó como revolución –una revolución no la pueden hacer treinta y tres individuos-; pero se integró a la vida en general. El surrealismo no es algo inexistente que se agrega a la realidad, no inventa la realidad, la ve más completa; no es algo que haya que buscar, está ahí. La Academia nos acostumbró a pensar racionalmente, pero el hombre no es racional. Freud ha puesto al descubierto su condición de irracional. La razón es un elemento de contacto social, una cláusula de convivencia; pero el subconsciente existe; por eso hoy podemos afirmar que el surrealismo era lo que faltaba para completar nuestra visión de la realidad, ya que ésta encierra un sentido terrible y extraordinario que hay que descubrir. No soy un surrealista porque el surrealismo como escuela ya ha cumplido su cometido, ya ha dejado su huevo. Es una contribución al conocimiento humano y seguirá existiendo hasta el final del hombre. El surrealismo nació como fuerza del humor, se fundamentó en el humor como fuerza liberadora. Siendo el último elemento poético subversivo en la sociedad actual, y por lo mismo un producto de alta civilización, el humor forma parte de él, lo integra fatalmente. Pero no hay que confundir humor con ironía. La ironía es un elemento parcial, individual, aislado. Es decorativa, puede acentuar. Yo estoy contra la ironía. El humor es tremendo, violento y liberador. Es un escape para producir sensaciones subversivas y desagradables a través de la risa...Lo sentimental es lo contrario del humor. Los sentimental es conformista, agrada al hábito emocional de la gente. Todo el público entra por lo sentimental. El surrealismo, en cambio, es mezcla de ternura y crueldad. El surrealismo, y en esa mezcla justamente reside su calidad. La ternura en contraposición o apoyando la crueldad. Es una ternura que el público agradece porque la que espera es más oficial.[17]
Un perro andaluz
A diferencia de lo que mucha gente cree, Buñuel tardó bastantes años en unirse al grupo surrealista y su permanencia en él fue relativamente breve, pues abarcó unos dos años y medio... No haber estado nunca totalmente dentro del grupo facilitó que Buñuel pudiera quedar en buenas relaciones con la mayoría de sus componentes.
Hasta 1928 el surrealismo no había mostrado prácticamente interés por el cine...En febrero de 1929 Buñuel le envía una carta a José Bello en la que se refiere al surrealismo y en la que muestra su admiración por el movimiento: “El surrealismo no hace más que animar la realidad corriente con toda clase de símbolos ocultos, de vida extraña yacente en el fondo de nuestra subconsciencia y que la inteligencia, el buen gusto, la mierda poética tradicional, habían llegado a suprimir por completo. Por eso es tan  vital, está tan cerca de las fuentes primeras de la vida, del salvaje y del niño. Es una realidad auténtica sin deformaciones a posteriori.”[18]
“No puedes imaginarte lo que he cambiado y los progresos que creo he hecho sobre todo en el terreno de la moral y de la intransigencia.”[19]
En la entrevista que Dalí publica con el cineasta en....1929, ya Buñuel habla de la pertenencia de Dalí al surrealismo...y concluye que, pese a que no le convencen del todo los surrealistas, es lo más cercano, no artísticamente, pero sí vitalmente que ha encontrado de todo lo que conoce.
Ingresará en el movimiento tras el éxito de Un chien andalou y en 1931 empezará a alejarse del grupo, no de sus ideas.
Se afilió al Partido Comunista de España hacia finales de 1930 o enero de 1931. En 1932 se produjo la división interna del grupo y fue cuando Buñuel abandonó "oficialmente" el surrealismo.[20] El 6 de mayo de 1932 Buñuel le envía una carta a Breton, jefe de filas del movimiento surrealista, en la que afirmaba que convertirse en surrealista le había llevado además a convertirse en comunista. A partir de entonces colaborará con la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios.
La edad de oro
En Buñuel, la elección del surrealismo “no fue una mera elección estética sino algo mucho más profundo: una actitud ante la vida, una posición moral que presidía todos sus actos. Esto le permitió el apego irreductible a sus principios, no traicionarse ni traicionar a los otros jamás. Si su vida estaba regida por esta sólida actitud moral, no podía –y nunca pudo– burlar o traicionar a sus productores, quienes merecían un gran respeto por el solo hecho de arriesgarse invirtiendo en sus películas. Nunca, por ejemplo, simuló hacer un melodrama,…entregaba melodramas que se podían leer literalmente como tales, pero siempre había algo en ellos uno o varios subtextos y una profunda ironía."[21]
Buñuel defiende el surrealismo como un movimiento moral más que poético, y por eso mismo, destructor de toda tentativa formal...Esta concepción del surrealismo como entidad y actitud morales encuentra un complemento en su propia ética: Yo soy muy honesto en la práctica, pero muy impuro en la teoría, en mi espíritu. Mi espíritu es muy deshonesto, pero en la práctica, yo he sido siempre muy puro... [22]
La huella surrealista  surgirá de forma esporádica a lo largo de su carrera de cineasta. El esfuerzo, realizado no sin violencia enunciativa, aparece sobre todo (no podía por menos de ser así) circunscrito a las secuencias oníricas que se insertan en algunos filmes mejicanos y, también (y de manera especialmente llamativa) a la disposición o ensamblaje de ciertos elementos icónicos en el interior de determinadas planos, denotando una tenue ligazón con la poética implícita en su primera película.[23]
Nazarín
Un perro andaluz y La edad de oro son los dos filmes surrealistas de Buñuel en sentido estricto. Lo son tanto por su procedimiento de construcción –muy próximo a la "escritura automática"– como por su dispositivo escritural: escritura que renuncia a organizarse en discurso –si por tal entendemos un ordenamiento de la significación, una voluntad de sentido– y, mucho más, a devenir narración. Esta es la Regla de la poética surrealista: renunciar a todo orden del sentido para, a través del desorden del sintagma –pintura– o de su denegación en un absoluto fluir metafórico –poesía– liberar y expresar la fuerza del deseo.[24]
Cuando Buñuel afirma que la línea moral de filmes como Nazarín, Él, o Viridiana es surrealista, lo que está diciendo es que, aunque el relato se desenvuelve de modo causal y el encadenamiento de las acciones responde a una lógica narrativa convencional, la irrupción de las asociaciones obedece en ocasiones a una retórica irracionalista.[25]
El surrealismo de Buñuel viene, no solamente de su universo personal, sino que tiene también sus raíces en todo lo que hay de surrealista en España. En Buñuel hay también elementos surrealistas que vienen de sus relaciones con Dalí, con Lorca y, más tarde, de todas sus influencias parisinas, pero sin que Buñuel diga nunca: yo hago surrealismo.”[26]
La génesis cultural del surrealismo buñueliano estaría en:
·         Sus simpatías por el anarquismo, antesala natural del surrealismo.
·         Su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid.
·         Su frecuentación de las tertulias de Ramón Gómez de la Serna en el Café Pombo.
·         La religión.
Del surrealismo siempre acompañarán a Buñuel, en su obra posterior, tres de sus armas formidables:
Viridiana
·         El libre acceso a las profundidades del ser, reconocido y deseado (todo un llamamiento a lo irracional, a los impulsos que vienen de nuestro yo profundo),
·         Una exigencia moral clara irreductible,
·         El humor como fuerza liberadora.[27]
  


[1] Elena Poniatowska: Entrevista con Luis Buñuel. Pág.:84
[2] Luis Buñuel: Obra literaria. Pág.:54
[3] Luis Buñuel: Viridiana (Era). Pág.: 15
[4] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:120
[5] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:106
[6] André Bazin y Jaques Doniol–Valcroze: Conversación con Luis Buñuel. Pág.:112)
[7] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Pág.:80
[8] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Pág.:39
[9] A Michel del Castillo. Tomado de: Marcel Oms: Don Luis Buñuel. Pág.: 191
[10] Luis Buñuel: Obra literaria. Pág.:54
[11] Roxane Saint–Jean: Entrevista con Luis Buñuel. Pág.:60
[12] Daniel González Dueñas: Luis Buñuel: La trama soñada. Pág.: 11
[13] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Pág.:74
[14] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Pág.:67
[15] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:135
[16] Autobiografía de Luis Buñuel. Escrita en 1939. ¿Buñuel! La mirada del siglo. Pág.:291
[17] Declaraciones a Raquel Tibol en Novedades, noviembre de 1953. En, Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel (Cátedra). Pág.: 67
[18] Carta de Buñuel a José Bello desde París (17/2/1929). En: Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 197
[19] Carta de Buñuel a José Bello desde París (11/5/30). En: Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 246
[20] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 69
[21] Tomás Pérez Turrent en: AA. VV.: El ojo. Buñuel, México y el Surrealismo. Pág.: 12
[22] Ricardo Muñoz-Suay: Bunuel et quelques uns de ses apports surréalistes. Pág.: 173
[23] José Luis Téllez: Memoria de la arena. En: Surrealistas, surrealismo y cinema. Pág.: 156
[24] Jesús G. Requena: Notas para lecturas de filmes buñuelianos. En: La imaginación en libertad. Pág.: 57
[25] Vicente Sánchez-Biosca: Viridiana. Pág.: 52
[26] Ado Kyrou en Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Pág.:521
[27] Víctor Fuentes: Buñuel en México. Pág.: 23

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