Luis Buñuel y la masonería (por Amparo Martínez Herranz)

 


 Tenemos el honor de contar con la colaboración de la profesora Amparo Martínez Herranz, máxima especialista en la figura de Buñuel. Al mismo tiempo, satisfacemos la voluntad de algún lector que nos pidió que tratáramos del tema de la relación de Buñuel con la masonería. La profesora Martínez Herranz abordó el tema en el XII Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española, celebrado en Almería del 8 al 10 de octubre de 2009, presentado la comunicación que a continuación reproducimos con su amable autorización.

En una lujosa mansión burguesa, dos de los protagonistas de El ángel exterminador (1962), el señor Roc y Cristian, aburridos durante un improvisado y convencional concierto domestico, gesticulan de forma ritual para identificarse como hermanos masones. Secuencias más tarde, ya avanzada la fiesta y la película, desesperados por su inexplicable encierro en una habitación de la que misteriosamente no pueden salir, estos dos personajes gritan perfectamente coordinados las letras del “Nombre Impronunciable”, ante la perplejidad y la sorpresa de quienes les rodean: “¿Qué significa eso? ¿Han perdido el poco seso que le quedaba?…”[1],  se preguntan algunos de los compañeros de confinamiento.

Con este juego de ironías Buñuel se adentra en El ángel exterminador en una aparentemente fugaz referencia al mundo de los masones. Sin embargo el significado y el sentido de este tema tienen un valor mucho más hondo y un recorrido más largo su vida, tal como vamos a tener ocasión de comprobar. De hecho, esta es la más explicita de todas las alusiones a dicha cuestión que podemos encontrar en el cine de Buñuel, pero no es la única. En Subida al cielo (1952), nos topamos con un grupo de masones de la fraternidad shriner estadounidenses de viaje turístico por México, y mucho antes, en La edad de oro (1930),  uno de sus primeros trabajos, el protagonista utiliza un diploma masón para librarse del control de la policía. Estos tres hitos muestran una tímida pero reiterada presencia de diversos aspectos relacionados con la masonería en la producción cinematográfica de Buñuel. ¿De dónde proviene su interés por estas cuestiones? Las respuestas derivadas de dicho interrogante nos han permitido descubrir aspectos poco conocidos de la biografía de Buñuel y, de paso, entender mejor el desarrollo de algunas imágenes y temas de ascendencia masónica perfectamente integrados y camuflados en su obra cinematográfica.

 

Coqueteos juveniles con la masonería

Una de las primeras sorpresas propiciadas por la investigación en torno a las relaciones de Buñuel con la masonería se encuentra en el guión técnico de El ángel exterminador. Cuando el señor Roc y Cristian se saluda por primera vez y se interrogan acerca de sus respectivas logias, en el texto original el primero dice pertenecer a  “Fuerza Numantina”, mientras que el segundo señala que forma parte de “Columna Sublime”[2]. Aunque durante el rodaje de la película se dieron otros nombres para las hermandades, los que figuraban en el guión sirvieron de pista para ahondar en la atracción de Buñuel por esta materia. Este ha sido el punto del que hemos partido para nuestra investigación

De hecho ha sido posible documentar la existencia en Madrid de una logia llamada Fuerza Numantina, con sede localizada en el entorno del Puente de Vallecas[3]. Se constituyó regularmente en la Federación del Grande Oriente Español en 1915 y estuvo en activo hasta los primeros años de la década de los veinte, disolviéndose casi con toda seguridad en torno a 1923, como consecuencia de la reforma que se produjo en la organización de la masonería española por aquellas mismas fechas[4]. En el diseño de sus sellos la iconografía de la columna tuvo un protagonismo fundamental, adoptando en las primeras composiciones la forma de las que enmarcaban el acceso al templo del rey Salomón (Jakim y Boaz) o vinculadas, en las últimas, a la idea de la fuerza del león. En todos los casos la reiteración del motivo iconográfico de la columna nos remite al nombre utilizado por Buñuel para la logia a la que dice pertenecer Cristian en El ángel exterminador, Columna Sublime, una hermandad cuya existencia no hemos podido documentar hasta la fecha.

 

Uno de los primeros sellos de la Logia Fuerza Numantina


Sello de la Logia Fuerza Numantina en 1918 (es el del león)

Fuerza Numantina estuvo integrada fundamentalmente por profesionales liberales, estudiantes y una significativa representación de la intelectualidad española de la época. Algunos de sus miembros más destacados fueron el artista y escritor canario Pedro Bethencourt Padilla (1894-1985), que participó en ella con el nombre simbólico del Sirio y el teósofo, astrónomo y escritor Mario Roso de Luna (1872-1931), que llegaría a alcanzar en esta logia el grado 33 con el nombre simbólico de Prisciliano[5] y que fue a ser uno de los más destacados discípulos españoles de Madame Blavatsky[6]. Pero de todos los hermanos que participaron en Fuerza Numantina la figura que más nos interesa para entender y explicar los vínculos de Buñuel con la masonería es la de Juan Vicens de la Llave. Vicens, nacido en Zaragoza en 1895, fue uno de los estudiantes aragoneses que coincidió con Buñuel en la Residencia[7]. Huérfano muy bien posicionado económicamente[8], antes de recalar en Madrid viajó por Inglaterra y Suiza donde asimiló una sería de hábitos que lo destacarían entre sus compañeros de Residencia, convirtiéndose para algunos en un modelo a imitar. De su estancia en estos países provendría el deslumbramiento por el fútbol, la afición por el naturalismo, por el tabaco inglés y también por el té[9], cuyo consumo sirvió para congregar en su habitación a un buen número de compañeros (Pepín Bello, Augusto Centeno. Buñuel y García Lorca entre ellos) con el fin de beberlo ritualmente y conversar[10]. Tal vez fue en este periplo por el extranjero cuando estableció sus primeros contactos con la masonería[11].

 

Retrato de Juan Vicens realizado por José Moreno Villa

Juan Vicens ingresó en Fuerza Numantina a lo largo del año 1919[12]. Lo encontramos formando parte de una relación de los miembros de dicha logia fechada el 31 de marzo de 1920. En ella aparece reseñado como estudiante domiciliado en la Residencia de la Colina de lo Chopos, con el grado segundo, cargo de Obrero y utilizando el nombres simbólico de Tesón[13]. Su participación en Fuerza Numantina se prolongó durante poco más de un año. El 24 de febrero de 1921 figura como dado de baja sin que conste el motivo[14]. Entre las causas de su abandono quizás estuvo las desmotivación derivada de los cambios que se produjeron a partir de 1920 en el seno de la masonería española, cuando comenzó a barajarse la idea de reformar su constitución en un sentido autonómico[15]. Y además también pudieron intervenir cuestiones personales, como el traslado a Madrid de su novia, María Luisa González, que se instaló en esta ciudad en 1921, para preparar las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, alojándose para ello en la Residencia de Estudiantes, en la sección que existía destinada a señoritas[16]. Asimismo, es posible que en su decisión de abandonar Fuerza Numantina también pesase el rechazo a la solicitud de ingreso en la logia de su buen amigo Luis Buñuel.

Pero en cualquier caso, por encima de todas estas hipótesis lo que resulta evidente es que Juan Vicens fue quien transmitió y contagió a Buñuel su interés por estos temas y quien le introdujo en el conocimiento del mundo de la masonería. En una de las entrevistas que Max Aub hizo al cineasta a finales de los años sesenta, este último relataba sin ambages su intento fallido de ingresar en la masonería guiado por su compañero de Residencia: “…fue la influencia de Vicens, por el diecinueve o el veinte. Vicens era vegetariano, masón y teósofo. Una vez quiso hacerme ingresa en una logia. A mi me parecía muy bien. A mi todas esas cosas de tipo romántico me entusiasman. Era una logia que se llamaba Fuerza Numantina. Entramos e hicimos los toques, pero cuando vio mi célula dijo que no podía ser, que tenía veinte años y que se necesitaba tener veintiuno para ingresar. No volví nunca.”[17]. 

Juan Vicens, Manolo Bello, Luis Buñuel, Alfonso Catalán; Pepní y Filín Bello y Jodena de Pozas (de izquierda a derecha), en la Residencia de Estudiantes

Aparte de la admiración por Vicens y del aprendizaje derivado de sus conversaciones con él, cabe preguntarse cuáles fueron las causas que llevaron a Buñuel a interesarse por la masonería. Él mismo reconoció, conversando con Aub, que le atraía el carácter filantrópico y romántico con el que se identificaban las logias masónicas. Y en este sentido, y de manera muy destacada, conviene subrayar la fascinación que pudieron ejercer en Buñuel las connotaciones misteriosas que rodeaban a esta organización, en la que el secreto era considerado un valor esencial en su forma de funcionamiento, además de un virtud vital para la persona: “El secreto constituye una de las más grades conquistas de la humanidad (…) significa una enorme ampliación de la vida, porque en completa publicidad muchas manifestaciones de esta no podrían producirse[18]. Afirmaciones como la anterior encajaban muy bien con la personalidad de Buñuel, más aún durante estos primeros años de estudios en Madrid, en los que estuvo profundamente interesado por cuestiones como la parapsicología y la hipnosis sobre la que leyó y experimentó ampliamente con sus compañeros de Residencia. El acercamiento a todas estas ciencias o para-ciencias preocupadas por indagar en aquello que se escode más allá de la conciencia racional, ayuda a entender el perfil de un joven Luis Buñuel que pocos años después terminaría encontrando en el surrealismo la vía más adecuada para dar salida a su creatividad. De hecho llegó a comparar la práctica de la hipnosis con la actividad cinematográfica, pues para él tenía efectos similares. “Creo que el cine ejerce cierto poder hipnótico en el espectador. No hay más que mirar a la gente cuando sale a la calle después de ver una película: callados, cabizbajos, ausentes. El público de teatro, de toros o de deportes, muestra mucha más energía y animación. La hipnosis cinematográfica, ligera e imperceptible, se debe sin duda, en primer lugar a la oscuridad de la sala, pero también al cambio de planos y de luz, a los movimientos de la cámara, que debilitan el sentido crítico del espectador y ejercen sobre él una especie de fascinación y hasta de violación [19]. Todas estas consideraciones explican en parte el por qué Buñuel, interesado a lo largo de toda su vida por el concepto de misterio, encontró en el carácter secreto de la masonería, con 20 años, una cualidad más que sugerente.

A esto hay que añadir otro incentivo: la profunda reflexión anticlerical que se produjo en el seno de la masonería española a comienzos del siglo XX. Una posición que sin duda también sedujo a Buñuel poco después de haber renegado de su fe católica, ya que veía en la tarea de las logias la posibilidad de una activa militancia en favor del laicismo. Por entonces la masonería representaba una tradición religiosa, filosófica, cultural y política que, aunque no entraba directamente en contradicción con los valores y los principios del cristianismo, se situaba en las antípodas del dogma vaticanista[20]. De hecho, una de las peculiaridades de la masonería española fue precisamente su trabajo y su reflexión en torno al desmedido protagonismo que la Iglesia católica había adquirido en las actividades cotidianas de nuestro país, tanto las sociales como las políticas o culturales[21].  Y dentro del anticlericalismo hubo una acción crítica especialmente intensa hacia la Compañía de Jesús, orden con la que Buñuel había estudiado. Se consideraba que los jesuitas eran responsables de la propagación de doctrinas perniciosas que fomentaban la ignorancia y la debilidad de espíritu[22]. De modo que para terminar de entender las motivaciones de Buñuel tal vez convenga tener en cuenta que en 1915 fue expulsado del Colegio de El Salvador de Zaragoza por problemas de disciplina y que, aunque siendo adulto valoró muy positivamente el aprendizaje en este lugar, por las fechas de las que estamos hablando (en torno a 1919) todavía podía recordar la humillación que todo esto había significado[23]. Así que el poner en cuestión la forma de proceder de la compañía de Jesús pudo funcionar sin duda como un sarcástico incentivo para integrarse en las actividades de la masonería.

Lo que queda claro es que tanto para Luis Buñuel como para Juan Vicens el acercamiento o la integración en el mundo masónico fue identificado como parte del proceso de aprendizaje y del compromiso vital en el que estaban inmersos. Algo que no resulta extraño, sobre todo si recordamos que Francisco Giner de los Ríos, de formación krausista, se inspiró indirectamente en algunos de los principios de la masonería para la fundación de la Institución Libre de Enseñanza. Como una prolongación de sus tareas nació en 1910 la Residencia de Estudiantes de Madrid desde la que se fomentó la formación de los jóvenes en valores como el armonicismo y universalismo, compartidos de hecho con el ideario masónico[24]. Además en los primeros años del siglo XX la intensa defensa por parte del Gran Oriente Español de principios sociales humanista, laicos y liberales hizo especialmente atractiva para los jóvenes Vicens y Buñuel la pertenencia a esta organización, que en la Gran Asamblea Anual celebrada en mayo de 1918 aprobó las propuestas presentadas para hacer que las logias españolas se convirtiese en plataformas de izquierdas desde las que lograr “la reforma constitucional que establezca la plena libertad de cultos, la laicización de la enseñanza y de la asistencia en los hospitales…” entre otras cuestiones[25]. Todos ellos fueron planteamientos ideológicos que, por distintas sendas, tanto Vicens como Buñuel iban a perseguir el resto de sus vidas.

 

La primera aproximación cinematográfica: La Edad de Oro

Diez años después de que Buñuel tratase de ingresar en Fuerza Numantina, nos encontramos con una sucinta y enigmática cita a la masonería en su segunda película, La edad de Oro (1930). El rodaje de esta obra fue posible gracias a la generosa financiación de los Vizcondes de Noailles, conocidos mecenas del grupo surrealista, a los que había entusiasmado la proyección de Un perro andaluz (1929). Charles de Noailles, que por entonces adoptó la costumbre de regalar a su esposa Marie Laure una película por su cumpleaños, les propuso a Buñuel y a Dalí la producción de un nuevo título, sólo que esta vez sonoro y avalado por un presupuesto mucho más elevado (cerca de un millón de francos)[26]. Aceptaron encantados el encargo, emprendiendo la accidentada redacción de un guión cinematográfico que terminó siendo la última colaboración entre ambos y el inicio de un enfrentamiento alimentado por la aparición de Gala Eluard en la vida de Salvador Dalí.

La edad de oro arranca con un documental sobre escorpiones, seguido de la historia de unos bandidos que parecen ser los supervivientes de una época de revuelta. Sobre ambos pasajes se imponer la fundación de la Roma Imperial como emblema de la construcción de la cultura judeo-cristiana. Justo en el preciso instante en el que el gobernador se dispone a colocar la primera piedra de lo que se presenta como una nueva civilización, se escuchan los gemidos de placer de una pareja que, ajena a toda ceremonia, se revuelca abrazada y complacida en el lodo. La mujer y su amante, Modot, son separados a la fuerza, evidenciando así como la contención del deseo ha de ser una norma fundamental del nuevo orden social recién fundado. A partir de este momento el desarrollo del film irá recogiendo los reiterados intentos de la mujer y de su amante por vencer los obstáculos que las convenciones ponen ante ellos para evitar la consumación de su deseo. Modot, detenido y esposado tras este incidente, es conducido a través de las calles de una gran ciudad por dos policías. En el trayecto, distintas situaciones y encuentros de carácter visual o sonoro hacen que recuerde insistentemente a su amada. Hasta que no pudiendo soportar el ansia de verla, saca con decisión de su bolsillo un documento que muestra a los dos policías. En él se le acredita como delegado reconocido por la autoridad para el trabajo en una alta misión benéfica (conviene recordar en este sentido que el propósito inicial de Buñuel cuando viajó a París en 1925 como secretario de d’Ors era trabajar para él en el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual, sección cultural de la Sociedad de Naciones que se convertiría con el paso del tiempo en uno de los embriones tanto de la ONU como de la actual Unión Europea (iniciativa esta última de clara inspiración masónica. La función inicialmente asignada a esta Sociedad era promover la filantropía y evitar futuras guerras[27]). Sin ocultar la contrariedad que esto les produce, los dos policías lo sueltan. Modot corre al encuentro de su amada, tomando apresuradamente un taxi, no sin antes propinar un violento puntapié a un ciego, que en el guión original llevaba un cartel con la inscripción “Ciego de guerra”[28].


Diploma masón esgrimido como documentación por Modot en La edad de oro

Una de las cuestiones más llamativas e interesantes de esta secuencia es que el papel que esgrime Modot ante los gendarmes para que lo liberen es un diploma masónico. En el guión técnico no se especifica que deba ser así. Únicamente se habla de un documento “sellado y firmado en varios sitios” que “por su aspecto hace pensar es (…) de extrema importancia[29]. Sin embargo, el examen detenido de la imagen de dicha credencial evidencia que se trata de un diploma masón, tal y como ha observado cuidadosamente Agustín Sánchez Vidal[30]. El análisis de los elementos icnográficos que lo componen no deja lugar a dudas. Además de las borrosas siluetas de la Escuadra y el Compás que figura en uno de los sellos, se aprecia con toda claridad la presencia de las columnas simbólicas J y B, recuerdo de las que Hiram colocó ante el vestíbulo del templo de Salomón en Jerusalén. Se trata de las dos columnas que situadas a la entrada de las logias servían para escenificar el lugar que ocupaban los masones en la misma, según estuviesen colocados al lado de una u otra[31]. Coronadas por las esferas terrestre y celeste respectivamente, se convirtieron en el motivo que adornó la inmensa mayoría de los diplomas de la francmasonería estadounidense y europea durante el siglo XIX y buena parte del XX, dejando testimonios tan significativos como los de la Gran Logia de Escocia (1868) o algunos de los escritos emanados del El Grande Oriente Español (1926). Asimismo, conviene señalar que la composición del diploma que se reproduce en La edad de oro, coincide con la utilizada en algunos de los mandiles masones que formaban parte inherente del ritual. En ellos, como en la cédula que se reproduce en la película, se incluían además de las columnas J y B otros elementos entre los que se aprecian muy bien definido un segundo par de columnas en perspectiva sobre un suelo ajedrezado[32].

Diploma de la Gran Logia Escocia (1868)


Papel timbrado del Grande Oriente Español (1926)


 Mandil masónico de George Washington

 No terminan aquí las referencias a la masonería en esta secuencia. La banda sonora utilizada como fondo a la lectura de las credenciales por las que se nombra a Modot delegado de una arriesgada misión benéfica, es la obertura de La Cueva de Fingal de Félix Mendelsohn, compositor de ideología y militancia reconocidamente masona[33].

Estamos por lo tanto ante una calculada inserción del tema de la masonería en la película, en la que se utiliza un documento que desgraciadamente no es posible distinguir con la claridad deseada. Por ese motivo no queda claro si estamos ante una cedula española o francesa. Es decir, no sabemos si Buñuel utilizó el diploma de Vicens, con quien seguía manteniendo un estrecho contacto ya que vivía en París, trabajando en la Librería Española que había abierto junto a León Sánchez Cuesta, o si se trataba de algún diploma propiedad de la familia Noailles, vinculada a la masonería  desde el siglo XVIII, y encargada de la producción del filme. En este sentido es necesario señalar que los Noailles habían formado parte del grupo de grandes terratenientes masones, que terminaron convirtiéndose en motores de la Revolución Francesa con desigual fortuna, ya que algunos de ellos sucumbieron víctimas de la guillotina durante el Periodo del Terror. Entre los miembros más destacados de este estirpe estuvieron Louis de Noailles, Duque d’Ayen (1713-1793), Philipe de Noailles, Duque de Mouchy (1715-1794) y Philip Marc Antonie de Noailles, Príncipe de Poix (1752-1818)[34]. Del peso que llegó a tener esta familia en los ambientes masones durante el siglo XVIII habla el hecho de que Lafayette, aristócrata, militar y político francés tremendamente activo tanto en la Revolución Americana como en la Francesa, ingresase en la masonería justo después de casarse con Marie Adrienne Françoise de Noailles, hija del 5ºduque de Noailles[35].

La decisión de integrar la imagen del diploma y con ella el tema de la masonería puede explicarse como resultado de las conversaciones sobre la materia que Luis Buñuel pudo tener con los Noailles, con quienes llegó a establecer una estrecha relación personal. Tal vez ellos alimentaran su imaginación relatándole algunas de estas historias familiares. A lo que cabría añadir, por supuesto, el interés por trasladar a la pantalla algunos de sus recuerdos de juventud, entre ellos el contacto con la masonería a través de Vicens. Tampoco hay que olvidar que La edad de oro es un filme en el que, además, podemos encontrar algunos de los temas de discusión que preocuparon a la masonería durante los primeros años del siglo XX. Entre ellos los ataques a la religión católica presentes en la película que conectan con el anticlericalismo que se propugnó desde la El Grande Oriente Español por estas fechas. Son comentarios materializados en imágenes tan incisivas como la de la custodia que se deja en el suelo al bajar de un coche como parte de la liturgia y del rito burgués. O tan exacerbados y provocadores como la cita final a Las 120 jornadas de Sodoma, del Marqués de Sade (emparentado por vía materna con Maríe Laure de Noailles) en la que Cristo ejerce como líder de la orgía sangrienta que se celebra en el castillo. También está presente en esta película el deseo de construir una sociedad no mediatizada por las convenciones religiosas, políticas o morales, una civilización idílica que retorne a la mítica Edad de Oro en la que el ser humano viva en armonía con la naturaleza y sus instintos. Según Aldo Lavagnini (Magister), afamado autor de varios manuales masónicos, el origen de esta organización esta asociada con la aparición del ser humano sobre la tierra. "Adán fue iniciado al Oriente del Edén por el Gran Arquitecto del Universo en todos los ritos de la Masonería"[36]. Esto significa que sus orígenes se sitúan a la par que el nacimiento de la primera sociedad humana, de la que Adán es un símbolo que se corresponde con la Edad de Oro de la tradición grecorromana y al Satya Yuga de los hindúes.

En esa reivindicación de la inteligencia primitiva la película cambió su título original, La bestia andaluza[37], por el de La edad de oro para evocar así de forma más transparente el deseo de triunfo del amor loco que derrota la represión impuesta por la cultura judeo-cristiana y propugna la libertad del instinto como el único medio para transformar una sociedad dolorida y narcotizada tras la primera guerra mundial. Esto es lo que entendió sin problemas André Breton, quien consideraba la película como una buena muestra de que “en tal amor existe en potencia una verdadera edad de oro en ruptura completa con la edad del fango que atraviesa Europa[38] Esa Europa que no iba a poner trabas al ascenso del nazismo y que no conseguiría evitar el estallido de un nuevo conflicto bélico de dimensiones todavía mayores que el anterior.

Portada del guion técnico de La edad de oro

No obstante, conviene reconocer que las referencias al tema de la masonería en La edad de oro, tal y como sucede con otras muchas cuestiones, resultan confusas. Lo único que está claro es que Buñuel presenta esta organización como una entidad superior, lo que no implica necesariamente una consideración positiva. Tal y como la muestra puede tratarse de una institución que ejerce su poder liberando a Modot porque forma parte del sistema que se cuestiona en la película o, por el contrario, es posible que la proponga como una alternativa por encima de la convención y defensora del nuevo orden social. Ninguna de estas interpretaciones tiene por qué ser la correcta (o la única) como sucede a menudo en la obra de Buñuel. El cineasta se mueve en el terreno de una  intencionada ambigüedad, sin interés alguno por despejar las dudas que el espectador pueda tener al respecto.

Como es bien sabido el estreno de la película dio lugar a un extraordinario escándalo, que terminó desembocando en la prohibición del filme en Francia durante los cincuenta años siguientes[39]. Mientras la sociedad “bienpensante” a la que se ponía en cuestión en el filme clamaba contra un título que profanaba sus prácticas cotidianas y sus creencias tradicionales, el grupo surrealista de Breton la defendía como “Uno de los máximos programas de reivindicación que se haya propuesto a la conciencia humana hasta hoy”. Y en medio de este enconado enfrentamiento, la fugaz cita visual a la masonería que se hace en La edad de oro aparece asociada a conceptos tan diversos y difíciles de desentrañar como patria, honor, filantropía y libertad.

 

La masonería desde el exilio mexicano: Subida al cielo (1951)

La guerra civil española y la inestable itinerancia del exilio hicieron que Luis Buñuel pasase trece años sin poder dirigir una película. Su ingreso en la industria del cine mexicano le permitiría recuperar el oficio y volver a trabajar en lo que más le gustaba. Pero también significó la aceptación de numerosas obras de encargo, de orientación marcadamente comercial y populista que a comienzos de los años cincuenta, ocasionalmente, pudo alternar con la realización de films más personales, entre los que se cuenta Subida al cielo (1952). Es en este título, fraguado durante los primeros años de estancia de Buñuel en México, donde volveremos a toparnos con una nueva referencia al mundo de la masonería, en esta ocasión más amplia y explícita.

 

Luis Buñuel y su equipo en 1951 celebrado el éxito de Los olvidados

En los primeros meses de 1951 había rodado La hija del engaño y Una mujer sin amor, trabajos de encargo, acometidos sin interés (especialmente este último) y resueltos con profesionalidad, aunque con escasa ambición artística.  Sin embargo, en la primavera de aquel mismo año, el éxito en Cannes de Los olvidados (rodada en 1950) y la buena acogida por parte de público y crítica que estaba teniendo en todo el mundo esta película, le permitieron a Buñuel respirar profesionalmente. Y también plantearse proyectos más originales. Así es como se embarcó en Subida al cielo, una obra a medio camino entre la sociología (casi antropológica) y el surrealismo. Gracias a que la financiación de la película provenía de su buen amigo Manuel Altolaguirre pudo disponer de mayor libertad creativa[40]. Y aunque al final lo accidentado del rodaje y las limitaciones económicas propias de una pequeña producción le obligaran a suprimir varias escenas[41], Subida al cielo se convirtió, prácticamente desde su estreno en 1952, en una de las piezas claves dentro de la filmografía de Luis Buñuel.

Esta película comienza con un prólogo de carácter documental en el que se cuenta la historia de San Jeronimito, un pueblo en el que sus habitantes viven libres de las ataduras del trabajo, la religión y la moral tradicional. Al no disponer de iglesia los matrimonios se celebran organizando una visita ritual a los padres de la novia y un viaje nupcial a una isla paradisíaca cercana. Oliverio y su novia Albina van camino de dicha isla cuando se ven obligado a interrumpir su travesía porque la madre del muchacho está agonizando y lo llama junto a su lecho de muerte. La pugna por el reparto de la herencia obligará a Oliverio a emprender un inesperado viaje a la ciudad con el fin de arreglar los asuntos legales de la familia, dejando sin consumar su matrimonio. Sube a un destartalado autobús que se convertirá inmediatamente en el principal escenario de una serie de sucesos protagonizados por una atractiva Raquel, afanada en tentar a Oliverio, un terrateniente arruinado, un diputado en plena campaña electora, una mujer embarazada que terminará dando a luz por el camino, un padre que porta el ataúd de su hija muerta, un cojo o un madrileño tratante de gallinas, entre otros.

La escena que más nos interesa se sitúa en el núcleo central de la trama. En ella Silvestre, el conductor del autobús, decide de forma arbitraria e imprevista, detenerse a mitad de camino, en casa de su madre, para felicitarla en el día de su cumpleaños. Doña Sixta, tras escuchar las mañanitas que se cantan en su honor, organiza un suculento almuerzo en el que participan alegremente todos los pasajeros salvo Oliverio, impaciente por llegar cuanto antes a la ciudad. Cuando ya ha comenzado la fiesta desembarcan en el rancho de forma imprevista un grupo de excéntricos turistas americanos, que disfruta de la celebración y se integra en ella con entusiasmo casi infantil. Oliverio aprovecha que Silvestre ha bebido demasiado y la confusión generada por el jolgorio, para apoderarse del autobús y emprender de nuevo el camino, seguido de Raquel que terminará seduciéndolo poco antes de llegar al la ciudad, en el puerto de Subida al Cielo.

Página del guion técnico de  Subida al cielo  en la que se hacer referencia a la llegada de los Shriners

 

Los shriners llegan al rancho de doña Sixta

En la primera versión de guión firmada por Manuel Altolaguirre en junio de 1951,  esta secuencia se despachaba en un par de folios, sin banquete y sin turistas americanos[42]. La presencia de estos se debe a un añadido posterior introducido Buñuel en el guión técnico redactado en julio de 1951, donde se especifica que Son americanos de la secta llamada SHRINERS: todos visten correctamente y lo único que los distingue de los irracionales es que en lugar de sombreros se cubren la cabeza con una especie de gorra de FEZ”[43]. Llama la atención el cuidado con el que detalla su filiación y el uso irónico del término “irracionales”, que le sirve a Buñuel para construir una sutil ironía según la cual los masones son seres dotados de razón, mientras que el resto de la humanidad está desprovisto de ella[44]. Además, se les presenta como un grupo de turistas cultos, interesados en practicar el español y aprender de las costumbres mexicanas. Aparecen durante la fiesta tomando fotos, bailando la Sanmarqueña[45] y dando lugar a algunas situaciones cómicas.  La más notable nos presenta a uno de los shriners interesándose por el sombrero de Oliverio. Primero trata de comprárselo y más tarde le proponer cambiarlo por su tocado shriner. La negativa de Oliverio termina desembocando en un regateo en el que se inmiscuye el cojo con la intención de vender su sombrero y sacar partido de la situación. La comicidad de este gag, en el que Buñuel juega nuevamente con la sátira presentándonos a un pícaro cojo enfrentado a un yanki entusiasta, debía haber sido todavía más socarrona e intensa. Pero durante el rodaje se suprimieron varias frases en las que Oliverio, indignado por la propuesta del shriner, se refería a su tocado como una “maceta”[46], lo que atemperó la virulencia del duelo verbal entre el gringo y el mexicano. En conjunto, todas estas acciones cuidadosamente planificadas en el guión, convierten a los shriners en parte fundamental de una secuencia en la que, además, funcionan como contrapunto cultural de los personajes “típicamente mexicanos” que pueblan Subida al cielo.

Un shriner negocia con Oliverio la compra de su sombrero en Subida al cielo

 

Un shriner baila con una lugareña durante la fiesta de cumpleaños de doña Sixta

En esta ocasión estamos ante una referencia a la masonería mucho más explícita que en La edad de oro, pero difícilmente inteligible para alguien no familiarizado con la tradición masona o con las peculiaridad de la cultura estadounidense. Los shriners  o miembros de La Antigua Orden Árabe de los Nobles del Relicario Místico, se establecieron en Nueva York, en 1870, constituidos como un grupo afín a la francmasonería[47] y vinculados en algunos de sus planteamientos a la tradición de los Illuminati. Todavía hoy siguen en activo y son conocidos y apreciados en los Estados Unidos por sus prácticas caritativas orientadas al sostenimiento de hospitales para niños[48]. Buñuel probablemente supo de la existencia de este grupo durante el tiempo que vivió en Los Ángeles (1938 y de 1944 a 1946), ciudad en la que todavía hoy se alza el Shriner Auditorium (construido en 1906), que viene desempeñando desde principios del siglo XX la doble función de centro de espectáculos y sede de la Fraternidad Shriner. A ella pertenecieron varios presidentes norteamericanos, entre los que se cuentan Franklin Delano Roosevelt, responsable de la introducción en el billete de dólar de símbolos característicos de la tradición masona, y Harry S. Truman. Ambos estuvieron en el poder precisamente durante los años que Buñuel vivió en los Estados Unidos (entre 1938 a 1946).

 

Harry S. Truman reunido con un grupo de shriners

Resulta difícil establecer cuales fueron los motivos que llevaron a Buñuel a introducir una alusión a los shriners en Subida al cielo. Puede que se tratase simplemente de uno de sus habituales ejercicios de extrañamiento para el que decidió utilizar a los shriners como  recuerdo  extravagante y absurdo de su experiencia en Los Ángeles. Pero también es posible que la introducción de estas imágenes estuviese relacionada con los temas que flotaban en el ambiente, con lo que se publicaba en la prensa o con las conversaciones que mantenían los españoles en su exilio mexicano. Al considerar todo esto tal vez sea interesante recordar que las relaciones entre la masonería mexicana y la estadounidense fueron muy fluidas durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y que su enfrentamiento con el régimen franquista fue abierto y reiterado. En el Octavo Congreso Masónico Nacional de México, celebrado en noviembre de 1947, entre otras cuestiones se trató del problema de los masones encarcelados, torturados y condenados a muerte por el régimen franquista. Para hacer frente a esta situación se decidió emprender una campaña coordinada con los Estados Unidos, denunciar los hechos y solicitar la intervención del Venerable Hermano Mateo Alemán Valdés y del también Venerable Hermano Harry S. Truman, para que intercediesen ante Francisco Franco y la comunidad internacional en favor de los prisioneros políticos españoles[49]. Los hermanos masones Alemán y Truman eran por entones presidentes de la Republica Mexicana (1946-1952) el primero y de los Estados Unidos (1945-1952) el segundo. Ambos hicieron gala durante sus respectivos mandatos de una posición marcadamente antifranquista, especialmente Truman, que para más señas era un prestigioso shriner, miembro del Ararat Shrine Temple[50].

Mateo Alemán


Harry S. Truman como shriner

Truman nunca ocultó su hostilidad hacia Franco[51]. Cuando su secretario de Estado, George Marshall, organizó en junio de 1947 un plan de ayuda para la reconstrucción de los países europeos damnificados por la guerra (conocido como Plan Marshall), ordenó expresamente que se dejase a España, como régimen de carácter fascista, fuera de dicho proyecto[52]. La respuesta de Franco no se hizo esperar. Bajo el pseudónimo de Jakim Boor, arremetió contra los Estados Unidos, contra los masones y contra Truman desde las páginas del diario Arriba. El 9 de agosto de 1949, meses después del rechazo definitivo a su solicitud para beneficiarse del Plan Marshall (marzo 1948[53]),  Franco escribió un artículo titulado “Alta masonería” en el que ridiculizaba a Truman por el uso de la indumentaria masona y lo criticaba por ser “el más masón” de los presidentes que hasta entonces había tenido los Estados Unidos. Terminaba poniéndolo en cuestión como gobernante, reprochándole con despecho (a él y a Eleanor Roosvelt) que hubiesen impedido la integración de España en el Plan Marshall y atribuyendo a su condición de masón el origen de toda su “perniciosa” forma de proceder:

“En Eleanor Roosevelt se da uno de esos casos que en España llamaríamos de marimachos o mujeres "machorras" que ingresan en las logias y alcanzan en ellas, por su sectarismo, un alto puesto. Eleanor Roosevelt es masona, masona activísima, que patrocina el grupo de los sectarios anticatólicos. A ella acudieron en fecha reciente los masones españoles para evitar la votación favorable a España en la Asamblea de la O. N. U., y ella fue, según es público y notorio en los Estados Unidos, la que apartó al Presidente Truman y al State Department de su propósito de votar a favor de España en la Asamblea de la O. N. U., que oficiosamente incluso se había hecho saber a la propia nación española. Mucho tiene que ser el poder sectario de esta vieja masona para influir en tal medida, y en contra de las propias conveniencias del país, expresadas por sus Estados Mayores, las decisiones presidenciales”[54].

Esto sucedía solo unos meses antes de la producción de Subida al cielo, cuyo guión comenzó a escribirse en la primavera de 1951, iniciándose el rodaje en agosto de aquel mismo año. Tras su estreno en junio de 1952 la película obtuvo en general[55] muy buenas críticas[56], convirtiéndose para Buñuel en uno de sus títulos favoritos.

 

Los shriners participando de la fiesta de doña Sixta en  Subida al cielo

A la vista de todo lo expuesto previamente cabe preguntarse si Luis Buñuel quiso hacer mediante la cita a los shriners de Subida al cielo una apostilla satírica acerca del enfrentamiento entre Estados Unidos y España, entre los masones y los fascistas o entre Truman y Franco[57]. Tal vez decidiese utilizar la referencia a la Fraternidad Shriner que había tenido ocasión de conocer en Los Ángeles y a la que pertenecía el presidente Truman, como era de todos conocido, para construir una broma particular acerca de este conflicto. Es posible. Pero nuevamente debemos movernos con honestidad en el frágil terreno de la hipótesis.

En cualquier caso, lo que está claro es que todos estos hechos formaban parte del contexto histórico que precedió al rodaje de Subida al cielo; que Buñuel supo de la existencia de los shriners durante los años que vivió en Los Ángeles; y que decidió integrarlos en la película para dar lugar a un elaborado ejercicio de extrañamiento surrealista, disfrazado bajo los ropajes de anécdota populista (casi sainetesca). Los shriners que recorren alborozados el rancho de doña Sixta están a medio camino entre la caricatura del turista ridículo y el homenaje respetuoso en forma de chanza. Un papel muchos más indefinido que el que desempeñan el grupo de turistas estadounidense que aparecerán años después en Ensayo de un crimen (1955), título en el que su intervención en la trama resulta fundamental, tanto por sus acciones y conversaciones, como por el valor critico que adquiere su presencia que se utiliza para poner en cuestión actitudes y tópicos asociados con la cultura estadounidense y con la mexicana. En Subida al cielo los shriners son la excusa para que Buñuel inserte de nuevo en una de sus películas imágenes emparentadas con la masonería, una cuestión por la que sentía curiosidad desde hacía años. Y todavía más si se trataba de masones provenientes de los Estados Unidos. Este era el país en el que había pasado sus primeros años de exilio y hacia el que seguía mirando a comienzos de la década de los cincuenta a la espera de nuevas oportunidades profesionales[58].

 

Homenaje al amigo masón: El ángel exterminador

Al iniciarse la década de los sesenta, tras ganar con Viridana la Palma de Oro en Cannes, Buñuel era considerado uno de los grandes cineastas del panorama internacional, el autor de prestigio capaz de pone en pie, pese a todo tipo de dificultades, obras de calidad excepcional. Esto le permitió disfrutar de una cierta libertad creativa (no económica) que le iba permitir acometer proyectos como El ángel exterminador, relato en el que las ideas de encierro y frustración terminan convergiendo en la constatación de que la libertad no es más que un fantasma[59]. Y es en esta historia de burgueses cautivos de su propia celebración, en medio de la que se atreve a insertar sin pudor nuevas referencia a la masonería, esta vez claras, reiteradas e identificables como tales por cualquier espectador.

Buñuel ideó el argumento para esta película en los Estados Unidos, en torno a 1940[60].  Y trabajó intermitentemente en ella a lo largo de los años siguientes, buscando ideas y, sobre todo, al productor que se atreviese a llevar a la pantalla una obra como esta. Incluso llegó a barajar la posibilidad de rodarla en Cuba, apoyado por el nuevo gobierno instaurado tras la revolución castrista y por su viejo conocido Alfredo Guevara[61]. Pero no fue hasta después del triunfo de Viridiana (1960) cuando pudo por fin plantearse seriamente la realización de El ángel exterminador (1963), que sería financiada por la productora de Gustavo Alatriste[62]. Originalmente la película iba a llamarse Los náufragos de la calle Providencia, pero poco antes del rodaje Buñuel decidió utilizar un título ideado por José Bergamín para un proyecto teatral de este último sobre el que habían estado hablando en Madrid. Se dio cuente de que llamar a su película El ángel exterminador resultaba mucho más sugerente y sobre todo tremendamente inquietante y atractivo al impregnar la obra de connotaciones apocalípticas. Cuando Buñuel le pidió permiso para utilizarlo Bergamín le cedió la idea sin condiciones de ningún tipo[63].

La historia se inicia tras una función operística, cuando el matrimonio formado por Edmundo y Lucia Nobile ofrece a sus amigos una cena en su mansión. Pronto comienzan a producirse situaciones extrañas. La servidumbre abandona sus obligaciones y se marcha precipitadamente de la casa, mientras los invitados son incapaces de dejar el salón en el que se encuentran, sin que puedan explicar el motivo o la fuerza que les hace proceder de este modo. La situación se prolonga durante varios días y la convivencia se va degradando. Unos discuten, otros hacen el amor en un armario y algunos se suicidan. Mientras, en el exterior de la casa se declara la cuarentena. La coexistencia en el salón comienza a hacerse insoportable. Se producen conatos de amotinamiento contra Nobile al que acusan de haberles llevado a la situación en la que se encuentran. La presencia de un oso acentúa la tensión, que cede levemente cuando pueden alimentarse con varios corderos que han recalado en aquel lugar. Las relaciones entre los encerrados se vuelven completamente insoportables. Es entonces cuando se plantea como única solución el retorno a las posiciones y actitudes que cada uno de ellos tenía en el momento previo al comienzo de su misterioso aislamiento. La idea da resultado y pueden por fin salir de la mansión. Para dar gracias por ello se reúnen todos en una iglesia. Pero al terminar el Te Deum constatan que de nuevo, sin que puedan explicar por qué, les resulta imposible salir del templo.

 El ángel exterminador es uno de los pocos guiones que Buñuel escribió en solitario[64] (con la colaboración esporádica de Luis Alcoriza). Se trata de una narración de textura fragmentaria, pautada por la constante repetición de situaciones e ideas que son las que le confieren su condición de obra insólita y turbadora. Una película que debe entenderse como la prolongación natural de la fiesta burguesa que se celebraba en La edad de oro[65]. En medio de todo este complejo relato es posible identificar algunas puyas enmascaradas contra Salvador Dalí[66], el recuerdo de anécdotas compartidas durante los años pasados en Nueva York[67], la recuperación de ideas visuales fraguadas en los Ángeles, como la de la mano mutilada y asesina (que había escrito en 1944 para la Warner)[68], o también varias referencias al tema de la masonería.

La primera de ellas se sitúa al inicio de la película, justo después de la cena, durante la interpretación de una sonata del (imaginario) compositor Paradisi que ofrece al piano una de las invitadas a la mansión. Es entonces cuando Cristian y el señor Roc se saludan identificándose mediante gestos como masones, tal y como se indicaba pormenorizadamente en el guión técnico: “El señor Roc, famoso director de orquesta, está sentado con su esposa Alicia en un canapé, haciendo esfuerzos prodigiosos para no cabecear. Alicia tiene sólo veintidós años, es muy bonita y la admiración y el cariño que siente por su anciano esposo llega a la idolatría. De pronto la mirada adormecida del Sr. Roc cobra vida. Sus ojos se fijan en Cristian Ugalde. Este parece seguir atentamente el concierto, pero observándolo bien vemos que su mano derecha hace, con gran disimulo, un gesto extraño. El Sr. Roc se yergue. Seguramente es el único que se ha percatado del gesto misterioso. Y apenas Cristian lo mira le responde con el mismo extraño signo, igualmente disimulado. A continuación adoptan una expresión indiferente”[69].

Cristian efectúa los rituales toques masónicos para darse a conocer como hermano ante el señor Roc

 

El señor Roc Contesta a los toques masónicos de Cristian

Poco después al finaliza el concierto y mientras los invitados felicitan a la intérprete y se disponen a retirarse a sus casas, es posible localizar la segunda alusión a la masonería.  El señor Roc se acerca a Cristian y ambos se congratulan por conocerse “…bajo un aspecto tan… fraternal.”[70]. Tras asegurarse de que nadie les mira, se interrogan acerca de sus respectivas filiaciones y grados masones, dejando interrumpida su conversación en el momento en el que se acercarse a ellos Leandro, uno de los invitados interesado en hacerle al señor Roc, algunas consultas musicales.

La tercera mención a la masonería, se produce mucho después, en la parte final de El ángel exterminador, cuando los náufragos del salón quedan conmocionado por el suicidio de los jóvenes novios dentro de un armario e inquietos por el merodeo de un oso que ha conseguido entrar en la casa. Cristian, con expresión de dolor y tratando de poner fin a la situación en la que se encuentran, grita con todas sus fuerzas ¡Nakam, adonai![71]. Al escuchar el señor Roc se incorpora y le propone con cierta desesperación recitar la palabra impronunciable. Acto seguido los dos declaman alternativamente y con reverencia ceremonial cada una de las letras de dicha palabra (H-I-H-H-O-H) ante el escepticismo y la sorpresa del resto de los personajes encerrados en el salón. El único capaz de entender lo que están haciendo es el doctor, quien para que no quede ninguna duda explica al resto: Es el grito masónico de socorro. Al oírlo cualquier franc-masón debe acudir en ayuda del que lo lanza. Pero aquí…como no sea el oso…”[72].

Cristian grita Ritualmente Nakam Adonai

Al margen de la premeditada ironía final referida al oso mediante la que se cierra calculada y fríamente esta trágica situación, resulta muy interesante constatar el amplio conocimiento que Buñuel llegó a tener acerca de algunos de los rituales y tradiciones masones. Usos que pervirtió inteligentemente para servirse de ellos en la película construyendo situaciones enigmáticas y desesperadas. Nakam Adonai (Nekan Adonai) es el grito ritual por que se reclama la venganza del señor en hebreo, expresión utilizada por los masones como oración de liberación[73]. Todavía más compleja es la historia y la tradición que rodea a la palabra impronunciable (HIHHOH), asociada con el nombre de Dios y por lo tanto de uso reservado a situaciones de excepción. A finales del siglo XIX a los aspirantes al grado catorce se les refería al respecto la siguiente leyenda: “Se les dice que la pronunciación del “Nombre Indecible” se perdió en la catástrofe del Diluvio; pero que Dios se la reveló a Moisés, quien habiéndola grabado en una medalla de oro, depositó esta medalla en el Arca de la Alianza. Sucedió, pues, que el Arca Santa cayó en poder de los asirios, después de una derrota de los israelitas; pero apareció un león de una talla y una ferocidad tan extraordinarias, que el ejercito asirio huyó lleno de miedo, abandonado el Arca en un bosque; constituyose el león en su guardián, y cuando el sacerdote de los judías se acercó al Arca, el león se acostó á sus pies y entregole la llave del Arca, que tenía en la boca, y de este modo fue como se encontró la verdadera pronunciación del Nombre Indecible. Esta pronunciación es HIHHOH con las haches muy aspiradas”[74]. Que Luis Buñuel conociese todos estos pequeños o grandes relatos vinculados al mundo masón nos hace ratificar el interés que tuvo a lo largo de toda su vida por el tema, aunque sólo fuese por el halo indescifrable y misterioso que rodeaba la práctica de la masonería.

Página del guion técnico en la que se hacer referencia a la palabra impronunciable

 

Cristian y el señor Roc recitan de forma coordinada la palabra impronunciable

Sin embargo, lo más interesante de El ángel exterminador es lo que no aparece en la película, las frases de los diálogos iniciales que se modificaron durante el rodaje. En el filme el nombre de la logia a la que dice pertenecer Cristian es Columna Sublime[75], a lo que el señor Roc responde diciendo que forma parte de Amanecer 21. Este último fue un nombre habitual entre las logias latinoamericanas de aquella época, que de hecho coincide con el de algunas de las organizaciones argentinas que por entones se encargaron de gestionar y denunciar los problemas de los exiliados españoles en el cono sur.

Pero lo que estaba escrito en el guión era algo diferente. Originalmente estaba previsto que el nombre de la logia a la que decía pertenecer el señor Roc fuese Fuerza Numantina, la misma fraternidad en la que Buñuel había querido ingresar en trono a 1920 de la mano de su amigo Juan Vicens. En esta pequeña variación, en este detalle aparentemente trivial, es en el que reside la clave mediante la que explicar las citas reiteradas a la masonería hechas en El ángel exterminador y donde localizar, asimismo, el punto de partida desde el que entender la historia de la relación del Luis Buñuel con esta organización.

 

Página del guion técnico en la que figura la referencia a Fuerza Numantina

Además del juego dramático que le proporcionaba la opacidad de los rituales masones, Buñuel utilizó, las referencias a este tema para construir un personal e íntimo homenaje a la memoria de su amigo Juan Vicens. Con él no sólo había compartido su fascinación por la masonería sino que también había sido su compañero de andanzas en el París de los años veinte y su camarada de exilo en el México de los cuarenta y los cincuenta. Vicens cayó enfermo en 1953 y se trasladó a Moscú en 1954 para reunirse con su esposa María Luisa, que se encargaría de cuidarle a partir de entonces[76]. Tal vez no sea casual que por esas mismas fechas Buñuel decidiese retomar el proyecto de Los náufragos de la calle Providencia, escribiendo junto a Alcoriza una nueva sinopsis. Volvería a trabajar sobre ella justo después de la muerte de Vicens, en 1959, utilizando las anécdotas masónicas que trufan la historia como broma apesadumbrada con la que despedirse de él. Esto justifica la presencia en El ángel exterminador de las consignas rituales, la reproducción de los toques masones de reconocimiento que aprendiera de su amigo, justo antes de intentar entrar en una logia[77], y, sobre todo, la cita en el guión a Fuerza Numantina de la que había sido miembro Vicens.

 

La orden de Toledo en la Venta de Aires, 1924. De izquierda a derecha: Dalí, Mª Luisa González, Luis Buñuel, Juan Vicens y J.Mª Hinojosa. Sentado José Moreno Villa

El mismo Vicens junto al que Buñuel fundó a comienzos de 1923 La Orden de Toledo[78] como variante hedonista y lúdica de una logia, copiando el ritual del disfraz y el disfrute de la reunión de librepensadores, para convertir sus “noches toledanas” en una celebración a medio camino entre el dislate juvenil y la provocación vanguardista. Buñuel y Vicens pasaron así de La Orden masónica a La Orden de Toledo, transitando un camino de maduración personal e intelectual en el que la ética y la estética masonas se convirtieron en parte de su proceso de aprendizaje. Buñuel nunca lo olvidó. Utilizó parte de este bagaje como anécdota críptica en algunas de sus películas (La edad de oro, Subida al cielo). Hasta llegar a El ángel exterminador, donde expuso abiertamente sus experiencias y saberes masónicos, que fueron muy eficaces en términos dramáticos, pero que sobre todo le sirvieron para recordar al amigo con el que los había compartido.

 



[1] F(ilmoteca) E(spañola), Archivo Buñuel/527, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de El ángel exterminador, p. 99, toma 150.

[2] FE, Archivo Buñuel/527, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de El ángel exterminador, p. 22, toma 26.

[3] A(rchivo) G(eneral) de la G(uerra) C(ivil) E(española) de S(alamanca). Expediente de la Logia Fuerza Numantina. Signatura: SE-MASONERIA_A, C. 743, Exp. 6.

[4] Los últimos documentos contenidos en el expediente de esta logia están fechados en febrero de 1922 (Véase AGGCES. Expediente de la Logia Fuerza Numantina. Signatura: SE-MASONERIA_A, C. 743, Exp. 6.)

[5] Mario Rosso de Luna ingresó en esta logia el 7 de Febrero de 1917 y resulta sorprendente comprobar su rápido ascenso de grado en la misma, alcanzado el grado 33 en 1920 (véase AGGCES. Expediente de la Logia Fuerza Numantina. Signatura: SE-MASONERIA_A, C. 743, Exp. 6.)

[6] Uno de los hermanos de la logia Fuerza Numantina, Fernando Mínguez Río, decidió adoptar el nombre simbólico de Balvasky, lo que da cuenta del prestigio que la escritora, ocultista y teósofa rusa Helena Blavatsky (1831-1991) alcanzó en la España de comienzos del siglo X (véase AGGCES. Expediente de la Logia Fuerza Numantina. Signatura: SE-MASONERIA_A, C. 743, Exp. 6.).

[7] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Buñuel Lorca Dalí. El enigma sin fin, Barcelona, Planeta, 2000, p. 35.

[8] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Buñuel Lorca Dalí…Op. cit., p. 54.

[9] SALABERRÍA, Ramón, “Estudio preliminar. La larga marcha de Juan Vicens (Zaragoza, 1895-1959)”, VICENS, Juan, El pueblo a la conquista de la cultura, Madrid, Ediciones VOSA SL, Asociación Educación y Bibliotecas, 2002, p. 8

[10] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Buñuel Lorca Dalí…Op. cit., p. 54.

[11] En la primera anotación en la que figura Vicens en el expediente de Fuerza Numantina aparece inscrito con el grado 2ª (véase AGGCES. Expediente de la Logia Fuerza Numantina. Signatura: SE-MASONERIA_A, C. 743, Exp. 6.). Puede que el ascenso de 1er. a 2º grado se produjese en esta misma logia, pero también es posible que hubiese ingresado en alguna otra en el extranjero y que entrase en Fuerza Numantina con un 2º grado directamente.

[12] A la luz de los documentos conservados en relación con la Logia Fuerza Numantina, el ingreso de Juan Vicens tuvo que producirse entre el 1 de enero de 1919, fecha en la que todavía no figura en la relación de miembros de dicha logia y el 31 de marzo de 1920, cuando ya figura como hermano en el Cuadro de Miembros (véase AGGCES. Expediente de la Logia Fuerza Numantina. Signatura: SE-MASONERIA_A, C. 743, Exp. 6.)

[13] AGGCES. Expediente de la Logia Fuerza Numantina. Signatura: SE-MASONERIA_A, C. 743, Exp. 6.

[14] Es el único de los siete hermanos dados de baja para el que no se indica el motivo de la misma (AGGCES. Expediente de la Logia Fuerza Numantina. Signatura: SE-MASONERIA_A, C. 743, Exp. 6.) lo que nos hace pensar que la suya fuese una baja voluntaria. Si no es probable que como en el resto de los casos quedase especificado la que se trataba por falta de pago, o por falta de asistencia.

[15] Dicha reforma tendría lugar a partir de 1923. Véase en esta sentido: FERER BENIMELI, José António, masonería española contemporánea. VO. 2. Desde 1868 hasta nuestros días, Madrid, Siglo Veintiuno Editores, 1980, p. 54.

[16] SALABERRÍA, Ramón, Op. cit., p. 11.

[17] En esta misma entrevista Max Aub reconocía haber intentado también sin éxito ingresar en una logia masónica. AUB, Max, Conversaciones con Buñuel, Madrid, Aguilar S.A. de ediciones, (Colección literaria), 1985, p. 102.

[18] SIMMEL, George, “El secreto y la sociedad secreta. Digresiones sobre el adorno y la comunicación escrita”, traducido por J. Pérez Bances, Jorge Simmel, Sociología, Estudios sobre las formas de socialización, Madrid, Revista de Occidente, Tomo III, Aptdo. V, 1927, pp. 101-168. Citado por YZAGUIRRE GARCÍA, Fernando, “masonería y secreto: una aproximación sociológica”, La masonería en Madrid y en España. Del siglo XVIII al XXI, X Symposium Internacional de la Masonería Española, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2004, p. 408.

[19] BUÑUEL, Luis, Mí último suspiro, Barcelona, Plaza & Janés, 1996, p. 79.

[20] MARTÍN, Luis P., “El anticlericalismo en la masonería española”, La masonería en Madrid y en España. Del siglo XVIII al XXI, X Symposium Internacional de la Masonería Española, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2004, p. 388.

[21] Ibidem, p. 403.

[22] Ibidem, p. 398

[23] BUÑUEL, Luis, Mí último suspiro, Op. cit., p. 37.

[24] Hubo logias llamadas Giner de los Ríos, pero Giner de los Ríos no fue masón. Si que lo fue Krause en cuyos principios filosóficos y educativos se fundamenta el ideario de la Institución Libre de Enseñanza (véase ÁLVAREZ LÁZARO, Pedro, “La Institución de Libre Enseñanza en la tradición del pensamiento masónico europeo”, URUEÑA, E.M. (eds.), La actualidad del Krausismo en su contexto europeo, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, Fundación duques de Soria y Editorial Parteluz, 1999).

[25] FERRER BENIMELI, José Antonio, La masonería, Madrid, Alianza Editorial, 2001, p. 227.

[26] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel, Madrid, Cátedra, 1999, pp. 140-141.

[27] Quiero hacer constar mi agradecimiento a Agustín Sánchez Vidal por las indicaciones e ideas que me ha dado en relación con este tema. Un asunto que conoce con profundidad y sobre el que aporta abundante información en: SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Buñuel Lorca Dalí…Op. cit., pp. 130 a 132.

[28] Ibídem., 138.

[29] FE, Archivo Buñuel/553, BUÑUEL, Luis, Guión técnico La bête andalouse (La edad de oro), toma 104.

[30] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, El mundo de Luis Buñuel, Zaragoza, CAI, 1993, p. 27.

[31] FERRER BENIMELI, José Antonio, La masonería, Op. cit., p. 240.

[32] Véase uno de los esquemas básicos de la composición de los elementos de un mandil masón en algunos de los ejemplos más conocidos como el mandil masón de George Washington: (http://www.etnografo.com/masoneria_y_paramasoneria_en_usa.htm. 15 de mayo de 2010)

[33] El Centro de Information Masónica (The Masonic Information Center) de La Asociación de Servicios masónicos ha publicado una amplia lista anotad que contiene los nombres de los compositors y liricos masons titulada  The Craft's Noyse. Ha sido escrita por el historiador mason Jim Tresner. (http://mastermason.com/wilmettepark/wellknownmasons.html, 15 de mayo de 2010). Las fuentes de referencia han sido: ABBOTT, G. Blizard. "Masonic Portraits: Sketches of Distinguished Freemasons". London, W. W. Morgan: 1879; BAIRD, George W.. "Memorials". Little Masonic Library.Carter, S. Maurice. "Who's Who in British Columbia". Vancouver, S. Maurice Carter: 1945; COIL, Henry Wilson. "Coil's Masonic Encyclopedia". Macoy Publishing, Richmond, Virginia: 1995 [0-88053-054-5]; DENSLOW, William R.. "10,000 Famous "Freemasons". Missouri Lodge of Research, Trenton, Missouri: 1957-1961 (4 Vol.); HARRISON, Jim. "Biographical Journal of Freemasons: British Columbia and the World". Gavel Historical Society of British Columbia, Vancouver: n.d.; HARRISON, Jim. "Freemasons Who Made a Difference". Gavel Historical Society of British Columbia, Vancouver, 1993; HAYWOOD, H. L. "Famous Masons". Macoy Publishing and Masonic Supply Company, Inc., Richmond, Virginia: 1968, J.G. "Masonic Portraits: Sketches of Distinguished Freemasons" W. W. Morgan, London: 1876; LENNOFF, Eugene. "The Freemasons". Oxford University Press. New York: 1934; MACKEY, Albert G., "Encyclopaedia of Freemasonry, An". The Chicago Masonic History Company, Chicago: 1966; "Scottish Rite Journal." Washington, D. C.. [published monthly]; WAITE, Arthur Edward. "New Encyclopedia of Freemasonry, A". University Books, New York: 1984.

[34] Quiero haces constar mi agradecimiento a José Antonio Ferrer Benimeli, por las indicaciones que me ha hecho  acerca de este tema, ayudándome a localizar los ascendentes masones de Charles de Noailles. Una de las referencias más importante en este sentido ha sido: LIGOU, Daniel, Dictionnaire de la Franc-maçonnerie, Presses Universitaires de France, 1988, p. 868.

[35] MIROLO, Anido, La franc-maçonnerie, Mémorie et modernité radicales, 2009 (http://memoireetmoderniteradicales.com/nosrubriques/dossiershistoriques/dossiers/lafm_dossier1a7.pdf)

[36] LAVAGNINI, Aldo (Magister), Manual del Mestro secreto, Editorial Kier, Buenos Aires, 2007.

[37] FE, Archivo Buñuel/553, BUÑUEL, Luis, Guión técnico La bête andalouse (La edad de oro).

[38] Citado SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel, Op. cit., p. 142.

[39] Ibidem, p. 142.

[40] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel. Obra cinematográfica, Madrid, Ediciones J.C, 1984, p. 265.

[41] BUÑUEL, Luis, Mí último suspiro, Op. cit., p. 218.

[42] ALTOLAGUIRRE; Manuel, Obras completas, II, Madrid, Bella Bellatrix/ Itsmo, 1989, pp. 411-414

[43] FE, Archivo Buñuel/533, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de Subida al cielo, p. 54, toma 214.

[44] Tras consultar a José Antonio Ferrer Benimeli, el 4.2.2008, me indica que la expresión irracional no es un término habitual entres los masones, de modo que deducimos que se trata de una broma de Buñuel.

[45] Incluso estaba previsto que uno de los shriners bailase con Raquel aunque finalmente no se resolvió así durante el rodaje y lo que sí que puede verse es a un shriner bailando animadamente con una joven mexicana que participa en la fiesta de doña Sixta (FE, Archivo Buñuel/533, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de Subida al cielo, p. 59, toma 230)

[46] FE, Archivo Buñuel/533, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de Subida al cielo, p. 57, toma 228.

[47] No están conectados con es Islam con el que tan sólo mantiene vínculos de orden estético.

[48] Para más información al respecto puede consultarse la página Web oficial de la Fraternidad Shriner: http://www.shrinershq.org/ShrinersHQ. 15 de mayo de 2010.

[49] ZALCE Y RODRÍGUEZ, Luis J., Apuntes para la Historia de la masonería en México (de mis lecturas y recuerdos) Segundo Tomo, México, p. 531.

[50] Sobre la filiación masona de Harry S Truman hay abundante información bibliográfica. También podemos encontrar referencias al respecto en: http://www.araratshrine.com/history/truman/. 15 de mayo de 2010. En ella figura la siguiente información que transcribimos para completar su perfil masón: “Initiated: February 9, 1909, Belton Lodge No. 450, Belton, Missouri. In 1911, several Members of Belton Lodge separated to establish Grandview Lodge No. 618, Grandview, Missouri, and Brother Truman served as its first Worshipful Master. At the Annual Session of the Grand Lodge of Missouri, September 24-25, 1940, Brother Truman was elected (by a landslide) the ninety-seventh Grand Master of Masons of Missouri, and served until October 1, 1941. Brother and President Truman were made a Sovereign Grand Inspector General, 33°, and Honorary Member, Supreme Council on October 19, 1945 at the Supreme Council A.A.S.R. Southern Jurisdiction Headquarters in Washington D.C., upon which occasion he served as Exemplar (Representative) for his Class. He was also elected an Honorary Grand Master of the International Supreme Council, Order of DeMolay. On May 18, 1959, Brother and Former President Truman were presented with a fifty-year award, the only U.S. President to reach that golden anniversary in Freemasonry. Harry Truman was a member of the Ararat Shrine Temple

[51] CASANOVA, Julián y GIL ANDRÉS, Historia de España en el siglo XX, Madrid, Ariel Historia, 2010, p. 261.

[52] Años después, en 1952, Truman se opuso al ingreso de España en la Organización del Tratado Atlántico Norte.

[53] MARTÍNEZ LILLO, Pedro, “La diplomacia española y el Plan Marshall en el marco de las relaciones hispano-francesas (Junio 1947-abril 1948, Cuadernos de Historia Contemporánea, Madrid, nº 18. Puede consultarse también la edición en la red: http://revistas.ucm.es/ghi/0214400x/articulos/CHCO9696110155A.PDF. 15 de mayo de 2010.

[54] Este y otros textos fueron recopilados en un publicación editada en Madrid, en 1952 bajo el titulo Masonería y firmado por Jakim Boor, pseudónimo que utilizaba habitualmente el general Franco para escribir sobre masonería. El libro esta reproducido al completo en la red: http://www.scribd.com/doc/8111216/Jakim-Boor-Franco-Masoneria/. 15 de mayo de 2010

[55] GARCÍA RIERA, Emilio, Historia documental del cine mexicano. Época sonora. Tomo IV. 1949-1951. México DF, Ediciones Era, s.d., p. 365

[56] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel. Obra cinematográfica, Op. cit., p. 145-154; GARCÍA RIERA, Emilio, Op. cit., p. 368.

[57] Buñuel pudo tener noticia de estos hechos por vías muy diversas: a través del grupo de exiliados españoles vinculados a la masonería; por Manuel Altolaguirre, en contacto con muchos de los masones exiliados en Cuba desde los campos de refugiados franceses o también a través de Juan Vicens, que vivió en México entre 1940 y 1954.

[58] Su siguiente película fue Las aventuras de Robinsón Crusoe que rodó con  un guión escrito en colaboración con de Hugo Butler y bajo la producción de George Pepper, ambos represaliados de la caza de brujas de origen estadounidense (SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel, Op. cit., pp. 177-180.

[59] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel, Op. cit., p. 239.

[60] PÉREZ TURRENT, Tomás y COLINA, José de la, Buñuel por Buñuel, Madrid, Plot Ediciones, 1999

[61] Poco después del estreno de Nazarín (1958) Alfredo Guevara propuso a Buñuel como modelo a seguir por los nuevos creadores audiovisuales cubanos forjados tras la revolución, expresándole la admiración que sentía por su obra en varias cartas escritas entre 1959 y 1960No debe extrañarnos este estrecho vínculo entre ambos, ya que Alfredo Guevara había trabajado como ayudante durante el rodaje de Nazarín, contratado por Barbachano con el fin de darle la coartada que necesitaba para poder enviar desde México armas a Fidel Castro y a los rebeldes cubanos que por entones estaban librando las últimas batallas contra Batista. Y por eso tampoco debe sorprendernos que después del éxito de esta película Luis Buñuel, Manuel Barbachano y Alfredo Guevara llegasen a plantearse la posibilidad de producir en Cuba Los náufragos de la calle providencia, es decir El ángel exterminador, (Carta de Alfredo Guevara, desde la Habana, a Luis Buñuel, en México, escrita el 11 de diciembre de 1959. FE, Archivo Buñuel/691.16. Buñuel contesta a esta con otra carta escrita desde México DF, a Alfredo Guevara en la Habana el 27 de diciembre de 1959 (Colección particular, La Habana, Cuba).

[62] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel, Op. cit., pp 234-235.

[63] PÉREZ TURRENT, Tomás y COLINA, José de la, Op. cit.

[64] SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel, Op. cit., p. 236

[65] Ibídem.

[66] Ibídem.

[67] PÉREZ TURRENT, Tomás y COLINA, José de la, Op. cit.

[68] Sobre la utilización de la idea de su escena “Alucinaciones en torno a una mano muerta” puede consultarse: SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Luis Buñuel, Op. cit., p. 237.

[69] FE, Archivo Buñuel/527, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de El ángel exterminador, p. 21, toma 25.

[70] FE, Archivo Buñuel/527, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de El ángel exterminador, p, 22, toma 28.

[71] FE, Archivo Buñuel/527, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de El ángel exterminador, p. 98, toma 148.

[72] FE, Archivo Buñuel/527, BUÑUEL, Luis, Guión técnico de El ángel exterminador, 99, toma150.

[73] La forma correcta sería “Nekam Adonai” que significa “la venganza del Señor”. Gramaticalmente es un estado constructor. “Adonai” es un término habitualmente utilizado por personas no religiosas. Sólo se empleaba cuando se leía el texto sagrado y aparecía el tetragrama (YHWH) que no se podía decir. Era en ese momento cuando se pronunciaba la expresión “Adonai”. Por este motivo puede encajar como una consigna masónica, ya que por un lado es enigmática (mientras no se lee el texto la palabra no existe) y por otro, al no ser una expresión bíblica, tiene otro contexto que podría ser el masónico. Quiero expresar mi agradecimiento en relación con este temas a Dr. Santiago Guijarro Oporto, Catedrático de Nuevo Testamento en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, por la información y las indicaciones que amable y generosamente me ha hecho relacionadas con el significado y uso de esta expresión en hebreo.

[74] TIRADO Y ROJAS, Mariano, La masonería en España. Ensayo histórico, Madrid, Imprenta de Enrique Maroto y hermano, 1893, p. 128.

[75] Es posible que el uso del nombre Columna Sublime se introduzca en el guión y en la película como una evocación indirecta a la Logia Fuerza Numantina, mediante un juego de palabras que evocaba el motivo iconográfico principal del sello de esta logia madrileña que era a la que se quería dar más relevancia y homenajearan la película.

[76] SALABERRÍA, Ramón, Op. cit., p. 26.

[77] AUB, Max, Op. cit., p. 102.

[78] DAVID, Yasha (Editor), ¿Buñuel! La mirada del siglo, Madrid Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 1999, p. 3001.

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