El montaje en el cine de Luis Buñuel
El filme ya está terminado dentro mío
antes del rodaje. Pero también le dedico mucho tiempo de trabajo, y lo hago con
antelación.[1]
Durante el rodaje trato ya de no filmar
más que los minutos necesarios para cada escena, de manera tal que casi es
suficiente cortar las lengüetas y pegar los trozos. Este trabajo se puede hacer
en diez días[2]…
El montaje lo hago siempre yo mismo[3]

Al acabar el
rodaje... descanso dos días mientras la
montadora empalma en orden las tomas, incluyendo las claquetas. Cuando eso está
listo, empiezo a elegir las tomas y ordeno que se supriman las claquetas.[5] Algunos directores hacen un filme totalmente
distinto en la mesa de montaje[6].
El montaje es la última fase
de elaboración de un filme. Como ya hemos visto por anteriores entregas, Buñuel
llegaba al rodaje con un découpage[7] minuciosamente
elaborado para facilitar su trabajo y el los técnicos. Esta forma de trabajar
del realizador hizo que el trabajo del montador fuera mucho más sencillo.
Una de las características
más llamativas de Buñuel es la rapidez con la que monta sus películas. Belle
de jour, por ejemplo, fue montada en poco más de una semana: El
discreto encanto de la burguesía, en sólo tres días de trabajo. Esto es
posible, porque como él mismo dice Ya
llevo el film listo en la cabeza. Buñuel da una extraordinaria importancia
a la transposición guion–imagen. Su fantasía, ágil y creadora, le hace
anticipar con facilidad la puesta en imagen y archivar sin dificultad gran
número de secuencias gracias a su prodigiosa retentiva. El resultado es llevar
ya el film prácticamente montado al rodaje.[8]
Pocos directores poseen su
intuición del "timing", de la duración necesaria y suficiente de cada
escena. Desperdicia poco material. Su intuición le basta para seleccionar los
segmentos adecuados, con las duraciones y cualidades requeridas.[9]
Si el montaje es para Buñuel
la clave del filme, es porque asegura a la vez su ritmo y arquitectura, lo que
ya está implícito en el découpage.
Découpage y montaje están tan ligados que de hecho son las dos caras de una
sola operación que consiste, como se ha visto: en segmentar y ordenar. El découpage es la fase de deconstrucción y
el montaje una reconstrucción. El primero es en negativo, lo que el segundo es
en positivo. Después del rodaje, el montaje está virtualmente hecho, lo que
queda es la labor material de unir unos trozos de película con otros. Por eso
es una etapa corta e insignificante en el presupuesto del filme.[10]
![]() |
Luis Buñuel durante su estancia en el MOMA |
Pierre
Lary, su ayudante de dirección nos cuenta: “Él decía...cuando la película
estaba acabada, que había elegido las tomas. Bastaba con cortar las claquetas y
limar. A veces cortaba una escena o cosas así si veía que el ritmo languidecía.
Pero cambiaba muy pocas cosas respecto al rodaje...Respecto a la banda sonora
sus instrucciones eran muy precisas.”[11]
Desde
el principio, Buñuel atribuirá más calidad cinematográfica al guion de rodaje
–a pesar de que las palabras guion y rodar no le satisfacen- que al montaje,
entendiendo, sin embargo, que el découpage
incluye ya el montaje. Si después es un cineasta económico, que puede rodar un
film en tres semanas y montarlo rápidamente, será por razones morales, tanto
desde el punto de vista visual –pensar en imágenes, oír en imágenes- como
económico...[12]
Como ya hemos señalado en más de una ocasión, a Buñuel le gusta rodearse
siempre de sus colaboradores habituales. Curiosamente son los montadores los
profesionales a los que Buñuel ha permanecido más fiel, sobre todo en sus
películas mexicanas y españolas. Empezando porque es el mismo Buñuel que se
encarga del montaje de sus tres primeras películas, su etapa mexicana corre a
cargo de dos montadores: Carlos Savage y Jorge Bustos que se llevan la
totalidad de las películas, salvo tres. Pedro del Rey montó sus dos películas
españolas y de su etapa francesas destacan tres mujeres: Marguerite Renoir,
Louisette Hautecoeur y Hélène Plemiannikov. A continuación presentamos la
relación de montadores en sus filmes:
· Luis Buñuel: Un perro andaluz, La edad de oro, Las
Hurdes/Tierra sin pan
· Gloria Schoemann: Gran
Casino
· Carlos Savage: El
gran calavera, Los olvidados, La hija del engaño, Robinson Crusoe (Con Alberto Valenzuela), Él, Abismos de pasión, Nazarín, La joven, El ángel
exterminador
· Jorge Bustos: Susana,
Una mujer sin amor, El bruto, La ilusión viaja en tranvía, El río y la muerte,
Ensayo de un crimen
· Rafael Portillo: Subida
al cielo
· James Cuenet: Los ambiciosos
· Carlos Savage Jr.: Simón del desierto
· Pedro del Rey: Viridiana, Tristana
· Louisette
Hautecoeur: Diario de una camarera, Belle
de jour, La vía láctea
· Hélène Plemiannikov: El discreto encanto de la burguesía, El fantasma de la
libertad, Ese oscuro objeto del deseo
Ahora
vamos a ver la forma de trabajar del realizador en este apartado a través de
las declaraciones de dos de estos profesionales:
Pedro
del Rey: Durante el montaje tanto de Viridiana,
como de Tristana,
nosotros comíamos los dos solos, no permitía que hubiera nadie comiendo con
nosotros...
A partir del momento en que salíamos de la
sala de montaje, estaba totalmente prohibido hablar de la película. Él decía: Es que son dos cosas distintas; de trabajo, en el
estudio. Ahora somos dos amigos y vamos a hablar de lo nuestro...
Normalmente, el tiempo en la sala de
montaje en aquella época (Viridiana) era ir sobre las nueve de
la mañana, hasta las dos de la tarde, volver a las cuatro, y podías
terminar a las nueve de la noche o a las
dos de la mañana. No existía ningún tipo de horario reglamentado y la gente de
montaje éramos como auténticos esclavos. Era una cosa terrible. Pero en el caso
del señor Buñuel, él iba a las nueve de la mañana y a la una menos cuarto nos
íbamos a comer, volvíamos a las tres y se marchaba a las cinco.
-¿Modificaba mucho?
Muy poquito. Afortunadamente yo tengo que
decir que sus películas son las dos películas más fáciles de mi vida
profesional, porque Buñuel rodaba de tal manera que te obligaba, aunque tú no
quisieras, a ir por el camino que él marcaba. Pero es que, tal y como están
escritos y descritos sus guiones, es sencillísimo el montaje.
-¿Cómo os organizabais para trabajar?
Yo tenía que ordenar la película según se
iba rodando, aquello se iba montando por claquetas y se iba ordenando hasta
tener todos los rollos rodados en orden, con sus sonidos correspondientes y
demás.
Sí. Pero claro, el ruido de los platós,
las cámaras... Así que había que doblar. En Viridiana, por ejemplo,
yo tuve que ir doblando sobre la marcha, mientras él rodaba. Había que
organizar el doblaje, pero es que no íbamos a tener tiempo y además él quería
que se fuera haciendo sobre la marcha para que cuando se montara ya tuviera el
sonido verdadero. Entonces le ofrecen inmediatamente un director de doblaje –en
aquella época había unos directores de doblaje verdaderamente mágicos en España-
y él dice que no, que el doblaje quien lo tiene que dirigir es el montador sabe
perfectamente cómo están las cosas dichas, tiene un diálogo permanente con el
director, y la sincronía es cuestión suya. Si la película está desincrónica,
allá él con sus problemas que él mismo tendrá que solucionar. Quiero decir que
él confiaba tanto en sus colaboradores
que, incluso para eso, no permitía a nadie extraño, tenía que ser el propio
montador.
-¿Y en Tristana?
Ocurrió igual, pero entonces sí tuve un
colaborador: él. Y es que en Tristana teníamos dos micrófonos y
dos mesas de dirección totalmente apartadas. En ese doblaje sí estuvo él, pero
sólo por una razón, porque había hecho la adaptación del francés al español de
todos los diálogos de Catherine Deneuve y, a su vez, de Franco Nero. En la otra
mesa yo tenía todos los guiones del resto de los intérpretes y él decía a María
Luisa Rubio, que es quien dobló a Catherine Deneuve y yo tenía que dirigir a
los demás.
-Aparte del doblaje, ¿cómo transcurrían
las cosas en la moviola?
Él no permitía que yo montara ningún plano
solo, siempre tenía que estar conmigo porque era un cotilla, a él le interesaba
muchísimo...Yo iba marcando y él no opinaba, no decía nada, pero sin embargo,
si había una marca que yo me había dejado como una pequeña duda, inmediatamente
me decía: Don Pedro, ¿y eso por qué?...
No sé si yo me crecía o me empequeñecía,
pero me sentía con una seguridad brutal, y es que estaba todo tan claro en
aquel guion, todo tan claro en todos los encuadres, que yo entraba a saco.
La libertad era total.[13]
De Buñuel como director he de decir que tiene mucho que ver con el montaje por sus conocimientos directos como montador de sus primeros trabajos y por haber colaborado más tarde tanto en montaje como en doblaje.
De Buñuel como director he de decir que tiene mucho que ver con el montaje por sus conocimientos directos como montador de sus primeros trabajos y por haber colaborado más tarde tanto en montaje como en doblaje.
Posiblemente fueron aquellas
primeras experiencias de orden técnico las que le llevaron a planificar y
filmar siempre los encuadres exactos para cada escena, cuidando los ángulos de
cámara y los mejores movimientos para que después se pudieran ajustar los
planos acoplados en perfecta armonía.
No se cansaba de repetir que
las películas se construían en la sala de montaje. Cuando llegaba al plató para
empezar el rodaje llevaba en su guion perfectamente estructuradas y definidas
las secuencias a rodar con sus ángulos, encuadres y tamaño de los planos. Si
por necesidades de luz o movimientos de cámara había que introducir
alteraciones, variaba inmediatamente la
planificación sobre la marcha, sin titubear. Y puedo dar fe de que de un modo u
otro el material rodado siempre tenía la correcta correspondencia a la hora de
montar la secuencia. Rodaba pensando que aquel conjunto de planos que se hacían
por separado debían de tener un posterior acoplamiento que diesen fijeza y
fluidez a la narración. Por eso era tan sencillo trabajar a su lado y montar
sus películas. Con interpretar la historia escrita y cada detalle, por nimio
que pareciera, combinando los planos en orden y tiempo de un modo lógico y natural
se obtenía el montaje imaginado por él cuando había escrito el guion. De ahí
que los tiempos que llevó tanto el montaje de Viridiana como de Tristana, constituyan un verdadero
récord.
Nunca hablaba de trabajo fuera de la sala de montaje. Tras
el rodaje de la escena de los mendigos quiso verla en proyección y dijo: ha cometido usted un error imperdonable. El
primer plano de las astillas del leproso no es el bueno. Hay un trozo mejor.
[14]

Y ahora Hélène Plemiannikov, su
última colaboradora: Teníamos mucho contacto. En la sala de montaje yo tenía una
pequeña nevera y él se traía su martini, su ginebra y sus vasos. Llegaba un
poco antes de la hora de comer y nos tomábamos el aperitivo, o bien se
presentaba un rato antes de la proyección...Todas las personas que trabajaron
con él en los rodajes lo saben, siempre se reservaba su momento de
tranquilidad. Disfrutaba reuniéndose en su caravana o en su camerino, con tres
o cuatro técnicos que le caían bien. No
era la ceremonia del té, por supuesto, pero se le parecía y en esas reuniones
te encontrabas, por ejemplo, a Suzanne Berger, que era la script, a Pierre
Lary, a un cámara cuyo nombre no me acuerdo y a mí misma. Sólo se relajaba si
no había mucha gente. Nos solíamos quedar una media hora. Para él suponía un
descanso, una pausa tranquila…
Con él el montaje sí era algo muy fácil.
Él sabía lo que quería y rodaba en consecuencia. Aprendí mucho, porque cuando
alguien sabe lo que quiere, sabe los sentimientos que quiere colocar en la
imagen y sabe resaltarlos, ¡te trae un material extraordinario que se monta
solito! En fin, depende de las secuencias, pero íbamos rápido porque me
resultaba fácil. A la vez aprendí que el montaje no tiene por qué ser sólo ir
empalmando planos, también puede estar en el interior de ellos. Él trabajaba
mucho con el plano secuencia, aunque, de vez en cuando, hubiera escenas o
secuencias con bastantes planos. Con los planos secuencia se aprende la
incorporación del montaje a ese tipo de planos, por decirlo de algún modo. Es
algo que muy pocas personas saben hacer...
El problema es precisamente la dificultad
de obtener esa secuencia –de uno, dos o tres minutos, según los casos- donde no
hay tiempos muertos. No es frecuente conseguir muy buenos planos. Por lo
general, en un escena de dos minutos, hay veinte planos que hay que montar,
engarzar, encontrarles el ritmo, hay un proceso creativo de búsqueda, etc...
Yo creo que había pensado en ellos antes,
por supuesto, pero están en el rodaje, Repetía enormemente las escenas, las
ajustaba y después hacía el plano...

Como hacía los planos secuencia tan
largos, los podía regular con el monitor...
-¿Cuánto duró el montaje en las tres
películas en las que usted participó?
Debí trabajar cuatro o cinco meses en cada
película. Al principio con el rodaje, luego había que continuar, pero yo
trabajaba poco tiempo con él. Para la imagen, teníamos que trabajar en varias
etapas, dos o tres veces por semana, y, luego, para el sonido, teníamos que
discutirlo. También había que investigar la música, aunque no había mucho donde
elegir. En algunos casos era muy especial y luego preparaba todo. Me ocupaba de
los sonidos, de los doblajes, etc. En alguna película sólo se doblaban algunos
pequeños fragmentos. En Ese oscuro objeto del deseo se dobló
todo. Yo ahí me ocupé mucho del doblaje, de la postsincronización. A él no le
gustaba hacerlo, así que era yo la que me encargaba de ello. Él no se podía
quedar mucho tiempo en el doblaje, no lo soportaba, no oía bien y le costaba
mucho...Pasé tres semanas en las sala de sonido para hacer los doblajes. La misma
voz dobló a las dos mujeres...Luego, estaba la preparación de las mezclas, o
sea, la música, los efectos, los sonidos ambientales, todas esas cosas eran
también muy importantes...
[a causa de su sordera] tenía que
explicarle la diferencia entre su escucha y los sonidos que yo oía, o sea, que
el público oiría. Era o más agudos o más graves, según cada caso...
Su función no era ocuparse de la técnica y
dejaba que lo hicieran los otros. Cuando rodaba un plano secuencia, sabíamos
que conocía la técnica del montaje. Con las máquinas no quería saber nada, pero
si hubiera sido preciso, se hubiera servido de ellas.
Cuándo acababa el trabajo, ¿lo visionaban
juntos?
Cuando se acaba la primera proyección del
primer montaje...después comentábamos sobre lo que iba bien, lo que no
funcionaba, si había que rehacer algo o visionábamos, rollo por rollo, para ver
las cosas que chirriaban. Yo solía tomar notas y volvíamos a proyectar después
de que hubieran introducido las rectificaciones. La segunda proyección siempre
lleva menos carga de angustia, pero sigue siendo difícil. Y durante la misma
hablábamos de qué sonidos quería, si íbamos a introducir efectos o no y luego
llamábamos a una o dos personas para conocer su opinión.
-¿Entonces las modificaciones surgían a raíz
de lo que comentaban ustedes dos?
Sí, sí; o si no él, que sabía exactamente
dónde estaba el fallo, me decía: Encuentro que esto es muy simple, ahí
habría que retomarlo, si quiere lo vemos juntos o, si no, lo hace usted sola...
La construcción de El fantasma de la libertad...está
tan bien llevada que se comienza una nueva historia, unos nuevos personajes,
siempre con el mismo hilo conductor; es una hermosa construcción. Hubo más
trabajo de montaje, incluso en el interior de las secuencias, que en otras películas,
fue mucho más largo de lo que suelen ser las películas de Buñuel; llevó
bastante tiempo encontrar el equilibrio.[16]
Terminamos
con una excepción en la forma de trabajar del realizador. De toda la
filmografía de Buñuel, donde se nota más claramente la labor del montador es la
secuencia del Angelus en Viridiana con ese montaje alterno de los
mendigos rezando y los albañiles trabajando en la casa. Como la secuencia no
estaba prevista que fuera de esta manera, Carmen Frías, que era ayudante de
montaje, nos cuenta lo que ocurrió: “La forma
cinematográfica, la manera de hacer, creo recordar que le preocupaba poco. Le
importaba más ir al “grano”, al fondo del asunto, a la historia que contaba,
más que a las formas estéticas. Pero recuerdo dos excepciones que le
preocuparon sobre las demás
La primera es la escena del Ángelus...Pues bien, así como todo el trabajo que hacía Pedro del Rey, el montador, a Buñuel le parecía estupendo, recuerdo que con esta secuencia se metió él directamente en la moviola, y la hizo… Le preocupaba que la secuencia tuviera los elementos (rezos-golpes) colocados de forma que sirviera con más claridad al concepto transgresor y anticlerical que él tenía…
La primera es la escena del Ángelus...Pues bien, así como todo el trabajo que hacía Pedro del Rey, el montador, a Buñuel le parecía estupendo, recuerdo que con esta secuencia se metió él directamente en la moviola, y la hizo… Le preocupaba que la secuencia tuviera los elementos (rezos-golpes) colocados de forma que sirviera con más claridad al concepto transgresor y anticlerical que él tenía…

Buñuel presenciaba todas las pruebas...hasta que encontró un sonido específico que le convenció. Creo que no era un perfeccionista, pero reconozco su maestría en el afán por las cosas bien hechas para sustentar una historia fuerte...Recuerdo que en la anécdota del Ángelus, Pedro del Rey le dijo: “He montado esta secuencia y me han quedado unos raccords que no acabo de ver claro.” Y Buñuel le respondió que a él precisamente le gustaban mal hechos siempre que el fondo del asunto que deseaba plasmar en imágenes saltase a primer plano: en aquella ocasión concreta, el discurso anticlerical que rompía el Ángelus por la mitad.[17]
[1] Roxane Saint–Jean: Entrevista con Luis Buñuel, Kyrios,
1978, Pág. 64
[2] Manuel Michel: Entrevista con Luis Buñuel, Kyrios,
1978, Pág.:45
[3] Tomás Pérez Turrent y José
de la Colina: Buñuel por Buñuel,
Plot, 1993, Pág. 126
[4] Tomás Pérez Turrent y José
de la Colina: Buñuel por Buñuel,
Plot, 1993, Pág. 61
[5] Tomás Pérez Turrent y José
de la Colina: Buñuel por Buñuel,
Plot, 1993, Pág. 176
[6] Roxane Saint–Jean: Entrevista con Luis Buñuel, Kyrios,
1978, Pág. 64
[7] Para los no familiarizados
con el término: découpage es una
palabra de origen francés y en el mundo cinematográfico significa el desglose
que hace el director al convertir la continuidad de la narración de un guion
literario en una consecución de planos a rodar. Buñuel realizaba esta labor de
forma detallada, lo que facilitaba mucho la labor de montaje posterior.
[8] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología), Edicusa,
1973, Pág. 100
[9] Antonio Lara: Lectura de "Tristana", de Luis
Buñuel, según la novela de Galdós. En: La
imaginación en libertad. Universidad Complutense, 1981, Pág. 201
[10] Maurice Drouzy: Luis Bunuel architecte
du rêve, Lherminier, 1978, Pág. 28
[11] Pierre Lary : En torno a Buñuel, Cuadernos de la
Academia, agosto 2000, Pág. 311
[12] Mercè Ibarz: Buñuel documental. Tierra sin pan y su
tiempo, Prensas Universitarias de Zaragoza, 1999, Pág. 96
[13] Pedro del Rey : En torno a Buñuel, Cuadernos de la
Academia, agosto 2000, Pág. 458
[14] Pedro del Rey: Llegamos a Cannes el último día y Viridiana
ganó la Palma de oro. En: Nickel Odeon,
nº 13, invierno 1998, Pág. 132
[15] Pedro del Rey: Llegamos a Cannes el último día y Viridiana
ganó la Palma de oro. En: Nickelo Odeon,
nº 13, invierno 1998, Pág. 134
[16] Hélène Plemiannikov : En torno a Buñuel, Cuadernos de la
Academia, agosto 2000, Pág. 388
[17] Carmen Frías : En torno a Buñuel, Cuadernos de la
Academia, agosto 2000, Pág. 226
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