domingo, 23 de octubre de 2016

El tema del doble en el cine de Luis Buñuel



Buñuel disfrazado de monja
Ya hablamos en otro post del gran interés del Buñuel por los disfraces: Adoro los disfraces, y eso desde mi infancia. En Madrid, a veces, me disfrazaba de sacerdote y me paseaba así por las calles, delito castigado con cinco años de cárcel. También me disfrazaba de obrero. En el tranvía, nadie me miraba. Estaba claro que yo no existía… El disfraz es una experiencia apasionante que recomiendo vivamente, pues permite ver otra vida. Cuando va uno de obrero, por ejemplo, se ofrecen automáticamente las cerillas más baratas. Todo el mundo pasa delante de uno. Las chicas no te miran nunca. Este mundo no está hecho para uno.[1]

Es muy posible que esa pasión de Buñuel por los disfraces, por la doble personalidad, fuera lo que le llevara a aparecer como figurante o “actor” en una serie de películas, siempre “disfrazado” con otra personalidad. Y también debe estar relacionado con el tema del doble en su filmografía.
Como es bien sabido la obra cinematográfica de Luis Buñuel comienza con Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929) y termina con Ese oscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir, 1977) y en ambas películas es donde el realizador desarrolla con más claridad el tema del doble.
En una de las secuencias más sugestivas e intrigantes de Un perro andaluz el protagonista aparece estirado e inmóvil en la cama, con una prendas y atributos, manteletes, cofia, etc.- que connotan inmadurez o feminidad. Por las escaleras de su casa sube muy decidido su doble, tocado con sombrero de calle —una prenda adulta—, en­tra en la casa, amonesta a su otro yo y le obliga a incorporarse del le­cho. Le despoja de sus prendas afeminadas y las arroja por la ventana. Le ordena luego ponerse de cara a la pared y con los brazos en cruz. Un letrero indica: «Dieciséis años antes». Entonces, en una imagen al ralentí, el recién llegado va hacia un pupitre de colegio y toma de él unos libros, que entrega a su otro yo, quien sigue de cara a la pared. Los libros se transforman en revólveres en sus manos y dispara sobre su otro yo intruso, que cae muerto y, en su caída, va a parar a un par­que, pasando su mano por la espalda desnuda de una mujer que se halla sentada en aquel lugar.
Un perro andaluz: el protagonista y su doble
Este enfrentamiento de los dos yos del protagonista —el yo inma­duro o desvirilizado frente al yo adulto y decidido—, que culmina con la muerte del segundo, resulta sumamente inquietante y posee una gran carga emocional. [2]
El tema del doble seguiría apareciendo en la obra posterior de Buñuel en diferentes formulaciones y variantes:
·       En Gran Casino (1947) la protagonista, Libertad Lamarque,  oculta su identidad para descubrir a los asesinos su hermano.
·       En Los olvidados (1950) se produce el desdoblamiento onírico de Pedro.
·       En Subida al cielo (1951) durante la secuencia del sueño, el protagonista, Oliverio, es seducido por dos actrices Lila Prado (Raquel) y Carmen Gonzáles (Albina), que representan al mismo personaje, lo que supone una anticipación de lo que posteriormente haría en Ese oscuro objeto del deseo.
·       Viridiana (1961). La sobrina de don Jaime acepta ponerse el traje de la esposa difunta de su tío para reemplazarla a los ojos de este.
·       En Ensayo de un crimen (1955), el tema del doble tendrá una de sus formulaciones más bri­llantes. Archibaldo de la Cruz (Ernesto Alonso) al no poder acabar con Lavinia quemará su doble en forma de maniquí.
·       En Simón del desierto (1965) podemos encontrar las diferentes transformaciones de Silvia Pinal en su papel del diablo
·       En Belle de Jour (1966) nos encontramos con la doble personalidad de la protagonista, tanto en esa doble vida que lleva como en sus ensoñaciones.
·       En Tristana (1969) encontramos también un cambio de personalidad. La protagonista pasa de joven  huérfana  recogida por su tío a ser su amante. Pero su auténtica transformación se produce tras la amputación de la pierna. Le confiesa al pintor: “Claro que soy otra  ¿se puede ser la misma con esto?”
Ensayo de un crimen: Lavinia y su doble
·       En El fantasma de la libertad (1974) Adriana Asti representa tanto al cadáver de Doña Elvira al comienzo del filme como luego a la hermana del primer prefecto, con la particularidad de que en ambas secuencias aparece como el doble muerto. Otra variante del tema del doble en esta película está en la secuencia de la niña desaparecida y que sin embargo está presente. 
 Hasta llegar a su última película, Ese oscuro objeto del deseo, donde el tema del doble envuelve todo el filme. El que un mismo personaje esté interpretado por dos actrices es algo inusual en el cine, aunque ya sabemos que en este caso fue el desacuerdo del realizador con la actuación de la actriz prevista María Schneider lo que dio lugar a esta solución para salir del problema y dio lugar a uno de los juegos más ocurrentes del surrealismo en el cine. “La aparición del desdoblamiento de este filme es surrealista; buscarle explicaciones resultaría limitado. Podemos decir que aunque dentro de la categoría gemelas idénticas, es un doble atípico dentro del cine.[3]
Buñuel desdoble el personaje de  Conchita en dos mujeres muy diferentes: Angela Molina, representa a una mujer carnal, ardiente y provocativa, muy parecida al personaje que Pierre Louÿs detalla en la novela, mientras que Carole Bouquet, tiene una belleza fría… Las dos actrices aunque representen un mismo personaje tienen otros rostros, se mueven en ambientes y culturas diferentes… Una mujer que puede ser dos, una virginal y angelical, símbolo de pureza y, la otra, carnal y visceral, que invita a gozar de lo prohibido. Una digna de admiración y devoción pero intocable, y otra seductora y apasionada que permite el abrazo pero que, a su vez, será sancionada.[4]
Las dos Conchitas de Ese oscuro objeto del deseo
Así explicó el director su ocurrencia a Silberman: “Tú conoces a mi mujer, Jeanne; vivo con ella desde hace cuarenta años y, sin embargo, hay veces en que me parece otra. Una mujer no es siempre la misma, tiene muchas caras, muchos momentos.[5]
Al realizador, que no le gusta explicar nada, lo dejó claro: No hay explicación racional, ya les digoy ante la sugerencia de José de la Colina: Un crítico, Emilio García Rie­ra, al salir de la première en México me decía que él se explicaba muy bien que la protagonista fueran dos mujeres: «Nadie co­noce a la persona que ama, es esa persona y a la vez otra.» Buñuel le respondió: García Riera es un chico inteligente, pero eso me parece muy malo. Es una explicación demasiado lógica, me hubiera dado vergüenza pensar en ella al hacer la película.[6]

Sánchez Vidal tenía razón cuando escribió: “el tema del doble es una constante en Buñuel desde antes de su puesta en escena más evidente en Un perro andaluz y no debe sorprender este rebrote tardío.”[7]


[1] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, págs. 220-1
[2] Román Gubern: Proyector de luna, Anagrama, 1999, Págs. 405-6
[3] Stella Maris Poggian : El tema del doble en el cine, como manifestación del imaginario audiovisual en el sujeto moderno, Tesis doctoral, Barcelona, 2002, pág. 351
[4] Ibidem: págs. 340-3
[5] Sánchez Vidal, Agustín: Luis Buñuel, obra cinematográfica, Ediciones J.C, 1984, Pág. 374
[6] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 173
[7] Sánchez Vidal, Agustín: Luis Buñuel, obra cinematográfica, Ediciones J.C, 1984, pág. 376

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