La iglesia del convento de capuchinos estaba
abarrotada de gente. Entran una anciana, Leonila, acompañada de una joven,
Antonia. Como no hay sitio D. Lorenzo, cautivado por la belleza de la joven,
le cede su sitio y su amigo D. Cristóbal hizo lo mismo por Leonila.
La anciana le cuenta a D. Lorenzo la historia de su
sobrina y el motivo por el que están en Madrid. El caballero promete
ayudarlas y después les explica el motivo por el que hay tanta gente en la
iglesia: escuchar al prior, Ambrosio, ejemplo de santidad y elocuencia.
Antonia se siente arrebatada al oír el discurso del sacerdote.
Cuando termina, Antonia comenta que le gustaría que
fuera su confesor, al considerarlo un hombre virtuoso. Las mujeres se marchan
y Lorenzo le muestra al su amigo el conde su interés por la muchacha. D.
Cristóbal se marchó y Lorenzo se quedó porque estaba cansado. Se sentó y se durmió y después descubrió que había un
asunto turbio entre su hermana Inés, monja, y su amigo Ramón de las Cisternas.
Este decide contarle lo ocurrido.
Ambrosio en su celda se cree mejor que todos y se
cree fuerte para sufrir cualquier tentación. Entra Rosario un joven monje,
por el que Ambrosio siente un gran afecto. Le pide que le cuente sus penas
pero el joven no se atreve.
Ambrosio se pone en la iglesia a
confesar a las monjas de Santa Clara y al confesarse Inés se le cae una carta. Así se descubre
la situación de Inés. El monje lo cuenta
a la superiora.
En el convento y tiene una conversación con Rosario
y encuentra extraño su comportamiento. Le cuenta la historia de su hermana,
que estaba enamorada de otro hombre, que amaba a su esposa y se murió por no
ser correspondida. Ambrosio se apena de lo ocurrido a su hermana y Rosario le
pide que también se apiade de él. Cuando el prior le promete que cuando sepa
su pena no lo expulsará, se lo cuenta: es una mujer.
Ambrosio huye asustado, pero Rosario le agarra y le
pide que escuche su historia. La historia de Matilde es la de ella, que un
día le escuchó en un sermón y se convirtió en su ídolo. Al ver que vivía
encerrado ingresó en el monasterio. Le aseguró que se conformaba con
permanecer en el monasterio y verle, pero Ambrosio le dijo que no podía
quedarse. Matilde sacó un puñal y le amenazó con suicidarse. Ambrosio intentó
impedirlo y al forcejear vio el inició de sus pechos y se retiró turbado
cediendo a la petición de Matilde.
Soñó que caía en la voluptuosidad y vio que no era
capaz de luchar contra sus pasiones. Al día siguiente le pidió a Rosario
(Matilde) que se fuera y ella aceptó y le pidió una rosa de un rosal cercano.
Al ir Ambrosio a cogerla le picó una serpiente. Le dieron 3 días de vida y le
dejaron al cuidado de Rosario. El prior se curó y le pidió de nuevo que se
fuera y ella le solicitó un plazo de 3 días. Rosario se puso muy enfermo pues
había absorbido el veneno de la serpiente que mordió a Ambrosio y no tenía
ganas de vivir, a menos que le dejara quedarse. Ambrosio, que tenía sueños
lujuriosos accedió y terminó cayendo en sus brazos con lo que dio fin a su
santidad.
Ramón de las Cisternas le explicó a
Lorenzo su historia. Salió de viaje con el nombre de Alfonso de Alvarado.
Pasó por París y se fue a Alemania. Allí estuvo alojado con los Linderberg,
donde conoció a Inés, su sobrina de 16 años. Se enamoraron. Sus tíos se
oponían a la boda y aunque intentó rescatarla, fracasó. Ya en Madrid, supo
que su padre la metió en un convento y que era monja. Consiguió verla y
explicarle lo ocurrido en Alemania. Se veían a escondidas y como resultado de
esos encuentros ella quedó embarazada. Ramón se enteró de ello meses después,
a causa de la muerte de su padre, y hablaron de cómo sacarla del convento. La
carta que había cogido Ambrosio durante la confesión hablaba de ello. Cuando
fueron a buscar a Inés al convento le comunicaron que estaba enferma.
Posteriormente fueron con una orden para sacarla y entonces les dijeron que
hacía 3 días que había muerto.
Por otro lado, Lorenzo había ido a ver
a doña Elvira, la madre de Antonia y aunque le expuso sus buenas intenciones
respecto a su hija, esta le dijo, que debido a la diferencia de clases, debía
dejar de visitarla.
Ambrosio había caído en los placeres del sexo con
Matilde. Aunque al principio se arrepintió, permaneció con ella.
El aprecio por Ambrosio en Madrid proseguía. Todas
las mujeres de la nobleza querían que fuese su confesor. Un día fue Antonia
para rogarle que rezara por su madre enferma. Ambrosio quedó impresionado por
la belleza de la joven y decidió romper su costumbre de no salir del convento
y visitar en persona a su madre. Allí tranquilizó a esta, preocupada por el
futuro de su hija cuando ella faltara. Prometió ayudarlas y les pidió que no
dijeran nada de su salida del convento.
En una de sus visitas el monje buscó a Antonia y se
sentó a su lado. Le hizo preguntas sobre sus sentimientos y sus respuestas le
hicieron pensar que sentía algo por él, la besó y la estrechó entre sus
brazos. Cuando iba a más entró su madre, que comprendió lo que ocurría y le
dijo a Ambrosio que se encontraba mejor y que no volviera.
El prior estalló de rabia en su celda. Matilde le
dijo que podía ayudarle a conseguir a Antonia si le acompañaba a la cripta.
Ambrosio, aunque en principio se negó a tener tratos con el diablo, al final
acepto. Allí Matilde consiguió que el diablo aceptara su petición. Al salir la joven le dio a Ambrosio una rama
de mirto que le permitiría entrar en casa de Antonia.
Lorenzo que no aceptaba que su hermana
estuviera muerta no conseguía noticias de su paradero. Por fin recibió una
nota de otra monja que le confirmaba la muerte de su hermana y la forma de
detener a la abadesa por el asesinato de su hermana.
Ambrosio acude a casa de Antonia. La rama de mirto
le abre la puerta y adormece a la joven. Cuando iba a desnudarla aparece doña
Elvira, que grita pidiendo auxilio. El monje asustado la ahoga con la
almohada y huye al convento.
Allí contó a Matilde lo ocurrido y ésta le dijo que
podía hacerse con Antonia para siempre y Ambrosio aceptó el plan.
Fue al convento de Santa Clara a por el veneno que
le indicó Matilde y luego se dirigió a casa de Antonia, donde sin que nadie
le viera, vertió el veneno en la medicina de Antonia. Cuando esta la tomó se
la dio por muerta. Ambrosio consiguió que se la enterrara en la cripta del
convento.
D. Lorenzo y sus acompañantes están en
la puerta del convento de Santa Clara para detener a la abadesa cuando salga
en la procesión. Al detenerla, la muchedumbre intenta impedirlo, pero al
enterarse de que es culpable del asesinado de Inés, la linchan. La multitud
está indignada e incendia el convento. Lorenzo quiere salvar a las monjas y se introduce en el mismo. Huyendo
del fuego entra en la cripta y allí oye los lamentos de una joven, a la que
rescata en estado muy débil. No se percata de que es su hermana. Llevaba el
cadáver de un niño prematuro en los brazos. El tío de don Lorenzo saca a la
joven y a las monjas del convento y el joven se queda para ver si hay alguien
más en la cripta.
Ambrosio, sin saber nada de lo que ocurría fuera, se
introdujo en la cripta y esperó a que Antonia se despertara de los efectos
del veneno. Cuando lo hizo, el monje, a pesar de los ruegos de la joven, la
forzó. Aunque después se arrepintió del acto, pensó que no podía dejarla
salir porque lo delataría.
Entró Matilde, que le informó de lo estaba
ocurriendo arriba y de que D. Lorenzo y D. Ramiro, oficial de la Inquisición,
se acercaban. Antonia, que oye el nombre del joven, aprovecha e intenta
escapar, pero Ambrosio la coge y como no conseguía hacerla callar la apuñala.
D. Ramiro sigue al monje y D. Lorenzo se queda con Antonia hasta que expira.
Ambrosio y Matilde fueron detenidos por la
Inquisición.
Inés estuvo bajo el cuidado de
Virginia, una joven monja. Se recuperó, así como Ramón de las Cisternas.
Lorenzo que iba frecuentemente a ver a su hermana terminó enamorándose de
Virginia. Al final se casaron, así como Inés y Lorenzo.
La noticia de los crímenes de Ambrosio se
extendieron por Madrid. La Inquisición lo interrogó y como se negó a admitir
sus crímenes lo torturaron. Matilde al ver lo que le hacían al monje lo
confesó todo y fue condenada a la hoguera. Ambrosio tenía miedo al nuevo
interrogatorio.
Matilde se le aparece en su celda. Había vendido su
alma al diablo a cambio de su salvación. Le propuso al prior que aceptara el
mismo trato, pero este no aceptó. Le dejó el libro para que lo pidiera si
cambiaba de opinión. Ambrosio ante el temor a la tortura invocó al diablo y
firmó, poco antes de que llegaran los verdugos.
El diablo lo salvó y se lo llevó al borde de un
precipicio en Sierra Morena. Ambrosio se quejó al diablo por el lugar al que
lo había llevado y este le contestó que pronto iba a morir. Elevándolo por el
aire, lo precipitó al vacío, donde cayó herido. No podía moverse y así estuvo
varios días. Los insectos le picaban y las águilas le arrancaban trozos de
carne. Al final una fuerte tormenta lo arrastró hasta el río.
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Buñuel según Carrière |
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Plaza de una ciudad en el siglo XVIII. Interior de
un convento. Los monjes se dirigen al refectorio para comer. Jean es el único
novicio y se sienta en el extremo de la mesa. Ambrosio es el superior. Pablos
el monje enfermero llega tarde y Ambrosio le castiga sin comer y 20
latigazos. Mientras comen, un monje les lee desde un pequeño púlpito.
Celda de Ambrosio. El padre reza a la Virgen. Entra
Jean y le pone flores a la imagen. Ambrosio le pregunta si ha superado sus
penitencias y Jean sin decir palabra sale de la celda.
Interior de la Iglesia del convento. Está llena de
gente que quiere escuchar al padre Ambrosio. Hay vendedores de objetos
religiosos y también un joven vende frutos secos. El duque de Talamur está
sentado en su banco. Entran dos mujeres que no encuentran asiento y el duque
les ofrece asiento en su banco. Son doña Elvira y su hija Antonia que acaban
de llegar de provincias. El noble, que está acompañado de una niña de 8 o 10
años, se interesa por Antonia, una joven de 16 o 17 años. Les informa que
todo Madrid viene a escuchar al padre Ambrosio. Entra el Gran Inquisidor con
algunos monjes y también hace su aparición el padre Ambrosio, que sube al
púlpito e inicia su sermón sobre la castidad.
La cámara se aleja de la iglesia y entra en el
claustro del convento.
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Una de las diferentes ocasiones en que Buñuel se disfrazó de monje. |
Claustro, noche. Los monjes se retiran a sus celdas.
Ambrosio ve a Jean todavía en el jardín y se le acerca para recriminarle y le
pide que se retire. Jean quiere decirle algo. Al principio no se atreve, pero
luego le dice que lo ama. El superior le contesta que él también como a los
demás hermanos, pero Jean le dice que lo ama de otra manera, que es una mujer
y que solo aspira a permanecer a su lado.
Ambrosio se retira corriendo a su celda y se pone a
rezar. Poco después entra Jean (Mathilde), la echa pero se niega. Saca un
puñal y le amenaza con suicidarse, pero se lo impide. La golpea con un palo y
la amenaza con llamar a los otros monjes, pero termina por cerrar la puerta y
caer en los brazos de Mathilde.
Sacristía, interior, día. Ambrosio se viste para la
misa ayudado por el padre Joachim, que le nota extraño.
Interior iglesia. Ambrosio está diciendo misa. Al
llegar a la consagración y en el momento en que iba a comulgar la hostia se
transforma en una paloma y el padre cae desmayado. Joachim y otro monje lo
llevan a su celda.
Celda de Ambrosio. Esté en la cama y el padre Pablos
le lleva una medicina, pero no entiende lo que ocurre porque no le observa
nada. Lo dejan al cuidado de Jean. Cuando están a solas Mathilde le reprocha
que han estado a punto de descubrirlo. Aunque Ambrosio lamenta la situación
en la que se encuentra se niega a que Mathilde se vaya y quedan en verse
todas las noches.
Varias semanas después. Ambrosio espera la llegada
de Mathilde en el interior del campanario. Se abrazan.
Interior iglesia, día.
Ambrosio dice misa y Jean le ayuda.
Sótanos del convento. Aparecen Ambrosio y Mathilde
que arreglan sus ropas para volver al convento.
Calle de la ciudad, día. El padre Ambrosio,
acompañado del padre Bruno van a visitar a los enfermos. Se encuentran con el
duque de Talamur, que le dice que si en sus visitas se encuentra con alguna
huerfanita, se la confíe.
Casa de Antonia. Entran los dos frailes. Antonia se
sorprende al verle y le agradece que venga en persona. Le lleva a la cama de
su madre, doña Elvira, que está enferma. Está preocupada por el futuro de su
hija. Ambrosio está pendiente de la belleza de la hija. Le promete que
volverá y se marchan los dos monjes.
Claustro del convento. Ambrosio pasea con Mathilde y
le comunica que el duque de Talamur quiere verla. Está preocupado por si sabe
que es una mujer, pero ella le tranquiliza diciéndole que es un amigo.
Castillo de Talamur. Mathilde, con ropas de mujer,
va junto al conde. Salen de los sótanos del castillo y parece que han
celebrado una ceremonia satánica. Llegan a un calabozo donde hay una niña de
9 años asustada. Se la llevan, sin duda para algún rito demoniaco.
Comedor del castillo. El duque, Donatien y Mathilde
están comiendo. El duque comenta que la carne es tierna e inocente. Intenta
hacérsela probar a la vieja sirvienta, pero huye corriendo.
Casa de Antonia. Llega Ambrosio solo. Doña Elvira
está durmiendo y entra al dormitorio de Antonia que está tocando el laúd.
Esta se sorprende cuando lo descubre, pero se alegra. El monje le pregunta si
conoce el amor a un hombre, si piensa en alguien y ella le contesta
ingenuamente que en él. Ambrosio se alegra, se decide y la besa en la boca.
Antonia se sorprende, el padre quiere seguir y la joven grita. Ambrosio la
coge con violencia y la echa hacia atrás. Doña Elvira aparece en la
habitación y comprende lo que ocurre. Llama al padre y le pide que se vaya y
no vuelva más.
Convento. Celda de Ambrosio. El monje está furioso.
Mathilde ríe y le cuenta que puede hacer que la joven sea suya. Ambrosio se
imagina cómo y rechaza el
ofrecimiento. Mathilde saca un espejo mágico, se lo muestra y Ambrosio ve a
través de él cómo Antonia se desnuda para acostarse. Mathilde añade que si se
decide acuda esa noche a la cripta.
Sótanos del convento, noche. Ambrosio ha acudido a
la cita con Mathilde. Esta aparece vestida de mujer y con una copa. Al cinto
lleva un puñal y una vara dorada. El padre la sigue hasta una cripta
redondeada. Allí Mathilde traza un círculo con la vara alrededor de Ambrosio
y le pide que no salga de él. Luego en el centro de la cripta traza otro alrededor
de ella, pronunciado palabras y haciendo gestos rituales y vertiendo el
contenido de la copa fuera del círculo. Se oye un trueno y aparece el diablo como
un bello joven bajo la forma del arcángel San Miguel. Mathilde le pide algo,
que aunque en principio se niega, termina por aceptar, entregándole una rama
de mirto de plata. Desaparece.
La joven le comunica al monje que es la última vez
que puede invocarlo por él y le entrega la rama de mirto, diciéndole que le
abrirá todas las puertas y que Antonia no despertará antes de salir el sol.
Sólo le servirá una vez. Ambrosio se marcha rápidamente.
Calle, noche y casa de Antonia. Ambrosio se dirige a
la casa de Antonia. La puerta se abre al tocarla con la rama de mirto. Entra
al dormitorio de Antonia, pasa la rama de mirto por su cara y la deja en la
almohada.
Dormitorio de Elvira. La madre duerme. Encima de la
cama, en una pequeña hornacina hay una estatua de la Virgen que se ilumina
misteriosamente. Un resplandor da en el rostro de la madre. A su lado hay
ahora una forma humana parecida a la Virgen. Le pone las manos en la frente a
Elvira. Un milagro está a punto de suceder.
Castillo de Talamur. En lo alto del torreón, Antonia
salta y cae al vacío. Elvira grita. (Es un sueño)
Dormitorio de Elvira. La madre se levanta
sobresaltada y se dirige al dormitorio de Antonia. Ve a su hija en brazos de
Ambrosio, que la suelta al verla e intenta huir, pero la madre le agarra y
pide ayuda. El monje intenta impedir que grite, coge un almohadón, la ahoga y
huye por la ventana.
Convento. Celda de Ambrosio. El superior está
inquieto. En la pared, en lugar del cuadro de la Virgen hay un crucifijo.
Llaman a la puerta. Un hermano lego le informa de que efectivamente ha muerto
una mujer. Los médicos dicen que de congestión. Ambrosio se queda más
tranquilo.
Interior iglesia, día. El templo está lleno y
Ambrosio les habla a los fieles. De pronto aparece un buitre en la bóveda de
la iglesia que da vueltas. El monje lo ve y su voz vacila. Los asistentes que
lo notan, siguen su mirada, pero no ven nada. Ambrosio se detiene. Ve al
buitre que se lanza sobre él. Da un grito y se desploma. Los fieles no
entienden nada. Ambrosio se levanta y aunque intenta continuar, no puede.
Desciende del púlpito y se aleja.
Interior iglesia, atardecer. Ambrosio y el padre
Pablos se dirigen al confesionario. El superior quiere confesarse. Se acusa
de fornicación, brujería y homicidio. El padre Pablos no puede creerle y sale
del confesionario. Da algunos pasos y cae fulminado. Está muerto.
Patio del castillo de Talamur. El duque, acompañado
de Mathilde que se ha refugiado en el castillo, está con 12 niñas entre los 8
y los 12 años. Forman un cortejo que simula la pasión de Cristo. La última es
Juliette, la niña que estaba con el duque en la iglesia. La madre ha venido a
verla y el duque le pide que se resigne a no verla. Le da una bolsa de dinero
para que se la lleve por un día, pero la niña no quiere irse y vivir en la
miseria con su familia.
Cueva de la montaña. Ambrosio, arrepentido, se ha
retirado a una cueva. Su aspecto indica que lleva varios meses así. Se
revuelca encima de las espinas de las zarzas y lleva cilicio. Va a la fuente
a por agua y ve acercarse a una persona que parece agotada y cae de rodillas.
Se acerca para ayudarla, pero al ver que es Mathilde, retrocede. La mujer le
dice que esta arrepentida y que quiere su bendición, pero el monje huye a su
cueva.
Por la noche, mientras Ambrosio está tendido en su
lecho, entra Mathilde desnuda. Ambrosio cree que es Antonia.
En el exterior un buitre se acerca a la cueva,
indicando que el monje ha caído de nuevo en la tentación. Mathilde lleva a
Ambrosio al castillo de Talamur.
Interior de la casa de Antonia. Donatien, el
factótum del duque y un joven entran en la casa. El primero le dice que el
duque quiere hacerla señorita de compañía, pero la joven rechaza la oferta
porque va a entrar en las carmelitas. Entonces la amordazan y la introducen
en un coche.
Patio del castillo. El duque le dice a Ambrosio, que
está afeitado y bien vestido, que en el castillo no se aburrirá y que le
reserva una sorpresa. Después, el monje se acerca a Mathilde que está
cogiendo asfódelos y ella le comenta que cada flor encierran el alma de un
muerto.
Comedor del castillo. El duque y Mathilde están
sentados a la mesa. Entra Ambrosio, se sienta y empieza a comer. Son servidos
por una vieja sirvienta y una niña. El duque le pregunta la edad y al saber
que tiene 11 años, se queja de lo rápido que envejecen las mujeres. Le pide a
la anciana que se la lleve. Llega Donatien que habla con el duque y este le
dice a Ambrosio que ella está en el castillo y que Donatien lo acompañará.
Dormitorio del torreón. Antonia está atemorizada.
Entra Ambrosio y la joven muestra alegría y asombro al verle. Le pide que la
saque de allí, pero él le dice que no, que la ama y la arrastra a la cama.
Antonia grita y el monje le dice que es inútil que no va a venir nadie.
Cuando va a besarla Ambrosio se levanta, porque la mujer que tiene en sus
brazos es el cadáver de Elvira, que le pide que no la deje.
Ambrosio coge una daga de una de las paredes y la
hunde en el pecho de Elvira, que cae al suelo. Cuando mira el cadáver, ve que
es Antonia y se queda anonadado.
Puerta del castillo, noche. Un cortejo formado por
el Gran Inquisidor, otros dos eclesiásticos
y un grupo de arqueros llaman a la puerta. El duque y Mathilde que han
oído la llamada acuden al patio inquietos.
Detienen al duque acusado de rapto y asesinato de
niños. También detienen a Mathilde. Ambrosio que intentaba huir también es
arrestado.
Interior del edificio de la Inquisición. El Gran
Inquisidor, seguido del secretario, dos verdugos y el duque de Talamur entran
en el calabozo de Ambrosio. El duque le acusa de ser el asesino sacrílego y
el Inquisidor le deja libre disculpándose.
Después el Gran Inquisidor le pide a Ambrosio que
confiese, pero se niega a hablar. Traen a Mathilde, acusada de brujería, que
lo ha confesado todo, pero el monje no dice nada. El Inquisidor le explica
cómo será torturado. Le pondrán dos tablas en las piernas y lo que le
sucederá poco a poco, pero sigue sin hablar.
En la noche, el carcelero que vigila la celda de
Mathilde se duerme. Es obra de ella que va bien vestida y con una rama de
mirto en la mano. La puerta se abre y le dice a Ambrosio que ella es libre y
que se marcha. Si quiere evitar las torturas tiene que entregar su alma. Al
principio se niega, espera la misericordia de Dios, pero cuando oye que los
verdugos se acercan para torturarlo, acepta y firma con su sangre. Mathilde
desaparece. Entra el Gran Inquisidor, los verdugos le quitan las cadenas y le
dejan libre. A lo lejos se oyen los gritos de la multitud que le aclama.
Conforme se dirige al exterior, los gritos van aumentado.
Plaza de San Pedro. Época actual. Una gran multitud
está congregada esperando la aparición del Papa en el balcón. Cuando lo hace,
inicia la bendición urbi et orbi. La cámara se acerca y
descubrimos a Ambrosio bendiciendo a la multitud.
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