domingo, 17 de abril de 2016

Là-bas, 1975 (I)

Là-bas
El guion edición en castellano

Luis Buñuel coincidía con Huysmans en su admiración por la Edad Media: 

Yo tuve la suerte de pasar la niñez en la Edad Media, aquella época "dolorosa y exquisita" como dice Huysmans . Dolorosa en lo material. Exquisita en lo espiritual. Todo lo contrario de hoy. [1] En efecto, añoraba aquella época de silencio (¿Se imaginan us­tedes lo que debe haber sido el silencio en la Edad Media? Salía usted del pueblo o de la ciudad y a los pocos pasos se hallaba el silen­cio, o los sonidos naturales, que son maravillo­sos: el canto de los pájaros, el de las cigarras, o el rumor de la lluvia. Eso lo hemos perdido en nuestra época.[2]) y su espiritualidad (hoy lo sagrado cuenta muy poco. Aunque no seamos creyentes, podemos sentir esto como una pérdida. Un pobre hombre ca­tólico de la Edad Media sentía que su vida, por dura que fuese (pienso sobre todo en un leñador en lo más profundo de un bosque), tenía un sentido, formaba parte de un orden espiritual. Para ese hombre, la voluntad y la mirada de Dios estaban en todas partes. Vivía «con Dios». No era como un huérfano. La fe le daba una fuerza interior tremenda.[3]). Detestaba su época: Qué época diabólica la nuestra: la multitud, el smog, la promiscuidad, la radio, etc. Yo volvería encantado a la Edad Media, siempre que fuese antes de la Gran Peste del siglo XIV.[4]
En su libro de memorias Mi último suspiro, el capítulo dedicado a su niñez en Calanda lo llama “Recuerdos de la Edad Media”: Se puede decir que en el pueblo en que yo nací (un 22 de febrero de 1900) la Edad Media se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial. Era una sociedad aislada e inmóvil[5]…La muerte hacía sentir constantemente su presencia y formaba parte de la vida, al igual que en la Edad Media.[6]
Más adelante, en esta misma obra, hace referencia a que: Una vaga y persistente atracción por la Edad Media me trae con bastante frecuencia la imagen del señor feudal aislado del mundo, que gobierna su señorío con mano dura, pero bueno en el fondo.[7] Y esto nos llevaría directamente al “protagonista” de Là-bas: Gilles de Rais. Lo que le atrae de este personaje histórico es su ambigüedad, lo inexplicable de su comportamiento. Buñuel lo explica bastante bien: De Rais es formidable, ¿verdad?: un caballero cristiano, un compañero de Juana de Arco, que comete aquellos crímenes terribles, y que cuando lo castigan el pueblo llora con él y lo perdona.[8] Ese depra­vado asesino, era al mismo tiempo un devoto creyente, había sido compañero de armas de Juana de Arco. Cuando se descubrieron sus crímenes y se le condenó, pidió sinceramente perdón ante el pueblo. Y esto es lo extraordi­nario: mucha gente, incluso los padres de los niños a los que había torturado, violado y ase­sinado, lloraban con él, lo compadecían. ¡Qué época envidiable! Comparto enteramente la nostalgia de Huysmans en “La-Bas”, una ex­traordinaria novela.[9]
En la biblioteca que tenía Buñuel en España antes de partir para Francia al exilio se encontraban dos novelas de Joris-Karl Huysans: A rebours y Là-bas. Según cuenta  el sobrino del realizador: “En 1961, después de la filmación de Viridiana, me habló ya de su interés por realizar Allá lejos. En 1965 reconsideró las posibilidades y finalmente en 1976 [1975], debido en gran parte a la insistencia de su amigo Silberman, lo intentó una vez más aunque sin íntima convicción, según le oí decir.”[10]
Gilles de Rais
Gilles según Carrière
Oigamos a partir de ahora las opiniones de Jean-Claude Carrière, coautor del guion junto con Buñuel y la mejor persona que conoce todo lo ocurrido con este fallido proyecto: En su juventud durante su paso por la Residencia de Estudiantes de Madrid… Buñuel comenzó a leer. A leer de verdad.
Entre las lecturas decisivas que hizo en esta época, hacia 1920, había varios libros franceses que eran entonces, en España, obras modernas, animadas e inquietante. Entre ellos figuran: El Diario de una camarera, Octave Mirbeau, La mujer y el pelele, de Pierre Louÿs, y Allá lejos de Joris-Karl Huysmans.
Años más tarde, tuve la oportunidad de colaborar con Buñuel en las adaptaciones cinematográficas de estos tres libros…
Esta fidelidad a sus emociones juveniles siempre me llamó la atención. Estos libros, entre otros, contribuyeron a despertar a Buñuel. Mucho tiempo después, todavía hablaba de lecturas refrescantes y necesarias, citando frases, describiendo a los personajes.[11]
En esa época, estaba suscrito a la colección “Universal” que publicaba libros muy baratos, y a veces leía un libro al día. Había leído todo Huysmans, Mirbeau y Louÿs en los años 1917- 25, y estos tres escritores le han seguido durante toda su vida. Con Huysmans, estaba un poco molesto por la "conversión" del autor al catolicismo, pero admiraba algo allí, y nunca he sabido muy bien qué: la atmósfera, la aparición san-sulpiciana. El hecho es que había en Là-bas unas escenas que se desarrollaban en un campanario, la torre de Saint-Sulpice, seguramente determinantes: le gustaba mucho eso. Me acuerdo que he subido con él el campanario de Toledo dos o tres veces. Le gustaban los campanarios, no era una obsesión, sino un gusto. Encontramos un campanario en Él (1953) y Tristana (1970), películas rodadas respectivamente  en México y España. Se puede decir que la novela le ha inspirado, es una de las razones por las que quería adaptarla.[12]
Huysmans forma parte de su grupo de autores familiares, y yo creo que en este momento la lectura no tiene ninguna importancia para el Sr. Rabour. Es un fondo sonoro, de hecho, es más una lectura para Buñuel que para Rabour, es decir, que él desliza algunos elementos de lo que le interesa. Lo que se conoce poco, es que el período literario francés de finales del siglo XIX (los últimos veinte años) ha sido una prolongada fuente de discusiones en el mundo surrealista. Breton escribió en alguna parte que había muchos tesoros por descubrir en este periodo.[13]

Elaboración del guion.


Hablamos del libro durante mucho tiempo, más de diez años. Después de tres guiones originales escritos uno tras otro[14], la idea de volver a una adaptación parecía relajada, seductora. La decisión de ponernos a trabajar fue tomada en 1975, después de El fantasma de la libertad.
El 13 de abril, llegamos a nuestra guarida habitual, al norte de Madrid, en un encantador hotelito junto a un monasterio del siglo XV[15]. Inmediatamente nos pusimos a trabajar (costosa soledad de dos), ponemos punto final a una primera versión después de cuatro semanas.
El productor Serge Silberman, se unió a nosotros y se declaró encantado. Una copia de este primer trabajo llegó a las manos de Gerard Depardieu, que acepta, muy contento, interpretar el papel de Gilles de Rais.

Empezamos poco después a trabajar en una segunda versión, teniendo previsto el rodaje para el otoño.[16]

Luis BuñuelLa escritura del guion no presentó ningún problema en particular. La transición de una época a otra – decididamente nosotros queríamos la película contemporánea - se hace sin dificultad, como se tuvo que hacer el año siguiente para Ese oscuro objeto del deseo. Naturalmente nuevas escenas aparecieron, que nos parecían interesantes, y también personajes, como la madre del canónigo Docre. Otras escenas desaparecieron, como es normal. La obsesión de Luis con el terrorismo, un fenómeno que le fascinaba y le repugnaba a la vez, como un eco sangrante de sus propias rebeliones, se introducía día tras día en el relato. El final nos gustó, porque nos llevaba a la extraordinaria figura del Cristo de Grünewald, retorcido por atroces dolores, esta imagen extrema del cristianismo que Buñuel había descubierto gracias a Huysmans y ya había tratado de introducir en Belle de jour, al comienzo de una escena cortada por la censura.
Todos los días un paseo meditativo nos llevaba al claustro, donde los monjes nos dejaban entrar (incluso nos invitaban a comer, de vez en cuando, en el silencioso refectorio gótico), y evocábamos a cada paso la Edad Media, esa época  “dolorosa y exquisita”, como Huysmans dijo. Buñuel añade en Mi último suspiro:
“Dolorosa en su vida material. Exquisita en su vida espiritual. Justo lo contrario de hoy.”[17]
De hecho, por su propia vida, y el curso del tiempo, Buñuel había dejado atrás a Huysmans. Si, en la lectura del libro, las emociones y las diversiones de su juventud se mantienen intactas, mostraba siempre el mismo asombro, muy vivo, ante la absolución concedida a Gilles de Rais al final de su juicio, en el que manifiesta sincero arrepentimiento (“Luego está en el cielo ", decía sonriendo Buñuel), el perfume del escándalo se había disipado, a lo largo de este demoníaco siglo XX, e incluso él se sentía incómodo, un poco fuera de lugar, superfluo.
No es que estimara la religión obsoleta y moribunda. Lejos de eso. Muy profunda y sinceramente ateo, permaneció impregnado de la atmósfera católica de la infancia española, de su formación con los jesuitas de Zaragoza…
Por una misteriosa intuición, Buñuel tenía razón. A su manera, con su distancia y ojo reidor (pero no demasiado), anunció nuestro final de siglo cuando, un poco en todas partes, las formas inesperadas de integrismo religioso parecen poder más que las avanzadas promesas de libertades.
En Là-bas, no era la atmósfera religiosa lo que le molestaba. Hablaba incluso con verdadera delicia de ir a beber el hipocrás de Carhaix en el campanario de Saint-Sulpice. No veía ningún anacronismo, ni en los escrúpulos religiosos de la señora Chantelouve. Era más bien la presencia del Diablo -aunque no manifestado- que le parecía una debilidad, una facilidad. No podía ni tomarla en serio, ni burlarse de ella abiertamente.. Para que la escena de la misa negra tuviera verdadera fuerza, era necesario que el canónigo Docre creyera realmente en la existencia de Satanás… Buñuel también renuncia a rodar Là-bas, para ponerse a trabajar unos meses más tarde en Ese oscuro objeto del deseo, de Pierre Louÿs, y buscar profundamente en nosotros mismos las huellas de este mal persistente, de este demonio tenaz e invisible que ninguna ley, ninguna reforma, ninguna revolución jamás ha podido erradicar esta pequeña residencia personal, sólidamente cerrada con candado, que se encuentra  de cada uno de nosotros.[18]
Una de las modificaciones que introdujeron en el guion en relación con la novela tiene relación con el personaje de la Sra. Chantelouve, al que se concede mayor protagonismo: Era consciente en la medida en que se trataba de un papel para Delphine Seyrig. Pensamos mucho en ella; había actuado en La vía láctea (1969), en el El discreto encanto de la burguesía (1972), y, por supuesto, era una amiga muy cercana, que había participado en una de mis primeras obras, habíamos hecho una gran cantidad de cosas juntos. Además, cuando se tiene una actriz tan interesante, con una manera de hablar tan personal, ocultando muchas cosas de ella, que nos llevó, creo, a desarrollar el personaje. También es el único papel femenino en la historia. Los otros son completamente accesorios. Pero el protagonista que nos ha dado más guerra, es el hombre, porque él es un investigador ... La película no habiendo sido rodada, es difícil decir qué habría llegado a ser,  pero podemos ver claramente a Delphine en el papel, una mujer que entrega y rehusa al mismo tiempo, un poco como en Ese oscuro objeto del deseo. Una mujer que parece disponible y quién no lo está. Ese personaje nos interesaba mucho. El problema es que sólo hicimos una versión del guion[19]. Habitualmente, hacemos varias, no podemos decir cómo sería la versión definitiva… 
También estaba previsto que el personaje de Gilles de Rais fuese interpretado por Gerard Depardieu: No, no era el protagonista, pero si usted tiene en la película a Gerard Depardieu como Gilles de Rais, se convierte en el personaje principal. Incluso entonces, él era ya muy conocido. No, el papel de Gilles de Rais no está demasiado desarrollado ... éramos muy conscientes.[20]
Jean-Claude Carrière
Jean-Claude Carrière
Inicialmente, Luis se había lanzado al trabajo con entusiasmo. Era un tema que arrastraba desde su juventud, y los problemas de adaptación pro­piamente dichos (la traslación a la época contemporánea, por ejemplo) fue­ron resueltos rápidamente, en unos días. Ya se manifestaba la obsesión de Luis por el terrorismo, que volvemos a encontrar en todas sus últimas pe­lículas, y mucho más esa permanente interrogación sobre la existencia del mal en el mundo, sobre sus manifestaciones cotidianas.[21]

¿Por qué no se rodó Là-bas?

El caso ya tuvo un precedente en 1965. Buñuel se vio imposibilitado de rodar nuestra adaptación de El monje, de Lewis, no por una decisión personal (le gustaba mucho el tema, que frecuentaba el surrealismo) sino debido a la insuficiencia financiera de los productores.
Esta vez fue una negativa del mismo Luis.
Cuando se le preguntan las razones, generalmente responde: "Porque es muy difícil”. Se imaginaba, a su edad (75 años), recreando la Edad Media, con castillos, caballeros, armaduras, estandartes. Demasiados “puesta en escena”, decía, demasiado cine. Él prefería volver a sus ambientes predilectos, llenos de discretos y encantadores burgueses.
Esa fue la versión oficial.
Quizás había otras razones.
En primer lugar una especie de superstición divertida. Mientras trabajábamos en el guion, en nuestro hotel de la sierra de Guadarrama, había tenido algunos problemas de salud. Fuimos a Madrid, donde su amigo el Dr. Barros, después de minuciosos exámenes, descubrió un quiste sin gravedad en alguna parte de su sólido cuerpo. No era nada. Pero Luis se preguntaba si no habría que reconocer la presencia del mismo Satanás en ciertas molestias gástricas.
Después de todo, era la segunda vez en su vida que estaba a punto de rodar una escena de invocación al diablo. La primera vez fue con El monje, película abortada. ¿Había que ver allí alguna señal  de una posible maldición?
Sonreíamos, al final de la tarde, a la fecunda hora del aperitivo, cuando extrañas sombras merodean en los bares.[22]
Por encima de todo, me parece, Luis encontraba en Là-bas, asesinatos sin sentido de Gilles de Rais en la misa negra del canónico Docre, la ocasión de una vez más con lo que sin duda fue el enigma de su vida: ¿por qué existe el mal en el mundo con su hermano el infortunio? ¿Cómo se ha establecido tan poderosamente en nosotros? ¿Por qué es aparentemente imposible de romper, de exterminar, sin caer en algo más grave todavía?
Fue tal vez esta pregunta sin respuesta que le hace vacilar antes de abandonar.[23]
La escena de la misa negra le fascinaba y le repugnaba a la vez. Me ha­bía hablado a menudo del canónigo Docre, uno de sus personajes familia­res, y, claro está, no era cuestión de cortar esa escena, que es el núcleo del libro. Al mismo tiempo, sabía de sobras que no podía ser presentada sin una cierta burla, una cierta distancia, que era bastante difícil de hallar.
Sobre todo, le parecía que esta escena corría el riesgo de que pareciera demasiado buñueliana, dando a esta palabra un sentido que no le gusta­ba: provocación gratuita, sacrilegio inútil. El tiempo de esos escándalos, lo decía a menudo, le parecía resuelto, y se dirigía poco a poco, de pelícu­la en película, hacia una forma de subversión más suave, más invisible, y no menos feroz.
Nunca hablamos muy abiertamente de las razones que empujaron a Luis a no realizar Là-bas. Apenas unas palabras, aquí o allá. No creo equivo­carme si digo que en ello había una parte de reflexión y una parte de ins­tinto, como le era habitual.
En el primer momento lo sentí; siempre se siente ver varios meses de trabajo que no conducen a nada. Hoy comprendo mejor la decisión de Luis (que por otra parte nos dio Cet Obscr Objet du Désir, una película que me gusta mucho). De todas formas, ésa era su decisión. Renunció (como en el caso de Le moine) a enfrentarse directamente al propio Satán, o al menos a sus discípulos activos, y prefirió buscar un poco más profundamente en nosotros mismos las huellas de ese mal que ninguna ley, ninguna refor­ma, ninguna revolución ha logrado nunca extirpar de esa pequeña mora­da personal que encuentra en cada uno de nosotros.[24]
Buñuel y Carrière
Carrière y Buñuel

Como ya dijimos en el post sobre El monje, a Buñuel recurriría durante toda su vida a historias de hombres que desafían a Dios, como el protagonista de El monje de Lewis o  Gilles de Rais en Là-bas de Huysmans. También hemos comentado en algún post anterior la atracción de Buñuel por los polos opuestos: el santo y el criminal. Buñuel decía: Sí, me interesan más que la vida de un ofi­cinista... o la de un artista genial.[25]
En la película aparecen dos de los temas que preocupaban a Buñuel en sus últimos años: el terrorismo, del que hablaremos en un próximo post y la superpoblación. En su texto Pesimismo escribió: Creo que nuestro mundo está perdido. Será destruido por la explosión demográfica, la tecnología, la ciencia y la información. Es lo que llamo los cuatro jinetes del apocalipsis.[26]
En la película, como no podía ser de otra manera aparecen algunos de los temas habituales:
·       La religión: el satanismo es a fin de cuentas un tema cercano.
·       El Marqués de Sade: En diferentes escenas, como aquella en que el sacerdote Docre acude a la cabecera de un moribundo  que solicita el perdón de su pecados  y al enterarse de que está en pecado mortal lo asesinará para enviárselo a Satanás.
·       Las campanas: Ocupan un lugar muy importante en la novela y también son citadas por el realizador en sus memorias como un elemento significativo en la vida cotidiana de su pueblo. En la película aparecen tanto en la Edad Media como en la contemporánea.
Y terminamos con una “anécdota”. Buñuel ya había acudido a Huysmans con anterioridad. En Diario de una camarera, el viejo Rabours hace que Célestine le lea un pasaje de À rebours, de Huysmans, mientras él le mira las piernas y le acaricia la pantorrilla. El texto de la lectura sirve de “comentario” de la escena que estamos viendo, pues texto e imagen nos hablan de la decadencia. El fragmento escogido por Buñuel para ser leído expresa el escepticismo de Buñuel en sus últimos años: “Dado que en los tiempos que corren no existe sustancia sana; ya que el vino que se bebe y la libertad que se proclama están adulterados o son irrisorios, puesto que es necesario, finalmente, una singular dosis de buena voluntad para creer que las clases dirigentes son respetables y que las clases domesticadas son dignas de ayuda o consideración.”[27]
A mí me hubiera gustado vivir en la Edad Media, esa época feroz y delicada, como decía Huysmans en La-bàs. ¿La ha leído usted? Es una maravilla, una reivindicación de la Edad Media. Y luego, Gilles de Rais, que tipo maravilloso, la santidad y el demonismo, Juana de Arco y las misas negras.[28]


[1] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, Pág.25
[2] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág. 138
[3] Ibídem, pág. 139
[4] Ibídem, pág. 138
[5] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, Pág. 17
[6] Ibídem, Pág. 20
[7] Ibídem, Pág. 98
[8] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.39
[9] Ibídem, Pág. 139
[10] Pedro Christian García Buñuel, en el prólogo de: Luis Buñuel: Là-bas, Instituto de Estudios Turolenses, 1990, pág. 12
[11] Jean-Claude Carrière: Pourquoi Buñuel n’a pas tourné Là-bas, en: Luis Buñuel: Là-bas, Écriture,1993, págs. 7-8
[12] Denis Parra: Buñuel et la littérature: Conversatión avec Jean-Claude Carrière à Colombière-sur-Orb, agosto de 2011, L’érudit franco-espagnol, vol.1, primavera 2012, pág. 126
[13] Ibídem, pág. 134
[14] Se refiere a La vía láctea, El discreto encanto de la burguesía y El fantasma de la libertad. En medio Buñuel realizó Tristana, pero era un proyecto anterior en cuyo guion no colaboró Carrière.
[15] Se refiere a El Paular a unos 90 km de Madrid.
[16] Jean-Claude Carrière: Pourquoi Buñuel n’a pas tourné Là-bas, en: Luis Buñuel: Là-bas, Écriture,1993, pág.8
[17] Ibídem, págs. 9-10
[18] Ibídem, págs. 11-13
[19] Se contradice. En otra declaración declaró dos versiones, lo que es más probable.
[20] Denis Parra: Buñuel et la littérature: Conversatión avec Jean-Claude Carrière à Colombière-sur-Orb, agosto de 2011, L’érudit franco-espagnol, vol.1, primavera 2012, pág. 135
[21] Jean-Claude Carrière: Por qué Buñuel no hizo Là-bas, en: Luis Buñuel: Là-bas, Instituto de Estudios Turolenses, 1990, pág. 21
[22] Jean-Claude Carrière: Pourquoi Buñuel n’a pas tourné Là-bas, en: Luis Buñuel: Là-bas, Écriture,1993, págs. 8-9
[23] Ibídem,, pág.10
[24] Jean-Claude Carrière: Por qué Buñuel no hizo Là-bas, en: Luis Buñuel: Là-bas, Instituto de Estudios Turolenses, 1990, págs. 21-22
[25] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág. 139
[26] Escritos de Luis Buñuel (ed. Manuel López Villegas), Páginas de Espuma, 2000, pág. 38
[27] Víctor Fuentes : Los mundos de Buñuel. Akal, 2000, Pág. 165
[28] José de la Colina: Agon, o el canto del cisne según Luis Buñuel, Contracampo, nº1, abril 1979, pág. 7

No hay comentarios:

Publicar un comentario