domingo, 12 de junio de 2016

Buñuel y el terrorismo

La violencia forma parte del estilo de Buñuel y es un tema recurrente en su cine, pero también es el factor que más ha ido cambiando con el paso del tiempo en sus películas, transformándose en humor (negro, irónico, etc., pero nunca inocente).
El movimiento surrealista en Francia era el movimiento artístico más violento del mundo. Usábamos la violencia como un arma contra lo establecido.[1]
Cuando era joven era muy agresivo El surrealismo en el cine comenzó cuando nos pregun­tamos qué se podría hacer antes que atacar y destruir directamente los conceptos valorativos de mil especta­dores. Todo aquello que no ataque a la sociedad y las instituciones no es surrealista… El su­rrealismo ha pasado a la vida. Hoy en día la violencia está en todas partes. Hay guerras, revoluciones, te­rrorismo. La violencia no sirve ya para nada. No hay nada que escandalice. El arte necesitaba armas. Ahora las armas no sirven para nada. Yo he sido un terrorista teórico. Actualmente desprecio el terrorismo, incluso al teórico. Atacar la violencia con violencia es ab­surdo.[2]
Actualmente me siento muy poco violento –declaró en el momento del estreno de El discreto encanto de la burguesía, en 1972-. Violento, sí, lo soy, imaginativamente. Sin duda, me mantengo fiel a las revueltas de mi pasado, pero hoy, entre tanta confusión ideológica, mis ilusiones casi han desaparecido y no puedo, por experiencia, tener confianza en los nuevos regímenes políticos.[3]
Jean-Claude Carrière: El terrorismo le fascinaba y le repugnaba al mismo tiempo. Recuerdo que se sentía particularmente orgulloso del final de la película, donde se ve que la inmensa violencia estatal (la explosión de una bomba atómica en Jerusalén) convierte en irrisoria toda tentativa individual.[4]
Tampoco éste [el terrorismo] puede sustraerse a las frases de nuestra juventud, a lo que decía Breton, por ejemplo: «El gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar contra la gente.» Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que Un chien andalou no era sino un llamamiento al asesinato.
El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda la especie humana. No tengo sino desprecio para aquellos que hacen del terrorismo un arma política al servicio de una causa cualquiera, por ejemplo, esos que matan y hieren a madrileños para llamar la atención del mundo sobre los problemas de Armenia. De esos terroristas ni hablo. Me dan horror. 

La vía láctea
Yo hablo de la Banda de Bonnot[5], a la que adoraba, de Ascaso y de Durruti[6] que elegían a sus víctimas cuidadosamente, de los anarquistas franceses de finales del siglo XIX, de todos los que quisieron dinamitar un mundo que les parecía indigno de subsistir, volando con él. A ésos los comprendo y, muchas veces los admiro. Pero ocurre que entre mi imaginación y mi realidad media un profundo foso, como le ocurre a la mayoría de la gente. Yo no soy ni he sido nunca un hombre de acción, de los que ponen bombas y, aunque a veces me sentía identificado con esos hombres, nunca fui capaz de imitarlos.[7]
El auge del terrorismo en los años sesenta y setenta le haría cambiar de opinión. A mediados de los años setenta Buñuel empieza a percibir el terrorismo como uno de los signos de nuestro tiempo. Y eso se refleja en el protagonismo que va adquiriendo el tema en sus últimas películas.
...Lo que me indigna respecto a los terroristas, cualquiera que sea su filiación política, es que matan a la gente, o amenazan con hacerlo, y las autoridades pactan con ellos, los periódicos les hacen una enorme publicidad, los convierten en estrellas de alguna manera. Esas noticias, yo las censuraría en todos los periódicos y en la televisión, si tuviera poder para ello. Hay exceso de información[8].
Hoy puede usted estar en un café, hablando con una ami­ga. Se oye una explosión, gritos, la sirena de los coches patrulla y usted sigue la conversa­ción muy tranquilo, sin siquiera volverse a ver qué ha ocurrido. De hecho pasa así en mi pe­lícula. El mundo se acostumbra cada vez más al terrorismo, ya forma un poco parte de la vida cotidiana, igual que el smog y el ruido.[9]
Fue Buñuel posiblemente el único de los grandes cineastas o literatos y pensadores de la segunda mitad del siglo XX que viera y tratara en su obra, desde los años 6o, cómo el terrorismo, que en el presente nos asola con una fuerza antes desconocida, se iba a convertir en «el tema de nuestro tiempo» …La pulsión de la muerte, que aparecía en su primer cine tan ligada a la del amor, domina ahora el campo casi en solitario, con una particularidad: se trata del instinto de la muerte, Tánatos socializado. El leitmotiv del rifle, pistolas y metralletas de estas películas, así como las explosiones que invaden los fotogramas en las dos últimas, apuntan al apocalíptico Agón final que Buñuel no pudo llevar a la pantalla…
El fantasma de la libertad
Recordemos que los surrealistas, sin tener conciencia de la terrible violencia que se les-nos venía en los años 30, declaraban que el acto surrealista por excelencia era salir a la calle con una pistola y disparar indiscriminadamente sobre la gente. Late en esta lamentable frase-provocación, de la que posteriormente el propio Breton se arrepintiera, mucho de aquella intención de los bohemios de fines del siglo XIX de épater al burgués; frase y actitud aquella que Buñuel, en sus comienzos, hizo suya potenciándola y declarándose «terrorista cultural» en repetidas ocasiones. No obstante, en su madurez, y en frecuentes últimas declaraciones insistió en que aborrecía el terrorismo y que todos los actos de violencia que propone en su cine los limita al terreno de la imaginación y de la mente, no de la acción.[10]
La reiterada presencia del terrorismo en los últimos filmes de Buñuel, indica que estaba muy obsesionado con el tema, hasta el punto de que “el terrorismo adquiere ya el protagonismo absoluto en su último guion, nunca filmado Agon, donde el pesimismo le lleva al extremo de terminar con una explosión nuclear.”[11]
·       La vía láctea: Se deja ver en la secuencia del fusilamiento del Papa.
·       El discreto encanto de la burguesía: El terrorismo aparece en varios momentos de la película. Una joven trata de asesinar en París al embajador de la República de Miranda y al final de la cinta se produce la masacre del grupo burgués, incluido el embajador.
·       El fantasma de la libertad: Tenemos el episodio del asesino–poeta, el francotirador que dispara sobre las personas, lo cogen preso, lo condenan a muerte y luego lo dejan libre. Buñuel diría: Qué absurdo ¿verdad? Pero es una ligera exageración sobre algo real de nuestros días. Sucede con el terrorismo. Unos señores se­cuestran un avión y amenazan volarlo con más de cien personas inocentes dentro, empleando dinamita. Las autoridades negocian y dan a los terroristas pasaporte a Libia.[12]


El discreto encanto de la burguesía
·       Ese oscuro objeto del deseo: “El terrorismo es un leitmotiv: jalona la acción desde el principio al fin: hasta el punto de que vi­sionando hoy la película, tan sacudida por explosiones, no sabemos si estamos en Sevilla o en París, donde transcurre la acción o en el Bagdad o Kabul actuales. En la película, a poco de comenzar, el protagonista, Mathieu, presencia la voladura de un auto[13] y, al llegar a París, lo vemos en el despacho de su primo juez, quien acaba de salir del juicio al grupo terrorista, el RAIJ (grupo revolucionario armado del Niño Jesús), y quien le comenta que el jurado ha debido de ser amenazado, pues ha condenado a los terroristas a penas no acordes con sus delitos: varios atentados, uno de ellos con quince muertos. Durante la comida en casa de Mathieu, continúan la conversación sobre el tema, y éste expresa (¿hablando por boca del propio Buñuel?) la diferencia entre los terroristas actuales y las bandas anarquistas del siglo XIX que actuaban por desinterés y con generosidad. Su primo le ataja aduciendo que todos son gánsteres, y concluye afirmando que el terrorismo ha devenido un acto coti­diano y que, pronto pasará a las páginas deportivas de los diarios.
De hecho, en los diarios que Matheu lee —en los pocos momen­tos de asueto que le depara su incansable asedio al objeto de su deseo, Conchita— los atentados terroristas copan los titulares. En uno de ellos leemos: «Explotó el avión Jumbo secuestrado, con 290 muertos». Noticia que anticipa en once años, la que de verdad suce­dió: la explosión del vuelo 103 de la Pan Am, el 21 de diciembre de 1988, sobre Escocia, matando a sus 259 pasajeros; acto de terrorismo en el que estaba envuelto el gobierno libio de Gadafi, el cual, ahora (recordemos que esto se escribió en el 2004), tras retractarse, en otro giro de lo que satirizaba Buñuel con el ejemplo del asesino-poeta, es acogido entre las «naciones libres». En uno de los varios momentos en que Mathieu está a punto de gozar de la unión con Conchita, sin lograrla nunca, la explosión de afuera interrumpe el posible acto. A la curiosidad de ella por saber lo que ha ocurrido debajo del propio balcón, él, con cierta apatía, marcada por la exasperación, no por el criminal acto, sino por la frustración de su deseo, comenta: «Ya mañana nos enteraremos por la prensa». Actitud de indiferencia ante el terrorismo, tan compartida por la mayoría de los ciudadanos en Europa y en los Estados Unidos en aquel entonces.

Ese oscuro objeto del deseo
Y llegamos al clímax, si no de la unión amorosa de Mathieu con Conchita, sí del tema del terrorismo en la última secuencia de la película: un catastrófico ataque terrorista que, por su magnitud, anuncia ya los del 11-S y 11-M. Pasea la pareja por un elegante pasaje comercial, totalmente indiferentes a las noticias radiofónicas sobre las múltiples actividades terroristas que difunde un altoparlante. Una serie de grupos terroristas de extrema izquierda (POP, PRQUE, GRIF y RUT) se han unido bajo el RAIF para realizar una vasta campaña de atentados. Contra ellos se han agrupado otros grupos de extrema derecha, el PAF y el STIC... El arzobispo de Siena permanece en coma tras un atentado... (La sopa de siglas de grupos terroristas, con la que se deleita el humor de Buñuel, tiene, como sucede en su cine, razón de ser en la realidad. En el ya citado Diccionario histórico del terrorismo —espero que no compilado por una Academia de la Lengua Terrorista— la «Lista de "Abreviacio­nes" de los grupos terroristas llenan páginas; siglas de grupos, algunos de cuyos nombres parecen surgidos de la propia imaginación buñuelesca aunque, como suele ocurrir, la realidad supera, en este caso, a la ficción: MLPC, Movimiento popular de los Chichone­ros, MLPC, Ejército Rojo Catalán de Liberación Nacional, ARM, Milicia de los Derechos de los Animales, AVC, Organización Vive Carajo, AAA Alianza Apostólica Anticomunista...). En la escena final de la película, cuando Mathieu, frenética e inútilmente, trata por enésima vez de unirse a Conchita, que le ha dejado atrás, una tremenda explosión se traga a los personajes y envuelve en llamas a todo el Centro comercial y a la pantalla cinematográfica. A eso estamos abocados, parece señalar Buñuel en su despedida del cine, no pensada como tal en aquel entonces pues, continuando con el tema del terrorismo, y ahora como tema central, pensaba filmar otra película de la cual sólo llegó a hacer una primera versión del guion en colaboración con el inseparable colaborador de su última etapa, Jean Claude-Carrière.[14]

Final de Ese oscuro objeto del deseo
Durante el rodaje de la película, en pleno auge del terrorismo, alguien le preguntó qué  significado tenían las explosiones. Y contestó: Pues ninguno, ¿qué significado van a tener?, que hace falta mantener el interés y así se consigue”.[15]
·       Agón: Último guion que escribió y que no llegó a rodar y que trata explícitamente el tema del terrorismo y que parece una crónica anticipada de lo que estamos viviendo en el mundo durante la última década. No nos extendemos sobre este guion porque se estudia en un post específico. Si tuviese que hacer un último film lo haría sobre la complicidad de la ciencia y del terrorismo. Aunque comprendo las motivaciones del terrorismo, las desapruebo totalmente.[16]

Terminamos con una frase de Buñuel que debería hacernos reflexionar sobre cómo “colaboramos”  involuntariamente con los fines del terrorismo: Hoy los terroristas tienen más cartel que las estrellas de cine.[17]


[1] Declaraciones a Newsweek, 121 (6/11/92). En: Elena Gascón-Vera: La imaginación sin límites: Sade en Buñuel. En: Turia, nº 26. Pág. 155
[2] Roxane Saint-Jean: Entretien avec Luis Buñuel, Positif, n.º 162, 1974, págs. 60-1
[3] Tomado de: Freddy Buache: Luis Buñuel. Guadarrama, 1976, Pág. 224
[4] Jean-Claude Carrière: Agón, Instituto de Estudios Turolenses, 1995, Pág. 18
[5] Banda dirigida por Jules Joseph Bonnot (1876 - 1912) anarquista francés, que destacó por sus atracos y homicidios entre 1911 y1912.
[6] Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti fueron dos anarcosindicalistas españoles que realizaron sus actividades en los años veinte. Entre sus acciones está el asesinato del arzobispo de Zaragoza Juan Soldevila en 1923, personaje odiado por el realizador y que aparece en su último guion Agón.
[7] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 123
[8] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.169
[9] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.174
[10] Víctor Fuentes: Del surrealismo al terrorismo en el último Buñuel. En: Víctor Fuentes: Buñuel, del surrealismo al terrorismo. Ed. Renacimiento, 2013, págs. 248-9
[11] Agustín Sánchez Vidal: De las coproducciones al tríptico final. En: Buñuel en 3 dimensiones, Gobierno de Aragón, 1999, Pág. 41
[12] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.169
[13] Como a Buñuel le gustan mucho las bromas no tiene ningún inconveniente en hacer volar por los aires al productor de la película Serge Silberman.
[14] Víctor Fuentes: Del surrealismo al terrorismo en el último Buñuel. En: Víctor Fuentes: Buñuel, del surrealismo al terrorismo. Ed. Renacimiento, 2013, págs. 252-5
[15] Jesús García de Dueñas : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, Pág. 257
[16] Pedro Christian García Buñuel: Agón, Instituto de Estudios Turolenses, 1995, Pág. 9
[17] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, Pág.108

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