Diario de una camarera (Le journal d'une femme de chambre, 1964)
Buñuel iba a rodar Diario de una camarera en México para Alatriste y con Silvia
Pinal como intérprete, pero el productor francés Serge Silberman le pidió hacer
una película para él en Francia y nos pusimos de acuerdo en una adaptación de "Memorias
de una doncella", de Octave Mirbeau, libro que yo conocía desde hacía
mucho. Por diferentes razones, decidí desplazarla en el tiempo, aproximarla a
nosotros, situarla hacia finales de los años veinte, época que yo había
conocido bien. Eso me permitió, en recuerdo de La Edad de oro, hacer gritar al
final «¡Viva Chiappe!» a los manifestantes de extrema derecha.[1]
Con Diario
de una camarera he querido abordar la introspección sobre la
mentalidad y la moralidad de la burguesía francesa de provincias en torno a los
años 30. La moral burguesa es lo inmoral para mí, contra lo que se debe luchar.
La moral fundada en nuestras injustísimas instituciones sociales, como la
religión, la patria, la familia, la cultura, en fin, los llamados "pilares
de la sociedad". En lo que respecta a Diario de una camarera, creo que
contiene muchos de los temas que me son naturales y que reflejan mis intereses
más auténticos.[2]
La
novela es sólo un punto de partida. En ella, Célestine sirve en muchas casas
consecutivas. Preferí concentrar los episodios que me interesaban en una sola
casa. Añadí un elemento de otro episodio: el viejo fetichista.[3]
Buñuel aceptó rodar Diario de una camarera como consecuencia
de la negativa de la censura franquista a que rodara en España Tristana, algo comprensible dado el
escándalo causado por Viridiana dos años antes. El rodaje
comenzó el 21 de octubre de 1963 en los Franstudio (Saint-Maurice). Interiores
en Billancourt. Estreno en París el 4 de marzo de 1964 en los cines Colisée,
Marivaux y Bosquet de París.
Con
esta película, que fue rodada en París y en las proximidades de Milly-la- Forêt
durante el otoño de 1963, yo descubrí por primera vez a unos colaboradores
franceses que nunca me abandonarían: Pierre Lary, mi primer ayudante, Suzanne
Durremberger, excelente script, y el guionista Jean-Claude Carrière, que hace
el papel de cura. He conservado el recuerdo de un rodaje tranquilo, bien
organizado, amistoso. Con ocasión de esta película conocí a la actriz Muni,
singular personaje animado de una vida muy personal, que se convirtió, en
cierto modo, en mi mascota.[4]
La
película supone en cierto modo un ajuste de cuentas contra ese nacionalismo
parafascista que Maurras y L´Action
Française movilizaron. Es decir, la ultraderecha que atacó a través de Les
Camelots du Roi su película de La edad de oro en París en 1930.
Se
trata de una de sus obras más cuidadas formalmente, con una dirección de
actores espléndida y muy homogénea. Jeanne Moreau alcanzó una interpretación
memorable.
Célestine
siente una mezcla de odio y fascinación por Joseph por su brutalidad, que nos
recuerda la de Séverine en Belle de jour ante los personajes
que la maltratan…
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Joseph recoge a Celestine cuando llega |
Los datos de la
infancia del realizador contenidos en la película son señalados por sus
hermanas Conchita y Margarita: "Como sabes, nosotros hemos visto muchas
veces la película de Luis El diario de una camarera. Y nos
damos cuenta de que hay muchas cosas en ella que son recuerdos de nuestra casa.
La cocina recuerda la que teníamos en nuestra casa de Calanda, que era la finca
de recreo. Lo del fogón y las ratas era de casa. También lo de la mujer que
tiene manía por la limpieza y por los objetos, etcétera: es nuestra hermana
Maria, que es la única aristocrática, entre comillas, de la familia. Y lo de
los botines, son iguales a los que llevaba nuestra institutriz francesa. Lo de
los caracoles es un recuerdo. Salíamos los hermanos al campo, luego de llover,
a recoger en una cesta los caracoles."[6]
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Todos los sirvientes de la casa |
Si
en El
ángel exterminador Buñuel nos mostraba hasta donde puede degradarse la
burguesía "urbana", aquí ataca a la burguesía rural de provincias. Su
demoledor análisis de la moral burguesa, cuya divisa "Familia, Religión y
Patria" es el telón de fondo invisible pero permanente del film. Y
ofrecía, además del retrato implacable de una familia de la burguesía rural, un
análisis lúcido de las relaciones entre amos y siervos.
La
moral del film es demoledora y todos los personajes son mostrados bajo luz
negativa, tanto los amos como sus sirvientes. Célestine es una arribista;
Joseph es, además de asesino, un fascista y un racista; sus amos son mezquinos;
el capitán que contraerá matrimonio con Célestine es un embustero que encubre
sus mentiras con referencias al honor militar, y acaso el personaje que mejor
parado queda en esta galería de egoísmos sea el suegro, que con su singular
fetichismo erótico no causa daño a nadie y fallecerá asido a los botines
ofrecidos amorosamente a la sirvienta.
La
película posee los toques inconfundibles de la personalidad de Buñuel.
Recordemos las piernas de la niña violada, ensangrentadas y sobre las que se
deslizan los caracoles; o las magistrales escenas del fetichismo de pies, con
Jeanne Moreau sirviendo dócilmente la lujuria del suegro, tema fetichista que,
como hemos visto, es recurrente en la obra de Buñuel. Y, sobre todo, la
manifestación fascista en Cherburgo que cierra el film.. que se alejan a saltos
(por montaje sincopado) lanzando gritos de "¡Viva Chiappe!" Buñuel
salda cumplidamente su deuda histórica con uno de sus films más demoledores y,
a la vez, beneficiado por las excelentes condiciones técnicas de rodaje y de
interpretación.[7]
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El Sr. Monteil intenta seducirla |
La
película nos hace un retrato ajustado de la sociedad rural francesa a través de
una galería de personajes (rentistas, pequeñoburgueses, exmilitares, curas,
sacristanes y criados) significativos.
Nada
viene a distraer la atención del espectador y ningún personaje positivo está
allí. Todos los protagonistas son negativos y cada uno de sus frases, cada uno
de sus gestos de estos horribles personajes obliga a los espectadores a odiarlos…
La heroína está a gusto en estas aguas turbias. Juega a un juego bastante
odioso: su único fin es hacerse un lugar en el sol. Ella es sin embargo más
compleja que los otros, porque ella sería capaz de sufrir ciertos sentimientos,
a costa de su voluntad de triunfar en el sentido más bajo de la palabra.[8]
Ni la protagonista se salva, porque aspira a convertirse en burguesa y no
le importan los medios a los que tenga que recurrir. Delata a su amante y se casa con el viejo capitán de al lado, para vivir «como una reina.[9]
La interpretación
de Jeanne Moreau fue memorable y Buñuel no tuvo inconveniente en afirmar:
Siempre he sido sensible al andar de las
mujeres, así como a su mirada. En Memorias
de una doncella, durante la escena de los botines, tuve un verdadero placer
en hacerla caminar y en filmarla. Cuando anda, su pie tiembla ligeramente sobre
el tacón del zapato. Inquietante inestabilidad. Actriz maravillosa, yo me
limitaba a seguirla, corrigiéndola apenas. Ella me enseñó sobre el personaje
cosas que yo no sospechaba.[10]
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El anciano Sr. Rabour y sus botines |
La película
provocó desconcierto/decepción en una parte del público predispuesto a ser
deslumbrado con las visiones de Buñuel, y que en vez de eso encontraba un film
de un realismo riguroso, parco en imágenes- choque, carente de moraleja y
poblado de personajes antipáticos, con ninguno de los cuales podía sentirse en
comunión.[11]
Bajo la apariencia de historia lineal, coherente, y
lógica que demandaba el cine comercial se pueden encontrar una serie de
críticas que van de lo social a lo político. Se critican los ejes del
capitalismo, la burguesía y la nación. Hay críticas al trabajo y al capital, la
familia y la iglesia, el país y el ejército. El trabajo es alienante – para
quien trabaja – y es una muestra clara de un orden social muy rígido. La
familia burguesa se ataca principalmente por su decadencia moral. Lo que le
importa a la señora Monteil no es que su marido se acueste con las criadas,
sino que este hecho le provoca pérdidas económicas. La iglesia resulta
malparada también. Tenemos un sacristán que es ideólogo de un grupo
ultraderechista y que firma panfletos reaccionarios y demagógicos. Al igual
como, en otra escena, en la que el cura confesor aparece con sus faldas dando
patadas a la puerta del señor Rabour con una violencia poco propia,
supuestamente, de un clérigo. El binomio país-ejército se critica a través de
la figura de Mauger, el comandante retirado vecino de los Monteil. Un personaje
provocador y carente de cualquier tipo de ética, que disfruta arrojando piedras
y trastos a la finca de su vecino, sin importar el daño que pueda causar.
Joseph, igualmente, es una figura crítica en este sentido, ya que, cometiendo
crímenes horrendos, es capaz de postularse como patriota y defender activamente
su concepto de nación: antisemita, antiextranjera y ultraderechista – conceptos
que Buñuel trata de criticar.[12]
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La Sra. Monteil cuenta sus problemas al sacerdote (J. C. Carrière coguionista) |
Diario de una camarera es una
constatación sin equívocos, una advertencia, una reflexión política y un
arreglo de cuentas, que participa de la palpitación del humanismo buñueliano.[13]
Era
su mejor realización técnica y profesional, todos lo afirman. De prodigiosa
concisión y economía en la imagen y narrativa. Bruscos cortes en el montaje nos
llevan radicalmente de una escena a otra, llevando al límite el avanzado
lenguaje de la “nueva ola” francesa, que se inspiró en él y a quién ahora
Buñuel devuelve el homenaje homenajeándolos. La secuencia final es un modelo:
una manifestación fascista aparece al fondo de una calle de París, cubierta de
nubes tormentosas. Corte. La manifestación a media calle. Corte. La
manifestación en primer término, con sus pancartas...Se oye un trueno brutal.
Corte. El film ha terminado…
Le
journal d'une femme de chambre es un film muy equilibrado,
voluntariamente sobrio, neto, directo, hiriente. Es un film de constatación sin
equívocos, una advertencia y una reflexión política que irriga los valores
palpitantes de un humanismo buñuelesco invariable en sus opciones cardinales
por una dialéctica de la libertad, de la rebelión y del amor, inscrito en el
corazón del realismo mágico y de la magia realista[14]
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Celestine está dispuesta a acostarse con Joseph para sacarle la verdad |
En el filme podemos distinguir como dos partes. En
la primera, que abarca hasta el asesinato de la niña, se presentan y describen
los distintos personajes a través de los ojos de Celestine. La protagonista es
utilizada por Buñuel como vehículo de su mirada, de ahí que en esta parte de la
película su protagonismo no destaque mucho por encima de los otros. Es a partir
del asesinato de Clara que Celestine cobra protagonismo y actúa con autonomía.
Es entonces cuando vemos a una mujer decidida y astuta para conseguir sus
objetivos: la confesión de Joseph o convertirse en una burguesa al casarse con
el capitán Mauger.
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Celestine se casa con el capitán y se convierte en una burguesa |
Buñuel sobre el amour fou: No reniego: lo profano. Está bien profanar… Es vivificante, a veces, blasfemar contra lo que uno cree.
Y
terminamos con unas declaraciones de Jean-Claude Carrière, coguionista de la
película: "Preferimos no ver Le journal d´une femme de chambre[17]
(Renoir) y hacer Diario de una camarera
como lo hicimos. Es un film que no nos satisface completamente ni a uno ni a
otro. Hay cosas –puedo decirlo porque lo sé- que le gustan mucho y otras que le
gustan menos. Realmente lo que añadió fueron las manías sexuales del viejo. El
lado político, que en el libro era muy virulento, lo hemos atenuado. Se da la
circunstancia de que este lado político –o más bien policíaco- es el que más
nos molesta. Por ejemplo, la intriga para saber quién mató al guardia[18]
[sic] nos importa poco. Sin embargo
puede ser que estemos equivocados."[19]
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Joseph compra el bar que quería aunque tiene que casarse con otra |
[1] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 233
[2] Tomado de: Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C.,
1982, Pág. 275
[3] Buñuel se equivoca. El viejo
fetichista sí es de ese episodio. Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Pág. 133
[4] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 234
[5] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C.,
1982, Pág. 276
[6] Recogido por Muñoz Suay en Max Aub:
Conversaciones con Buñuel, Aguilar,
1985, pág. 434
[7] Roman Gubern: Cine Español en el exilio. Lumen, 1976, Pág. 150
[8] Ado Kyrou: Bunuel. Seghers, 1966, Pág. 84
[9] Tomás Pérez Turrent y José de la
Colina: Buñuel por Buñuel. Plot,
1993, Pág.134
[10] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 234
[11] José de la Colina: Celestine
o las recompensas del vicio.
Revista de la Universidad de México
[12] Francisco Villena: Le Journal d’une Femme de Chambre:
Mirbeau Renoir Buñuel, Rebeca,
año I, nº 1, pág. 259
[13] Freddy Buache: Luis Buñuel. Guadarrama, 1976, Pág. 175
[14] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.291
[15] Tomás Pérez Turrent y José de la
Colina: Buñuel por Buñuel. Plot,
1993, Pág. 135
[16] Agustín Sánchez Vidal: De las coproducciones al tríptico final.
En: Buñuel en 3 dimensiones, Gobierno
de Aragón, 1999, Pág. 38
[17] The Diary of a Chambermaid,
1946
[18] Se refiere a la niña Clara
[19] Jean-Claude Carrière: Cómo conocí a Luis Buñuel. (1965)Tomado
de: Nickelodeon, nº 13, 1998,
invierno, Pág. 109
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