domingo, 4 de diciembre de 2016

El uso del collage por Luis Buñuel

Empecemos por definir el collage y para ello acudimos a Max Ernst, sin lugar a dudar el referente en este tema: “Consiste en la explotación del encuentro fortuito, en un plano adecuado, de dos realidades distantes,”[1] y que nos recuerda la conocidísima cita de Lautréamont: “Bello como el encuentro fortuito, en una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas.” El collage rompe la identidad de los componentes que lo integran.
También lo podemos definir como "el cultivo de los efectos de un extrañamiento sistemáti­co"…Es, pues, el extrañamiento lo que interesa como peldaño de acceso a la superrealidad. Y la más sólida manera de lograrlo consiste en unir lo que es dispar (collage) o separar lo que está unido o es afín (mutila­ción). Collage y mutilación no son, por tanto, sino el haz y el envés de una misma actitud a la búsqueda del extrañamiento que rompa con la neutralidad opaca y gris que ha llegado a adquirir lo cotidiano.[2]
La mutilación no es sino la operación previa al collage..., ya que  hay que destruir la realidad para que nazca otra nueva, de la cual la primera no es más que una superficial corteza...
Collage  y mutilación no son, por tanto, sino el haz y el envés de una actitud a la búsqueda del extrañamiento  que rompa con la neutralidad opaca y gris que ha llegado a adquirir lo cotidiano[3].

El collage es, además de una técnica, una concepción del mundo ins­talada con fuerza en el propio núcleo del surrealismo: ¿qué son los juegos de preguntas y respuestas, si-quand y el del cadáver exquisito sino collages en que coinciden diversas perspectivas sobre una hoja de papel o una frase?[4]
Antonio Monegal nos da también su visión del tema: “Definido como proceso de desclasificación  y reclasificación de materiales que son en sí mismos reconocibles, e incluso familiares, pero a los que se ha desplazado de su función original. Desde este punto de vista la asequibilidad de la imagen aislada no invalida el mecanismo de subversión del sentido que opera en el texto. La afirmación contraria es también pertinente: una imagen que contrasta por su resistencia a la interpretación con la coherencia del discurso lógico en el cual es introducida, abre en éste una brecha de sin–sentido que afecta a la lectura del conjunto. Buñuel pone en práctica ambos procedimientos en sus películas.”[5]
Max Ernst, el creador del collage surrealista, detectó no pocos collages en la obra de Buñuel: "Pienso en La edad de oro: la vaca en la cama, el obispo y la jirafa arrojados por la ventana, la carreta que atraviesa el salón del gobernador, el ministro de la gobernación pegado en el techo después del suicidio, etc.[6]
En efecto, el cine y la obra literaria de Buñuel están construidos con procedimientos relacionados con el collage, como es unánimemente reconocido  y él mismo lo ha teorizado en Decoupage o segmentación cinematográfica: Un film, en último término, se compone de segmentos, de residuos de actitudes, que, tomadas así, separadas y arbitrariamente, son architriviales, desposeídas de significación lógica, de psicología, de trascendencia literaria[7].
En él rematan sus observaciones sobre las posibilidades del cine para… reunir los planos más dispersos de la realidad y de rehacerla y reinterpretarla mediante un doble proceso de segmentación y recomposición– collage.[8]
Buñuel procura hacer extrañas las cosas cotidianas y cotidianas las extrañas, con una rara habilidad para convertir lo obvio en raro, y lo raro en obvio. Actitud esta tan fundamental en su cine, que constituye su principal marca de fábrica. Las sacudidas más hondas de sus películas se originan en el extrañamiento de personajes, objetos y situaciones de su origen primigenio (mediante la mutilación) para recomponerlos, gracias al collage, en una nueva identidad que ha prescindido de su ubicación jerárquica primitiva. 
Ello le permite hacer aflorar en la pantalla el lado oculto de la mente, ateniéndose a una concreción de muy española rotundidad, que hace virtud de la necesidad que tiene el cine de ocuparse de lo interno fotografiando lo externo. El punto de encuentro de esa encrucijada será, justamente, el objeto.[9]
Para convertir lo obvio en raro, y lo raro en obvio Buñuel se vale del collage con el que recomponer un rico substrato de personajes, objetos y situaciones en un orden y jerarquía muy distintos, e inevitablemente buñuelianos, en el que el punto de referencia es siempre el objeto, aunque éste se convierta en deseo...
En los años 30 comienza a prodigarse el cultivo del collage y el fotomontaje...que hacen poner a los medios más realistas del lado de lo imaginario o de lo absurdo.
Sin duda, es lo que se trasluce de esas dos primeras películas buñuelianas a las que, además, incorporó la costumbre surrealista de crear el título a partir del encuentro con una palabra o grupo de palabras inesperadas que dan una visión nueva a la obra, ya sea un cuadro, un libro o una película. Además, Buñuel fabricará su cine como un encolador, como alguien que prepara un collage engendrando una visión distinta al componer la escena con materiales heteróclitos, cuyo resultado es el producto de una combinación de pegotes...
No hace otra cosa con sus películas sino llevar a la práctica lo que sus contemporáneos realizan en el arte abusando con fruición del collage o el fotomontaje... [10]
Buñuel no vacilaba en lanzarse a la búsqueda de imágenes emblemáticas y complejas, que no tenían en apariencia ninguna relación con la realidad inmediata, pero que, justamente por su lado inesperado, nos obligaban a penetrar en una realidad más secreta, opaca y profunda. Es muy difícil de olvidar y de desactivar estas imágenes, a causa de su construcción subliminal cuidada que disemina los detalles, provocando unos cortocircuitos en el espectador. Estos detalles –que a veces no duran más que algunas décimas de segundo- pueden trabajar, a la manera de un collage, sobre un mismo plano…[11]como sucede en Un perro andaluz con el inserto del libro en el que se ve la reproducción de La encajera de Vermeer junto a una jaula con ratones y una jeringuilla. O bien producen su efecto de manera secuencial, sembrando un sordo malestar a lo largo de distintos planos y haciendo estallar ese flujo subconsciente en un momento dado (dos buenos ejemplos podrían ser los sueños de Los olvidados o Subida al cielo).”[12]
La matriz poética tanto de su obra literaria, como cinematográfica... reside en la mutilación de lo original y primigenio para recomponerlo mediante el collage en una nueva identidad que ha prescindido de su ubicación jerárquica primitiva. La alquimia inherente al caso se ejerce en un viaje real o alegórico...(La vía láctea, Nazarín, Viridiana, El discreto encanto de la burguesía...)[13]...
En resumen, la actitud básica de Buñuel, su matriz poética presente, sin solución de continuidad, tanto en el cine como en la plataforma li­teraria donde adquiere consistencia, reside en la mutilación de lo origi­nal y primigenio para recomponerlo mediante el collage en una nueva identidad que ha prescindido de su ubicación jerárquica primitiva. La alquimia inherente al caso se ejerce en un viaje real o alegórico. Vía Láctea empedrada de ortodoxias y heterodoxias que a menudo con­vierten el camino de perfección en guía de avisos para forasteros o en derroteros picarescos, pero rara vez en caminos de Damasco. Porque la Viridiana exclaustrada quizá descubra la literalidad de que Cristo está entre los mendigos y el quijotesco Nazarín ejerza su espiritualidad por los caminos entre prostitutas, pero ahí no ha hecho sino comenzar un nuevo itinerario.[14] 
La obra literaria y cinematográfica de Buñuel (a inspiración de Gómez de la Serna) parte “de una ruptura del vínculo que une a los objetos a su entorno habitual para redefinir su identidad en otro contexto mediante un proceso de extrañamiento y la técnica del collage surrealista, tal y como pedía Ramón, proponiendo hacer disociaciones y asociaciones inusitadas.[15]
Son numerosos los ejemplos del uso del collage en su obra literaria: Suburbios, Una traición incalificable, Carta a Pepín Bello en el día de su San Valero, etc, pero el ejemplo más destacado es, sin lugar a dudas, Una jirafa: “Se trata… de un auténtico "lugar de encuentro", en el sentido que daban los surrealistas a esta expresión; esto es: una convergencia en grado tal de planos diferentes de la realidad, del espacio y del tiempo, que solo pueden plantearse en el ámbito de la suprarrealidad. En este gigantesco collage se vulnera el tiempo, el espacio y los géneros, al integrar un poema, una sinfonía (wagneriana, claro está), una escena melodramática, un paisaje real de Aragón, otro arquetípico que parece sacado de un belén, una pintura, una enumeración caótica, e incluso una maqueta de film..."[16]
Buñuel reconocía el uso del collage en sus películas: La muerte en este jardín: Lo primero que atrajo mi imaginación es esa soi­rée en medio de la naturaleza salvaje. Si uste­des quieren, es como un cuadro surrealista, como un “collage”; de Max Ernst, como los cuartos de res en el interior de un tranvía, en La ilusión viaja en tranvía.[17]
El realizador hizo un uso intensivo del collage en su obra cinematográfica, siendo en sus dos primeras películas, Un perro andaluz y La edad de oro donde más claramente se aprecia: “En ambos films se hallan transgresiones semánticas, es decir, imágenes que violentan la representación de la realidad mediante propuestas icónicas aberrantes o monstruosas desde el punto de vista del realismo (la mano-hormiguero, el hombre sin boca, las nubes y el viento que surgen del espejo de un tocador en una habitación), y transgresiones sintácticas, con articulaciones arbitrarias y provocadoras, propias del surrealismo y en la estela de su “cadáver exquisito”, bien sea mediante la fórmula del collage en el interior de la imagen (una vaca sobre un lecho burgués o un carromato campesino atravesando el salón de una fiesta elegante, en La edad de oro), o bien mediante articulaciones sintácticas producidas por el montaje.”[18]
En Las Hurdes/Tierra sin pan “se produce un contrapeso muy notorio entre el montaje visual y el montaje sonoro. Sus imágenes, con la preeminencia del primer plano, están basadas en la lógica del collage y la yuxtaposición…,[19]
Y así podríamos seguir con el resto de su obra: desde el collage sonoro del final de El gran calavera, donde se entremezclan lo que dice el cura y lo que se oye por el altavoz, haciendo surgir el inconsciente en películas como Los olvidados o La ilusión viaja en tranvía. Tanto en La muerte en este jardín como en El ángel exterminador se insertan alucinaciones como un collage surrealista.
En Viridiana “rituales, ceremonias, frases, símbolos, fetiches, cuadros u oraciones son retomados por Buñuel, reelaborados y colocados en contextos extraños y sorprendentes. Dicho en otras palabras, Buñuel opera con la religión una suerte de collage, al colocar sus signos en contextos inesperados que los hacen percibirse de modo inquietante y los convierten en verdaderos objets trouvés.[20]
Así hasta llegar a sus películas francesas, que están concebidas a modo de collages. Como ejemplo La vía láctea que es una especie de collage sobre la vida de Jesucristo.
Y a todo esto no hemos tocado el tema de los animales en el cine de Buñuel, su famoso bestiario. Como decía Ado Kyrou: “Los animales han sido siempre un elemento esencial de todo collage. Además de su aspecto naturalmente insólito, pueden ser desplazados para crear esa atmósfera de surrealidad”.[21]


[1] En: Le Surréalisme au service de la Revolution, nº 6, 1933. Sacado de: Luis Buñuel: Obra literaria. Ed. Heraldo de Aragón, 1982, Pág. 59
[2] Agustín Sánchez Vidal en: Luis Buñuel: Obra literaria. Ed. Heraldo de Aragón, 1982, Pág. 59-60
[3] Ibídem, pág.60
[4] Ibídem, pág.61
[5] Antonio Monegal: Luis Buñuel de la literatura al cine, Anthropos, 1993, Pág. 68
[6] Agustín Sánchez Vidal en: Luis Buñuel: Obra literaria. Heraldo de Aragón, 1982, Pág.77
[7] Decoupage o segmentación cinegráfica, en: La Gaceta Literaria, nº 43, Madrid, 1 octubre 1928, En: Luis Buñuel: Obra literaria. Heraldo de Aragón, 1982, Pág.61
[8] Agustín Sánchez Vidal en: Luis Buñuel: Obra literaria. Heraldo de Aragón, 1982, Pág. 278
[9] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel, Cátedra, 1991, Pág. 31
[10] Alfredo Romero Santamaría: Surrealismo y collage desde Buñuel. En: El sueño rojo de Buñuel, Gobierno de Aragón, 2000, Pág. 30
[11] Agustín Sánchez Vidal: L´âge d´or. Correspondance Luis Buñuel-Charles de Noailles, Centre Georges Pompidou, 1993, pág. 17
[12] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág.21
[13] Agustín Sánchez Vidal en: Luis Buñuel: Obra literaria. Heraldo de Aragón, 1982, Pág.62
[14] Agustín Sánchez Vidal en: Luis Buñuel: Obra literaria. Heraldo de Aragón, 1982, Pág. 64
[15] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin, Planeta, 1988, Pág. 98
[16] Agustín Sánchez Vidal en: Luis Buñuel: Obra literaria. Heraldo de Aragón, 1982, Pág. 271
[17] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 102
[18] Román Gubern: Proyector de luna, Anagrama, 1999, Pág. 413
[19] Mercè Ibarz: Buñuel documental. Tierra sin pan y su tiempo, Prensas Universitarias de Zaragoza, 1999,  Pág. 114
[20] Vicente Sánchez-Biosca: Viridiana, Paidós, 1999, Pág. 53
[21] Ado Kyrou, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, VIII. Pág. 251

No hay comentarios:

Publicar un comentario