Buñuel y la dirección de actores II
Con los testimonios de los protagonistas terminamos el tema
de la dirección de actores por parte de Luis Buñuel.
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Buñuel dirigiendo a Jean-Claude Carrière en Diario de una camarera |
Es verdad que a Buñuel no le gustaba explicar
psicológicamente los personajes a los actores. No le gustaba decir: "El
personaje dice esto o hace aquello por esto…" Por la sencilla razón de que
escribiendo el guion habíamos intentado preservar cierta espontaneidad. Algo
intuitivo, que nos salía del fondo y de lo que no teníamos ninguna explicación
lógica.
Del mismo modo que nunca intentábamos explicar nuestras
películas, Buñuel no les explicaba nada a los actores. Sin embargo, les daba
indicaciones de su actitud y gestos muy precisos. Controlaba la ropa, la luz
que exigía que fuese clara… Desconfiaba mucho del misterio de la oscuridad de
una imagen. Se esforzaba, diría, en dirigirles un poco a la japonesa. Decía por
ejemplo: "No coja el vaso con dos dedos, sino con uno solo", para que
cuando el actor cogiera el vaso estuviera concentrado en uno de esos gestos y
no pensara en otra cosa. Ese fenómeno de concentración se ve en el rostro de
los actores. Cuando actuaban tenían que pensar en algo para no soltar
automáticamente su texto aprendido de memoria.
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Bernard Musson es el monje del centro: El fantasma de la libertad |
Bernard
Musson: “Se comportaba siempre con
gran cortesía, con gran amabilidad...Si se le proponía alguna idea siempre
estaba abierto a ella. Luis Buñuel dirigía de una forma muy eficaz. Y además de
eso, siempre tenía al mismo director de fotografía, al mismo cámara, al mismo
ingeniero de sonido... y tenía siempre un equipo de actores al que era fiel.
Éstos, por su parte, también le eran fieles. Lo mismo cabe decir de los
técnicos. Trabajaba siempre con los mismos...
Sus
indicaciones me parecían las necesarias, así que no me planteaba ninguna duda
en la medida en que yo aportaba el físico del personaje, mis capacidades como
actor...Hablaba del personaje, pero no se extendía en demasía porque, una vez
más, respetaba los plazos y no quedaban flecos sueltos en el
escenario...Estábamos en manos de un maravilloso técnico y de un buenísimo
director de actores.”[3]
Buñuel era muy exigente, pero como era tan amable, yo le
obedecía de corazón. Además se caracterizaba por su fidelidad...A mí lo que me
gusta de Luis Buñuel es que encontré en él a alguien que te serenaba, en quien
podías confiar. Siempre trataba a la gente con una enorme cortesía, con
amabilidad, si le importabas algo, te dejaba iniciativa, aunque él sabía lo que
quería y no podías hacer cualquier cosa...[4]
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Buñuel en Viridiana |
Yo
tuve la capacidad de entrar mucho en su mundo y por eso se me ocurrió lo del
caracol[5].
Quizá era por la forma que él tenía de hablar a los actores. A mí eso con otro
director no se me ocurre. Pero él te metía tan dentro de su mundo que se te
ocurrían cosas que pensaba él. Era como una especie de íntima transmisión.
Era
difícil que alguien estuviese mal en sus películas. En las mexicanas estuvo
obligado a trabajar con actores bastante malos. Me lo comentaba a menudo...Me
decía que todos los actores americanos, del más grande al más pequeño,
cabeceaban. Seguramente por eso tenía la manía de no hacer planos americanos.
Siempre quería que el actor hiciera algo con las manos, para conseguir mayor
espontaneidad: que se tocara la oreja, que acariciara algo..., que se pusiera
unas gafas, como es el caso de Rosita Llance en Viridiana.[6]
Fernando Rey: “Es un director que, sin decir demasiadas cosas a los actores, es como una gran lección cada vez que hace una indicación o una corrección, con una particularidad que no sé si le ocurrirá a los demás actores, pero que a mí sí me ocurre con él, y es que, sin embargo, me encuentro siempre muy incómodo interpretando en sus películas. Esto puede sonar raro porque parece ser que el personaje que yo hice en Viridiana y el personaje que acabo de interpretar en Tristana son una gran creación de Buñuel y están absolutamente conseguidos como caracteres. Sin embargo he llegado a todo esto a través de una gran incomodidad delante de la cámara haciendo esos personajes...Yo puedo llegar casi a adivinar mucho de su pensamiento, puedo a veces permitirme el lujo de colaborar en esos pequeños elementos utilitarios que utiliza en las interpretaciones y en los movimientos de los personajes, hacerle sugerencias...y él casi siempre ha estado de acuerdo conmigo en las cosas que le he propuesto hacer, no para mejorar, sino para adornar en un momento determinado la interpretación. Pues bien, a pesar de todo esto, siempre he sentido como una especie de incomodidad física y de movimiento delante de la cámara cuando Luis la emplaza, me indica los movimientos a hacer y me dice poco más o menos de lo que se trata. Casi nunca hay que explicar demasiado, porque se trata en realidad de decir el diálogo, y la situación se comprende naturalmente si uno ha leído con anterioridad el guion. Pero hay algo en la posición de la cámara, que a mí me produce siempre una incomodidad, una especie de dificultad, una especie de oscilación en mi mecanismo. Quizá esto es lo que haya producido en mis interpretaciones en las películas de Buñuel esa especie de espontaneidad, de pureza, de verdad...Quizá...suprima en el actor lo que él pueda llevar de mecánico o de cabotín. Y quizá esta especie de incomodidad produzca una pequeña torpeza, y esta pequeña torpeza traiga consigo una verdadera, fresca y espontánea manifestación del personaje o del actor en ese momento. Hay una cosa curiosa...que ocurre en las películas con Luis. Uno, al llegar al set, después de haber estudiado la escena y tener una idea del personaje y de cómo uno va a hacerlo o de cómo el director quiere que se haga y se le ponga de pie, como se dice en el argot del teatro, uno se identifica más o menos con el decorado en donde va uno a trabajar, con las sillas, con las mesas, con los pequeños elementos de atrezzo que figuran en la escena. Entonces, a medida que uno va adquiriendo experiencia, puede llegar a figurarse cómo se va a ver aquello en la pantalla.
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Ese oscuro objeto del deseo |
Pero tiene miedo a pasarse, siempre está con el temor de que
las cosas vayan un poco demasiado lejos, y trata de tener una cierta
prudencia...Puede ser miedo al melodrama. Y nosotros, los actores, quizá
queremos aportar demasiadas cosas, y entonces es posible que ésta sea la razón
de esta limitación que él nos impone en algunos momentos.”[7]
Armand Pieral: “Luis te explica tu papel, te
pide en pocas palabras lo que espera de ti. A diferencia de tantos otros que
hablan durante horas, y después no has comprendido nada, con él en 30 segundos
sabes lo que él quiere...Sabe mantener excelentes relaciones, lo que es
bastante raro.”[8]
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Tristana |
Ángela Molina: Él trabajaba de una manera muy
respetuosa, muy alegre, muy exquisita en el arte de explicarte exactamente lo
que quería en el trabajo y lo que esperaba de ti. Por ejemplo, hoy en día se
utiliza muchísimo el video para controlar el rodaje y Buñuel ya lo utilizaba,
pero yo era la primera vez que trabajaba con video. En España era la primera
vez. Él trabajaba de una manera..., casi como un científico con los actores.
Primero grabábamos una escena con libertad, se grababa en el video. Luego nos
sentábamos alrededor del monitor y comentábamos la escena. Técnicamente nos
decía lo que esperaba de ella, las posiciones las corregía con rigor, y siempre
diciéndote por qué un pequeño gesto o movimiento cambiaría la escena. Te hacía,
de alguna manera, llegar al sentimiento que debía estar reinando en ese
momento. A partir de ahí, cuando él estaba seguro de que lo tenías todo muy
claro y que era todo muy certero y que lo dominabas y lo hablas aprendido como
una lección, entonces empezaba a jugar, por supuesto sin ninguna pretensión. Y
entonces se divertía con la inocencia de los niños, o sufría con el aunamiento
de la humanidad entera en una escena. Si le hacía llorar te aparecía con las
lágrimas, aunque ya no se acordaba y se las quitaba según te estaba hablando de
lo siguiente.
¿Quieres decir
que él se emocionaba cuando rodaba?
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Ese oscuro objeto del deseo |
Recuerdo una escena -yono sé si tu habrás oído esta
anécdota porque la he contado varias veces- en que tenía que estar en las
piernas de Femando y seducirle. Él tenía que sentirse emocionado y turbado por
esa pequeña y sencilla situación. En los ensayos, Fernando estaba perfecto,
pero seguramente le faltaba la emoción que después hizo posible Buñuel, y antes
de rodar la primera toma me dijo: "Oye, ven. Cuando te acerques a
Fernando, justo antes de decir acción, tú le dices que le huelen los pies'. Y
yo, muriéndome de risa, le digo: "Bueno, vale”. Todo era como cuando
juegan los niños. Lo hice así y Fernando se puso rojo como un tomate. Empezamos
a rodar y estaba vulnerable, no sabía dónde meterse, porque me creyó y no
entendía nada. Cuando terminamos la escena me apretó hacia él, como diciéndome:
"¿Qué ha pasado?". Y vino Luis y empezamos a reírnos los dos como
enanos...[10]
Era un juego eterno. Otra anécdota que es fascinante. Un día perfecto de sol,
llegamos a rodar una escena a un parque, en París, en la que había una charla
con Fernando y estábamos los dos listos para rodar. Estábamos por ahí pululando
hasta que las cosas se organizaran para el trabajo. Llegó el camión con los
eléctricos, los cables, las historias... “Buenos días, don Luis”, le dijo un
eléctrico legendario que llevaba un saco con el material. Y le contesta Buñuel:
"Buenos días, ¿qué tal?, ¡Hum!, ¿ese saco de qué es?". “Los cables,
no sé qué”. "Déjaselo a Femando, a ver qué tal le sienta". Y
Fernando, que iba, imagínate, como un dandy, se echa el saco hacia la espalda.
"Fernando, anda, date un paseo por ahí, a ver cómo quedas con el
saco". Yo estaba a su lado y le miraba. Le gustó: "Pues sí, vas a
rodar con el saco". Y yo le dije: "¿Pero don Luis, por qué, qué
quiere decir el saco?. Se me quedó mirando y me dijo:
"¡Ta-ta-ta-chaaan...Ta-ta-ta-chaan!". Era la cosa más preciosa,
humanamente hablando, la cosa más delicada y entera y dulce y suave con que una
pueda soñar, sobre todo en esa edad de miel que yo tenía cuando le conocí. Me
imagino que él me contemplaría a mí como una criatura de Dios, empezando en
todo esto y que sabía que lo que me
enseñara iba ser para siempre. Lo disfruté y lo agradecí.[11]
Terminamos esta serie de aclaraciones y anécdotas con esta
aportación de Jean-Claude Carrière, que nos cuenta un recurso utilizado
por Buñuel y que no creo que sea muy frecuente entre los realizadores: “Prefería
a los actores profesionales, a los actores actuando. No quería a los actores no
profesionales. Alguna vez se equivocó en la selección y entonces tenía un arma
secreta: la hipnosis. Era un hipnotizador excelente. Realizó muchas
experiencias de hipnosis desde su juventud en Madrid. Y dos veces en
filmaciones: en El diario de una camarera, con cl actor Jean Ozenne, que
interpretaba el personaje del viejo, en la escena de los botines, y en Belle
de jour, con el papel de George Marchal en la escena del ataúd.
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Ese oscuro objeto del deseo |
Dos veces ordenó a los técnicos abandonar el estudio
durante una hora y media, y se quedó solo con uno o dos actores, en las
sombras, sin ruido, hablando y, poco a poco, hipnotizando, no hasta la catalepsia,
hasta un grado determinado en que el actor ya estaba listo. En ese momento, muy
discretamente, llamaba a la gente, que regresaba en silencio, muy despacio,
para empezar a filmar. Los actores estaban en un estado frágil, casi
hipnotizados.
Otra vez, para un plano de El discreto encanto de la
burguesía, en la escena final, cuando los bandidos matan a la gente
mientras están comiendo, existe un plano de Fernando Rey debajo de la mesa,
engullendo la carne, antes de que se la quitaran y, para obtener la expresión
de Fernando en ese momento. Luis se puso también bajo la mesa cubierta con el
mantel y habló allí con Fernando, creo que durante media hora. Quería obtener
algo en la cara de Fernando y no conocía otra manera de obtenerlo.
¿Es cierto que
una vez escritos los guiones le disgustaba la producción de las películas?
Sí, lo decía de vez en cuando, pero no era tan cierto.
Algunas veces sí. Pero, otras, le encantaba filmar. Lo que no quería era elegir
las ropas, los zapatos: eso no. Pero, por ejemplo, para seleccionar los actores
de El
diario de una camarera, el viejo que se muere, el hombre de la
botellita, el fetichista. Buñuel tenía dos posibilidades, dos actores, y tenía
dos fotos de esos actores en su bolsillo, una de cada lado. Uno no era un buen
actor, no era considerado como un buen actor, pero era homosexual; es decir,
tenía una cierta desviación, no la misma que en la película, pero para Buñuel
era interesante.
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El discreto encanto de la burguesía |
En esos casos, cuando Don Luis veía que no podía
llegar a lo que quería con el actor, pedía a todo cl mundo que se fuera del
estudio. En este caso, se quedó solo con Jeanne Moreau y cl otro actor; y
realmente lo hipnotizó. Era un buen hipnotizador, y, al final, el actor está
casi completamente hipnotizado. Puede oír, puede entender, pero existen
diferentes grados, dieciocho, en la hipnosis. me lo dijo muchas veces.
Hablando de Georges Marchal en Belle de jour, eso es un ejemplo casi perfecto de la manera de trabajar de Don Luis con los actores. Cuando llegó el día del rodaje de la famosa escena del ataúd con Georges Marchal, en un castillo fuera de París, Marchal estaba tan impresionado que estaba temblando, y me dijo: "Estoy pensando en esta escena hace dos meses". Eso es fatal para el actor. Inmediatamente. Don Luis lo vio y empezó a trabajar con la luz, con la cámara, con la Deneuve, en el ataúd. Después de una hora de trabajo, constató Luis que a Marchal no le era posible actuar.
Y otra vez, como había ocurrido en El
diario de una camarera, dijo a todo cl personal que saliera. Salí con
los otros y se quedó con Catherine Deneuve en el ataúd. Era una escena
increíble. Marchal y Buñuel durante hora y media, sin noticias. Estábamos
fumando, hablando, en el parque del castillo, sin noticias de lo que pasaba.
Después de una hora y media, Catherine salió y nos dijo: "Pueden venir en
silencio". Y Marchal estaba así, cayéndose realmente, y mucho más que el
actor de El diario de una camarera. Todo el mundo se colocó en su
puesto, en silencio, sin una palabra; el ataúd, Marchal, Buñuel del otro lado,
con los ojos fijos en Marchal...
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La vía láctea |
A
modo de conclusión podemos decir que
Buñuel escogía a los actores y actrices fijándose en que su físico estuviera
conforme con su papel en la película. No daba instrucciones psicológicas sobre
cómo interpretar un determinado papel, sino que les indicaba realizar
determinados gestos o acciones para así conseguir la interpretación esperada.
Cuando esto no bastaba recurría a otros “trucos” como untarlos de miel y tierra
en El
ángel exterminador para indicar la suciedad de los personajes, y si
hace falta recurre en situaciones excepcionales a la hipnosis.
Terminamos con una relación de los actores y actrices que
han repetido actuación en las películas del aragonés:
·
Fernando Soler: El gran calavera, Susana, La hija
del engaño,
·
Andrés Soler: El gran calavera, El bruto, Los
ambiciosos
·
Rubén Rojo: El gran calavera, La hija del
engaño
·
Tito Junco: Una mujer sin amor, La muerte en
este jardín, Los ambiciosos, El ángel exterminador
·
Luis Aceves Castañeda: Subida
al cielo, Abismos de pasión, La muerte en este jardín, Nazarín, Los ambiciosos,
Simón del desierto
·
Beatriz Ramos: Subida al cielo, El bruto,
·
Lilia Prado: Subida al cielo, La ilusión viaja
en tranvía, Abismos de pasión,
·
Antonio Bravo; El gran calavera, Él, Nazarín,
Los ambiciosos, El ángel exterminador, Simón del desierto
·
Francisco Reiguera: Subida al cielo, Abismos de
pasión
·
Julien Bertheau: Así es la aurora, La vía láctea,
El discreto encanto de la burguesía, Ese oscuro objeto del deseo
·
Georges Marchal: Así es la aurora, La muerte en
este jardín, Belle de jour, La vía láctea
·
Michel Piccoli: La muerte en este jardín, Diario
de una camarera, Belle de jour, La vía láctea, El discreto encanto de la
burguesía
·
Francisco Rabal: Nazarín, Viridiana, Belle de jour
·
Silvia Pinal: Viridiana, El ángel exterminador,
Simón del desierto
·
Fernando Rey: Viridiana, Tristana, El discreto
encanto de la burguesía, Ese oscuro objeto del deseo
·
Muni: Diario de una camarera, Belle de
jour, La vía láctea, El discreto encanto de la burguesía, El fantasma de la
libertad, Ese oscuro objeto del deseo.
·
Claudio Brook; La joven, El ángel exterminador,
Simón del desierto, La vía láctea
· Catherine Deneuve: Belle de jour, Tristana
·
Pierre Clémenti: Belle de jour, La vía láctea,
·
Delphine Seyrig: La vía láctea, El discreto
encanto de la burguesía
·
Lola Gaos; Viridiana, Tristana
·
Paul Frankeur: La vía láctea, El discreto
encanto de la burguesía, El fantasma de la libertad
[1]
Jean-Claude Carrière: Cómo conocí a Luis
Buñuel. (1965)Tomado de: Nickel
Odeon, nº 13, invierno 1998, Pág. 110
[2]
Declaraciones de Jean-Claude Carrière en el documental Historia de la película, una producción de Studio Canal Vídeo de
2002, que acompaña al Blu-ray de la película Belle de jour.
[3]
Bernard Musson : Buñuel 100 años, Es
peligroso asomarse al interior, Instituto Cervantes, 2000, Pág. 154
[4]
Bernard Musson : En torno a Buñuel,
Cuaderno de la Academia, nº 7-8, agosto 2000,. Pág. 374
[5] Se
refiere a Nazarín
[6]
Francisco Rabal : Buñuel 100 años, Es
peligroso asomarse al interior, Instituto Cervantes, 2000, Pág. 146
[7]
Fernando Rey en Max Aub: Conversaciones
con Buñuel, Aguilar, 1985, Pág.460
[8]
Armand Pieral, en: Roman Gubern: Divagations
sur Bunuel. Pág. 214
[9]
Catherine Deneuve, en: Luis Buñuel: Tristana,
Aymá, 1976, Pág. 17
[10]
Un truco parecido empleó Buñuel en Viridiana. Cuando Paco Rabal tenía
que besar a Margarita Lozano Buñuel le pidió al actor que le dijera que le olía
el aliento a anís para conseguir el mimo efecto de rubor.
[11] En torno a Luis Buñuel, Cuadernos de la
Academia, nº 7-8, agosto 2000, págs. 356-7
[12] Conversaciones con Jean-Claude Carrière,
Ayuntamiento de Zaragoza, 2004, págs. 52-56
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