domingo, 7 de junio de 2015

Mi último suspiro, 1982



No  es posible que se cuente una vida entera en un libro, se cuenta lo que interesa del pasado desde una realidad presente, perspectiva que además puede alterar los recuerdos, una selección que al final hace siempre de la narración una ficción.[1]

El mismo Buñuel insiste sobre ello al incluir en su libro el siguiente comentario:
La memoria es invadida constantemente por la imaginación y el ensueño y, puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos por hacer una verdad de nuestra mentira. Lo cual, por otra parte, no tiene sino una importancia relativa, ya que tan vital y personal es la una como la otra.
Edición original francesa
En este libro semibiográfico, en el que de vez en cuando me extravío como en una novela picaresca, dejándome arrastrar por el encanto irresistible del relato inesperado, tal vez subsista, a pesar de mi vigilancia, algún que otro falso recuerdo. Lo repito, esto no tiene mayor importancia. Mis errores y mis dudas forman parte de mí tanto como mis certidumbres. Como no soy historiador, no me he ayudado de notas ni de libros y, de todos modos, el retrato que presento es el mío, con mis convicciones, mis vacilaciones, mis reiteraciones y mis lagunas, con mis verdades y mis mentiras, en una palabra: mi memoria.[2]
Visto lo anterior no debe extrañarnos el comentario de Ian Gibson: "No es sorprendente que, dada la confesada falta de consultas de notas y libros, o sea, de documentación, y la constante posibili­dad de «falsos recuerdos» e incluso de mentiras, amén de olvidos y silencios deliberados, la cronología de lo narrado en Mon dernier soupir sea a menudo caótica… La verdad es que le daba más o menos lo mismo la estricta exactitud de lo narrado en Mon dernier soupir. Y a nadie, ni a él, ni al editor ni a Carrière, se le ocurrió comprobar nada en una heme­roteca."[3]
Mon dernier soupir, también conocido como las memorias de Luis Buñuel, fue publicado por primera vez en francés, por la editorial Robert Laffont en 1982. Poco después, y dentro de ese mismo año salió a la luz en español por la editorial Plaza & Janés con el título de Mi último suspiro. No fue una traducción muy afortunada:
 "El francés soupir y el español suspiro tienen la misma raíz latina y pueden ser semánticamente equivalentes, pero no es siem­pre el caso. La locución gala «rendre le dernier soupir» significa «exhalar el postrer aliento», no el postrer suspiro. Buñuel no era persona dada a los suspiros, todo lo contrario, y jamás se le habría ocurrido elegir para su autobiografía un título que implicara cual­quier lamentación final (o anterior) al írsele acercando la fecha fatal…Estamos ante el aliento final, el último momento, o, si se quiere, los últimos momentos, del cineasta, cuyo tiempo se va acabando. No ante un suspiro «terminal»."[4]
Sobre el origen del libro Jean-Claude Carrière señaló: "Escribir las memorias para mí ha sido una alegría fantástica. Pri­mero porque [Buñuel] no podía realizar películas y se aburría en México. Me fui allá, tomando como pretexto la filmación de Antonieta por parte de Carlos Saura, para verlo y ofrecerle la posibilidad de escribir un libro juntos. Habíamos tomado muchas notas, fueron dieciocho años juntos; pero me dijo: "No, no, las memorias me dan asco. Todo el mundo ahora escribe sus memorias. No, no y no"…
Para convencerlo un día escribí cuatro o cinco páginas del capí­tulo sobre los bares y los puros. Se lo enseñé al día siguiente. Lo leyó y me dijo: "Me parece que lo he escrito yo. Soy yo mismo, hablando, escribiendo. Son mis palabras, mi manera de contar, de hablar". Pen­samos un nuevo tipo de libro, no memorias, sino el retrato de un hom­bre en particular, de un individuo, a través de un libro concebido como una novela picaresca. De vez en cuando nos parábamos para hablar de otra cosa, dar la bienvenida otra historia, y etcétera, etcé­tera. Y eso lo convenció, totalmente."
 Y a partir de este primer capítulo, Luis decidió trabajar conmigo, tres o cuatro semanas en México. Cada mañana, como si fuera un guion. Había escenas del guion que yo conocía bien, y otras que no conocía, como el capítulo que trata la Guerra Civil española. Me había hablado de ello de vez en cuando, pero de forma fragmentada. Traté de preguntarle lo que pensaba y lo que sabía de la guerra.
Finalmente, lo escribí, lo leyó Luis, hicimos algunas correcciones, pero muy pocas. Lo que me parece es que el libro es un retrato bastante fiel de Luis, los amigos de Luis, los miembros de su familia que lo conocían bien, lo reconocían en los capítulos del libro, parece que el libro está bastante cerca, como si fuera su compañero.
Edición española
Según Carrière las razones que le llevaron a emprender el proyecto fueron dos: "La primera razón fue darle algo que hacer en sus últimos años…. La segunda razón fue que tenía muchas cosas que decir; o sea, la primera razón fue para él [Buñuel], y la segunda para nosotros, porque hay en el libro cosas que no están en sus películas, o si están se hallan escon­didas. El libro es como la coronación de la obra de don Luis. Yo sabía que encima de su trabajo como director y de su vida de cineasta tenía una personalidad tan tremenda que aún tenía cosas que decir. Exis­ten otros cineastas que son fantásticos, pero no saben hablar, no tie­nen más que decir sino sus películas. Con Don Luis yo sabía que era distinto, era otra cosa. Dentro de sí mismo tenía un libro fantástico y lo quería escribir."[5]
A la hora de analizar su libro hay que tener en cuenta que Buñuel, debido a la edad y a sus problemas con la vista no lo escribió personalmente, a excepción del primer capítulo que recoge su texto Recuerdos medievales del bajo Aragón. Carrière hablaba con él durante unas tres horas diarias y sin grabadora pues Buñuel las odiaba. Tomaba notas de lo que el realizador le contaba y luego le daba forma en su hotel. Buñuel leía el texto redactado y cambiaba algunas palabras si era necesario.
No sabemos hasta qué punto se implicó Buñuel en la redacción del texto, pero a juzgar por la gran cantidad de errores que tenía la edición original, y que pasaron a la española y sucesivas, no fue mucho.[6]
Antes de empezar directamente con el análisis del libro, quiero mencionar unas palabras de Carrière, que le conocía muy bien por haber trabajado con él tantos años: Buñuel era una persona a quien le encantaba tomarle el pelo a los demás…incapaz, a veces, de resistir la tentación de la jactancia o la mentira con fines encubiertamente desorientadores.[7]
A continuación e inspirándome un poco la metodología empleada por Javier Herrera en su libro Luis Buñuel en su archivo, voy a hacer un pequeño análisis de los contenidos del libro basándome en la importancia que le da el realizador a cada uno de sus apartados y películas. Para ello he pasado el contenido del libro a un procesador de textos, lo que me ha permitido contar fácilmente las palabras de cada apartado. Las cifras que se dan, debido a que a veces el texto mezcla contenidos, puede no ser totalmente exactas, pero de ninguna manera desvirtúa el resultado.
El contenido de Mi último suspiro se puede dividir en tres bloques:
·       El relato de su vida: 61,33% del contenido del libro.
·       Su obra: 17,94%.
·       Lo que podríamos llamar las reflexiones del realizador: 20,73%.

Edición inglesa
El relato de su vida ocupa la mayor parte del contenido del libro, como es natural en una biografía:   el 61,33% y se reparte así:
·       Infancia y juventud en Calanda/Zaragoza/Aragón: 12,21%
·       Madrid/Residencia de Estudiantes: 10,47
·       París/el surrealismo (1925-1933): 12,55
·       España/Francia 1931-36): 2,20
·       Guerra civil española: 8,79
·       América (sus dos estancias):10,96
·       México: 3,52
·       Vuelta a España: 0,63
El anterior reparto no guarda relación con el tiempo pasado en cada uno de los países donde Buñuel residió. El realizador vivió 83 años y los últimos 37 residió en México, es decir, casi la mitad de su vida ha sido reducida a unas pocas páginas de sus memorias y buena parte de esas pocas están dedicadas a hablar de las armas y la violencia. Esto ocasionó que en México no cayera demasiado bien su libro. Silvia Pinal declaró en una entrevista que no las terminó de leer y a Gabriel Figueroa, Alain Derbez le preguntó en una entrevista de 1983, recién aparecido el libro:
Y a todos estos amigos, a toda la gente que colaboró con Buñuel, ¿cómo los trató en su libro Mi último suspiro?
"No sé qué pasó. No sé si fue la interpretación de este señor Carrière. Tal vez porque Buñuel ya no estaba en condiciones de tener todo en la mente; yo creo que Luis no se dio cuenta de muchos de los capítulos, porque en realidad no son muy felices, sobre todo para sus amigos en general. Ahí afirma que el único amigo que tenía era Gustavo Alatriste. El trato que le da a Alcoriza es injusto. Él lo quiso mucho, fue un gran amigo, un colaborador. Yo creo que fue la interpretación de este señor, a quien no conozco. El libro quita toda la generosidad de Luis Buñuel; todo el cariño que le dio esta tierra está fuera del contexto del libro. Mucha gente comparte conmigo esta opinión."
Lo dicho, no gustaron demasiado. Se olvidó de la gente de ese país. Sin embargo, si uno lo piensa un poco tiene su "lógica", si lo que se pretendía era hablar de los fundamentos de la obra del realizador. Buñuel llegó allí a los 46 años, cuando era un hombre completamente formado. Si uno mira las cifras anteriores verá que la mayor parte del contenido del libro en este apartado se dedican a sus vivencias en España y Francia. Son los años que condicionaron toda su obra: su tierra aragonesa, las relaciones con sus amigos, la cultura española y el surrealismo. Es lo que forma la base de su obra y lo que más le interesaba. En México se rodeará de exiliados, que según las declaraciones de sus hijos siempre terminaban hablando de la Guerra Civil. Estos con algunos intelectuales y otras personas de su profesión serán su círculo de amistades, durante su estancia en México. Pero la verdad es que no fue muy justo con sus amigos de mexicanos.
Por otro lado hay que decir que Buñuel no aporta nada nuevo a lo que ya sabíamos. Hace lo mismo que había hecho a lo largo de su vida en sus diferentes declaraciones: no habla de la familia y sigue con sus mentiras (no perteneció al Partido Comunista, sus amores eran platónicos, no habla de lo mal pagador que era Alatriste…) y refuerza la imagen que se ha construido a lo largo de los años.
 
Edición alemana

De su obra literaria apenas se hace una alusión. En cuanto a su obra cinematográfica, las cifras que muestro se refieren al texto que se dedica específicamente a cada una de sus películas y no se incluyen las alusiones que a veces se hacen a algunas de ellas a lo largo del texto. La película a la que más espacio dedica es La edad de oro, que le hemos puesto el índice 100 y el resto de películas lo comparamos con este índice:

La edad de oro (1930)
100
Los olvidados (1950)
68
Viridiana (1961)
65
Un perro andaluz (1929)
65
La Vía Láctea (1969)
49
Las Hurdes/Tierra sin pan (1933)
47
El discreto encanto de la burguesía (1972)
43
Belle de jour (1966)
36
El río y la muerte (1954)
34
Tristana (1970)
34
Él (1952-53)
32
Simón del desierto (1965)
31
Abismos de pasión (1953-54)
28
La joven (1960)
25
Nazarín (1958)
23
El fantasma de la libertad (1974)
23
Robinson Crusoe (1952)
23
Diario de una camarera (1964)
22
El ángel exterminador (1962)
21
La muerte en este jardín (1956)
21
Así es la aurora (1955)
20
Gran Casino (1947)
19
Ese oscuro objeto del deseo (1977)
15
Subida al cielo (1951)
13
Susana (1950)
11
El bruto (1952)
9
Ensayo de un crimen (1955)
5
El gran Calavera (1949)
5
Una mujer sin amor (1951)
4
La hija del engaño (1951)
3
Los ambiciosos (1959)
2
La ilusión viaja en tranvía (1953)
0

De las cifras anteriores, la única que me parece sorprendente es el poco interés mostrado por Ensayo de un crimen, que es una de sus películas mexicanas más interesantes. La ilusión viaja en tranvía solo la menciona, sin decir nada de ella, y pudiera ser un despiste. Del resto de películas podemos decir que sus resultados son "lógicos" si hacemos la aclaración de que la posición de algunas películas está condicionada por las circunstancias que las rodearon. Es el caso por ejemplo de Gran casino, película que recibe más atención por ser la primera que realizó en México,  El río y la muerte, en la que Buñuel se extiende para renegar del cine de tesis, Abismos de pasión por el mal reparto que tuvo y La muerte en este jardín por los problemas que tuvo durante el guion y rodaje. Estas son películas que si no fuera por ese motivo ocuparían una posición inferior. También las primeras películas de la lista se ven favorecidas en su posición por la polémica que implicó su estreno: La edad de oro, Los olvidados, Viridiana y Un perro andaluz.
No aporta nada que no supiéramos ya por anteriores entrevistas del realizador.

Edición italiana
El último bloque temático de sus memorias, el relacionado con sus reflexiones, incluye los capítulos:
·       Memoria: 1,13
·       Los placeres de aquí abajo: 3,77
·       Sueños y ensueños: 3,42
·       Amor, amores: 1,53
·       Ateo gracias a Dios: 2,11
·       A favor y en contra: 6,19
·       El canto del cisne: 2,58

Algunos de estos apartados relatan acontecimientos de su vida junto con las reflexiones, por lo que podrían haberse incluido también en el primer bloque, el que relata su vida. Para mí es sin lugar a dudas el bloque más interesante, ya que como hemos dicho, los demás no aportan nada nuevo. Esta es la parte a la que Carrière hace referencia cuando dice que el libro tiene cosas que no están en sus películas y que él todavía tenía muchas cosas que decir.
Buñuel nos habla en este apartado de aquello en lo que cree, de los valores que lo sustentan y que le han acompañado a lo largo de su vida. De sus rutinas y del futuro que él no cree muy optimista.
Al aproximarse mi último suspiro, imagino con frecuencia una última broma. Hago llamar a aquellos de mis viejos amigos que son ateos convencidos como yo. Entristecidos, se colocan alrededor de mi lecho. Llega entonces un sacerdote al que yo he mandado llamar. Con gran escándalo de mis amigos, me confieso, pido la absolución de todos mis pecados y recibo la Extremaunción. Después de lo cual, me vuelvo de lado y muero.
Pero, ¿se tendrán fuerzas para bromear en ese momento?
Una cosa lamento: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento, como en medio de un folletín. Yo creo que esta curiosidad por lo que suceda después de la muerte no existía antaño, o existía menos, en un mundo que no cambiaba apenas. Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba.[8]
(Actualizado 12/6/2015)

[1] Felicia Muñoz López de Lerma: Simeón (“del desierto”) y el vino triste hecho carne alegre... Universidad de Córdoba, Littera Aperta nº 1, 2013,  Pág. 20, nota 1 
[2] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 15 
[3] Ian Gibson: Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal 1900-1938, Aguilar, 2013, pág. 32 
[4] Ian Gibson: Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal 1900-1938, Aguilar, 2013, pág. 30 
[5] Conversaciones con Jean-Claude Carrière, Ayuntamiento de Zaragoza, 2004, pág. 70 y 109 
[6] Emilio Sanz de Soto le escribió una carta fechada el 23 de abril de 1982 en la que le describía una gran cantidad de errores. Esa carta se puede leer en: Marisol Carnicero y Daniel Sánchez: En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, págs. 613-29 
[7] Jean-Claude Carrière: Le Réveil de Buñuel, Odile Jacob, 2011. Tomado de la obra citada de Ian Gibson, pág. 31
[8] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 250-1

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