domingo, 20 de septiembre de 2015

Luis Buñuel y Paco Rabal I



Este post tiene la finalidad de constatar la gran amistad y cariño que existió entre Luis Buñuel y Paco Rabal. Para ello vamos a recurrir, sobre todo a información de primera mano.[1] La amistad entre ambos fue verdadera y de ello da fe Julio Alejandro, guionista de algunas de las películas de Buñuel y amigo de ambos. En su Testimonio oral dedicado al actor murciano declaró: "Tú para él eras verdaderamente un personaje profundamente familiar. Cuando él sonriéndose, casi riéndose, me decía: "Se ha inventado llamarme tío". Le gustó, le encantó. Estaba feliz porque tú, de una manera casi totalmente infantil, podríamos decir, le dijeras tío. Le conmovió. Le hizo como si cerrara un ciclo bonito. Y puedo decirte: en esta ocasión, cuando contó esto y habló de estas cosas, o de otra cosa, tuvo en el rostro conmoción, emoción, fuerza… sensación de cariño, profundo, serio, que tenía cuando hablaba de ti."[2]
El inicio de su relación tuvo como origen el rodaje de Nazarín. Buñuel llevaba tiempo buscando un actor que diera el tipo para interpretar al cura protagonista: Buñuel decidió contratarme viendo en México Historias de la radio[3], de Sáenz de Heredia, por recomendación de Barbachano, a quien, a su vez, me había recomendado Julio Alejandro, y también Margarita Aleixandre y Rafael Torrecilla. Creo que me eligió no tanto porque pensara que yo era buen actor, sino porque daba la edad y el físico, de origen árabe, que quería para Nazario, el protagonista de la novela de Galdós. Por mi parte, yo no había visto nada suyo; sabía de él tan sólo lo que me habían contado los amigos: su pasado surrealista, que había hecho El perro andaluz con Dalí, etcétera. No obstante, tenía una gran ilusión por trabajar con él; era un sentimiento intuitivo. Renuncié incluso a una tentadora oferta de la Metro Goldwyn Mayer para hacer un papel en Goya, junto a Anthony Franciosa y Ava Gardner, y firmé el contrato a ciegas. Acerté de lleno. (1/193)
Llevaba yo, por recomendación de Barbachano, que conocía bien los gustos y las nostalgias de don Luis tras tantos años de exilio —a Buñuel todo el mundo en México le decía don Luis—, llevaba yo, digo, para regalarle a mi próximo director, una pistola del siglo XVII o XVIII que compré a un amigo mío y de Luis Escobar, Duarte Pinto, anticuario portugués, y además de la pistola, una frasca de esas clásicas de las tabernas madrileñas, con auténtico vino de Valdepeñas.(1/186)
A su mujer le escribió: Buñuel es un gran tipo, impresionante. Me ha caído simpatiquísimo y creo que yo tam­bién a él. Cuando llegamos al aeropuerto, televisión, noticiarios, fo­tógrafos, prensa. Me disparaban las preguntas de todos los sitios. Creo -y así lo refleja hoy la prensa y se lo dijeron a Barbachano, el pro­ductor- que les he causado una gran impresión.
Después de este recibimiento me trajeron al hotel. Es un sitio precioso, con un gran jardín y un apartamento enorme. Simpáticos el sitio y el servicio. Sin deshacer las maletas me fui a comer con Julio Alejandro, que aquí es el guionista más pagado. Me dio muchos saludos para ti, M. Asunción. . Platicamos., como aquí se dice, y al lugar donde estábamos comiendo, típicamente mexicano, nos vino a buscar Barbachano para ir a casa de Luis Buñuel.
Julio Alejandro
Enloqueció con la pistola antigua que le traje para su colección -como un niño- y apuró casi medio frasco de vino tinto español que casi le hizo llorar. Algo emocionante. Ya os iré contando de este gran hombre. (2/193)
Yo de Buñuel apenas sabía nada. Me pareció un hombre mayor, cuando en realidad sólo tenía cincuenta y ocho años, diez menos que yo ahora, que me considero un niño. Ya estaba un poco sordo, aunque no tanto como lo estuvo luego.
¿Cómo está usted, don Luis?
Muy bien, ¿y tú?... Pero no me digas don Luis, llámame de tú.
—Es que le tengo mucho respeto...
—Muy bien, muy bien, Paco —se rió entonces—. Muy español, me gusta mucho eso del respeto. Mira, de aquí en adelante me vas a llamar tío y de usted, y yo a ti sobrino y de tú[4]. Así que, ya, tío y sobrino.
Y así fue, hasta el final, aunque no hay final, porque para mí sigue viviendo. Lo sueño mucho, casi tanto como a mi padre y a Damián, a quienes sueño todas las noches (así, vivo con ellos).
Aquel primer encuentro fue emocionante; se produjo un afecto rápido y mutuo, lleno de respeto y admiración por mi parte… Pocos días después completaba mis primeras impresiones. "Inteligente, culto, gracioso, lleno de historia y de recuerdos. Un gran personaje, sordo como una tapia, aragonés hasta la médula, con un acento puro aún y muy simpático. Nos hemos hecho muy amigos. (1/190)
Otro rasgo de Buñuel que me hizo gracia entonces fue su extraordinario conservadurismo en lo que se refería a la vida familiar, tampoco acorde con su forma de ser, aunque sí con su educación católica. Era de los que piensan que los hijos no deben fumar hasta alcanzar determinada edad, fanático de la puntualidad, honrado a carta cabal, al estilo recio y rancio español. En México D.F. yo solía comer con él, con su familia, pero a su hijo Rafael no se le veía nunca en la mesa.(1/192)
Hoy ha sido el primer día de rodaje y hemos hecho poco, porque ha estado casi todo el día nublado. Yo solamente un plano, y vi que he causado buena impresión. Sobre todo aquí, lo más delicado es la cuestión de hablar, puesto que tornan el sonido directo y para el oí­do de los mejicanos el acento español resulta muy chocante —dicen que hablamos 'golpeado'—, del mismo modo que a nosotros el suyo nos suena muy simpático. Aunque en el argumento se justifica, porque digo que soy hijo de españoles con estudios en España, hay que suavizar el lenguaje y no pronunciar ni la zeta ni la ce, y esto todo el mundo dice que me ha quedado bien: "¡Pues muy requetechulo, machito!"(1/190)
Buñuel aprovechaba  las ideas de los propios actores; le gustaba dejarnos improvisar. Hubo una escena en que las dos prostitutas, que seguían a Nazarín a todas partes, como los apóstoles a Jesús, le pedían que se decantara por una de ellas. Y Nazarín, claro, con su idea del amor universal, no quería manifestar preferencias. Entonces a mí se me ocurrió acariciar unos caracoles que había allí…
La idea de acariciar los caracoles le gustó mucho a Buñuel:
-Muy bonita idea, Paco, luego dirán que se me ocurrido a mí. (1/194-5)
Esta anécdota se le ha atribuido, como otras muchas, a Buñuel y como Paco Rabal debió contar en más de una ocasión que era suya, obligó al realizador a escribirle en 1964: Me molestó mucho que creas que te plagié lo de los caracoles. Estuve a punto de escribirte airadamente pero luego pensé: "Desde el momen­to que esta afirmación de Paco me ha molestado tanto quiere decir que es verdad. Si no lo fuera me hubiera reído alegremente". Sí: reconozco y lo escribo aquí para que conste que el autor de cualquier caracolada que haya salido o salga de mis films tiene un autor: Paco Rabal. (3-51)
En carta a su mujer: Hoy hemos estado rodando la secuencia final de la película, precisamente un largo -travelling. de mi caminando cuando me llevan detenido y voy sollozando aho­gadamente.
Buñuel, hombre magnífico, lleno de sensibilidad, ha llorado tam­bién. Al decirme -Muy bien, Paco-, se le ha hecho un nudo en la garganta que me ha emocionado mucho a mí también. Le tengo ya, además de cariño, cada día mayor admiración a este gran hombre de España, formidable personaje ibérico y de la cultura moderna. Todo un tipo. (2-206)
Durante el rodaje de Nazarín
Durante el tiempo que Rabal estuvo en México rodando Nazarín sucedió algo muy interesan­te que aumenta la creciente amistad de Buñuel con Rabal, ya que aquél le salvó la vida. Así es como o explica Julio Alejandro (guionista con Buñuel de Nazarín) en su Testamento oral al actor, aguileño: "Hay una cosa que sí le debes agradecer profundamente a Luis, y es que te salvó la vida en una ocasión. Yo no sé hasta dónde conoces tú, a pesar de haber estado presente en el hecho, en el comedor de los estudios Churubusco, donde estabas en una mesa (donde estaba pre­cisamente Luis) hablando con Columba Domínguez. Ya Columba hacía bastante tiempo, muchos meses o quizá un año, que se había separado del Indio Fernández; pero el Indio no consideraba que algo que le había pertenecido se le escapara de las manos. Vio que esta­bas hablando con ella, corneando con ella, como dicen en Andalucía, y se fue hacia ti dispuesto a pegarte dos tiros, ¡qué sé yo!, en fin, y cosa curiosa, Luis se levantó y detuvo las acciones del Indio, por­que, también curiosamente, el Indio, que respetaba tan pocas cosas, respetaba mucho a Luis Buñuel. Y este le dijo: "¡Hombre, Emilio, siéntese ahí, con nosotros!, ¡tome una copa y vamos a platicar!, ¡qué le importa a usted!, ¡venga, venga... aquí!".
"Pero yo puedo decir —continúa Julio Alejandro, testigo de tan peligrosa situación—, porque lo conocí perfectamente y me daba cuenta muy bien de lo que pasaba en esos momentos, sé que en un tris estuvo que el Indio Fernández no te pegase un tiro". (3/44 nota)
La película fue bien recibida: Mi lanzamiento aquí está siendo muy bueno, y mi ambiente de hacerme amigo de todo el mundo veo que me rodea de simpatías. Lo del teatro, a mi vuelta, será muy importante, pues hay aquí, también, un despertar e interés muy grande por la escena. Posiblemente, mi segunda película con Barbachano sea también con Buñuel, a quien di vuestros recuerdos y se alegró mucho. No paro de reírme con él y ya, naturalmente, le imito. Es, M.ª Asunción, un tipo como D. Alfonso Muñoz, sólo que maño, sordo y rojo. Muy niño y claro, muy culto y con ideas absolutamente personales pero no esnobistas. (2/211-12)
En su carta de 27 de enero de 1959 Paco Rabal hace referencia a un nuevo rodaje con el aragonés: Fijamos mañana la fecha de empezar El acoso con Buñuel. (2-214) El 2 de  febrero piensa que el rodaje empezará a mediados de julio (2-217) El 26 de ese mes: El acoso lo empezaremos en octubre en La Habana. (2-221). El proyecto, como tantos otros no se llevará a cabo.
Nazarín
El 19 de marzo de 1960 vio Los olvidados:  ¡qué película! Me maravilló quizá aún más que Nazarín. Buñuel es un gran artista. Nena, tienes que verla. Terminé muy emocionado.
Después de la película cenamos y luego pasó Él. Yo no vi más que el principio porque tenía que madrugar... De todos modos ya me acosté pasada la l de la mañana y quedé en ir hoy otra vez a las 7 de la tarde para verla entera. Me dijo Buñuel que Gonzalo Elvira le llama de vez en cuando para darle información de sus gestiones para su visado de España y que dice todo va muy bien. Están esperando recibir de Madrid no sé qué papeles. De todos modos, esta película basada en Ángel Guerra —que ojalá se haga— hasta final de año no podría ser, pues tendrán que hacer la adaptación, combinar la producción..., etc. Él, Luis Buñuel, sigue muy entusiasmado y dice que, de cuantos proyectos tiene, es éste el que más le ilusiona. Y a mí, claro. (2/23) No hubo suerte y el proyecto de llevar a la pantalla la novela de Pérez Galdós Ángel Guerra fracasaría.
Cuando Buñuel fue a Cannes a presentar La joven, me dijo:
Si yo pudiera entrar en España, está tan cerca... Iría a Zaragoza, a ver a mi madre, que está muy enferma. A ver si tú lo puedes arreglar.
Con mi hermano Damián y Justo Alonso se lo dijimos a Enrique Llovet, que además de escritor es diplomático y tenía un amigo en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Su amigo llevaba las cuestiones de los exiliados que deseaban volver, a quienes se les exigía una gran cantidad de papeleos; entre otras cosas, debían demostrar no tener delitos de sangre. Gracias al amigo de Llovet, que resultó ser un gran admirador suyo, y al cónsul de España en París, que era su amigo, Buñuel no tuvo que esperar meses y meses, como temía. (1-197)
En efecto, Buñuel le escribía el 10 de mayo de 1960 para agradecerle su intervención: Sobrino más activo, servicial e influyente que tú no creo que exista. Hace tres días el consulado me avisó que esta vez va en serio y tengo el visa que impedirá que me den garrote vil en España. Y eso gracias a ti…
Nazarín
Salgo el día 15 para París. Allí recogeré mi visa el 16 para salir el 17 hacia esa tierra desconocida —no es la que conocí, triste cosa— llamada España. Paso por Barcelona a ver a mi hermana, luego estaré ocho o diez días en Zaragoza  y me tendrás en Madrid hacia el día 1 de junio. Te avi­saré mi llegada con gran exactitud. (3/29)
En Madrid, Buñuel se alojaba en la torre de Madrid. Durante una temporada yo tuve también un apartamento allí, donde se acercaba a visitarme en secreto una dama de altísimo copete, echado el velo para que nadie la reconociera. El apartamento lo tenía también con Justo Alonso y Justo, que solía ponerles nombre a las cosas o la gente, lo llamaba "La gran paz", como lugar que era donde dar fin a las batallas de la noche. Al tío Luis, aunque no se privaba de nada, no solía hacerle mucha gracia que le contaran líos de faldas; era un hombre muy serio y muy discreto. En aquel caso, sin embargo, estaba encantado con lo que yo le confiaba. (1-198)
En relación con esta anécdota nos cuenta Julio Alejandro: "Recuerdo cómo le atraía esa fama que tú tuviste en cierta época, creo que fundamentalmente porque todo el mundo lo dice, de hombre amoroso, de gran conquistador… Y al mismo tiempo le conmovía mucho también (lo comentó conmigo) que siendo esa persona que habías sido, y que tú eras entonces, en esa época de conquistador, de mujeriego, de hombre al cual se entregaban las damas con bastante facilidad, tuvieras sin embargo el profundo respeto, el amor tan intenso, tan fundamentado, tan arraigado, tan firme, tan imposible de destruir que tenías por Asunción, a la que todos los que hemos tenido el gusto y el honor de conocer hemos estimado profundamente y admirado mucho."[5]
Fue por aquel entonces cuando se fraguó la película Viridiana. El origen inicial de la aventura fue que Gustavo Alatriste —quien produciría finalmente la película a medias con Unin ci— y su mujer, la actriz Silvia Pinal, me pidieron que les presentan a Buñuel, pues no lo conocían pese a vivir todos en México.
—No, ya los veré yo en México, Paco, no quiero conocer a nadie —se resistía él.
Insistí y por fin logré concertar una cita en el hotel Fénix, don de vivían Gustavo y Silvia (hoy ya están separados). Ellos querían hacer una película sobre el alcantarillado, los sitios por donde pasan las aguas en el subsuelo de México D.F. A Buñuel no le gustó la idea. (1/200)
Más tarde llegarían a un acuerdo para el rodaje de la película. Cuando regresó a España, esta vez ya para rodar Viridiana, vino a casa y se quedó mirando, asombrado, los ojos enormes de mi hija Teresa, que tenía nueve años:
¿Por qué no me dejas a tu hija para que haga el papel de Rita?
Rita es la niña que salta a la comba y cuyas piernas mira Fernando Rey —mi padre, en la película—, libidinoso...
Me gusta mucho que los ojos inocentes de tu hija vean el vicio, el empeño de este hombre...(1/200-201)
Viridiana
Tras el escándalo provocado por la película en España, Buñuel no sabe si puede volver a España y le  pide información a Paco Rabal: Dime también si crees que con el filmito ese me han vuelto a cerrar las puertas de nuestra querida España. Aunque solo sea como turista, pues como director, ni hablar. (3/36-7)
Siempre que Buñuel venía a España solía verse con Paco Rabal, si era posible. Con frecuencia comía con su familia: Excuso decirte que estaré encantado si mi queridísima sobrina, tu mujer, me invita a comer en vuestra casa haciendo algo, culinariamente hablando, digno de mí, o sea, algo de lo que más les gusta a los carreteros españoles: vino de Arganda, cebollas con sal, queso manchego y pan…Llegaré a Madrid en los primeros días de Abril… Excuso decirte que te llamaré enseguida. (3/46-7)
El actor murciano en julio de 1962 estuvo viendo La edad de oro, como ayer te dije por teléfono y que me entusiasmó. Me reí mucho, pues veía a Buñuel, sus gestos y sus bromas a través de los personajes. Es una película tremenda y deliciosa al mismo tiempo. Le pienso escribir ya contestando a la carta que me envías, en la que me llama de Vd., no sé si por viejo mexicano o por distracción. (2/255)
Terminamos la primera parte de este largo post con dos despedidas:
El comentario de Buñuel sobre Paco Rabal en sus memorias: Me agrada el actor y me agrada el hombre, que me llama «tío» y al que yo llamo «sobrino»[6]

Y el poema que le dedicó Paco Rabal a su "tío" en el centenario de su nacimiento:

A mi “tío” Luis Buñuel, paisano de Goya.

Si, Buñuel, por un azar,
hubiera nacido antes
que nació el cinematógrafo,
se dedicaría a las artes.
Y quién sabe si pintor,
como Goya, de los grandes.
Aragoneses los dos
y genios universales.
Si Goya hubiera nacido
casi dos siglos más tarde,
fuese posible que el cine
habría de impresionarle
y hasta quizá hubiera hecho
una obra impresionante.
Y a Buñuel le copiaría,
como él hizo con Velázquez.
A Luis Buñuel le elogiaban:
“¡Como Goya son iguales!”
y él socarrón respondía:
“¡Aragoneses y vale!”

Águilas, 25-1-2000  Paco Rabal
Para leer la continuación: Luis Buñuel y Paco Rabal II

[1] Para facilitar la lectura, como la mayor parte de las notas hacen referencia a 3 libros los vamos a indicar brevemente con unos números. El primero hace referencia a uno de los tres libros siguientes y el segundo a la página del mismo.
1-Paco Rabal: Si yo te contara, Aguilar, 1994, págs. 186-208
2-Asunción Balaguer y Paco Rabal: Las cartas de nuestra vida. Correspondencia privada (1949-1975), Belacqva, 2004, págs. 193-295
3-Pedro Guerrero Ruiz (Ed.): Querido sobrino. Cartas a Francisco Rabal de Luis Buñuel, Pre-textos, 2001, págs. 29-86
[2] Pedro Guerrero Ruiz (Ed.): Querido sobrino. Cartas a Francisco Rabal de Luis Buñuel, Pre-textos, 2001, págs. 27-8
[3] 1955
[4] Por la correspondencia de Paco Rabal, el encuentro con Buñuel se debió producir el 16 de julio de 1958, sin embargo en su carta de 27 de enero de 1959 le dice a su mujer: "Esta mañana me ha llamado "mi tío Buñuel" –así le llamo, y él me dice a mí "sobrino", por lo que deduzco que el tratarse de tío y sobrino debió ser bastante después de ese primer encuentro y más próximo a enero de 1959.
[5] Pedro Guerrero Ruiz (Ed.): Querido sobrino. Cartas a Francisco Rabal de Luis Buñuel, Pre-textos, 2001, págs. 32-33
[6] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 235

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