domingo, 11 de enero de 2015

Los ambiciosos (La fièvre monte à El Pao, 1959)

Me lo propuso mi agente desde París. Cierto productor quería hacer una película conmigo y vino a verme a México. La verdad es que no me interesaba gran cosa el asunto y lo acepté porque en aquellos momentos tomaba todo lo que me ofrecían, siempre que no fuera indigno. —pues no tenía dinero, vivía al día. Y creo que finalmente se nota mi desinterés. Resulta una película muy rutinaria, hecha para salir del paso.

Recuerdo muy mal el argumento, segura­mente porque quisiera no haber hecho la pelí­cula. Claro que, a pesar de todo, traté de hacer las cosas bien, profesionalmente, e incluso me­ter siempre detalles interesantes. En la película había demasiados diálogos, las situaciones se resolvían con palabras, y como esto no me gustaba, procuré enriquecer las escenas... me­diante ciertos plagios. No sé si ustedes habrán advertido esos plagios. Son plagios muy de­centes, aclaro, porque los hice sobre obras que son del dominio público…En "La fiévre" plagié el final de Tosca. María Félix se desnuda ante el tirano y se le ofrece para salvar la vida de Philipe. En Tosca es igual, y cuando el tirano firma el salvoconducto, Tosca lo apu­ñala. No sirve de nada, porque finalmente el héroe es fusilado. He sido un fanático de la ópera italiana. Yo tenía un libro maravilloso, que he perdido, con los argumentos de unas cuatrocientas óperas. Excelentes argumentos, melodramáticos, fuertes, de pura acción. [1]

El rodaje tuvo lugar entre el 11 de mayo y el 28 de junio de 1959, en los estudios San Ángel y en locaciones de Tepoztlán. Estreno en París el 6 de enero de 1960 y en México el 20 de octubre del mismo año.
El que Gérard Philipe fuera el protagonista de la película se debió a algo así como a un compromiso. Cuando Buñuel iba a rodar Así es la aurora, pensó en Gérard Philipe como protagonista de la misma. Este estuvo conforme pero le dijo que estaba comprometido y no estaría libre hasta dentro de dos años. Buñuel no pudo esperar dos años, pero al cabo de esos dos años estaba dispuesto para trabajar con Buñuel. Este le propuso rodar El monje de Lewis, novela muy apreciada por los surrealistas, así como de la bella novela de Jean Giono "El húsar sobre el tejado"... Resultó que Gérard Philipe, que escuchaba distraídamente mis proposiciones, prefería una película más política. Se decidió por "La fièvre monte à El Pao".[2]
A partir de una imagen Buñuel muestra
 el poder de la Iglesia en las instituciones
Buñuel no pudo controlar el guion en la medida de sus deseos, y al ser varios los colaboradores que intervinieron, la impresión final es de superposición de ideas. "Hubiera podido ser un gran film, pero desgraciadamente Buñuel tuvo que discutir tanto con los productores, tuvo que cambiar tantas veces el guion que se tiene la impresión de ver el bosquejo de una obra maestra en potencia.
El tema es de actualidad, ya que se trata del viejo problema del fin y de los medios: en un país donde la dictadura se instala, un joven honesto quiere quedar puro, humanizar los asesinatos y el régimen sin que sea vertida sangre."[3]
La adaptación me supuso un gran esfuerzo y tuve todo tipo de dificultades antes de poder realizar la película. Las exigencias de una coproducción distorsionan todos los valores de uno...[4]
Es un film híbrido en cuanto a su sello de producción, ya que la mitad francesa parece más un añadido que un complemento de la otra mitad mexicana, y esto neutralizó la necesaria unidad de la producción. Es híbrido igualmente el guion, en el que el peculiar mundo de Buñuel, que Luis Alcoriza asumió desde dentro, les viene ancho y ajeno a los otros guionistas franceses[5], uno de ellos el autor de la novela La fièvre monte à El Pao en la que está inspirada la película. Finalmente es híbrido en cuanto al propio estilo del film, en el que Buñuel puso de sí mismo bastante menos que sus grandes películas mexicanas. El director, más o menos conscientemente, cedió terreno propio en Los ambiciosos en favor de la viabilidad comercial del film. Probablemente buscó con ello prepararse el camino para obtener un lugar en el cine europeo, intuyendo que su etapa mexicana se encontraba ya en trance de agotamiento, y el director buscaba nuevas plataformas de producción.[6]
El film acusa una cierta debilidad...La película posee unos buenos momentos, diseminados a lo largo de la narración en al que la tensión, a veces, decae por completo.
Propio de Buñuel: hacer una
declaración de amor recogiendo
los cristales del suelo
La construcción del film está desprovista de aristas agudas, y con frecuencia la inspiración no acude a la cita. La organización de los elementos dramáticos está, por lo tanto, establecida a partir del diálogo más que de un correcto emplazamiento de las situaciones. Así, los personajes firman papeles o hablan por teléfono sin  que parezcan tener auténticas razones expresivas para hacerlo, cuando lo deseable sería sentirlos implicados en una red de contradicciones formuladas visualmente. Este defecto resulta particularmente embarazoso hacia el final, cuando el film evidencia su sentido por medio de una frase del comentario, que irrumpe "in extremis" para sentar una significación poco y mal explicitada por el desarrollo de una narración tal vez demasiado prolija en imágenes.
Sin embargo, sería un error singular el creer que nos hallamos en presencia de un cine de aventuras tradicional...Porque Buñuel se mantiene incorruptiblemente exigente en lo que concierne a las cuestiones esenciales...es un film político, un film sobre el fascismo y la complicidad, indiscutiblemente honesto.
Nos encontramos en América del Sur, en una nación de grandes propietarios y de "lumpen-proletariat", gobernada por una dictadura y en la que la Iglesia apoya y sostiene al Estado.
Apostol de la indulgencia y de las ordenanzas caritativas, santo laico, Ramón Vázquez ni siquiera se apercibe de que su posición es insostenible, de que no se puede ser justo en un mundo en el que la política de la producción y el desarrollo económico emponzoñan los gestos más cotidianos e incluso los  pensamientos más triviales…
Gual ejerciendo su poder: "Cuando
quiero algo lo tomo"
Al final, súbitamente, Ramón toma conciencia de su traición y de su ceguera: rasga un  decreto liberticida…No obstante, esta salvación en el último momento no puede engañar ni al espectador ni al personaje. Sus palabras: "Un segundo de valentía no basta para redimir años de cobardía", constituyen la esperanza de la lucidez política de Buñuel a todos aquellos que confunden hábilmente colaboracionismo con la metafísica de la redención.[7]
Si Buñuel considera Los ambiciosos como su peor filme francés, la crítica no le ha ido a la zaga.
Aunque haya todavía algún residuo del género de aventuras al que pertenecía la novela de que procede y bastante del conflicto moral típico del héroe existencialista en la línea del Valerio de Así es la aurora…Los ambiciosos es la película más monográficamente política de Buñuel. [8]
El personaje de Ramón Vázquez parece arrancado de una novela de Camus, muy enraizado en las querellas existencialistas de los años cincuenta, Buñuel corona su actuación a la vez con un éxito (el ascenso al poder) y con un fracaso (la imposibilidad de "pureza" en su cargo y la imposibilidad de escapar a los implacables mecanismos del poder), de tal modo que su gesto final, al romper las órdenes superiores de encadenar a los presos políticos de la penitenciaría, señala al mismo tiempo el momento "de su propia muerte y de su propia libertad", como señala la voz en off al final del film. La mirada pesimista y lúcida de Buñuel tiñe al idealismo de Ramón Vázquez con una coloración crítica, que recuerda intensamente –ésta vez en clave de política- el conflicto existencial de su anterior Nazarín, cuya preocupación moral prolonga este film. La ingenuidad de Ramón reside, en suma, en creer que se puede permanecer puro formando parte de un sistema corrompido y en ignorar que a la violencia del despotismo sólo se le puede replicar con la violencia liberadora.[9]
Una muestra del erotismo de Buñuel
En Los ambiciosos, como ocurriera con Así es la aurora, buena parte del "compromiso existencialista" del protagonista viene de las novelas de las que proceden. "En ellas aparece un nuevo formato de héroe revolté, fruto de un compromiso entre comunista y existencialista, por citar referencias de época. En realidad, constituyen una distorsión transitoria del compromiso moral que siempre pesó en él como consecuencia de su percepción y concepción del surrealismo...Pero, vista con una intención más alerta y piadosa, esa trilogía supone una reorientación de su trabajo dentro de unas resbaladizas coordenadas, malogradas por los cócteles de guionistas (hasta 6 tiene Los ambiciosos) y la propia incomodidad en la que debió sentirse Buñuel ante tomas de partido precocinadas, unidireccionales y tan sutiles como una coz de mula."[10]
El personaje de Philipe es, un idealista que quiere acabar con la dictadura y se mete en el engranaje de ésta para hacerlo, pero al final fracasa porque el engranaje lo atrapa. Debo decir que las películas políticas, por lo general, no me interesan. Objetivamen­te, entiendo el interés que puedan tener, pero no me interesa hacerlas, no siento que sean mi terreno.
En abstracto, el personaje, Ramón Vázquez, me era simpático humana y políticamente, pero finalmente me di cuenta de que no me conmovía. Quizá por eso muere al final[11]. No recuerdo bien cómo.[12]
A Buñuel le gustan los personajes cortados entre dos extremos, los "exiliados del interior", a la imagen de Ramón Vázquez …al servicio del régimen dictatorial que él desaprueba y próximo afectivamente de los rebeldes que él reprime...Esta soledad del personaje...sufriendo por no estar plenamente en su lugar, alimenta la dialéctica interior, la de la contradicción.[13]
Ramón Vázquez a la vez que es manejado por el régimen, es uno de los personajes masculinos de Buñuel que, como el protagonista de El Bruto o Susana se ve también manipulado por los encantos de una mujer ambiciosa.
Todo está preparado para la ceremonia:
la cama, los cirios, el vestuario..
.
Con Los ambiciosos, junto con Así es la aurora y La muerte en este jardín, Buñuel remataba su tríptico "político" o "revolucionario" como lo llaman algunos, en la que el autor medita sobre la revolución, no con el ímpetu de La edad de oro, sino de forma más convencional, no en vano  en aquella dispuso de total libertad y el tríptico está realizado dentro de la industria del cine francés.
En este tríptico Buñuel muestra sus ideas políticas con mayor rotundidad que en anteriores ocasiones.
El personaje del gobernador, Gual, es de inspiración sadiana. "La realización del acto sádico conlleva la puesta en marcha de una complicada y rigurosa puesta en escena que no puede ser alterada bajo ningún concepto: Gual tiene que preparar el escenario de una manera determinada para la posesión de María Félix."[14] Para acostarse con la protagonista necesita toda una liturgia de cirios, vestuario, etc. Cuando María Félix entra, Gual le dice: "Todo está a punto para el sacrificio".
A pesar de disponer de más medios para realizar esta coproducción franco-mexicana, de tener mejor factura que sus producciones mexicanas, no quiere decir que las supere en calidad. Le falta el sentido del humor y la intención subversiva que encontramos en estas.
Buñuel, como ha ocurrido en otras ocasiones, ha variado su opinión sobre la película, dependiendo del momento. Lo mismo dice que es una película bastante mala,[15] que suaviza su criterio: En la historia había elementos políticos y sociales que me gustaban, y que, finalmente, se extraviaron en el melodrama.[16] O en otra ocasión: Tema digno y película bastante bien hecha, en mi opinión, pero sobre la que no veo que haya gran cosa que decir.[17]
El doble juego de Inés:
primero lo rechaza, luego se entrega
Como buen conocedor de su oficio, Buñuel era consciente de que Los ambiciosos no iba a ser una de sus mejores películas y a pesar de todo yo busqué elemen­tos que dieran vida a las escenas. Había un momento en que Philipe debía declararse a María Félix. ¿Cómo filmar eso sin caer en la palabrería? Se me ocurrió que María Félix rompiese un armario de cristal y ordenase a Philipe que recogiera los cristales. Así ella afir­maba su dominio sobre él, ¿verdad? Entonces Philipe se le declaraba al mismo tiempo que recogía los cristales como lo haría un criado. Esa contradicción podía ser interesante y hay unas cuantas pequeñas ideas como ésa en la película. Lo malo es que quizá no se notan. Lo que sentí mucho es que Philipe haya muerto muy poco después del rodaje y haber sido yo el que le dirigió en una de sus películas más flojas. No pudimos ninguno de los dos «sacar­nos la espina» con algo mejor hecho.[18]
Un día, durante el rodaje, nos quitamos las máscaras, cordialmente. «¿Por qué ha aceptado usted ha­cer esta película?», le pregunté. «No lo sé», me dijo, «¿y usted?» «Tampoco lo sé», le res­pondí. Nadie sabía por qué estaba en la pelícu­la. A Gérard no le iba bien el papel, no era el hombre para el personaje, y eso se notaba hasta en el hecho de que llevaba la pistola al cinto como un colgajo.[19]
El poder se vale de todo para
coaccionar y conseguir lo que desea
El que Buñuel no se tomara muy en serio Los ambiciosos, no por ello deja de tener su interés, está "bastante bien construido y realizado, en el que hay alguna dinamita oculta, con auténtica marca de la casa, ya que bajo su factura convencional el film esconde una amarga parábola sobre el poder, la opresión y la inutilidad de luchar contra uno y otra desde el humanismo o desde la ética cristiana.[20] Invita a preguntarse si tiene sentido la revuelta. ¿Es posible alcanzar los ideales sin renunciar a los principios? A pesar de sus carencias, es una crónica política de la corrupción y de la represión en las dictaduras latinoamericanas de la época. La película contiene uno de los ejemplos más claros del ejercicio del poder por el poderoso, cuando el gobernador Gual le pregunta a la viuda del anterior gobernador: "¿Cree que soy celoso? La naturaleza me ha ahorrado este ridículo, sólo me ha dado un medio de obtener lo que deseo: ¡Tomarlo!”
La fièvre monte à El Pao, que hice con Gérard Philipe, es algo inexplicable, a propósito del cual me sigo preguntado la razón por la cual llegué a rodarlo.[21]
Para ver La adaptación cinematográfica de Los ambiciosos (La fièvre monte a El Pao)


[1] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.111-12
[2] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 234
[3] Ado Kyrou: Bunuel. Seghers, 1966, Pág. 55
[4] Raymond Durgnat: Luis Buñuel, Fundamentos, 1973, pág. 120
[5] Louis Sapin, Charles Dorat y Henry Castillou, autor de la novela en que se inspira.
Una vez que Inés ha firmado
Vázquez no quiere irse.
[6] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel, Cátedra, 1991, Pág. 110
[7] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel, Ed. J.C., 1984, Pág. 116
[8] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel, Ed. J.C., 1964, Pág. 236
[9] Roman Gubern: Cine Español en el exilio, Lumen, 1976, Pág. 139
[10] Agustín Sánchez Vidal: Del Surruralismo al Oscar, pasando por el tercer cine. En: Nickelodeon, nº 13, invierno 1998 Pág. 14
[11] En realidad no muere, aunque la voz en off da entender que al rechazar (romper) la orden de encadenar a los presos dictada por el presidente Barreiro será su fin.
[12] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.111
[13] Charles Tesson: Luis Buñuel, Cahiers de Cinéma, 1992, Pág. 128
[14] Manuel López Villegas: Sade y Buñuel, Instituto de Estudios Turolenses, 1998, Pág. 93
[15] Max Aub: Conversaciones con Luis Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 133
[16] John Baxter: Luis Buñuel, Paidós, 1994, Pág. 301
[17] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 234
[18] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.112
[19] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.111
[20] Ángel Fernández Santos, en: Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 234
[21] Luis Buñuel: El discreto encanto de la burguesía, Aymá, 1973, Pág. 8

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